martes, 30 de julio de 2013

La suerte de Daniel Burman


Por Lucía Camargo Rojas

En La suerte en tus manos  (2012),  la última película del argentino Daniel Burman, Jorge Drexler representa de forma apropiada a Uriel, un hombre de 40 años, separado y con dos hijos que desea hacerse una vasectomía para eliminar la posibilidad de tener más descendientes. El mismo día de la operación se encuentra sorpresivamente con Gloria (Valeria Bertuccelli), una antigua novia universitaria que lo dejó porque él nunca hizo pública su relación. 

Las escenas mejor logradas del octavo largometraje de Burman se desarrollan en el consultorio del urólogo Weiss (Luis Brandoni), en donde Uriel habla sin pausa sobre sus relaciones con las mujeres, haciendo una clara parodia a lo que puede ser una consulta psicológica. Incluso, varias de las líneas de Brandoni son las que pretenden ser las pistas que den sentido a la historia (“La clave del éxito no es saber qué se hace bien sino qué es lo que uno hace mal”). Drexler se destaca por su naturalidad, al punto de que uno se olvida totalmente de su rol como músico, compositor y cantante, y en cambio lo percibe como un perfecto representante de un hombre maduro y algo perdido, capaz de añadir un toque de humor sarcástico a esta comedia romántica.

Sin embargo, la película desencanta por la falta de conflicto. Gloria y Uriel vuelven a ser pareja fácilmente y la mentira en la que se basa su reencuentro (Uriel le dice a Gloria que él es quien traerá de regreso al aclamado grupo la Trova rosarina) no alcanza a suscitar mayores obstáculos entre la pareja, haciendo que aunque la película se deje ver y sea amena, no sea precisamente la obra maestra de Burman. Daniel Burman es reconocido por ser un representante de la nueva ola del cine argentino. A pesar de que su largometraje El abrazo partido (2004) ha sido aclamado por la crítica y se le reconozca por películas como Esperando al mesías  (2000) y El nido vacío  (2008), sus más recientes obras carecen de la fuerza de las primeras. 

En particular, La suerte en tus manos  pareciera desaprovechar su reparto y el potencial de la historia. La magnífica Norma Aleandro representa fugazmente a Susan, la madre de Gloria. Pero aunque la reconocida actriz interpreta un par de líneas interesantes, particularmente cuando habla de su relación con su ex esposo, es una pena que su actuación pareciera desconectada del hilo conductor, cuando podría ser clave para entender la vida amorosa de Susan. Incluso la idea de que la suerte la construye uno mismo es interesante, pero tampoco se explota lo suficiente en los juegos de póker de Uriel ni en la película en general. 

Al final uno siente que el protagonista podría o no haber construido su futuro y aunque Burman intenta crear un momento epifánico en el que Uriel toma las riendas de su vida, la escena resulta algo llana y sin vida. Definitivamente La suerte en tus manos no es la película para conocer el trabajo de Burman pero sí para ver el debut de Drexler.

Publicado en Literal el 30 de julio de 2012

viernes, 12 de julio de 2013

Sweeping exhibition of Colombian Art at the IDB Cultural Center


By Lucía Camargo Rojas

The sculptures of Enrique Grau, Gonzalo Ariza’s landscapes, David Manzur’s poetic paintings, and work by 20 other Colombian artists are on display in “The Marvelous Real: Colombia Through the Vision of its Artists,” an exhibition at the Cultural Center gallery of the Inter-American Development Bank through until September 27.

Curated by Felix Ángel, the exhibition successfully illustrates the history of Colombian art through 36 pieces that include paintings, sculptures and video. What is remarkable about the show is that unites the Colombian artworks, part of the bank’s more than 1700-piece collection, in a thoughtful and chronological manner. Each piece is accompanied by a bilingual (English/Spanish) biography of the artist and an explanatory note offering context about the times in which it was made.

Gonzalo Ariza’s savannas and mountains welcome the viewer with a piece that introduces the spectator to Colombia’s multiple landscapes. Renowned Colombian artists such as Edgar Negret, Fanny Sanín, Enrique Grau, and Eduardo Ramírez Villamizar share space with the more contemporary work of Andrés Felipe Uribe and Carlos Fernando Osuna and others. It is surprising to see the reality of Enrique Grau’s sculpture, “The Kiss” (El beso) (1995), in the same exhibition with Andrés Felipe Uribe’s shocking video that criticizes a Colombian government campaign promoting a positive view of the country abroad by tattooing a heart in his chest.

