Te recoge el bus y saludas a Mateíto y a Natis. Como todos los días siguen su ferviente deseo de seguir durmiendo, hasta que Esperanza rompe la felicidad alegando que ya se tienen que bajar del bus. Allá afuera, en medio de aquel frío y hostil en que viven en aquellos momentos (comparándolo, claro está, con el vehículo que es como una segunda cama) cruzan algunas palabras, aún un poco dormidos. Llegan al salón y se reparten en los diferentes grupos que se van formado en la terraza y el corredor, donde se desarrollan tertulias sobre variados y complejos temas: la tarea de tal cosa, la fiesta de yo no se quien, la infinita indecisión de algunos por la carrera y la universidad que habrán de elegir, la superpelícula, Pop Stars etc, etc. Aquellas pequeñas cosas que llenan tu vida y la de ellos.
Suena el timbre. Te preparas psicológicamente para el cambio de ambiente al que serás sometida. La vida se transforma en una especie de merodeador alrededor de caras jóvenes que escuchan atentamente el planteamiento de uno de los problemas de física que Edith siempre expone, recordándoles, como si fuese algo que nunca en su vida hubiesen oído: “La física lo abarca todo”.
Entonces tu cabeza se ve involucrada en un cuestionamiento complejo que necesita de tu concentración. Debes resolver una de esas preguntas que te darán vueltas por siglos y que en toda la historia de la humanidad no se han podido resolver (y es bastante improbable que sea posible), puesto que lo importante, más que la respuesta palpable a tu pregunta, es que te cuestiones. Y Edith dicta: “Un móvil lleva una velocidad de tanto, está compuesto por alcanos, alquenos y alquinos, que según Descartes piensan y luego existen. Después de un Dt, es propulsado por una máquina de vapor que el proletariado pretende destruir. El gas ideal empuja al móvil a un bosque, al que es necesario hallarle la derivada. Y como es un bosque de coníferas Luis XVI decide que sea trasladado a su palacio. En la confusión, el móvil sigue avanzando hasta el hospital. ¿El color del móvil es Rojo o Negro1?.
En diferentes grupos comienzan a resolver el problema. Entonces Nico, después de saludarte efusivamente, te comenta: “Yo creo que el carro llega a un casino”. Para lo que Ana Fonseca responde: “Básicamente, Yo ya me lo presentía....”. Luego Sara Bermúdez llama su atención y apunta “una cosita”, mientras Dianita, afanada, alega que ella no entiende. Cuando Ángela pretende explicarle, interrumpe la voz de Puerta (“El Ronco de Oro”) comentando el último episodio de Discovery, mientras Natalia Orduz libera una de sus carcajadas por algo que Ana Ospina acaba de comentarle. Simultáneamente, Tatiana, Sara Oróstica, Ximenita y Freddy discuten sobre una película que tiene que ver con el problema y Freddy se pasa la mano por la cabeza y demuestra la complejidad del problema haciendo “sshss”. Por su parte, Sara Sabogal y Natis Umaña se acercan a ti; la primera abre los ojos y algo malgeniada te dice “Paila”.
En la confusión, por la ventana que da a la cancha de fútbol, miras a unos pequeños y recuerdas lo ricos que eran los recreos en primaria y preescolar. A tu memoria llegan las imágenes de “los grandes” en aquella época, recuerdas que no entendías un montón de letras y garabatos escritos en el tablero, que evidentemente no representaban ninguna de tus conocidas regletas. Te impresionas al darte cuenta de que son los mismos garabatos escritos ahora en el tablero de tu curso, un lenguaje que en ese entonces no entendías y que ahora te es tan común. Entonces recuerdas el mundo mágico que viviste en el Liceo, en donde “el pájaro de los deseos” se convirtió en realidad cuando quedó plasmado en el mural. Y recuerdas las obras de teatro en las que participaste tan felizmente, sientes nostalgia por las tardes en el bosquecito, pues era toda una aventura llegar allá, para finalmente compartir las onces. Y tarareas el himno del colegio (El Conde Olinos) y el “No es más que un hasta luego” que te recuerda a tus trágicas pero deliciosas excursiones. Piensas como tu vida estaba exenta de preocupaciones.
Llegan a tu memoria las pequeñas fiestas en el salón u organizadas en las casas de los amigos. El Castillito y la rueda que no rodaba... El colegio parecía tan grande (y ahora parece como tan chiquito), cuando cruzar la zona era todo un desafío. El acuario de kínder, los primeros escritos con Martica, las clases de música y las trusas, los dibujos, las creaciones colectivas, el León de fuego, Plantino, las Piquis, el martirio de mostrar el plato en le almuerzo, la sofisticada enfermería, la Media Torta.
