lunes, 9 de noviembre de 2015

Libros recorren la selva para llegar a los jóvenes del Vaupés

 
Libros recorren la selva para llegar a los jóvenes del Vaupés

Campaña 'Regalar un libro es mi cuento' llevó 30.000 libros nuevos para estudiantes de la región.

Ciro Ferneley con su libro 'Los músicos de Bremen'. Foto: Archivo MinCultura

Ciro Ferneley camina en círculos por todo el salón de tercer grado del colegio Bocas del Yi, de Vaupés, abrazando su libro 'Los músicos de Bremen', de los hermanos Grimm. Sólo se detiene para verificar –y probablemente comparar– qué libro recibió un compañero del curso y parece satisfecho con los resultados. El suyo es un libro de pasta dura lleno de ilustraciones y el de su compañero también.

“Profe, yo quiero leer un libro”, le dijo a su profesor cuando cursaba primero de primaria, pues desde preescolar tenía la inquietud de hacerlo. Hoy en día Ciro lee todas las tardes en la biblioteca de su escuela, en donde también hace sus tareas. Cuenta que le gusta leer un libro de enseñanzas llamado 'Nacho lee', así como los relatos de Rafael Pombo.

Mientras habla, sigue sosteniendo su nuevo libro como no queriéndolo soltar. Ciro, como la mayoría de niños del colegio Bocas del Yi, y en general del Vaupés, habla tres idiomas: cuveo, yuruti y castellano. Dice que no sabe cómo se traduce 'Los músicos de Bremen' en cuveo, pero sí la palabra “músicos”: se dice ‘UpaîpØêvã’.

'Los músicos de Bremen' fue comprado en una librería bogotana por un colombiano que quiso regalar un libro a un estudiante del país y que lo depositó en el buzón de la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’, una iniciativa liderada por 26 librerías y 22 editoriales del país, a través de la Cámara Colombiana del Libro, junto con los Ministerios de Cultura y Educación.

El libro fue enviado a una bodega del Ministerio de Cultura en donde se guardaron los primeros 33.000 que se recolectaron en la primera fase de la campaña para los departamentos de Vaupés, Guainía y San Andrés. Posteriormente, viajó en un avión de carga hasta llegar a Mitú y se trasladó a la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera.

Desde allí, viajó en una lancha con dos funcionarios de MinCultura y el lanchero Víctor Valencia una hora por la inmensidad del río Vaupés, hasta llegar al colegio Bocas del Yi, en donde estudian 224 niños de la región, la mayoría a manera de internado, pues sus hogares se encuentran muy retirados del colegio y los pequeños deben llegar en canoa a estudiar.



                                              Ciro Ferneley y su compañero de curso comparan los libros que les regalaron. Foto: archivo MinCultura.

Multiculturalidad

Un viaje similar al de 'Los músicos de Bremen' fue el que hizo Luis Hernando Infante Donoso hace más de tres décadas. Tenía en ese entonces 24 años y se acababa de graduar como licenciado en filología e idiomas de la Universidad Libre de Bogotá. Estaba ávido de aventuras y de ejercer su carrera como docente. Por eso no lo dudó cuando le ofrecieron un cargo en Vaupés.

Corría el año 1980 e Infante arribó con los esquemas de formación citadinos que chocaron al llegar a una zona rural indígena. “Me encontré con una gran diversidad étnica y cultural: un mundo que me era totalmente desconocido. Empecé a acoplarme e ir conociendo y a darme cuenta que la educación en esta región es un reto porque se sale de todos los esquemas”, explica el actual coordinador del Plan Nacional de Lectura y Escritura de la Secretaría de Educación del Vaupés.

Infante se refiere a que en Vaupés el 85% de la población estudiantil es indígena. Así como Ciro, la mayoría son políglotas pues saben la lengua de la etnia de su padre por obligación, la de su madre por necesidad, una lengua franca (cuveo o tucano), castellano, y hasta portugués (aquellos que colindan con Brasil). En Vaupés existen aproximadamente 200 comunidades indígenas de 26 etnias que hablan 23 lenguas ágrafas. Cada etnia tiene sus costumbres y su propia cosmovisión.