The exhibition also underscores the many topics and techniques preferred by the artists. There’s the exquisitely detailed landscape love affair of Juan Bernal’s “Spirits of Nature” (Espíritus de la naturaleza) (2002), the gold replicas of Pre-Columbian pieces of Bogotá’s Gold Museum, the marvelous Negret’s sculpture “The Sun” (El Sol) (1985), and the colorful looms of Olga de Amaral in “Limestone Cliffs” (Riscos Calizos) (1988), among others.

The exhibition showcases the diversity of Colombian art, raising questions about the validity of its title. Alejo Carpentier’s “marvelous real” was a concept launched during the ’50s that represented not only Colombian but Latin American culture at that time. What this outstanding exhibition illustrates is the concern of its artists to describe a country that, as the show rightly highlights, is “in the making” and precisely because of that has been interpreted in many different ways by its artists. This selection of work certainly goes further than the old and general “marvelous real” concept.

The exhibition sets a high bar for the future showcases of the Latin American work planned for the bank’s art collection. In the meantime, these pieces will be viewable on the new IPAD version (downloadable it here) of the IDB gallery, another positive idea to promote the Latin American art on display in the bank’s building.

Published in Hola Cultura on July 11, 2013


Ballplayer: Pelotero


Por Lucía Camargo Rojas

La edad de oro para un joven de San Pedro de Macorís, República Dominicana, son los 16 años. No solamente porque con seguridad su familia le organizará una gran fiesta, sino porque la Major League Baseball (MLB) le permite firmar contratos con las compañías de béisbol estadounidenses. Para la gran mayoría de adolescentes de esa región esa es laúnica oportunidad de salir de la pobreza.

Así lo cuenta el documental "Ballplayer: Pelotero" (2012) dirigido por Ross Finkel, Trevor Martin y Jonathan Paley, socios de la compañía neoyorquina de comerciales y video corto Guagua productions, quienes estuvieron casi un año en República Dominicana intentando indagar por qué los dominicanos son tan buenos jugando béisbol. La respuesta resultó ser mucho más compleja de lo que creían y dio como resultado una investigación impecable sobre la realidad que afronta gran parte de los jóvenes del país caribeño.

El documental se centra en la historia de Miguel Ángel Sano y Jean Carlos Batista, dos jóvenes a punto de cumplir los 16 años que han sido entrenados gratuitamente por profesores dominicanos. La esperanza de estos entrenadores, claro está, consiste en que los grupos de béisbol estadounidenses les ofrezcan sumas mayores al millón de dólares a sus pupilos, de tal manera que ellos puedan recibir el 35% de la jugosa suma. Los adolescentes, por su parte, ponen toda su energía en el juego con el fin de poder dar a sus familias la oportunidad de una estabilidad financiera y de cumplir su sueño de llegar a las grandes ligas.

El acierto más grande de este documental es el de mostrar la vida diaria de estos jugadores para evidenciar la presión que tienen cada dos de julio, día en que se cierran las ofertas de los equipos estadounidenses. Aunque su talento sea casi natural e incuestionable su futuro depende de cómo lleven a cabo la negociación. Así sucede también con sus entrenadores. “Toda mi vida le pedí a Dios un pelotero como Miguel Ángel,” dice uno de ellos. Una carga bastante pesada para quien ni siquiera ha alcanzado la mayoría de edad.

Pero como era de esperarse, detrás de ese sueño están las artimañas y corrupción de los equipos para comprar a futuras estrellas por el menor precio posible. El monopolio detrás de esta especie de mercado de talentos que comenzó en 1962. Los directores se encontraron con que efectivamente República Dominicana produce jugadores de alta calidad (el 20% de los jugadores estadounidenses viene de ese país), pero también los más baratos. Aunque el precio sea una mina de oro para las familias de los jóvenes, es una ganga para los grupos norteamericanos.

El documental se enfoca, entonces, en ilustrar paso a paso una situación poco conocida e inquietante. Las familias hacen lo posible para superar todos los obstáculos interpuestos por la MLB, como probar que el joven efectivamente tiene 16 años, y lograr la firma del jugador. No tienen otra opción. Las angustiantes escenas de la gran mayoría de ellos sentados esperando respuesta lo ilustran. Afortunadamente las acompañan uno que otro apunte humorístico a pesar de las circunstancias: “Los gringos inventaron la pelota, pero nosotros le pegamos mejor,” dice uno de los jugadores.

