Sandra Patricia Medina. Foto: Carlos ClavijoCientíficos por intuición
Oriundos de Boyacá, estos jóvenes son los guardianes de las colecciones del Instituto Humboldt en Villa de Leyva.
Estaba buscando trabajo. De vendedor, zapatero, chofer, lo que fuera. Un amigo le contó que en el Instituto Humboldt, sede Villa de Leyva, de donde es oriundo, estaban realizando una convocatoria. No tenía claro el cargo. Sin embargo, se presentó junto con otras cuarenta personas residentes del municipio. “Nos entregaron una serie de insectos y nos pidieron que los separáramos de acuerdo con nuestro criterio”, recuerda Edwin Torres, actual estudiante de Economía de la Universidad de Tunja y quien desde el año 2000 es auxiliar de la colección entomológica de la institución.
“Yo los separé intuitivamente: por el color de las alas y por su tamaño”, explica. “Y tuve que haberlo hecho muy bien porque ya llevo nueve años manejando la colección de insectos”, añade mientras abre y cierra cajones que guardan como un tesoro los más de 350.000 ejemplares catalogados de vertebrados, plantas e insectos que reposan en la sede de Villa de Leyva del Instituto Humboldt, Claustro de San Agustín.
Con cuidado y un profundo respeto saca los cajones en donde se encuentran meticulosamente catalogados los insectos. Batallones de hormigas, cucarrones y mariposas descansan en fila india en los estantes que el auxiliar se encarga de desplegar para demostrar la diversidad de especies de nuestro país. Las colecciones son de investigación y referencia, por lo que se usa un sistema de archivadores riguroso, para que investigadores y especialistas puedan consultarlos.
Torres fue entrenado por especialistas para ser auxiliar de la colección entomológica. Una preparación fuerte en la que él y sus compañeros tuvieron que estudiar nombres extraños para poder reconocer las especies, así como las peripecias de su montaje.
Detrás de las colecciones
Pero los 170.000 insectos son apenas una parte de la tarea de estos jóvenes aprendices. En la sede también se encuentra la colección de vertebrados (aves, peces, mamíferos, anfibios y reptiles) y el herbario. En total, el instituto ha entrenado nueve auxiliares (tres en cada división), que hoy en día cuidan los ejemplares como si fueran sus hijos. Y como tal, los defienden a capa y espada de todos los males que puedan aquejarlos: la luz, los hongos, las bacterias y el contacto permanente.
La mayoría ya conocen las colecciones mejor que muchos especialistas. Hablan de huevos, cóndores, murciélagos, cucarrones y alacranes despreocupadamente y citan de memoria las cifras de los ejemplares catalogados. Claudia Medina, administradora de las colecciones, dice que “si no fuera por ellos, estas colecciones no estarían así. Son ellos quienes les enseñan a los pasantes”.
A veces también participan en la recolección de ejemplares durante las salidas de campo. Ha sido tal el entusiasmo, que han podido realizar las expediciones sin la necesidad de un biólogo profesional. Para Fernando Forero, auxiliar de la colección de vertebrados, “tener ese contacto con la naturaleza, no estar pendiente del reloj, el celular, las noticias, lo libera a uno”. Por eso, las salidas son su parte predilecta del oficio.
Carlos Ricardo Montaña, quien se incorporó al instituto en 1997 recordó que “al principio, a uno le daba miedo manejar los ejemplares y hasta cierto desagrado. Pero con el tiempo se aprende a apreciar las colecciones al punto de que uno siente lo bueno y lo malo que les sucede. Además, uno se concientiza de la importancia de preservar y cuidar la naturaleza”.
Afanados de que los ciudadanos que no son especialistas en biología también conozcan de la diversidad de animales que existe en el país, el grupo de auxiliares ha creado una sala de exhibición en la que cualquier visitante puede observar los ejemplares, como si se tratara de un pequeño museo. Un proyecto que los ha entusiasmado, pues consideran necesario que los colombianos conozcan sobre los animales que hay en el país de una forma agradable. Y así, como Edwin, aprendan de distintos animales y sepan cómo tratarlos. “Antes de llegar al instituto yo veía un alacrán y, por miedo, lo espichaba y lo molestaba. Ahora entiendo que si no lo molesto, el individuo no me va a hacer ningún mal”, concluye.
Publicado en El Espectador, jueves 9 de julio de 2009
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Juan Daniel Gómez. Fotografìa: Diana Sánchez-El EspectadorLa magia del cerebro
Las técnicas usadas por los magos durante siglos son materia prima poderosa para los estudios de los neurocientíficos, quienes intentan comprender mejor el comportamiento de este órgano.
Sostiene cuatro jokers que descienden y ascienden sin dificultad desde la mesa cubierta por un mantel negro hacia sus manos. Sus dedos y brazos se mueven ágilmente, de tal forma que su discurso, rápido y divertido, se entremezcla armónicamente con el acto que el público ansía ver. Tiene el pelo largo y rizado, y sobre su cabeza sostiene un gorro rojo, muy parecido al del sombrerero de Alicia en el país de las maravillas. Así como ocurre en la historia de Lewis Carrol, el mago busca lograr que las cartas cobren vida.
El público las revisa una por una. No tienen nada de raro. Ningún chip. Ninguna compuerta. El mago Hernán Maccagno pide que le digan un número de uno a diez. “Siete”, se logra acordar finalmente en medio de los gritos. De pronto, sin que nadie lo espere, voltea cada una de las cartas, que ya no son jokers sino un siete de corazones, uno de tréboles, otro de diamantes y un último de picas. Los asistentes aplauden.
“Pero ¡qué raro!”, comenta Maccagno. “Porque ahora, poco a poco, las cartas parecen volverse nada. Y cuando digo nada, es nada de nada. Es como si se evaporaran”. Y es que, de pronto, el mago ya no sostiene ninguna de las cartas, que parecen haberse esfumado de la mesa. El público aplaude y se tranquiliza porque otra vez aparecen, pero ahora son tres y ahora tan sólo dos. Y, al final, no queda ninguna. El mago, quien obtuvo el primer Premio Latinoamericano de Magia de Cerca Flasoma 2004, ha vuelto a sorprender a sus asistentes, quienes se preguntan ¿cómo es eso posible?
Magia y ciencia
Juan Tamariz, reconocido mago español, ha definido la magia en tan sólo dos palabras: es el imposible fascinante. Tan fascinante que los espectadores se mantienen en vilo siguiendo los pasos del mago, y tan imposible que los científicos se rompen la cabeza tratando de clasificarla, analizarla y entenderla.Según Juan Daniel Gómez, coordinador de neuropsicología de la Universidad Javeriana, las primeras investigaciones que empezaron a tomar la magia como un objeto de estudio, que datan del siglo XIX, se acercaron más a las teorías psicológicas y fallaron por no tener una base empírica u orgánica. “Hoy en día sabemos que los procesos atencionales están soportados por estructuras cerebrales muy específicas y que están relacionadas con fenómenos sensoriales y perceptuales que tienen una base biológica muy bien estudiada. Las investigaciones anteriores eran poesía y palmaditas en el hombro, en cambio, las actuales son mucho más científicas”, advierte el neuropsicólogo.
Gómez se refiere a los recientes estudios de los llamados neurocientíficos, quienes, en los últimos cuatro años, se han interesado en tomar los trucos de magia como una herramienta de investigación, pues consideran que la base de estos mecanismos puede ser mejor comprendida desde su disciplina de conocimiento. Así lo explica un artículo reciente publicado en la revista Nature y realizado por los neurocientíficos Stephen L. Macknick y Susana Martínez-Conde en colaboración con los magos Mac King, James Randi, Apollo Robbins, Teller y John Thompson.
“Los magos son, antes que nada, artistas de la atención y la conciencia. Manipulan el foco y la intensidad de la atención humana, controlando, en cada instante, de lo que somos conscientes y de lo que no. Lo logran, en gran medida, empleando combinaciones de ilusiones visuales, ópticas, efectos especiales y artefactos mecánicos”, explican Macknick y Martínez-Conde en una versión actualizada del mismo estudio publicada en Scientific American Magazine.
Sin embargo, el instrumento más versátil de estos genios de la atención consiste, de acuerdo con estos investigadores, en su habilidad para crear ilusiones cognitivas que, al igual que las visuales, enmascaran la percepción de la realidad física. No obstante, se diferencian de estas últimas en que no tienen relación con la sensibilidad sino más bien con funciones como la atención, la memoria y la deducción por causalidad. Con estas herramientas a su disposición, los magos logran que hasta al científico más prestigioso le sea imposible revelar lo que realmente está sucediendo, dejando claro que la única explicación posible es que los eventos ocurran por arte de magia.
A la caza de la magia
Los magos, explican Macknick y Martínez-Conde, enfocan la atención de la audiencia hacia el efecto y no hacia el método, el secreto detrás del efecto. Para lograrlo usan, entre otras, dos estrategias principales. La primera consiste en enviar la mirada del espectador lejos del truco, por ejemplo, preguntándole por un objeto en particular que se encuentre en otra dirección. Aunque la segunda también busca dirigir el foco de atención del público lejos del método, lo logra sin que el espectador deba redirigir la mirada. En ese sentido, la audiencia puede estar viendo directamente hacia el método detrás del truco sin ser consciente de éste.La neurociencia cognitiva llama a este fenómeno ceguera a los cambios: la persona no nota que algo en la escena es diferente a como era antes. Aún hasta las alteraciones más dramáticas pueden no ser notadas si se dan, por ejemplo, durante un parpadeo. Es una técnica especialmente utilizada en los juegos de cartas, como el que emplea Maccagno. Un ejemplo asombroso de esta situación puede observarse en el video que se encuentra en Youtube realizado por el psicólogo y mago Richard Wiseman, en el que se demuestra cómo los espectadores no notan los cambios de color que se dan por fuera de la grabación.
Los magos también aprovechan que el público no percibe objetos que no esperaban, aún cuando sean completamente visibles, un fenómeno que es conocido como ceguera inatencional. Los psicólogos Daniel Simons y Christopher Chabris, de la Universidad de Harvard, idearon un experimento que lo demuestra. Pidieron a un grupo de personas contar cuántas veces un equipo de baloncesto conformado por tres individuos se pasaba una pelota. Mientras contaban, la mitad de los espectadores ignoró que una persona con una camiseta de gorila atravesó la escena. No hubo que crear ninguna distracción para que este efecto se diera, había un público tan absorto en su ejercicio que no vio al intruso.
Los anteriores son ejemplos de ilusiones cognitivas que son altamente aprovechadas por los magos y ahora estudiadas por los neurocientíficos. Eso sí, Macknick y Martínez-Conde aclaran que uno de los corolarios más importantes en el mundo de la magia consiste en que si el mago ejecuta el mismo truco dos veces hacia la misma audiencia, es bastante probable que ésta identifique el método detrás del efecto. El intruso con camisa de gorila se vería en una segunda prueba.
Del mismo modo, explica el neuropsicólogo Juan Daniel Gómez, el 98% de los asistentes no ve el truco, por eso el 2% restante tiene una alta probabilidad de convertirse en mago. “Es probable, comenta Maccagno, aunque cualquiera que realmente esté interesado puede serlo. Sin embargo, a mí no me gusta hablar de truco, sino más bien de juego, porque truco se relaciona con engaño, mientras que juego tiene que ver más con una ilusión”. Y añade que “la diferencia radica en que el neurocientífico estudia el funcionamiento del cerebro para saber cómo funciona, mientras que nosotros estudiamos su funcionamiento para poder lograr emociones”.
Macknick y Martínez-Conde resumen esta idea de la siguiente forma: “El mago busca explotar la debilidad cognitiva”. Y añaden que las técnicas desarrolladas por los magos durante siglos pueden ser pruebas útiles sus manos. Pues permiten explorar las bases neuronales de la atención y la conciencia que pueden servir para diagnosticar y tratar pacientes que sufren de deficiencias cognitivas específicas, como déficit de atención por un trauma en el cerebro o el déficit de atención e hiperactividad y hasta enfermedades como el Alzaimer. Un universo repleto de posibilidades que, si se quiere, también forman parte del imposible fascinante.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 2 de abril de 2009.
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Geoffrey West. Fotografía Federico Ríos-El EspectadorTras las leyes de la vida
Geoffrey West se ha dedicado a buscar fórmulas matemáticas que expliquen los fenómenos de nuestro planeta. Esta semana explicó su teoría en la U. de los Andes.
Cuando tenía 11 años, Geoffrey West se trepó en uno de los acantilados de las costas de Inglaterra. Desde allí podía divisar fácilmente cómo los barcos se perdían en la línea que divide el mar del cielo, una imagen que lo devolvió a una de sus clases de matemáticas, en la que el profesor preguntó si era posible determinar qué tan lejos está el horizonte. Ante el silencio de sus alumnos, el maestro reveló una ecuación a partir de la cual se puede obtener la cifra.
West recordó esta enseñanza y pensó en lo increíble que era que el mundo se pudiera medir a partir de fórmulas matemáticas. Tanto así que para él hoy en día, y casi sesenta años después, las matemáticas y la física son la forma de explicar el comportamiento de nuestro planeta, son el lenguaje del universo y su religión.