Los niños indígenas en sus hogares tienen interacción con la lengua de su padre y de su madre y cuando llegan a grado primero –en donde los estándares curriculares tienen previsto que el niño aprenda a leer y a escribir– “apenas están comenzando a entender palabras y frases elementales del castellano, que es una nueva lengua para ellos”, explica Plinio Restrepo, rector de la Escuela Normal Superior Indígena María Reina de Mitú.

José Miguel Doria, docente de la escuela José Eustasio Rivera y quien vivió en la comunidad Acaricuara, agrega que los estudiantes indígenas manejan muy bien los mitos y leyendas pues su tradición oral es muy rica, gracias a las historias que les cuentan sus abuelos. “Ellos son muy buenos para crear e inventar historias orales. Y aunque tienen problemas con la ortografía y algunos con comprensión de lectura, cuentan con una caligrafía muy bonita. Incluso sus dibujos son muy llamativos y estéticos”, comenta.

El castellano, entonces, no es la primera lengua de los estudiantes indígenas. Pero lo aprenden porque es la lengua nacional. “Nosotros no podemos ser ajenos a la globalización que vive el mundo de hoy y, además, el acceder a derechos fundamentales como la salud, la educación, y otros tantos beneficios que son propios del Estado y de la atención a las poblaciones, implican necesariamente dominar una lengua. Lo importante es conservar ese equilibrio: asumir las competencias comunicativas en lengua castellana y también conservar lo nuestro, que no se pierdan la identidad del grupo étnico ni la cultura propia”, explica Restrepo.



Niños de Bocas del Yi reciben los libros que los colombianos les regalaron. Foto: Archivo MinCultura

Una selva sin librerías

Además de que algunos estudiantes presentan dificultades para aprender a leer y escribir, deben enfrentar otro reto: el acceso a los libros, que en Vaupés es muy limitado. No existen librerías. Lo más parecido son ciertos almacenes ubicados en Mitú, en donde se venden gran cantidad de objetos y, a veces, uno que otro libro.

Eso sí, el departamento cuenta con cuatro bibliotecas públicas: la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera y la Biblioteca Pública Municipal de la Casa de la Cultura Luis Enrique Chávez Velásquez, así como las bibliotecas de los municipios de Taraira y Carurú que hacen parte de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y que han sido dotadas con libros gracias al Plan Nacional de Lectura y Escritura ‘Leer es mi cuento’. A su vez, existen 118 establecimientos educativos en 16 instituciones que en total tienen unas 38 bibliotecas escolares, enfocadas principalmente en textos escolares.



Quien desee comprar libros, generalmente lo hace cuando viaja a Villavicencio o a Bogotá. Así que con ese panorama no es raro que en los hogares sea difícil encontrar libros. Yuli Andrea Rubio Cruz, docente y directora del Sistema de investigación de la Escuela Normal Indígena, cuenta que en el Semillero de investigación en lectura y escritura, en el que participan estudiantes de los grados 11 al 13 interesados en esta temática, han realizado cartografías de los lugares en donde hay espacios para la lectura y la escritura en Mitú y han descubierto que generalmente los estudiantes que cuentan con libros en sus casas tienen algún familiar que trabaja como docente y es quien los lleva, o porque los mismos jóvenes los roban de las bibliotecas.

Otros, en cambio, han visto los beneficios que trae pedir los libros en préstamo, como es el caso de Emilse Triana, estudiante de noveno del colegio José Eustasio Rivera, quien desde hace dos años entró a la Biblioteca Departamental y quiso llevarse a su casa una buena cantidad. “Me explicaron que tenía que llevármelos de uno en uno, así que tomé 'María' de Jorge Isaacs, que me encantó. Desde entonces cuando acabo un libro vuelvo por otro. Estoy leyendo unos 10 libros al mes”, cuenta.

Ésta ávida lectora, tiene expectativas por conocer qué libro recibirá gracias a la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’ y cruza los dedos para que sea uno que no se haya leído. También espera que con los libros que se entreguen a los jóvenes de su edad se los motive a leer para que ocupen mejor su tiempo libre.