Detrás del documental hay una gran investigación periodística, ilustrada con entrevistas a la mayoría de partes involucradas: jóvenes, familias y entrenadores, de la mano de la narración de John Leguízamo. Sin embargo, hace falta la posición de la MLB para conocer el otro lado de la historia. Al final de la producción se aclara que la organización deportiva no quiso conceder entrevistas. Una omisión diciente.

Ballplayer: Pelotero es entonces un documental convincente que demuestra una vez más las injusticias a las que se somete quien no tiene la sartén por el mango. En este caso los jóvenes talentos que se entrenan en las canchas de béisbol de San Pedro de Macorís.

Publicado en Literal Magazine en julio de 2013

M.A.K.U Soundsystem: “fiesta para el que sea, parranda en la calle”

Por Lucía Camargo Rojas

El grupo colombiano M.A.K.U Soundsystem, que se presentó el pasado miércoles en Tropicalia, toma su nombre de los indígenas Nukak Maku, para quienes “Maku” hace referencia a la casta más baja de su comunidad. A su vez “Sound System” alude a las fiestas colombianas y jamaiquinas que se hacen en la calle espontáneamente alrededor de la música a todo volumen emitida por grandes parlantes, de acuerdo con el fundador de la banda, Camilo Rodríguez.

En otras palabras M.A.K.U Soundsystem retoma los ritmos de la música atlántica colombiana, mezclados con algo de soul, funk, punk, reggae y Afrobeat con el fin de promover la “fiesta para el que sea, parranda en la calle para el que quiera,” según Rodríguez.

Y es que la diversidad y apertura hacen parte de este grupo de inmigrantes colombianos que tuvo sus inicios en las caminatas de Rodríguez por las calles de Nueva York en el 2009. “Cuando uno va caminando por ahí y ve a un grupo de haitianos tocando, de puertorriqueños, etc., uno empieza a preguntarse por cuál es la música de Colombia,” explica.

Pronto Rodríguez, quien inició la carrera de música en The City College pero se graduó de Estudios Latinoamericanos, comenzó a conocer grupos colombianos que tocaron en la ciudad de Nueva York como Totó la Momposina y los Gaiteros de San Jacinto y a indagar por la música tradicional de su país. Junto con su amigo Juan Pablo comenzó a experimentar con distintos sonidos y grabó el CD “Vamos bien”.

Rodríguez siguió el estudio de la música folklórica y en ese proceso conoció a los que serían los nuevos integrantes de la banda: los barranquilleros Liliana Conde (vocalista y percusión) y Moris Cañante (alegre); los bogotanos Juan Ospina (vocalista y bajo), Andrés Jiménez (tambores) y Felipe Quiroz (sintetizador), y los estadounidenses Robert Stringer (trombón) e Isaiah Richardson Jr. (trombón y clarinete).

Los seis colombianos que hacen parte del grupo llegaron a Queens a finales de los 90 y principios del 2000. Todos comparten el gusto por la música en general, la admiración por el folklor colombiano y el estatus de inmigrantes que los hace mantener una relación más cercana a la hermandad que a la simple camaradería.
“M.A.K.U está altamente influenciado por la experiencia de vivir en Nueva York como inmigrantes” explica Rodríguez. “La banda ha generado un punto de encuentro parecido al de una comunidad. Eso hace que nos hayamos conocido mejor,” agrega.

Su primer disco en vinilo se llama “MAKUMBALA” y fue producido en el año 2011. Para Rodríguez ese trabajo refleja la etapa en la que realmente decidieron cuáles son los instrumentos y los integrantes de la banda. En cambio en su último disco “Music Never Dies”, lanzado el año pasado, “ya tenemos una estética que nos gusta a todos y estamos más cómodos. Ya hay más claridad de hacia dónde queremos que las canciones vayan,” agrega.

Los dos discos fueron grabados espontáneamente, basados en los experimentos de la música barranquillera de los años 70. En sus investigaciones sobre música colombiana, Rodríguez se encontró con que en aquella época en la Costa Atlántica se hacían grabaciones espontáneas de mezclas entre distintos géneros que incluso incluían Afrobeat, funk y soul. “Nosotros continuamos con esa tradición” explica.

Según Rodríguez, el objetivo del grupo es “botar nueva vibra, que la gente pase bien, se divierta y esté conectada”. Pero también acepta que parecen emitir un mensaje de encuentro con el que muchos inmigrantes se empiezan a ver identificados. “Además usted mira la banda y encuentra una diversidad muy interesante. Yo creo que la gente siente eso y le afecta”, concluye.

Publicado en Hola Cultura el 3 de julio de 2013