West trasladó esta manera de pensar a la biología y a las ciencias sociales. Junto con otros colegas del prestigioso grupo de investigación del Santa Fe Institute, en Estados Unidos, desempolvó una ecuación que en los años 30 creó Max Kleiber para entenderla y ampliarla. El resultado: una fórmula que explica cómo cualquier fenómeno biológico obedece a una ley establecida, relacionada con la masa del organismo y la cantidad de energía que éste consume.
Palabras más, palabras menos, esto implica que entre más grande es un animal, necesita menos energía para mantener sus tejidos. Por eso un elefante se mueve con menos agilidad y de forma más pausada que un ratón y, además, tiene un pulso de vida más lento. El corazón del ratón late más veces por segundo que el de un elefante, pero, al final de su vida, los dos mamíferos completan el mismo número de latidos, lo cual significa que los animales pequeños consumen su vida más rápido.
Desde 1997, año en que West y sus colaboradores publicaron su primer artículo al respecto, el grupo de investigación se ha dedicado a perfeccionar y ampliar el modelo a todos los ámbitos posibles: las células, el sistema cardíaco, el cerebro y hasta las mismas ciudades. Tanto así que, para West, de llegar a existir vida en otros planetas, es bastante probable que se desarrolle bajo las mismas leyes que han encontrado en la Tierra.
Sin embargo, el equipo ha demostrado que en las ciudades ocurre un fenómeno que no tiene comparación en el mundo biológico: ya no se observa que entre más grande sea un sistema (como el elefante), trabaje de forma más lenta. Todo lo contrario. Cada vez que una ciudad aumenta de tamaño, las actividades que allí se realizan (como las llamadas telefónicas o las citas de trabajo) se ejecutan en un menor tiempo.
West, que en 2006 fue nombrado como uno de los cien hombres más influyentes del mundo por la revista Time, expresa su preocupación ante los datos que han ido recogiendo: “La vida es más rápida y, además, hay que innovar más rápido, una situación que se vuelve insostenible matemáticamente, lo que ya se empieza a vislumbrar en el mundo actual. De seguir así, en algún momento las ciudades colapsarán”, sentenció durante una conferencia que dictó esta semana en la Universidad de los Andes, en Bogotá.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 26 de febrero de 2009.
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Misión Kepler. Fotografía: NASAA la caza de vida extraterrestre
La Misión Kepler, de la Nasa, buscará planetas cuyas características sean favorables para que exista vida. Un proyecto que pretende definir si somos o no una excepción del universo.
Desde el año 2001, un grupo de investigadores de la Nasa se empeñó en sacar adelante un ambicioso proyecto: poner en órbita un telescopio diseñado exclusivamente para detectar si es posible que exista un planeta similar a la Tierra y así definir, de una vez por todas, si somos tan sólo una excepción en el universo, o si tenemos hermanos de quienes, al menos hasta ahora, aún no sabemos nada.
Para sorpresa de muchos, y luego de resolver dificultades económicas de todo tipo, la nave con el telescopio de la denominada Misión Kepler (en honor al famoso astrónomo alemán) será lanzada el próximo 5 de marzo. La noticia tiene emocionados a los astrónomos, por las posibilidades y respuestas que traerá consigo este proyecto.
El telescopio espacial será capaz de observar, cada media hora, 170.000 estrellas durante tres años y medio o más. Su trabajo principal consistirá en detectar cualquier tipo de variación en el brillo de éstas, información que en el lenguaje astronómico se traduce en datos sobre el movimiento de un planeta, su tamaño, órbita y temperatura.
Este informe, finalmente, permitirá identificar planetas de tamaños similares a la Tierra, que orbiten alrededor de estrellas análogas al Sol y a una distancia parecida a la que separa a éste de nuestro mundo. “Toda la misión fue diseñada con este propósito”, explicó William Cochran, coinvestigador del proyecto, a la revista Wired, “si no encontramos planetas similares a la Tierra, podremos decir, con total confianza, que astros como el nuestro son sumamente extraños”.
A pesar del boom de descubrimientos de más de 300 planetas que orbitan fuera de nuestro sistema solar, conocidos como exoplanetas, hasta ahora ninguno de ellos ha presentado características similares a la Tierra y mucho menos se conoce alguno que orbite dentro de la denominada “zona habitable”, es decir, en donde exista agua y la temperatura sea favorable para la aparición de vida.
Por eso, los investigadores aseguran que encontrarán, aproximadamente seis meses después del lanzamiento, datos sobre planetas de tamaño similar al nuestro. Sin embargo, sólo se sabrá si éstos tienen períodos de traslación cercanos al año, al igual que la Tierra, al final de la misión. Con estos datos y la famosa ecuación Drake (que busca identificar cuántas civilizaciones extraterrestres existen en nuestra galaxia) los investigadores pretenden ser los primeros en calcular qué tan comunes podrían ser otras civilizaciones.
Pero las posibilidades no paran allí. En la medida en que el proyecto arroje datos interesantes, es probable que se extienda por más de tres años. Y de encontrarse planetas análogos al nuestro, otros grupos de investigación de la Nasa, o de la Agencia Espacial Europea, tendrán el terreno libre para detectar si en ellos existen o no formas de vida.
Los investigadores se sienten confiados. Según Cochran, es probable que encuentren entre 30 y 50 planetas similares a la Tierra. ¿Un posible nuevo hogar al que podamos viajar? ¿Existirán otros seres similares a nosotros? La misión, en principio, más que respuestas arrojará más preguntas que, todos esperamos, sean contestadas a la mayor brevedad.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 19 de febrero de 2009.
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Isauro Abril. Fotografía: David Campuzano-El EspectadorSonrisas peligrosas
Expertos de la U. Nacional advierten de los riesgos que pueden traer los diseños dentales.
En revistas, vallas y medios televisivos, mujeres y hombres joviales demuestran su felicidad con una amplia sonrisa, una sonrisa que envidian los televidentes y lectores y que apresuradamente han querido copiar. Para lograrlo, pacientes vanidosos han decidido acudir a las famosas clínicas dentales que prometen, en tan sólo un par de horas, blanquear y formar dientes similares a las teclas de un piano.
Este boom de sonrisas perfectas ha tenido repercusiones negativas, de las que ya han empezado a alertar odontólogos especializados, como es el caso de Isauro Abril, director del posgrado de Operatoria Dental y Estética de la Universidad Nacional.
Tanto Abril como otros profesionales de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, se han sorprendido ante el aumento de pacientes con dentaduras modificadas que han llegado a sus manos por problemas de inflamación de encías y dolores permanentes en la boca. Casos como el de una joven a la que le hicieron 18 sesiones de blanqueamiento, causándole un dolor permanente en la boca, son el pan de cada día.
Diseño de sonrisa
El diseño de sonrisa, según Abril, es un procedimiento que involucra cuatro actos operativos: la ortodoncia, el tratamiento de tejidos blandos, el blanqueamiento y el manejo quirúrgico.“Uno de los problemas serios que hemos detectado consiste en que en estas clínicas especializadas se realiza la ortodoncia y el blanqueamiento a los pacientes simultáneamente, lo cual es contraproducente, pues cuando se están moviendo los dientes no se debe ejecutar ninguna otra acción, explica Abril. Y advierte que se debe desconfiar de los tratamientos que prometen una sonrisa perfecta en tan sólo unos meses, porque los dientes deben moverse de acuerdo con un proceso establecido y no de forma inmediata”.
Un planteamiento que también comparte Marlon Becerra, director de la Unidad Estética Dental que lleva su nombre y quien considera que la contraindicación más importante en este tipo de tratamientos, más que la misma salud, es aplicar una estética inadecuada para una persona. “Lo fundamental es lograr que los tamaños, formas y posiciones de los dientes estén acordes con el rostro”, explica.
Sin embargo, Abril ve con preocupación el hecho de que para estos profesionales de la salud lo que prime, antes que nada, sea la estética. “Hay tratamientos que buscan lograr que los dientes adquieran la forma de un cuadrado, cuando la figura natural de los dientes es redondeada. Para lograrlo, deben lijarlos o aplicarles resinas que, al final, perjudicarán las encías”.
Por eso, Abril alerta sobre esta situación y asegura que antes de pensar en realizar una transformación dental, el odontólogo debe preguntarle al paciente sobre la necesidad de realizar el procedimiento. “Debemos hacer un llamado a la ética y los valores de los profesionales en el área dental y asegurar que se realicen diagnósticos adecuados y completos, basados en lo que realmente sea indispensable para el individuo. Es la única forma de evitar daños posteriores”.
Además, explica que en las clínicas dentales se vende la idea de que se pueden tener dientes tan blancos como la leche y esta es una visión errada, pues el color natural de los dientes tiende más al amarillo que al blanco. A lo cual se suma otra problemática y es que se utiliza láser de argón o incorporan en los dientes peróxidos con elevada acidez, elementos que son perjudiciales para los dientes, según estudios que ya ha realizado el Grupo de Investigación de Materiales Dentales de la Universidad Nacional.
Lo cierto es que tanto Abril como Becerra están de acuerdo en advertir a quienes deseen tener una mejor imagen dental, que se aseguren de ser atendidos por profesionales. “Se debe tratar el diseño de sonrisa con la misma seriedad con que se trataría cualquier tipo de operación. Por eso, antes de decidir realizarse alguna transformación en la dentadura, es importante pedir una segunda opinión y estar seguro de que se está dejando la boca en manos de un grupo especializado en el tema”, concluye Abril.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, martes 17 de febrero de 2009.
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Eugenio Andrade. Fotografía: Diana Sánchez"No evolucionaremos, nos extinguiremos"
Entrevista a Eugenio Andrade, experto en Darwin, quien desde pequeño se interesó por la historia de la ciencia, pero sólo fue hasta que se convirtió en docente de la Facultad de Biología de la Universidad Nacional, que comenzó a estudiar detalladamente la teoría de Darwin.
Su pasión por la historia de la evolución del pensamiento científico lo ha llevado a ser una de las personas que más conocen de teoría evolutiva en nuestro país, al punto de que en abril publicará un libro en el que explicará el surgimiento del pensamiento darwiniano que, al igual que las formas de vida, sigue evolucionando.
Con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, El Espectador habló con Andrade sobre la importancia del pensamiento del naturalista inglés en la biología y la ciencia moderna.
¿Cuál es la vigencia del pensamiento darwinista?
Darwin propone una teoría en la que hay tres elementos: variación entre los individuos, herencia y selección natural. De estos no nos hemos salido y no nos vamos a salir tan fácil. La diferencia consiste en que con el desarrollo de la ciencia en los últimos 150 años hay mucha más información para entender cómo se producen. Por ejemplo, cuando se enriquecen los conocimientos de la estructura interna de los organismos, se amplía la información para entender por qué se produce la variación.
Además, se estudian las modificaciones de conducta y los hábitos de estos que les permiten generar estrategias de supervivencia. Todo eso es muy darwiniano y demuestra que aunque la teoría pueda variar en sus interpretaciones, sigue siendo válida, tanto que el famoso biólogo evolucionista Teodosio Dobzhansky afirmó que nada tiene sentido en biología, si no es a la luz de la teoría de la evolución.
Hoy en día la evolución rebasó la biología. Por ejemplo, los antropólogos tienen que tener una visión evolutiva para entender cómo apareció el ser humano y por qué hay tantas razas. Los psicólogos, microbiólogos, geólogos, también se han empapado de esta teoría. Hasta la física se vio involucrada desde que Einstein demostró que el universo tiene un comienzo, porque, entonces, también tiene una historia y una evolución.
La misma teoría de la evolución surgió después de que Darwin leyera un libro de economía. Por eso los economistas han vuelto a Darwin y de él han extraído la idea de la selección natural y la han relacionado con la ley del más fuerte. Sin embargo, esa es una interpretación errada de su pensamiento, porque para el científico el que sobrevive no es el más fuerte sino el más adaptado, por ejemplo, el que hizo alianza con otro. Muchos han querido utilizar a Darwin para justificar posturas como la de una raza superior, pero eso va en contra de su teoría que se basa en una visión integral y humanista.
De acuerdo con el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) el siglo XXI ha presenciado una movilidad humana a una escala mundial sin precedentes: más de 200 millones de migrantes internacionales. En el documento se advierte que los traslados de personas dentro y a través de las fronteras se efectúan, principalmente, por la búsqueda de trabajo.
Los colombianos no se quedan por fuera de esta tendencia. Según este informe, 3’331.107 de personas han migrado en los últimos cinco años. La mayoría de ellos proveniente del Valle del Cauca, Bogotá, Risaralda, Antioquia y Atlántico. Por su parte, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tiene registrada la salida de 2’120.000 de personas del país en 2008. Sin embargo, esta cifra no está discriminada en turistas y migrantes. Pero lo que las autoridades sí han logrado establecer es que el destino privilegiado es Estados Unidos, Venezuela y Panamá.