Algo similar espera Ximena Corazón Martínez, estudiante de la Escuela Normal Indígena que se reúne con cinco jóvenes más a leer libros relacionados con el Amazonas en la maloca Ipanoré todos los miércoles, de 4:00 p.m. a 6:00p.m., y que, por influencia de su hermana –quien se encerraba a leer en su cuarto y que tenía un vocabulario ‘elegante y diplomático’ que le causaba curiosidad– se ha convertido en una lectora voraz.

Mientras tanto Ciro Ferneley, el estudiante de Bocas del Yi, cuenta que leyó cuatro veces el libro 'Los músicos de Bremen' y que lo que más le ha gustado son los dibujos y las enseñanzas. Su abuelo, el docente pensionado Héctor Gómez Estrada, quien vive con Ciro y usualmente le cuenta las historias de la región y de su cultura cuenta: “Para mí es un orgullo que cada niño tenga un libro, para que así pueda alimentar su pensar y el análisis. Muy interesante porque así los niños van aprender muchas cosas más”.

Por Lucía Camargo Rojas

Nota publicada en El Tiempo el 6 de noviembre de 2015

La lectura, medicina para los niños

Gracias al poder de los libros y la lectura un hospital puede transformarse de un espacio de dolor a uno de esperanza. Durante el periodo 2015-2018 el gobierno Santos construirá 300 salas de lectura para primera infancia.

Foto: Archivo MinCultura 

Eulicer, un niño indígena emberá de dos años, sigue con detenimiento la voz y narración de Luisa Mazo, promotora de lectura del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, quien le lee en voz alta el texto infantil La gallinita roja a él y a su madre, Miria Viscuña. Tanto así, que el pequeño, quien se encuentra sentado en una silla del corredor de la sala de pediatría del hospital, está tan absorto que tiene en su mano derecha un pedazo de galleta que sostiene en el aire, sin llegar a comerla o cambiar de posición.

Son las tres de la tarde y el sopor del día en la capital chocoana golpea con intensidad. Luisa se encuentra sentada frente a los dos indígenas emberá, quienes debieron recorrer un trecho de cuatro horas desde su comunidad Peñas del Olvido hasta Quibdó para poder acceder al servicio del hospital debido a que Eulicer tiene paludismo y neumonía.

“Había una vez una gallinita roja que vivía en una granja con otros animales. Un día escarbando se encontró un grano de trigo. Pensó en sembrarlo y hacer pan para todos sus amigos”, narra Luisa con tono particular.

A medida que avanza la narración, la promotora de lectura pasa las páginas del libro lentamente con el fin de que niño y madre puedan ver las ilustraciones. Al poco tiempo se acerca una indígena más que sigue con timidez el desenlace de la historia.

Finalizada la sesión de lectura, Miria Viscuña cuenta que generalmente Eulicer no presta atención a las lecturas que les realiza un joven emberá, que ella llama “el maestro”, cuando va a Peñas del Olvido a leerles libros en español. Esta vez, irónicamente, Eulicer prestó atención, casi sin parpadear, a toda la historia.

Alnor, en cambio, no se quedó quieto durante la lectura que Luisa le hizo a él y a su compañera de cuarto, Joycy, del libro Mi mamá es mágica. Cuando Luisa comenzó la lectura estaba acostado y al final de la sesión terminó sentado cerca de ella, contestando cada una de las preguntas que la promotora le hacía.

– ¿Tu mamá sabe que van a pasar las cosas antes que sucedan? –preguntó Luisa

– ¡Sí! – dijo emocionado Alnor, quien ingresó al hospital por gastritis.

– Entonces tu mamá es mágica, como la del libro – le explicó Luisa.

Desde hace un año y medio los pequeños que como Eulicer y Alnor ingresan al Hospital San Francisco de Asís, disfrutan de lecturas en voz alta en las tardes que realiza Diana Patricia Serna, educadora hospitalaria, o Luisa Mazo gracias a la creación de un espacio nuevo que se ha ganado el cariño tanto de médicos y enfermeras como de pacientes: la sala de lectura.