Y de pronto despiertas de tus recuerdos cuando el estruendoso (pero simultáneamente delicioso) ruido de la campana llega a tus oídos. Reaccionas y te diriges felizmente a clase de cerámica Allí disfrutas de las historias de Estelita, los chistes de Guaca y los comentarios de Javi, así como modelar el barro hasta crear una figura propia y original, y sobretodo el variado repertorio de canciones (desde “El oso”, “Ojalá”, “Sin documentos” pasando por el vallenato de Carlos Vives, y por supuesto, “Obsesión”, así como todo el nuevo boom del pop “Mayonesa”, “Aserejé”, Enrique Iglesias, o los clásicos de nuestros papás y también nuestros como “Un beso y una flor”...).
Y sin darte cuenta de pronto te vez sometida a un debate acerca de todos los programas de televisión que te vieron crecer, y palabras como Caballeros del Zodíaco, Nubeluz, Los súper campeones, Carrusel, Full House, Guri Guri, Topollillo, Dumies, El Conde Pátula, Café, Conjunto Cerrado, El Chavo, dan vueltas en la mesa, sometidas a gran cantidad de comentarios, pero eso sí, aceptación de que todos alguna vez los vieron.
Suena de nuevo el timbre y no sabes cómo, pero de pronto vez una manada de jóvenes hambrientos que corren lo más rápido que pueden a la tienda. Por tu parte, comes con gran satisfacción lo que llevas en tu lonchera y caminas por el colegio con Paulita. Comentan los mil y un problemas y, sobretodo, se proponen el problema de cómo van a hacer para cambiar el mundo. Entonces ves que Alvarado da un salto mortal, mientras Jeans y Oscar juegan voleibol. Luego decides “echarte”, porque no das mas, y te acuestas en el plácidamente en el pasto, como haces en todos los recreos.
Entran a “filo”. Iván llama lista y hay más de uno que no está atento cuando mencionan su nombre. Luego empieza el debate con Felipe Zubieta, que mueve las manos mientras explica que epistemológicamente algo no es posible. Daniel mira al infinito, Mafe dibuja, Erika dice que no está de acuerdo con Felipe. Pipe de pronto se voltea y te pregunta: “¿Había algo de la revista para hoy, Lu?, mientras Natalia Arévalo mira “rayado” a Iván porque le preguntó algo. Frank entra en escena con su conocido: “Yo quería decir que...”, entonces le dices a Cardona, emocionada, que hoy su pelo si está lindo porque está limpio. Oyes cuando alguien le pide a Eli que hable más fuerte, mientras Pipe te muestra uno de sus originales poemas. Y ves cómo las manecillas del reloj ya han avanzado su curso, y las agonizantes y hambrientas miradas ya se empiezan a posar en Felipe, y sientes gran alivio cuando suena su reloj, y él se para y abre la puerta.
Te diriges con Paulita al Jardín Botánico a descansar un rato, y recuerdas todos los fracasados experimentos en los que te viste incluida: los chinches muertos, los hidropónicos, los cultivos de algo que ya olvidaste; el problema de encontrar algo para la Feria de las Ciencias, que sobre todo te recuerda al comedor un poco mojado. Y la primera Semana Cultural que tuvo de todo y que rememoras con agrado porque encontraste cosas interesantes. Luego te diriges al salón y ves a Juana con sus cositas tiernas de Hello Kitty, y a Rodrigo hablando con las niñas, mientras Juan Diego cuenta el último capítulo de las Pop Stars.
Antes de la 1:30 vas al comedor con Paulita y reniegas de nuevo porque siempre te toca pedir que te sirvan más porque tienes mucha hambre. Posteriormente llegan a la fotocopiadora y piden dos juegos de Ética mientras hablan un rato con Jairo de su pelo azul y cantas un rato con Meli. Simultáneamente Viole te dice: “¡Ay, Lulito!” y Vero pregunta: “¿Saben dónde está Cherris?.
Suena el timbre, calmadamente alistas tu maleta y recoges todo el desorden de tu “oficina”. Llegas al salón de Audiovisuales y ves cómo los ojos de Sula se agrandan porque no hay sillas, y Diego dice: “¡Qué chanda!”. De pronto te ves sometida en el mundo diferente de una película, hasta que el timbre te devuelve a la realidad y te da rabia porque querías saber en qué terminaba. Vas al baño, y luego te quedas comentando un rato en la entrada del colegio tal escena de la película, hasta que Leopoldo muy amablemente te dice “Hasta luego” como si tú nunca te fueras a ir.
Ya empiezan a arrancar los buses y todos corren. Te sientas en tu puesto, miras por la ventana y de pronto te preguntas: “¿A qué horas me vine a meter en esto?...”
Lucía Camargo Rojas
1 Para resolver la pregunta es necesario haber leído a Stendhal.
Publicado en: Liceo Juan Ramón Jiménez. 40 años, Bogotá, noviembre de 2002.
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