A estos hallazgos se suman los resultados de una reciente investigación realizada por Bancaja y el Centro de Estudios para la Integración y Formación de Inmigrantes, los cuales revelaron que desde el año 2000 España se ha convertido en el país más apetecido. De hecho, las remesas enviadas a Colombia por quienes se encuentran en este lugar superan los US$3.000 millones anuales, y los colombianos representan el 7,7% del total de trabajadores extranjeros registrados en la Seguridad Social, según el informe.
Lo cierto es que sin importar el motivo específico, los migrantes toman la valiente decisión de alejarse de su hogar con la ilusión de forjarse un futuro prometedor y aprovechar oportunidades que posiblemente nunca hubieran tenido en su país. Pero es sólo cuando están lejos que experimentan una sensación de soledad que no tenían contemplada en sus planes. Algunos, incluso, desde el momento en que se bajan del avión.
Así lo recuerda Jesús Alfonso Valega, un colombiano que partió a España hace varios años: “Cuando me di cuenta que dejaba atrás el mar, mi tierra, mis costumbres, mis raíces y especialmente a mis hijas y mi esposa lloré y sentí un profundo dolor en el corazón por estar dejando lo que más amo”.
Fernando Juárez, un reconocido psicólogo español, ha atendido por más de quince años a pacientes como Alfonso en España, Colombia y Estados Unidos, quienes han acudido desesperados a su consultorio en busca de ayuda. Esta experiencia le ha permitido evidenciar los problemas psicológicos que aquejan a este tipo de población. “Ansiedad, sentimientos de culpa por creer haber tomado el camino equivocado, desencanto y desilusión, sensación de fracaso, ira, rabia, desesperación, tristeza, nostalgia, melancolía”, son algunas de las características que presentan, explica Juárez.
En una de sus consultas, recuerda, un paciente le insistió en llevar al papel sus consejos, argumentando que no había encontrado una publicación en la que se ayudara a los inmigrantes de la forma en la que él lo hacía. Gracias a esa propuesta nació el libro Lejos del corazón, de la editorial Random House Mondadori. Una publicación que, según Juárez, recoge un arduo trabajo investigativo relacionado con la problemática de los inmigrantes, que pretende ser accesible a todo aquel que ha debido pasar por la experiencia de sentirse solo en una ciudad desconocida o para quienes vieron a su ser querido partir en un avión.
En uno de los más desgarradores testimonios del libro, un paciente de Juárez logra plasmar los sentimientos que usualmente aquejan a los inmigrantes y los hacen vivir una situación inestable en el nuevo país: “No sé ni dónde estoy, muchas veces me despierto en las mañanas para ir a trabajar y me dan sobresaltos, me siento como asustado, hasta que no pasa un tiempo y me doy cuenta de dónde estoy, no me tranquilizo. Durante el día en el trabajo me las voy arreglando, pero cuando llego a la casa en la noche es horrible, no me aguanto estar ahí. Tengo que salir a dar una vuelta”.
Aunque todavía la comunidad científica no ha tipificado las características que presenta la población inmigrante, sí es una problemática que empieza a debatirse y cuyo origen, advierte Juárez, radica en el hecho mismo de alejarse de las personas queridas, algo que resulta inevitable. Pero esta separación puede manejarse de forma adecuada y así evitar problemas emocionales importantes. Para hacerlo, según Juárez, es necesario actuar sobre el origen del problema, que consiste en una interpretación equivocada: creer que la distancia geográfica es equivalente a la distancia emocional.
El autor, consciente de que la lejanía es el obstáculo más difícil de superar, considera que la clave está en la mente. “El libro busca hacerle entender a las personas que se puede vivir bien a pesar de esa distancia si se aplican ciertas recomendaciones, como aprender a sentirse emocionalmente próximo de los seres queridos y mantener la identidad del país de origen, a pesar de cualquier situación adversa. Una cosa es sentirse solo en ese nuevo sitio y otra muy distinta es llegar allí y tener la certeza de que otros te apoyan y acompañan”.
En el texto, finalmente, se recogen los testimonios de varios colombianos. De acuerdo con su experiencia, Juárez afirma que los inmigrantes de nuestro país tienen otro dolor adicional: el hecho de irse de un lugar al que quieren, pero que tiene una realidad social muy compleja.
En tales casos, comenta el psicólogo español, los deseos de devolver al país todo aquello que sienten que en su existencia les ha brindado, se trunca, paradójicamente, por la falta de oportunidades. “Muchos de ellos tienen la sensación frustrante de que podrían haber aportado más a Colombia, . Quisieran haber ayudado desde sus profesiones y conocimientos. Por eso apoyan a los colombianos que están en el país al que han migrado, logrando consolidar una hermandad fuerte”.
Pasaron los años y sin darse cuenta Estados Unidos lo fue envolviendo, por lo que decidió quedarse a como diera lugar. Por eso viajó a Miami y, sin conocer a nadie, empezó a trabajar como ayudante en una pizzería y poniendo ventanas en la temporada de huracanes. Sin embargo, el paraíso en el que se sentía partícipe sólo podía ser realidad cuando resolviera su situación legal.
Así que se adentró en un hoyo negro de más de cuatro años. Decidió casarse con una mujer americana y pagar por los documentos, pero su “esposa” se enamoró y, para retenerlo, trató de manipularlo con amenazas y abusos. “Esa constante lucha por los papeles me costó mucho más de lo que pagué”, afirma resignado.
Después de cuatro años de una situación inmanejable, logró obtener los documentos. Aunque ya tenía el trofeo, la alegría no fue completa, al poco tiempo sus hermanos lo llamaron para darle la noticia de que su padre había muerto. “Fue un golpe muy duro para mí, pues pensé que en todo ese tiempo podía haber disfrutado más a mi padre”, explica.
Un año después uno de sus hermanos decidió probar fortuna en los Estados Unidos, la situación en Colombia no pintaba muy bien. Por eso se trasladó a California junto con su familia. En cierta medida quisieron resolver el problema de la distancia geográfica al reunirse. Porque aunque no trabajen en lo que estudiaron, saben, como cuenta Darío, que “ todos nos sentimos felices por estar juntos y llevar una situación económica manejable”.
Su autor, Fernando Juárez, es un español que reside actualmente en la ciudad de Medellín y que se considera a sí mismo como inmigrante. Se ha dedicado durante más de 15 años a tratar pacientes foráneos que residen en Estados Unidos, España y Colombia.
Juárez considera que, “si se puede sentir la ausencia de las personas que amamos es porque seguimos vinculados a ellos”.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, domingo 1 de febrero de 2009.
'Biohackers': ¿genetistas de garaje?
Mientras hace algunos años la genética estaba reservada a los académicos y los grandes laboratorios, una nueva ola de científicos aficionados ha demostrado que, tal y como sucedía en el Renacimiento, la ciencia también puede realizarse desde el hogar. Así lo evidencia Meredith Patterson, una programadora de computación norteamericana, que en sus tiempos libres se convierte en biohacker, un hobby que empieza a cautivar la atención de personas de todo el mundo.
Uno de los más recientes experimentos de Patterson consiste en alterar genéticamente una bacteria para que se tiña de color verde ante la presencia de melanina. La programadora explicó a la agencia AP que para lograr su objetivo, sólo necesita un tarro de yogur, ADN de una medusa (que compró por internet por menos de 100 dólares) y unas cuantas piezas de un equipo de laboratorio que construyó con menos de 25 dólares.
Patterson hace parte de una nueva forma de hacer biogenética que empieza a pisar fuerte, sobre todo, en Norteamérica: los biohackers o genetistas de garaje que, según Javier Yanes, periodista del diario español Público, son “biotecnólogos con el sueño de robar a la naturaleza el secreto de la vida y a los centros de investigación el poder de manejarla, crear organismos hasta en un garaje y que todo ello sea abierto, compartido y público”.
Para Frank Ogden, futurista norteamericano, los biohackers son jóvenes inteligentes y curiosos que sólo necesitan estar dispuestos, tener una mente inquisitiva y tiempo para investigar. Su equipo puede conseguirse en droguerías, veterinarias, viveros y distribuidores de equipo médico. Su arsenal está completo cuando cuentan con agitadores, bombas neumáticas, centrifugadoras, equipo de destilación, un refrigerador y una licuadora.
La gran mayoría de ellos son profesionales en ciencias básicas que se aburren de la academia. Así le sucedió a Mac Cowell, biólogo del Davidson College en E.U., quien luego de trabajar durante un año con los grandes genetistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) se dio cuenta de que “no estaba aprendiendo cosas nuevas”.
Aburrido de la academia y con ganas de hacer de la ciencia “algo divertido”, decidió crear DIYbio.org (DIY es la sigla de “Hágalo Usted Mismo” en inglés), un laboratorio comunitario en Massachusetts, donde los interesados pueden congelar bacterias, buscar procedimientos de genética y adquirir los productos químicos y equipos de laboratorio.
En general, estos genetistas de garaje utilizan el material genético de los organismos, principalmente de bacterias como E. Coli, y lo intercambian con el de otros (como si estuvieran jugando con fichas de Lego), para observar cómo trabaja el nuevo código creado. “La biología no es tan difícil como la gente cree. Sólo se debe ‘cacharrear’ y luego ver qué pasa”, comentó Drew Endy, profesor del MIT, a la revista Make.
En ese sentido, advierte Rubio, el biohacker no sólo debe conocer los procedimientos genéticos sino crear algo novedoso. Y éste, paradójicamente, es el punto débil y el fuerte de estos científicos. Los académicos a favor del biohacking han llegado a afirmar que, posiblemente, el futuro Bill Gates de la biotecnología puede estar desarrollando la cura para el cáncer o el sida en un garaje. Mientras que los detractores de este movimiento entusiasta, como Jim Thomas, del Grupo ETC, organización dedicada a vigilar los procesos de biotecnología, explican que los organismos sintéticos en manos de aficionados pueden escapar de los garajes y causar enfermedades o daños impredecibles al medio ambiente.
George Church, profesor de genética de la Universidad de Harvard (E.U.), comparó el potencial de la Biología Sintética con el peligro de poseer armas nucleares. Por eso, explicó a la revista Times que, a su manera de ver, cualquiera que diseñe sistemas con componentes de la Biología Sintética debería tener una licencia para manejar los implementos y procedimientos requeridos.
“Uno podría pensar que un biohacker puede ser un niño que en su colegio se interesa por extraer el ADN de una remolacha. Si en las escuelas se incentivara la curiosidad que tienen los biohackers y se encaminara hacia un proceso investigativo serio, ésta puede ser una buena salida para tener futuros científicos que intercambien sus conocimientos a través de estas nuevas redes sociales”, dice Zarante.
Sin embargo, advierte que estos procesos deben estar delimitados por la metodología científica. “Dudo mucho que un individuo de manera aislada, en su casa, logre llegar a resultados innovadores. Los científicos necesitamos el feed back con otros colegas, en el cual se delimita la pregunta de investigación, se prevén posibles consecuencias y se eliminan los futuros riesgos”, agrega.
Además, los sistemas de calidad pueden garantizarse en un laboratorio, mas no en un lugar informal pues “se tienen reglas de seguridad establecidas para evitar que los desechos o los reactivos afecten a quienes los manipulan o a su entorno, situación que no es la más ideal en un garaje”, advierte.
Por otro lado, hay quienes afirman que este movimiento es una opción viable para que los países del Tercer Mundo desarrollen conocimiento científico. Sin embargo, hasta ahora, parece ser una tendencia norteamericana. “En general, un pequeño experimento podría costar unos 3.000 dólares, cifra que para un estadounidense posiblemente no sea muy significativa, pero sí para un colombiano”, explica Zarante.
Mientras tanto, científicos curiosos como Mac Cowell o Drew Endy, continúan contagiando a más personas con esta iniciativa que, según ellos, busca que “la biología entre en una fase en la que nosotros mismos podamos cambiar todo lo que existe en nuestro planeta para mejorarlo”.
La reunión se celebró en el centro de Nueva York y sus delegados eran, mayoritariamente, “jóvenes menores de 25, vestidos con toda clase de tendencias: desde pantalones abombados y camisetas, pasando por negro gótico y múltiples piercing”, según relata McAuley.
Allí, el profesor Jack Lovegrove, explicó a MacAuley que “la ciencia de garaje es la ola del futuro para la biología. Las grandes compañías están sujetas por acomodados ejecutivos y regulaciones viciosas. Hace 20 años sólo ellos podían cortar el ADN, ahora cualquiera puede secuenciarlo”.
Además aclaró que “esta no es una sociedad secreta de superhombres inteligentes, sino jóvenes idealistas que aman la ciencia y creen que la información debería ser libre y no encarcelada por el copyright”.
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Endy construyó un catálogo público de los biobricks conocido como Registro de partes biológicas estándar (The Registry of Standard Biological Parts), al cual se puede acceder a través de la página web del MIT (parts.mit.edu/registry).
Endy espera que este registro pueda contribuir para que se promueva la ciencia de garaje y se evidencie que la biología es otro sustrato apto para ser “hackeado”.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 29 de enero de 2009.