El lugar, de apenas dos metros por cuatro metros, era antes la oficina de unos médicos que con gusto cedieron el espacio cuando se decidió que allí se adecuara y dotara una sala de lectura en el marco de la alianza público-privada de más de treinta entidades “Primera infancia aquí estamos”, como parte de la materialización de la Estrategia De Cero a Siempre.

Una de las entidades participantes de esta alianza fue el Ministerio de Cultura, institución que apoyó con recursos y asesoría técnica. La dotación de la sala estuvo a cargo de Fundalectura, entidad contratada por Aldeas Infantiles, otro de los socios de la alianza, para para dotar la sala con 300 libros, estantes, cajones para libros, sillas, cojines y una mesa.



 Sala de lectura en el Hospital San Francisco de Asís en Quibdó. Foto: Archivo MinCultura.


Salas de lectura para todo el país

Entre 2013 y 2014 el Ministerio de Cultura adecuó y dotó 28 salas de lectura en siete departamentos de Colombia y contrató 53 promotores de lectura que se repartieron entre Antioquia, Atlántico, Chocó, Bolívar, Valle del Cauca y Cauca.

Adicionalmente, el Ministerio de Cultura invita a que las regiones hagan uso de los recursos que avalan los Conpes 152-2012, Conpes 162-2013 y Conpes 181 de 2015 relacionados con primera infancia. Gracias a estos tres documentos las regiones pueden ejecutar los recursos del Sistema General de Participaciones para la Primera Infancia con el fin de dotar, ampliar, mantener o reparar salas de lectura en bibliotecas, museos o casas de cultura. En particular gracias Conpes 181 los municipios de Colombia en 2015 cuentan con más de 171 mil millones para adecuar la infraestructura cultural para atención integral a la primera infancia.

De acuerdo con el parágrafo 2 del artículo 4 del Acto Legislativo 04 de 2007 los recursos del Sistema General de Participación del crecimiento de Economía superior a 4% se destinarán a la Atención Integral a la Primera Infancia. Para 2014 más de $2.000.000.000 fueron invertidos en la dotación de salas de lectura en las bibliotecas adscritas a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de más de 140 municipios, mientras que $6.800.000.000 fueron usados en más de 60 municipios para ampliar, mantener, reparar y dotar salas de atención a los niños en bibliotecas, casas de cultura, y museos.

Según las bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “con el apoyo del Ministerio de Cultura (que brindará la orientación técnica y aportará la dotación de libros), el ICBF y el Ministerio de Salud fortalecerán la oferta propia de atención integral con la creación de 300 salas de lectura en familia o círculos de palabra en comunidades indígenas”. Un porcentaje de estas salas se realizará en hospitales. Este año se construirán 80 salas: 40 en hospitales y 40 en unidades de víctimas, unidades de servicio del ICBF y comunidades indígenas. 

Para Sandra Argel, Asesora Programa de Atención a la Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “las salas de lectura brindan a los pequeños la oportunidad de acercarse a los libros desde el disfrute, la exploración y el juego, creándose las bases para un vínculo afectivo con la lectura desde la primera infancia”.


Sala de lectura en Acacías, Meta. Foto: Saraka

¿Y cómo son las salas de lectura?

Hernán Darío Castro hizo parte del equipo Saraka que ganó la convocatoria de Aldeas Infantiles para diseñar y construir los inmuebles de las tres salas de lectura que se hicieron en el Meta en septiembre del año pasado: Acacías, Puerto Concordia y Lejanías. Las salas cuentan con tres mesas con modelos de animales basados en la fauna del Meta, nueve cojines y tres estanterías que tienen la ventaja de poderse ensamblar en el sitio, usarse en climas calurosos y pintarse con vinilos no tóxicos cuando se requiera. 

Para Castro lo más interesante de diseñar, elaborar y construir el mobiliario de las salas en cada municipio, fue tener la posibilidad de ver cómo la recibían los niños de la región. “En Puerto Concordia la biblioteca es muy iluminada. Cuenta con ventanas en las cuatro paredes, lo que permite que el sol entre durante todo el día. Cuando llegamos a montar la sala de lectura infantil, los niños de la comunidad se asomaron, curiosos, en cada una de las ventanas, al punto de que terminamos rodeados de sus caras”.