Fotografìa: NASA
El 2009: un año estelar
Se conmemoran 400 años del primer uso del telescopio por parte de Galileo Galilei. Astrónomos colombianos hablan de las preguntas que rigen su oficio.
Hace 400 años Galileo Galilei revolucionó la historia de la humanidad al fabricar su propio telescopio (después de enterarse de que en Holanda habían construido uno) y apuntarlo hacia el espacio. Al hacerlo, descubrió que la Luna tenía cráteres, montañas y valles y que, además, no tenía luz propia. Luego dirigió su aparato a Venus y se dio cuenta que ese planeta tenía fases, por lo que debía girar alrededor del Sol. El brillante científico comprobó lo que años atrás había demostrado Copérnico: la Tierra no está en el centro del universo, sino que gravita alrededor del Sol.
Así, Galileo abrió las puertas del espacio y situó al hombre en su debida medida: somos tan sólo una pequeña parte de la bastedad del universo. Aunque sus contemporáneos no quisieron creerle y tuvo que retractarse, el tiempo le dio la razón, tanto así que este jueves se inaugurará el Año Internacional de la Astronomía, celebración que pretende conmemorar los cuatro siglos del primer uso del telescopio.
La fecha ha sido creada por la Unesco, Naciones Unidas y la Unión Astronómica Internacional y pretende ser una celebración global de la Astronomía y su contribución a la sociedad. Individuos de 135 países, incluida Colombia, ya forman parte de esta iniciativa que será lanzada en la ceremonia de inauguración que se hará este jueves en París.
En nuestro país el Año Internacional de la Astronomía se inaugurará el próximo 28 de enero en el Planetario de Bogotá, ceremonia que será el abrebocas de una serie de eventos que pretenden “poder llegarle a la gente y demostrarle que el astrónomo no es un científico loco, sino una persona que mira al cielo y se queda con la boca abierta”, en palabras de José Roberto Vélez, presidente de la Red de Astronomía de Colombia.
Con motivo de esta importante celebración, El Espectador quiere contagiar a sus lectores de esta fiebre por el espacio. Por eso presenta la opinión de astrónomos expertos sobre las preguntas que rigen este oficio y que dan cuenta del fascinante enigma que trae consigo el juicioso estudio del universo.
Lucía Camargo Rojas
Peligros planetarios
Astronomía ayer, hoy y mañana
Un universo de preguntas sin respuesta
Pequeños universos
¿Alguien nos observa?
Publicado en El Espectador, jueves 15 de enero de 2009.
Geovani Melendres, Jinnet Parra y Cristian Barón. Fotografía: Herminso Ruiz
Los sordos hablan en internet
Un proyecto que busca eliminar las barreras entre parlante-oyentes y quienes no pueden oír. Geovani Melendres se siente orgulloso de ser sordo, por eso quiso participar en la implementación de esta iniciativa.
Geovani Melendres es estudiante de Lingüística de la Universidad Nacional, practica tenis de mesa y en los últimos meses debutó como actor y director de una producción particular: una serie de videos que conforman el Curso de autoaprendizaje básico en lengua de señas colombiana, una página web que enseñará a los parlante-oyentes a aprender la lengua de señas de nuestro país que él, como sordo, maneja a la perfección.
Sandra Rodríguez, Cristian Briceño, Óscar Torres y Jenny Vergara fueron otros actores sordos que se encargaron de representar las señas manuales, expresiones faciales y movimientos corporales que, en conjunto, constituyen la lengua de señas colombiana. Una lengua que manejan los sordos de nuestro país y que es diferente a la que usan quienes habitan en otras partes del mundo, pues está ligada al contexto cultural del cual forma parte.
Los sordos usan la lengua de señas como su principal medio de comunicación. Pero si además quieren intercambian información con los parlante-oyentes, deben aprender a manejar la lengua materna del lugar donde habitan (en el caso colombiano el español). Es decir, deben convertirse en bilingües. “¿Por qué no hacer que seamos los parlante-oyentes quienes aprendamos el idioma de señas?”, se pregunta Miguel Ángel Vargas, director pedagógico de la Corporación para la educación y las TICS (Cetics), organización que se ha encargado de virtualizar la información que el Instituto Nacional para Sordos (Insor) ha preparado con el fin de crear el curso.
A mediados de este año Cetics recogió esos contenidos, los adaptó al formato multimedia y los montó en la web, de tal forma que “cualquier persona desde cualquier lugar del mundo, pueda acceder al curso, eliminando así las barreras de tiempo y espacio”, advierte Parra.
Y agrega que como el curso está montado desde una metodología de aprendizaje de segundas lenguas, los contenidos están basados en escenas de la vida diaria y se busca que se cumplan las funciones comunicativas básicas. Adicionalmente se puede consultar información contextual sobre la comunidad sorda. Por eso, para Melendres, “el curso, además de estar dirigido a toda persona que quiera aprender la lengua de señas, busca que las personas conozcan a la comunidad sorda y así las dos comunidades puedan trabajar en mejores condiciones”.
En este sentido, los creadores de esta novedosa herramienta de comunicación creen que uno de sus beneficios indirectos se dará en el ámbito de la educación, afirma Vargas. “Se espera que los profesores de los colegios y universidades accedan al curso y aprendan la lengua de señas, de tal forma que se puedan comunicar directamente con el estudiante, ya sea respondiendo sus preguntas o haciéndoles tutorías. De esta manera, las nuevas tecnologías contribuyen a que se cree un medio propicio para que cualquier individuo pueda desenvolverse normalmente”.
El curso será lanzado en las próximas semanas. Se espera que también puedan montarse, más adelante, los cursos intermedio y avanzado para lograr que cualquiera pueda comunicarse perfectamente en lengua de señas.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, sábado 3 de enero de 2009.
La voz: un riesgo profesional
Aunque en muchos países las alteraciones vocales son una enfermedad laboral, en Colombia no se les considera como tal. Un grupo de la U. del Rosario va a la vanguardia al enseñar a los docentes las técnicas necesarias para prevenirlas.
Cuando una persona imagina el oficio del profesor, piensa en el tablero, los exámenes, los salones, pero no se detiene a recordar el instrumento principal para que el docente pueda impartir su clase: la voz. En una cátedra un profesor puede durar dos horas hablando sin parar. Peor aún, si su jornada se cumple con ocho horas continuas de un mismo discurso.
Es por eso que los docentes son considerados por los fonoaudiólogos como profesionales de la voz, debido a que la utilizan como su principal herramienta de trabajo. De hecho, estudios como el que Nelson Roy, profesor del departamento de Ciencias de la Comunicación y Desórdenes de la Universidad de Utah, publicó en la revista de la Asociación Americana de Lenguaje y Oído (ASHA, por su sigla en inglés) en 2005, demuestran que los profesores presentan un riesgo mayor que el de cualquier otro individuo a adquirir patología vocal, pues la naturaleza de su ejercicio los obliga a utilizar la voz por largos períodos.
Las conclusiones que diversas investigaciones han adelantado en varias universidades del mundo han hecho que las alteraciones vocales sean consideradas como una enfermedad profesional en países como España, Argentina o Estados Unidos. En Colombia, en cambio, éstas aún no aparecen en el decreto 1832 del 4 de agosto de 1994 en el cual se adopta la tabla de enfermedades profesionales.
Pero aunque por ley las alteraciones vocales no sean consideradas como enfermedad profesional, en la Universidad del Rosario, en Bogotá, ya se tomó la decisión de catalogarla como tal, según explica Adriana Fajardo, docente de la Facultad de Rehabilitación y Desarrollo Humano de esta institución.
Fajardo coordina el Programa de Vigilancia Epidemiológica en Voz que inició hace dos años cuando la entonces profesora del departamento, Ivonne Peñuela, en conversación con el área de salud ocupacional, se percató de los continuos eventos de profesores que se incapacitaban por problemas de voz. Por eso propuso crear un programa para los practicantes de la carrera de Fonoaudiología que buscara analizar y combatir esa problemática.
El programa inició con una encuesta que se realizó de forma presencial y virtual en la cual se preguntaba a 249 profesores rosaristas sobre su percepción ante los riesgos de desarrollar una patología bocal por culpa de su ejercicio profesional. Un 36% de los docentes manifestó tener un riesgo vocal leve, mientras que un 62% identificó alguna dificultad en el uso de la voz y tan sólo un 1% consideró que efectivamente ya tenía problemas de voz.
“La impresión que tenían los profesores del riesgo fue muy poca. Por eso la siguiente fase del proyecto consistió en aclarar qué tan distante podía estar su percepción de la realidad”, explica Fajardo.
Así inició la fase de promoción y prevención del programa que consistió en tres talleres de salud vocal. En éstos se demostró a los docentes la importancia del cuidado de la voz con buenos hábitos como la disminución del consumo de sustancias perjudiciales (por ejemplo el café y el tabaco) y se les enseñó a hidratar sus cuerdas vocales mientras dictan clase. Además, se les explicó la importancia de mantener una postura adecuada al dictar su cátedra y se les enseñaron ejercicios de respiración para que no se les acabe el aire tan fácilmente cuando hablan.
Paralelo a los talleres, los miembros del programa fueron identificando a los profesores que ya tenían riesgos vocales. De los 34 que asistieron a los tres talleres, 8 presentaron alteraciones vocales y un 30% de los restantes tenía algún tipo de riesgo vocal.
Ximena Palacios, docente de psicología de la universidad, es uno de esos ocho profesores. Lleva más de ocho años dictando clase pero sólo hasta hace uno empezó a sentir cambios en su voz después de dar su cátedra: se ponía muy ronca, carraspeaba y le dolía la garganta. “Muchos docentes no prestan cuidado a su voz sino sólo hasta cuando ya tienen problemas serios”, explica.
Seis de esos ocho profesores recibieron un diagnóstico y fueron remitidos a un otorrinolaringólogo o un médico general. “A pesar de que este tipo de reportes no está enmarcado en el sistema de salud, sino en el marco de las ARP o de salud ocupacional, creemos que si remitimos a estos pacientes estos casos se reportarán al sistema de salud, para que así se puedan levantar estadísticas que evidencien cómo efectivamente hay profesores que presentan alteraciones en sus cuerdas vocales por usar la voz como herramienta profesional”, asegura Fajardo.
En adelante el grupo implementará estrategias de difusión más agresivas con el fin de concientizar a los profesores de la prevención. Pero, además, “vamos a intervenir para reducir los riesgos en el ambiente que también puedan estar afectando, como los salones de más de 120 alumnos. En estos casos el profesor debe contar con un adecuado equipo de amplificación de voz”, concluye Fajardo.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 11 de diciembre de 2008.
Fotografía: David Campuzano-El Espectador
Fármacos peligrosos
Tres medicamentos, Lumiracoxib, Piroxicam y Nimesulida, han sido prohibidos en varios países pero se siguen comercializando en Colombia.
En las droguerías de nuestro país se pueden conseguir, con prescripción médica (aunque muchas veces sin ella), tres fármacos que han sido sacados de circulación en varios países y ante los cuales diferentes agencias de medicamentos han recomendado suspender su uso. Se trata del Lumiracoxib, la Nimesulida y el Piroxicam.
Los tres son medicamentos empleados para el manejo del dolor y se clasifican como antiinflamatorios no esteroideos. El primero de ellos, el Lumiracoxib, fue suspendido por la Agencia Australiana de Medicamentos (TGA, por sus siglas en inglés) en agosto del año pasado, luego de recibir ocho reportes de serias reacciones hepáticas al medicamento. En dos de los casos reportados, los pacientes fallecieron. Por eso la TGA recomendó a los 60.000 australianos que se estima lo tomaban suspender la dosis y discutir nuevas alternativas de tratamiento con sus doctores.
La decisión de la TGA fue un detonante para que la Agencia Europea de Medicamentos evaluara el caso y concluyera que los riesgos que producía al hígado eran mayores que los beneficios. Razón por la cual recomendó el retiro del Lumiracoxib del mercado en aquellos países donde todavía se comercializaba.
De ahí en adelante se presentó una reacción en cadena de varios países que decidieron suspender la venta del producto. En América Latina, por ejemplo, Argentina, Guatemala, Chile y El Salvador suspendieron preventivamente su comercialización a finales de 2007. En marzo de este año Perú se unió a la decisión, así como Brasil hace cuatro meses.
Además, advirtió a los médicos tratantes no recetar el fármaco por más de cinco días, mantener bajo vigilancia estricta a sus pacientes e informar de cualquier reacción adversa que se pudiera presentar.
Ante la sorpresiva reacción del Invima, el Centro de Información de Medicamentos de la Universidad Nacional (Cimun) se dedicó a rastrear las acciones que se habían tomado en distintas agencias del mundo entero en relación al Lumiracoxib y en su Boletín de Farmacovigilancia de noviembre de 2008 solicitó formalmente al Invima el retiro del medicamento en el mercado colombiano.
De acuerdo con Martha Cecilia Rodríguez, subdirectora de medicamentos y productos biológicos del Invima, entre el 19 y el 21 de noviembre, la Comisión Revisora de Medicamentos tomará una decisión con respecto al Lumiracoxib. Pero advierte: “No nos han llegado suficientes reportes de los médicos que indiquen que el medicamento produce reacciones adversas, la alerta es más que todo internacional”.
En cuanto a la Nimesulida y el Piroxicam, el Invima no tomará ninguna decisión en los próximos días, debido a que considera que las alertas internacionales no son suficientes. Sin embargo, farmacólogos como Claudia Vacca, de la Universidad Nacional y Oscar Gutiérrez, de la Universidad del Valle, aclaran que éstos, al igual que el Lumiracoxib, generan más riesgos que beneficios (el primero produce daños hepáticos y el segundo tiene un alto riesgo de sangrado). Además, son fácilmente reemplazables, por lo que recomiendan que sean retirados del mercado colombiano.
La pregunta que se hacen los expertos en el tema es qué responsabilidad le cabe a los laboratorios que los distribuyen si ya tienen noticias de los peligros que implica su uso.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, sábado 8 de noviembre de 2008.
Cortero de Palmira. Fotografía: David Campuzano, El Espectador
La quema: ¿el lado amargo de la caña?
Un estudio de la Universidad de los Andes evidencia que las partículas emitidas por esta actividad agrícola podrían afectar la salud de los habitantes de Palmira. Asocaña dice que la investigación no es válida.
“En Palmira se ve caer pavesa por lo menos semanalmente desde hace como 30 años. Eso le molesta a uno mucho porque se mete por debajo de las puertas, le cae a la comida y ensucia la ropa”, es la descripción de José Aguiar, oriundo de Palmira, para quien este extraño fenómeno es una actividad tan normal como el sol que aparece cada mañana.
La pavesa es la parte que salta de una materia inflamada y acaba por convertirse en ceniza. La que observa despreocupadamente José está constituida por los residuos de la quema de caña que se realiza en los alrededores de Palmira, el municipio más representativo en términos de hectáreas sembradas de caña en todo el país: 32.941 de las 205.000 que se encuentran a lo largo de todo el valle geográfico del río Cauca.
Este insólito fenómeno, tan común entre los palmireños, llamó la atención, hace 14 años, de Eleonora Dávalos, una joven nacida en el municipio, pero que había vivido toda su infancia en Villavicencio. Más de una década después, Dávalos, en su tesis para optar por el título de Magíster en Economía Ambiental de la Universidad de los Andes, decidió indagar por el efecto de la caída de la pavesa.
Así, a partir de la recolección de datos oficiales del 2004, logró establecer que la quema de caña explica en gran medida el aumento en la atmósfera de partículas menores de diez micras (PM10), es decir, aquellas que son tan pequeñas como para que sean respirables y que son consideradas como altamente contaminantes. A continuación relacionó el aumento de PM10 con el incremento de visitas al Hospital de San Vicente de Paúl por consultas de Infecciones Respiratorias Agudas (IRA), que comprenden enfermedades como la faringitis y la bronquitis.
El estudio, titulado La caña de azúcar: ¿una amarga externalidad?, concluye a partir de los dos datos obtenidos: el aumento de la quema de caña genera más consultas al médico por IRA en Palmira.
Inmediatamente la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar (Asocaña) envió una carta alegando la invalidez de los resultados. El comité editorial de la revista respondió el comunicado y pidió que las críticas a la investigación se hicieran desde un estudio académico, como corresponde a las normativas de una publicación de este tipo.
Pero el debate no paró ahí. En julio de este año, Salomón Kalmanovitz, decano de la facultad de Ciencias Económico-Administrativas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y quien había tenido la oportunidad de leer el estudio, lo nombró en una de las columnas que semanalmente publica en El Espectador. De nuevo, Asocaña envió al diario, a través de las cartas de los lectores, un comunicado en el que afirma cómo “el estudio no presenta información confiable que soporte las afirmaciones; por lo tanto, no es válido considerarlo como una fuente de información y mucho menos de decisión”.
Para Salomón Kalmanovitz “las mediciones del artículo son serias, así como las correlaciones. Los de Asocaña dan argumentos en contra del estudio, pero no explican si la quema de caña afecta a la población. Lo que tienen que probar es que los habitantes no sufren cuando hay quemas”.
Según Claudia Calero, directora ambiental de Asocaña, “esta tesis debe ser revisada o por lo menos se deben tener en cuenta otros parámetros. Creo que las conclusiones a las cuales se llegan no deben ser consideradas como la única fuente. Existen otros estudios, como el que publicó en el 2001 la Fundación Neumológica Colombiana que indica que no existe relación entre las quemas y las enfermedades respiratorias”.
Por su parte, José William Garzón, director de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), aclara que aunque no conoce el estudio de Dávalos, “es probable que los datos sean verídicos, pero en un entorno particular. No estoy de acuerdo con que de esos resultados se diga que toda Palmira tiene problemas”.
Al Hospital San Vicente de Paúl, explica Jaime Rojas, subgerente científico, llegan constantemente casos de enfermedades respiratorias que se deben en primer lugar a la quema de la caña, en segundo a los gases emitidos por los vehículos y en tercero a la industria. “Los pacientes más afectados son los niños y los adultos mayores. Los menores por una exposición permanente a factores que desencadenen una hiperactividad bronquial y los ancianos porque sufren de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que al someterse a factores externos como las partículas generadas por la quema de la caña pueden generar fácilmente una crisis”.
Por su parte, Giovanni Storino, secretario de salud de Palmira, aunque asegura que el municipio sufre de problemas respiratorios, aclara que “no podemos decir que todas las IRA en Palmira sean por la quema. Más bien, creería que la pelusa de la caña podría generar problemas respiratorios”.
La frecuente discusión ante el tema llevó al Ministerio de Protección Social, según Calero, a publicar unos términos de referencia para desarrollar un estudio que evalúe los efectos de la quema de caña en la salud respiratoria.
Calero afirma que Asocaña está dispuesta a que se haga el estudio y se concluya si efectivamente la quema puede tener o no repercusiones entre la población y asegura que la asociación tienen la disposición para realizar los cambios necesarios. Por otro lado, Storino argumenta que debe hacerse la investigación, porque finalmente es un problema de salud pública. Pero aclara que la economía de la región está basada en la caña, por lo tanto, de encontrarse que ésta pueda estar generando enfermedades respiratorias o alergias entre los palmireños, habría que buscar la manera de solucionar el problema, por ejemplo, mediante una vacuna. Aunque el Secretario explica que es prematuro dar una conclusión, lo cierto es que la tesis de Dávalos parece haber puesto el debate sobre la mesa.
Las quemas se realizan por autorización del Ministerio del Medio Ambiente y están controladas por la autoridad ambiental de cada zona, encargada de regular que éstas no afecten a la población civil.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 11 de septiembre de 2008.
Pedro Weinberger. Fotografía: Gabriel Aponte-El Espectador
El chileno Pedro Weinberger está de visita en Colombia. Ha fundado centros de desarrollo humano en todo el continente para aconsejar a las personas en momentos de crisis.
Pedro Weinberger Allendes ha estado preocupado, desde muy niño, por encontrar la forma de mitigar el dolor ajeno. Con la mente siempre puesta en preguntarse si el ser humano puede ser feliz, este médico e ingeniero chileno, que concibe la ciencia de manera integral (ha incursionado en ciencia, arte, filosofía y didáctica), busca llevar un claro mensaje por toda América: se debe buscar la paz interior.
La visión teórica que hoy en día profesa se la enseñó el filósofo mexicano José Rafael Estrada Valero, a quien Weinberger conoció cuando aún estaba cursando bachillerato. Hoy en día los dos imparten la ideología de la paz interior a través de los centros de desarrollo humano que han fundado a lo largo de toda América y mediante las conferencias que dictan en varios países. En Colombia, el Instituto de Desarrollo Humano se encuentra en el barrio Chapinero de Bogotá y esta semana organizó una conferencia en la que el gurú chileno explicó la forma de mantener la paz interior en momentos de crisis. El médico estará en el país hasta el 30 de septiembre.
La paz interior es un término abstracto, pero que Weinberger, con su voz calmada, su actitud serena y la mirada de alguien que parece haber encontrado la respuesta, sabe demostrar y explicar detalladamente. “Mucha gente sostiene que la felicidad es la meta del hombre, pero eso no es cierto, porque es apenas un estado de ánimo, un estado de desequilibrio, es decir, es momentánea. En cambio, la paz interior es un estado de equilibrio y en la naturaleza todo tiende al equilibrio”.
La gente, explica Weinberger, cree que las cosas son para siempre, concepción que los hace llegar a momentos de crisis porque no logran afrontar los cambios que se presentan en la vida.
El chileno, muy seguro de sí, sostiene que a la paz interior se puede llegar si se cambian los hábitos, de tal manera que se practique un poco de ejercicio diariamente, se tenga una dieta compuesta en un 50% de frutas y verduras, y se dé una ducha de agua fría en las mañanas. Estos pasos, tan sencillos, asegura, harán que una persona se percate de la importancia de su rutina, reflexione sobre ésta y, más adelante, pueda empezar a resolver otro tipo de problemas.
Conflictos de tipo laboral, amoroso, existencial, se pueden empezar a controlar en la medida en que haya consciencia de los hábitos, pues se comienza a ampliar el espectro de resolución de problemas.
Por ejemplo, explica Weinberger, si una persona se enfrenta a una crisis laboral debe reflexionar sobre si concibe su empleo como un castigo o como una actividad en la que aporta a la sociedad, de tal forma que se sienta a gusto con lo que hace. Es decir, debe comenzar a ver los problemas desde un punto de vista más amplio.
Según este gurú, si a un individuo lo despiden del trabajo, no debe sentirse frustrado. Al contrario, es necesario que piense que le dieron la oportunidad de buscar algo mejor. No se deben eternizar las situaciones de la vida. Cuando una persona encuentre algo hecho a su medida, tiene que renunciar a eso. “La gente que se acomoda se apoltrona y después se fosiliza. Y se le fue la vida”. El objetivo de la existencia no consiste en encontrar un estado inmóvil, sino en tener la paz interior suficiente para resolver las alteraciones de la vida sin frustrarse.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, sábado 16 de agosto de 2008.
Erick Sánchez. Fotografía: Federico Ríos- El Espectador
La carta colombiana en el mundo de los computadores
Atleta en programación
Erick Sánchez no se va para Pekín sino para El Cairo a representar a Colombia en la XX Olimpiada Internacional de Informática. Se ha entrenado para eso desde su infancia.
Erick Sánchez nunca imaginó que la curiosidad que tuvo a los cinco años por saber cómo los muñecos de los juegos de computador se movían, saltaban y corrían, sería la que lo llevaría, quince años después, a El Cairo (Egipto) para representar a Colombia en la XX Olimpiada Internacional de Informática que se realizará entre el 16 y el 23 de agosto.
Un concurso en el que participan 80 jóvenes menores de 20 años, representantes de países del mundo entero, quienes deben crear un programa que permita al ordenador resolver tres difíciles problemas matemáticos creados previamente por grandes expertos en la materia.
Para lograrlo, los jóvenes deben manejar perfectamente el lenguaje de programación (el código que se utiliza para comunicarse con el computador y poderle dar instrucciones) y resolver los problemas en tan sólo cinco horas, proceso que deberán repetir, con nuevos ejercicios matemáticos, al día siguiente.
Una jornada agotadora para la que Sánchez, estudiante de segundo semestre de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Nacional, se ha venido preparando arduamente, junto con los estudiantes Rafael Mantilla, Camilo Barraza y Christian Zuluaga, bajo la orientación de los docentes Mario Vicente Cruz, Diego Salas e Iván Arias en jornadas de entrenamiento de lunes a viernes de nueve de la mañana a cinco de la tarde y los sábados hasta el mediodía, durante más de un mes. En ese espacio, sus guías, quienes han participado en concursos similares, los entrenan para contestar problemas parecidos a los que tendrán que resolver en El Cairo.
Sánchez empezó a prepararse para su visita a El Cairo sin saberlo, desde que comenzó a participar en las Olimpiadas Nacionales de Programación en Bogotá, cuando apenas cursaba octavo grado del colegio Técnico Central. A partir de esa fecha continuó concursando anualmente hasta grado once. Las cuatro veces resultó ganador.
El año pasado estuvo en Croacia representando a nuestro país en las Olimpiadas Internacionales. Reconoce que cometió errores de principiante y que se debió haber concentrado en uno solo de los problemas y no en dos. Sin embargo, esa experiencia hizo que se sienta más preparado para este nuevo concurso.
Cuando se le pregunta por el premio que recibe el ganador de las Olimpiadas Internacionales, Sánchez contesta que al afortunado lo becan en una de las mejores universidades del mundo, pero que no tiene claro si le dan dinero. Para él, de hecho, lo importante no es la recompensa sino la satisfacción de concursar. “El orgullo de representar al país y poder quedar bien es suficiente, más que lo que le puedan dar como premio”, dice muy seguro.
Este joven programador, de tan sólo 19 años, confiesa que en una década quisiera poder tener un negocio propio que esté relacionado directamente con los computadores. Claro está, no descarta poder trabajar en grandes empresas como Microsoft.