Maria Clara Henao, diseñadora industrial de Bibliotec, explica que las salas de lectura para primera infancia “son espacios dinámicos y confortables, donde se le da mucha importancia al color y a cada mueble”.

Por su parte el artista plástico Juan Carlos Melo Hernández, quien hizo parte de la elaboración del documento Lenguajes y ambientes de lectura que hizo MinCultura, ICBF y la Fundación Carvajal, resalta la importancia que tiene el cuerpo del niño a la hora de pensar en lugares propicios para la lectura en primera infancia. “Una sala es un lugar que propicia múltiples estados del cuerpo: estarse boca abajo, boca arriba, sentado, en las rodillas, con los pies cruzados, sentado en una silla formal, sentado junto al otro, sentado frente del otro. Un lugar de infancia siempre tiene que ser múltiple”.

Una sala de lectura que llega a los pacientes

En el Hospital de Quibdó Luisa y Diana Serna han demostrado que la sala de lectura no es rígida sino que se apropia de acuerdo al lugar. Diana optó por llevar los libros a los pequeños, en vez de que ellos vayan a la sala.

Así, Diana y Luisa seleccionan libros de los estantes de la sala de lectura realizan jornadas de lectura en voz alta todas las tardes en neonatos y pediatría, donde los médicos ya hicieron los turnos en las mañanas. Sólo cuando existe un grupo pequeño de niños que pueda ir a la sala los llevan, pero en general las actividades se realizan en los cuartos y corredores del hospital.

Diana, capacitada en el proceso de pedagogía hospitalaria que inició en octubre de 2013 gracias al trabajo conjunto de MinCultura, MinEducación, Aldeas infantiles y la Universidad del Norte, explica que las actividades diarias de lectura en voz alta no son una clase.

“Los niños de aquí no van a salir graduados de nada. Atendemos niños que se van. Que no son permanentes. Pero el niño tiene derecho a tener una atención de salud y a ser estimulado en su parte cognitiva o intelectual a través de cuatro actividades rectoras de pedagogía hospitalaria: juego, literatura, arte y exploración del medio,” dice.

Para Elia Nelly Acuña Córdoba, subgerente asistencial del Hospital de Quibdó “una enfermedad inicialmente causa mucha angustia. Cuando el niño tiene algo que lo motive, diferente a hablar de la enfermedad, se distrae y eso puede ser un aporte positivo a la recuperación. Tanto para los familiares como para los pacientes la actividad de lectura ha sido muy motivante porque estimula a los niños y los distrae un poco de la enfermedad”.

El pediatra Pedro Luis Álvarez Mena, ha notado que cuando a los niños enfermos que ingresan al hospital se les lee, de alguna manera dejan de estar emocionalmente deprimidos. “Nuestros niños no tienen aquí en el hospital actividades que los entretengan. Las sesiones de lectura se han convertido en un espacio de entretención creativa porque el niño despierta su interés por la lectura”, explica.

Y no son sólo los niños, sino también los padres. Luisa cuenta que en una lectura en la sala de neonatos, las madres se sorprendieron a al saber que los bebés hacían ruidos como eructar, que les da hipo y hasta pueden llorar gracias a una de las lecturas diarias. 

“No lo creían. Fue tal su asombro que comenzaron a recordar sus historias durante su embarazo. Por ejemplo, una contó que se sentía sola y comenzó a escuchar el llanto de un bebé y que podría haber sido su hijo llorando en su vientre. Fue muy bonito porque entre todas comenzaron a compartir sus experiencias”, explica la promotora de lectura.

Son las 5:00pm y Luisa quien ya ha terminado su jornada se lectura, reconoce que lo que más le gusta de su trabajo es “cómo muchas veces los niños están deprimidos por la enfermedad y por el lugar en el que se encuentran. Cuando uno llega y les lee pareciera que descansaran de la situación. A veces están llorando mucho pero cuando uno comienza a leerles les cambia el llanto por sonrisas”.

Por Lucía Camargo Rojas

Un fragmento de esta nota fue publicado en Lecturas Dominicales de El Tiempo