Eso sí, él mismo sabe que ser programador es algo muy difícil, pues asegura que se puede arriesgar la vida de otras personas, por ejemplo, si se crea un sistema para organizar el cronograma de citas médicas de un hospital. Por eso, tiene claro que debe ser muy organizado y juicioso. Sin embargo, aclara que eso no tiene por qué alejarlo de los ratos de esparcimiento. “No soy el típico nerd apegado a los computadores que todo el mundo se imagina”, explica, “a mí también me gusta ir a rumbear, estar con mis amigos y mi familia. De hecho, es necesario para uno como programador relacionarse con otras personas y conocer sus necesidades”.
Tal y como cuando tenía cinco años, a Sánchez le siguen fascinando los juegos de video. Ya no juega en esos extintos computadores monocromáticos de los años 80, en los que germinó su pasión por la informática, sino en un Play Station. Cuando lo hace, cuenta, muchas veces se pregunta cómo hacer para que los muñecos sean más reales y veloces. Su vena de programador lo persigue a todas partes.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 14 de agosto de 2008.
Darwin propone una teoría en la que hay tres elementos: variación entre los individuos, herencia y selección natural. De estos no nos hemos salido y no nos vamos a salir tan fácil. La diferencia consiste en que con el desarrollo de la ciencia en los últimos 150 años hay mucha más información para entender cómo se producen. Por ejemplo, cuando se enriquecen los conocimientos de la estructura interna de los organismos, se amplía la información para entender por qué se produce la variación.
Además, se estudian las modificaciones de conducta y los hábitos de estos que les permiten generar estrategias de supervivencia. Todo eso es muy darwiniano y demuestra que aunque la teoría pueda variar en sus interpretaciones, sigue siendo válida, tanto que el famoso biólogo evolucionista Teodosio Dobzhansky afirmó que nada tiene sentido en biología, si no es a la luz de la teoría de la evolución.
¿El pensamiento evolutivo se ha ramificado a otros campos?
Hoy en día la evolución rebasó la biología. Por ejemplo, los antropólogos tienen que tener una visión evolutiva para entender cómo apareció el ser humano y por qué hay tantas razas. Los psicólogos, microbiólogos, geólogos, también se han empapado de esta teoría. Hasta la física se vio involucrada desde que Einstein demostró que el universo tiene un comienzo, porque, entonces, también tiene una historia y una evolución.
¿Y en la economía?
La misma teoría de la evolución surgió después de que Darwin leyera un libro de economía. Por eso los economistas han vuelto a Darwin y de él han extraído la idea de la selección natural y la han relacionado con la ley del más fuerte. Sin embargo, esa es una interpretación errada de su pensamiento, porque para el científico el que sobrevive no es el más fuerte sino el más adaptado, por ejemplo, el que hizo alianza con otro. Muchos han querido utilizar a Darwin para justificar posturas como la de una raza superior, pero eso va en contra de su teoría que se basa en una visión integral y humanista.
¿El ser humano seguirá evolucionando?
Como grupo zoológico probablemente sí, pero es una evolución mínima. Por ejemplo, se podría pensar que el cerebro pudiera aumentar de tamaño. Pero el del ser humano es un fenómeno evolutivo diferente porque presenta otros aspectos como la cultura, la sociedad y los lenguajes simbólicos y abstractos. Además, su evolución tiene que ver con la tecnología y el medio ambiente. Lo irónico es que debido al manejo que hace el mismo hombre del medio ambiente, probablemente no evolucionemos sino que nos extingamos. Tendríamos que adaptarnos a un medio cambiante por culpa nuestra. Por eso deberíamos aprender a manejarlo.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 12 de febrero de 2009.
Como grupo zoológico probablemente sí, pero es una evolución mínima. Por ejemplo, se podría pensar que el cerebro pudiera aumentar de tamaño. Pero el del ser humano es un fenómeno evolutivo diferente porque presenta otros aspectos como la cultura, la sociedad y los lenguajes simbólicos y abstractos. Además, su evolución tiene que ver con la tecnología y el medio ambiente. Lo irónico es que debido al manejo que hace el mismo hombre del medio ambiente, probablemente no evolucionemos sino que nos extingamos. Tendríamos que adaptarnos a un medio cambiante por culpa nuestra. Por eso deberíamos aprender a manejarlo.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 12 de febrero de 2009.
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Tristeza en la lejanía
Fernando Juárez, un reconocido psicólogo español, lanzó un libro con consejos para los inmigrantes. Su objetivo: enseñarles a manejar la depresión de no estar cerca de sus familias.
La decisión de abondar el lugar de origen, la familia, el trabajo, los amigos, los cimientos de un futuro, la vida que se había construido, para buscar mejores oportunidades en otro país se ha convertido en una práctica muy común en esta época. Algunas personas lo hacen para escapar de su pasado, otras creen que podrán mejorar sus condiciones económicas, hay quienes lo dejan todo con la ilusión de estudiar en reconocidas universidades y por último están aquellos que, sencillamente, quieren darle un giro a sus vidas.De acuerdo con el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) el siglo XXI ha presenciado una movilidad humana a una escala mundial sin precedentes: más de 200 millones de migrantes internacionales. En el documento se advierte que los traslados de personas dentro y a través de las fronteras se efectúan, principalmente, por la búsqueda de trabajo.
Los colombianos no se quedan por fuera de esta tendencia. Según este informe, 3’331.107 de personas han migrado en los últimos cinco años. La mayoría de ellos proveniente del Valle del Cauca, Bogotá, Risaralda, Antioquia y Atlántico. Por su parte, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tiene registrada la salida de 2’120.000 de personas del país en 2008. Sin embargo, esta cifra no está discriminada en turistas y migrantes. Pero lo que las autoridades sí han logrado establecer es que el destino privilegiado es Estados Unidos, Venezuela y Panamá.
A estos hallazgos se suman los resultados de una reciente investigación realizada por Bancaja y el Centro de Estudios para la Integración y Formación de Inmigrantes, los cuales revelaron que desde el año 2000 España se ha convertido en el país más apetecido. De hecho, las remesas enviadas a Colombia por quienes se encuentran en este lugar superan los US$3.000 millones anuales, y los colombianos representan el 7,7% del total de trabajadores extranjeros registrados en la Seguridad Social, según el informe.
Lo cierto es que sin importar el motivo específico, los migrantes toman la valiente decisión de alejarse de su hogar con la ilusión de forjarse un futuro prometedor y aprovechar oportunidades que posiblemente nunca hubieran tenido en su país. Pero es sólo cuando están lejos que experimentan una sensación de soledad que no tenían contemplada en sus planes. Algunos, incluso, desde el momento en que se bajan del avión.
Así lo recuerda Jesús Alfonso Valega, un colombiano que partió a España hace varios años: “Cuando me di cuenta que dejaba atrás el mar, mi tierra, mis costumbres, mis raíces y especialmente a mis hijas y mi esposa lloré y sentí un profundo dolor en el corazón por estar dejando lo que más amo”.
Fernando Juárez, un reconocido psicólogo español, ha atendido por más de quince años a pacientes como Alfonso en España, Colombia y Estados Unidos, quienes han acudido desesperados a su consultorio en busca de ayuda. Esta experiencia le ha permitido evidenciar los problemas psicológicos que aquejan a este tipo de población. “Ansiedad, sentimientos de culpa por creer haber tomado el camino equivocado, desencanto y desilusión, sensación de fracaso, ira, rabia, desesperación, tristeza, nostalgia, melancolía”, son algunas de las características que presentan, explica Juárez.
En una de sus consultas, recuerda, un paciente le insistió en llevar al papel sus consejos, argumentando que no había encontrado una publicación en la que se ayudara a los inmigrantes de la forma en la que él lo hacía. Gracias a esa propuesta nació el libro Lejos del corazón, de la editorial Random House Mondadori. Una publicación que, según Juárez, recoge un arduo trabajo investigativo relacionado con la problemática de los inmigrantes, que pretende ser accesible a todo aquel que ha debido pasar por la experiencia de sentirse solo en una ciudad desconocida o para quienes vieron a su ser querido partir en un avión.
En uno de los más desgarradores testimonios del libro, un paciente de Juárez logra plasmar los sentimientos que usualmente aquejan a los inmigrantes y los hacen vivir una situación inestable en el nuevo país: “No sé ni dónde estoy, muchas veces me despierto en las mañanas para ir a trabajar y me dan sobresaltos, me siento como asustado, hasta que no pasa un tiempo y me doy cuenta de dónde estoy, no me tranquilizo. Durante el día en el trabajo me las voy arreglando, pero cuando llego a la casa en la noche es horrible, no me aguanto estar ahí. Tengo que salir a dar una vuelta”.
Aunque todavía la comunidad científica no ha tipificado las características que presenta la población inmigrante, sí es una problemática que empieza a debatirse y cuyo origen, advierte Juárez, radica en el hecho mismo de alejarse de las personas queridas, algo que resulta inevitable. Pero esta separación puede manejarse de forma adecuada y así evitar problemas emocionales importantes. Para hacerlo, según Juárez, es necesario actuar sobre el origen del problema, que consiste en una interpretación equivocada: creer que la distancia geográfica es equivalente a la distancia emocional.
El autor, consciente de que la lejanía es el obstáculo más difícil de superar, considera que la clave está en la mente. “El libro busca hacerle entender a las personas que se puede vivir bien a pesar de esa distancia si se aplican ciertas recomendaciones, como aprender a sentirse emocionalmente próximo de los seres queridos y mantener la identidad del país de origen, a pesar de cualquier situación adversa. Una cosa es sentirse solo en ese nuevo sitio y otra muy distinta es llegar allí y tener la certeza de que otros te apoyan y acompañan”.
En el texto, finalmente, se recogen los testimonios de varios colombianos. De acuerdo con su experiencia, Juárez afirma que los inmigrantes de nuestro país tienen otro dolor adicional: el hecho de irse de un lugar al que quieren, pero que tiene una realidad social muy compleja.
En tales casos, comenta el psicólogo español, los deseos de devolver al país todo aquello que sienten que en su existencia les ha brindado, se trunca, paradójicamente, por la falta de oportunidades. “Muchos de ellos tienen la sensación frustrante de que podrían haber aportado más a Colombia, . Quisieran haber ayudado desde sus profesiones y conocimientos. Por eso apoyan a los colombianos que están en el país al que han migrado, logrando consolidar una hermandad fuerte”.
“Debí disfrutar más a mi padre”
Hace 18 años Darío Acero llegó a Miami, junto con su padre, para pasar una temporada vacacional. Le gustó tanto Estados Unidos que decidió extender su descanso e ir a California a saludar a unas tías. La visita, pensada para un mes, se extendió a seis, gracias a que consiguió un trabajo. “Yo estaba muy joven y todo lo veía fácil”, cuenta Acero.Pasaron los años y sin darse cuenta Estados Unidos lo fue envolviendo, por lo que decidió quedarse a como diera lugar. Por eso viajó a Miami y, sin conocer a nadie, empezó a trabajar como ayudante en una pizzería y poniendo ventanas en la temporada de huracanes. Sin embargo, el paraíso en el que se sentía partícipe sólo podía ser realidad cuando resolviera su situación legal.
Así que se adentró en un hoyo negro de más de cuatro años. Decidió casarse con una mujer americana y pagar por los documentos, pero su “esposa” se enamoró y, para retenerlo, trató de manipularlo con amenazas y abusos. “Esa constante lucha por los papeles me costó mucho más de lo que pagué”, afirma resignado.
Después de cuatro años de una situación inmanejable, logró obtener los documentos. Aunque ya tenía el trofeo, la alegría no fue completa, al poco tiempo sus hermanos lo llamaron para darle la noticia de que su padre había muerto. “Fue un golpe muy duro para mí, pues pensé que en todo ese tiempo podía haber disfrutado más a mi padre”, explica.
Un año después uno de sus hermanos decidió probar fortuna en los Estados Unidos, la situación en Colombia no pintaba muy bien. Por eso se trasladó a California junto con su familia. En cierta medida quisieron resolver el problema de la distancia geográfica al reunirse. Porque aunque no trabajen en lo que estudiaron, saben, como cuenta Darío, que “ todos nos sentimos felices por estar juntos y llevar una situación económica manejable”.
Lejos del corazón
El libro Lejos del corazón, de la editorial Random House Mondadori, tiene como objetivo dar recomendaciones y consejos para que tanto los inmigrantes como sus familiares afronten de la mejor manera la situación emocional que se desata luego de que un individuo decide partir a otro país.Su autor, Fernando Juárez, es un español que reside actualmente en la ciudad de Medellín y que se considera a sí mismo como inmigrante. Se ha dedicado durante más de 15 años a tratar pacientes foráneos que residen en Estados Unidos, España y Colombia.
Juárez considera que, “si se puede sentir la ausencia de las personas que amamos es porque seguimos vinculados a ellos”.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, domingo 1 de febrero de 2009.
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'Biohackers': ¿genetistas de garaje?Con algunos dólares y mucha iniciativa, jóvenes de distintos países realizan experimentos genéticos en sus casas. Detractores se preocupan por los efectos negativos de una práctica que no tiene los sistemas de calidad requeridos.
Para crear nuevas formas de vida a partir de una bacteria, sólo se necesita su ADN, unos cuantos tubos, un refrigerador y algunos implementos de laboratorio. Para obtener los materiales basta con buscarlos por internet, solicitarlos y pedirlos a domicilio. Para empezar a jugar con ellos no hay sino que revisar los pasos a seguir que se encuentran en varias páginas web.Mientras hace algunos años la genética estaba reservada a los académicos y los grandes laboratorios, una nueva ola de científicos aficionados ha demostrado que, tal y como sucedía en el Renacimiento, la ciencia también puede realizarse desde el hogar. Así lo evidencia Meredith Patterson, una programadora de computación norteamericana, que en sus tiempos libres se convierte en biohacker, un hobby que empieza a cautivar la atención de personas de todo el mundo.
Uno de los más recientes experimentos de Patterson consiste en alterar genéticamente una bacteria para que se tiña de color verde ante la presencia de melanina. La programadora explicó a la agencia AP que para lograr su objetivo, sólo necesita un tarro de yogur, ADN de una medusa (que compró por internet por menos de 100 dólares) y unas cuantas piezas de un equipo de laboratorio que construyó con menos de 25 dólares.
Patterson hace parte de una nueva forma de hacer biogenética que empieza a pisar fuerte, sobre todo, en Norteamérica: los biohackers o genetistas de garaje que, según Javier Yanes, periodista del diario español Público, son “biotecnólogos con el sueño de robar a la naturaleza el secreto de la vida y a los centros de investigación el poder de manejarla, crear organismos hasta en un garaje y que todo ello sea abierto, compartido y público”.
Para Frank Ogden, futurista norteamericano, los biohackers son jóvenes inteligentes y curiosos que sólo necesitan estar dispuestos, tener una mente inquisitiva y tiempo para investigar. Su equipo puede conseguirse en droguerías, veterinarias, viveros y distribuidores de equipo médico. Su arsenal está completo cuando cuentan con agitadores, bombas neumáticas, centrifugadoras, equipo de destilación, un refrigerador y una licuadora.
La gran mayoría de ellos son profesionales en ciencias básicas que se aburren de la academia. Así le sucedió a Mac Cowell, biólogo del Davidson College en E.U., quien luego de trabajar durante un año con los grandes genetistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) se dio cuenta de que “no estaba aprendiendo cosas nuevas”.
Aburrido de la academia y con ganas de hacer de la ciencia “algo divertido”, decidió crear DIYbio.org (DIY es la sigla de “Hágalo Usted Mismo” en inglés), un laboratorio comunitario en Massachusetts, donde los interesados pueden congelar bacterias, buscar procedimientos de genética y adquirir los productos químicos y equipos de laboratorio.
En general, estos genetistas de garaje utilizan el material genético de los organismos, principalmente de bacterias como E. Coli, y lo intercambian con el de otros (como si estuvieran jugando con fichas de Lego), para observar cómo trabaja el nuevo código creado. “La biología no es tan difícil como la gente cree. Sólo se debe ‘cacharrear’ y luego ver qué pasa”, comentó Drew Endy, profesor del MIT, a la revista Make.
‘Hackear’ es crear
Martín Alberto Rubio, investigador colombiano en seguridad informática, asegura que la comunidad hacker entiende el término de hackear en dos sentidos. “Por un lado se considera que el hacker es aquel individuo que trata de investigar al máximo sobre el tema que lo apasiona y por el otro que el hacker debe mejorar lo que ya existe. Es decir, que hackear es investigar, aprender, desarrollar y si es posible publicar”.En ese sentido, advierte Rubio, el biohacker no sólo debe conocer los procedimientos genéticos sino crear algo novedoso. Y éste, paradójicamente, es el punto débil y el fuerte de estos científicos. Los académicos a favor del biohacking han llegado a afirmar que, posiblemente, el futuro Bill Gates de la biotecnología puede estar desarrollando la cura para el cáncer o el sida en un garaje. Mientras que los detractores de este movimiento entusiasta, como Jim Thomas, del Grupo ETC, organización dedicada a vigilar los procesos de biotecnología, explican que los organismos sintéticos en manos de aficionados pueden escapar de los garajes y causar enfermedades o daños impredecibles al medio ambiente.
George Church, profesor de genética de la Universidad de Harvard (E.U.), comparó el potencial de la Biología Sintética con el peligro de poseer armas nucleares. Por eso, explicó a la revista Times que, a su manera de ver, cualquiera que diseñe sistemas con componentes de la Biología Sintética debería tener una licencia para manejar los implementos y procedimientos requeridos.
Cuestión de manejo
Ignacio Zarante, profesor asociado del Instituto de Genética de la Universidad Javeriana, en Bogotá, considera que si el biohacking está “bien encaminado”, puede llegar a ser una alternativa científica muy interesante.“Uno podría pensar que un biohacker puede ser un niño que en su colegio se interesa por extraer el ADN de una remolacha. Si en las escuelas se incentivara la curiosidad que tienen los biohackers y se encaminara hacia un proceso investigativo serio, ésta puede ser una buena salida para tener futuros científicos que intercambien sus conocimientos a través de estas nuevas redes sociales”, dice Zarante.
Sin embargo, advierte que estos procesos deben estar delimitados por la metodología científica. “Dudo mucho que un individuo de manera aislada, en su casa, logre llegar a resultados innovadores. Los científicos necesitamos el feed back con otros colegas, en el cual se delimita la pregunta de investigación, se prevén posibles consecuencias y se eliminan los futuros riesgos”, agrega.
Además, los sistemas de calidad pueden garantizarse en un laboratorio, mas no en un lugar informal pues “se tienen reglas de seguridad establecidas para evitar que los desechos o los reactivos afecten a quienes los manipulan o a su entorno, situación que no es la más ideal en un garaje”, advierte.
Por otro lado, hay quienes afirman que este movimiento es una opción viable para que los países del Tercer Mundo desarrollen conocimiento científico. Sin embargo, hasta ahora, parece ser una tendencia norteamericana. “En general, un pequeño experimento podría costar unos 3.000 dólares, cifra que para un estadounidense posiblemente no sea muy significativa, pero sí para un colombiano”, explica Zarante.
Mientras tanto, científicos curiosos como Mac Cowell o Drew Endy, continúan contagiando a más personas con esta iniciativa que, según ellos, busca que “la biología entre en una fase en la que nosotros mismos podamos cambiar todo lo que existe en nuestro planeta para mejorarlo”.
E. Coli, la bacteria usada por ‘biohackers’
La bacteria ‘Escherichia coli’ es uno de los organismos más apetecidos por los ‘biohackers’ para realizar sus experimentos. Fue descrita en 1885 por Theodore von Escherich, bacteriólogo alemán. Es una bacteria que se encuentra generalmente en los intestinos animales y, por consiguiente, en las aguas negras. Es necesaria para el correcto funcionamiento del proceso digestivo. Puede causar infecciones intestinales severas.Un poco de historia
Paul McAuley describió en la revista Nature sus impresiones acerca de VirCon2010, primer encuentro abierto del movimiento biopunk que se realizó en marzo de 2000. La reunión se celebró en el centro de Nueva York y sus delegados eran, mayoritariamente, “jóvenes menores de 25, vestidos con toda clase de tendencias: desde pantalones abombados y camisetas, pasando por negro gótico y múltiples piercing”, según relata McAuley.
Allí, el profesor Jack Lovegrove, explicó a MacAuley que “la ciencia de garaje es la ola del futuro para la biología. Las grandes compañías están sujetas por acomodados ejecutivos y regulaciones viciosas. Hace 20 años sólo ellos podían cortar el ADN, ahora cualquiera puede secuenciarlo”.
Además aclaró que “esta no es una sociedad secreta de superhombres inteligentes, sino jóvenes idealistas que aman la ciencia y creen que la información debería ser libre y no encarcelada por el copyright”.
A la caza de los bioladrillos
Drew Endy, Thomas Knight, Gerald Jay Sussman y otros investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés) se han dedicado a recolectar piezas intercambiables de ADN, como si fueran partes del reconocido juego Lego, a las que han denominado como biobricks (bioladrillos).
Endy construyó un catálogo público de los biobricks conocido como Registro de partes biológicas estándar (The Registry of Standard Biological Parts), al cual se puede acceder a través de la página web del MIT (parts.mit.edu/registry).
Endy espera que este registro pueda contribuir para que se promueva la ciencia de garaje y se evidencie que la biología es otro sustrato apto para ser “hackeado”.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 29 de enero de 2009.
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Fotografìa: NASAEl 2009: un año estelar
Se conmemoran 400 años del primer uso del telescopio por parte de Galileo Galilei. Astrónomos colombianos hablan de las preguntas que rigen su oficio.
Hace 400 años Galileo Galilei revolucionó la historia de la humanidad al fabricar su propio telescopio (después de enterarse de que en Holanda habían construido uno) y apuntarlo hacia el espacio. Al hacerlo, descubrió que la Luna tenía cráteres, montañas y valles y que, además, no tenía luz propia. Luego dirigió su aparato a Venus y se dio cuenta que ese planeta tenía fases, por lo que debía girar alrededor del Sol. El brillante científico comprobó lo que años atrás había demostrado Copérnico: la Tierra no está en el centro del universo, sino que gravita alrededor del Sol.
Así, Galileo abrió las puertas del espacio y situó al hombre en su debida medida: somos tan sólo una pequeña parte de la bastedad del universo. Aunque sus contemporáneos no quisieron creerle y tuvo que retractarse, el tiempo le dio la razón, tanto así que este jueves se inaugurará el Año Internacional de la Astronomía, celebración que pretende conmemorar los cuatro siglos del primer uso del telescopio.
La fecha ha sido creada por la Unesco, Naciones Unidas y la Unión Astronómica Internacional y pretende ser una celebración global de la Astronomía y su contribución a la sociedad. Individuos de 135 países, incluida Colombia, ya forman parte de esta iniciativa que será lanzada en la ceremonia de inauguración que se hará este jueves en París.
En nuestro país el Año Internacional de la Astronomía se inaugurará el próximo 28 de enero en el Planetario de Bogotá, ceremonia que será el abrebocas de una serie de eventos que pretenden “poder llegarle a la gente y demostrarle que el astrónomo no es un científico loco, sino una persona que mira al cielo y se queda con la boca abierta”, en palabras de José Roberto Vélez, presidente de la Red de Astronomía de Colombia.
Con motivo de esta importante celebración, El Espectador quiere contagiar a sus lectores de esta fiebre por el espacio. Por eso presenta la opinión de astrónomos expertos sobre las preguntas que rigen este oficio y que dan cuenta del fascinante enigma que trae consigo el juicioso estudio del universo.
Lucía Camargo Rojas
Peligros planetarios
Astronomía ayer, hoy y mañana
Un universo de preguntas sin respuesta
Pequeños universos
¿Alguien nos observa?
Publicado en El Espectador, jueves 15 de enero de 2009.
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Geovani Melendres, Jinnet Parra y Cristian Barón. Fotografía: Herminso RuizLos sordos hablan en internet
Un proyecto que busca eliminar las barreras entre parlante-oyentes y quienes no pueden oír. Geovani Melendres se siente orgulloso de ser sordo, por eso quiso participar en la implementación de esta iniciativa.
Geovani Melendres es estudiante de Lingüística de la Universidad Nacional, practica tenis de mesa y en los últimos meses debutó como actor y director de una producción particular: una serie de videos que conforman el Curso de autoaprendizaje básico en lengua de señas colombiana, una página web que enseñará a los parlante-oyentes a aprender la lengua de señas de nuestro país que él, como sordo, maneja a la perfección.
Sandra Rodríguez, Cristian Briceño, Óscar Torres y Jenny Vergara fueron otros actores sordos que se encargaron de representar las señas manuales, expresiones faciales y movimientos corporales que, en conjunto, constituyen la lengua de señas colombiana. Una lengua que manejan los sordos de nuestro país y que es diferente a la que usan quienes habitan en otras partes del mundo, pues está ligada al contexto cultural del cual forma parte.
Los sordos usan la lengua de señas como su principal medio de comunicación. Pero si además quieren intercambian información con los parlante-oyentes, deben aprender a manejar la lengua materna del lugar donde habitan (en el caso colombiano el español). Es decir, deben convertirse en bilingües. “¿Por qué no hacer que seamos los parlante-oyentes quienes aprendamos el idioma de señas?”, se pregunta Miguel Ángel Vargas, director pedagógico de la Corporación para la educación y las TICS (Cetics), organización que se ha encargado de virtualizar la información que el Instituto Nacional para Sordos (Insor) ha preparado con el fin de crear el curso.
El origen
Según Jinnet Parra, lingüista del Instituto Nacional para Sordos, el origen del curso de autoaprendizaje se remonta al año 1998, cuando el Insor recogió la opinión de las secretarías de Educación, directores de instituciones y maestros de todo el país, quienes veían la necesidad de tener un mejor nivel en lengua de señas. Por eso, en 2001, el Insor contrató a la lingüista Sandra Viviana Mahecha con el fin de que diseñara un curso para aprender la lengua de señas, con el mismo formato que presenta cualquier programa de enseñanza de un segundo idioma.A mediados de este año Cetics recogió esos contenidos, los adaptó al formato multimedia y los montó en la web, de tal forma que “cualquier persona desde cualquier lugar del mundo, pueda acceder al curso, eliminando así las barreras de tiempo y espacio”, advierte Parra.
Y agrega que como el curso está montado desde una metodología de aprendizaje de segundas lenguas, los contenidos están basados en escenas de la vida diaria y se busca que se cumplan las funciones comunicativas básicas. Adicionalmente se puede consultar información contextual sobre la comunidad sorda. Por eso, para Melendres, “el curso, además de estar dirigido a toda persona que quiera aprender la lengua de señas, busca que las personas conozcan a la comunidad sorda y así las dos comunidades puedan trabajar en mejores condiciones”.
En este sentido, los creadores de esta novedosa herramienta de comunicación creen que uno de sus beneficios indirectos se dará en el ámbito de la educación, afirma Vargas. “Se espera que los profesores de los colegios y universidades accedan al curso y aprendan la lengua de señas, de tal forma que se puedan comunicar directamente con el estudiante, ya sea respondiendo sus preguntas o haciéndoles tutorías. De esta manera, las nuevas tecnologías contribuyen a que se cree un medio propicio para que cualquier individuo pueda desenvolverse normalmente”.
El curso será lanzado en las próximas semanas. Se espera que también puedan montarse, más adelante, los cursos intermedio y avanzado para lograr que cualquiera pueda comunicarse perfectamente en lengua de señas.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, sábado 3 de enero de 2009.
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Aunque en muchos países las alteraciones vocales son una enfermedad laboral, en Colombia no se les considera como tal. Un grupo de la U. del Rosario va a la vanguardia al enseñar a los docentes las técnicas necesarias para prevenirlas.
Cuando una persona imagina el oficio del profesor, piensa en el tablero, los exámenes, los salones, pero no se detiene a recordar el instrumento principal para que el docente pueda impartir su clase: la voz. En una cátedra un profesor puede durar dos horas hablando sin parar. Peor aún, si su jornada se cumple con ocho horas continuas de un mismo discurso.
Es por eso que los docentes son considerados por los fonoaudiólogos como profesionales de la voz, debido a que la utilizan como su principal herramienta de trabajo. De hecho, estudios como el que Nelson Roy, profesor del departamento de Ciencias de la Comunicación y Desórdenes de la Universidad de Utah, publicó en la revista de la Asociación Americana de Lenguaje y Oído (ASHA, por su sigla en inglés) en 2005, demuestran que los profesores presentan un riesgo mayor que el de cualquier otro individuo a adquirir patología vocal, pues la naturaleza de su ejercicio los obliga a utilizar la voz por largos períodos.
Las conclusiones que diversas investigaciones han adelantado en varias universidades del mundo han hecho que las alteraciones vocales sean consideradas como una enfermedad profesional en países como España, Argentina o Estados Unidos. En Colombia, en cambio, éstas aún no aparecen en el decreto 1832 del 4 de agosto de 1994 en el cual se adopta la tabla de enfermedades profesionales.
Pero aunque por ley las alteraciones vocales no sean consideradas como enfermedad profesional, en la Universidad del Rosario, en Bogotá, ya se tomó la decisión de catalogarla como tal, según explica Adriana Fajardo, docente de la Facultad de Rehabilitación y Desarrollo Humano de esta institución.
Fajardo coordina el Programa de Vigilancia Epidemiológica en Voz que inició hace dos años cuando la entonces profesora del departamento, Ivonne Peñuela, en conversación con el área de salud ocupacional, se percató de los continuos eventos de profesores que se incapacitaban por problemas de voz. Por eso propuso crear un programa para los practicantes de la carrera de Fonoaudiología que buscara analizar y combatir esa problemática.
El programa inició con una encuesta que se realizó de forma presencial y virtual en la cual se preguntaba a 249 profesores rosaristas sobre su percepción ante los riesgos de desarrollar una patología bocal por culpa de su ejercicio profesional. Un 36% de los docentes manifestó tener un riesgo vocal leve, mientras que un 62% identificó alguna dificultad en el uso de la voz y tan sólo un 1% consideró que efectivamente ya tenía problemas de voz.
“La impresión que tenían los profesores del riesgo fue muy poca. Por eso la siguiente fase del proyecto consistió en aclarar qué tan distante podía estar su percepción de la realidad”, explica Fajardo.
Así inició la fase de promoción y prevención del programa que consistió en tres talleres de salud vocal. En éstos se demostró a los docentes la importancia del cuidado de la voz con buenos hábitos como la disminución del consumo de sustancias perjudiciales (por ejemplo el café y el tabaco) y se les enseñó a hidratar sus cuerdas vocales mientras dictan clase. Además, se les explicó la importancia de mantener una postura adecuada al dictar su cátedra y se les enseñaron ejercicios de respiración para que no se les acabe el aire tan fácilmente cuando hablan.
Paralelo a los talleres, los miembros del programa fueron identificando a los profesores que ya tenían riesgos vocales. De los 34 que asistieron a los tres talleres, 8 presentaron alteraciones vocales y un 30% de los restantes tenía algún tipo de riesgo vocal.
Ximena Palacios, docente de psicología de la universidad, es uno de esos ocho profesores. Lleva más de ocho años dictando clase pero sólo hasta hace uno empezó a sentir cambios en su voz después de dar su cátedra: se ponía muy ronca, carraspeaba y le dolía la garganta. “Muchos docentes no prestan cuidado a su voz sino sólo hasta cuando ya tienen problemas serios”, explica.
Seis de esos ocho profesores recibieron un diagnóstico y fueron remitidos a un otorrinolaringólogo o un médico general. “A pesar de que este tipo de reportes no está enmarcado en el sistema de salud, sino en el marco de las ARP o de salud ocupacional, creemos que si remitimos a estos pacientes estos casos se reportarán al sistema de salud, para que así se puedan levantar estadísticas que evidencien cómo efectivamente hay profesores que presentan alteraciones en sus cuerdas vocales por usar la voz como herramienta profesional”, asegura Fajardo.
En adelante el grupo implementará estrategias de difusión más agresivas con el fin de concientizar a los profesores de la prevención. Pero, además, “vamos a intervenir para reducir los riesgos en el ambiente que también puedan estar afectando, como los salones de más de 120 alumnos. En estos casos el profesor debe contar con un adecuado equipo de amplificación de voz”, concluye Fajardo.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 11 de diciembre de 2008.
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Fotografía: David Campuzano-El EspectadorFármacos peligrosos
Tres medicamentos, Lumiracoxib, Piroxicam y Nimesulida, han sido prohibidos en varios países pero se siguen comercializando en Colombia.
En las droguerías de nuestro país se pueden conseguir, con prescripción médica (aunque muchas veces sin ella), tres fármacos que han sido sacados de circulación en varios países y ante los cuales diferentes agencias de medicamentos han recomendado suspender su uso. Se trata del Lumiracoxib, la Nimesulida y el Piroxicam.
Los tres son medicamentos empleados para el manejo del dolor y se clasifican como antiinflamatorios no esteroideos. El primero de ellos, el Lumiracoxib, fue suspendido por la Agencia Australiana de Medicamentos (TGA, por sus siglas en inglés) en agosto del año pasado, luego de recibir ocho reportes de serias reacciones hepáticas al medicamento. En dos de los casos reportados, los pacientes fallecieron. Por eso la TGA recomendó a los 60.000 australianos que se estima lo tomaban suspender la dosis y discutir nuevas alternativas de tratamiento con sus doctores.
La decisión de la TGA fue un detonante para que la Agencia Europea de Medicamentos evaluara el caso y concluyera que los riesgos que producía al hígado eran mayores que los beneficios. Razón por la cual recomendó el retiro del Lumiracoxib del mercado en aquellos países donde todavía se comercializaba.
De ahí en adelante se presentó una reacción en cadena de varios países que decidieron suspender la venta del producto. En América Latina, por ejemplo, Argentina, Guatemala, Chile y El Salvador suspendieron preventivamente su comercialización a finales de 2007. En marzo de este año Perú se unió a la decisión, así como Brasil hace cuatro meses.
Sin prohibir
En Colombia, en octubre del 2007, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), siguiendo las alertas internacionales, publicó en su página web una advertencia a los consumidores y anunció una posible suspensión de su comercialización. Sin embargo, el 27 de noviembre de ese año anunció que el medicamento entraría en una revisión de oficio y que, mientras tanto, se continuaría vendiendo el Prexige (del laboratorio Novartis), nombre con el que se encuentra registrado en el país, en sus presentaciones de 100mg, 200mg y 400mg. Además, advirtió a los médicos tratantes no recetar el fármaco por más de cinco días, mantener bajo vigilancia estricta a sus pacientes e informar de cualquier reacción adversa que se pudiera presentar.
Ante la sorpresiva reacción del Invima, el Centro de Información de Medicamentos de la Universidad Nacional (Cimun) se dedicó a rastrear las acciones que se habían tomado en distintas agencias del mundo entero en relación al Lumiracoxib y en su Boletín de Farmacovigilancia de noviembre de 2008 solicitó formalmente al Invima el retiro del medicamento en el mercado colombiano.
De acuerdo con Martha Cecilia Rodríguez, subdirectora de medicamentos y productos biológicos del Invima, entre el 19 y el 21 de noviembre, la Comisión Revisora de Medicamentos tomará una decisión con respecto al Lumiracoxib. Pero advierte: “No nos han llegado suficientes reportes de los médicos que indiquen que el medicamento produce reacciones adversas, la alerta es más que todo internacional”.
En cuanto a la Nimesulida y el Piroxicam, el Invima no tomará ninguna decisión en los próximos días, debido a que considera que las alertas internacionales no son suficientes. Sin embargo, farmacólogos como Claudia Vacca, de la Universidad Nacional y Oscar Gutiérrez, de la Universidad del Valle, aclaran que éstos, al igual que el Lumiracoxib, generan más riesgos que beneficios (el primero produce daños hepáticos y el segundo tiene un alto riesgo de sangrado). Además, son fácilmente reemplazables, por lo que recomiendan que sean retirados del mercado colombiano.
La pregunta que se hacen los expertos en el tema es qué responsabilidad le cabe a los laboratorios que los distribuyen si ya tienen noticias de los peligros que implica su uso.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, sábado 8 de noviembre de 2008.
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Cortero de Palmira. Fotografía: David Campuzano, El EspectadorLa quema: ¿el lado amargo de la caña?
Un estudio de la Universidad de los Andes evidencia que las partículas emitidas por esta actividad agrícola podrían afectar la salud de los habitantes de Palmira. Asocaña dice que la investigación no es válida.
“En Palmira se ve caer pavesa por lo menos semanalmente desde hace como 30 años. Eso le molesta a uno mucho porque se mete por debajo de las puertas, le cae a la comida y ensucia la ropa”, es la descripción de José Aguiar, oriundo de Palmira, para quien este extraño fenómeno es una actividad tan normal como el sol que aparece cada mañana.
La pavesa es la parte que salta de una materia inflamada y acaba por convertirse en ceniza. La que observa despreocupadamente José está constituida por los residuos de la quema de caña que se realiza en los alrededores de Palmira, el municipio más representativo en términos de hectáreas sembradas de caña en todo el país: 32.941 de las 205.000 que se encuentran a lo largo de todo el valle geográfico del río Cauca.
Este insólito fenómeno, tan común entre los palmireños, llamó la atención, hace 14 años, de Eleonora Dávalos, una joven nacida en el municipio, pero que había vivido toda su infancia en Villavicencio. Más de una década después, Dávalos, en su tesis para optar por el título de Magíster en Economía Ambiental de la Universidad de los Andes, decidió indagar por el efecto de la caída de la pavesa.
Así, a partir de la recolección de datos oficiales del 2004, logró establecer que la quema de caña explica en gran medida el aumento en la atmósfera de partículas menores de diez micras (PM10), es decir, aquellas que son tan pequeñas como para que sean respirables y que son consideradas como altamente contaminantes. A continuación relacionó el aumento de PM10 con el incremento de visitas al Hospital de San Vicente de Paúl por consultas de Infecciones Respiratorias Agudas (IRA), que comprenden enfermedades como la faringitis y la bronquitis.
El estudio, titulado La caña de azúcar: ¿una amarga externalidad?, concluye a partir de los dos datos obtenidos: el aumento de la quema de caña genera más consultas al médico por IRA en Palmira.
La respuesta de Asocaña
La investigación de Dávalos fue presentada y sustentada en septiembre del 2006. Adicionalmente, entró a concursar para ser publicada en la revista Desarrollo y sociedad de la Universidad de los Andes. Después de ser revisada por expertos en el tema y por evaluadores anónimos, el artículo de Dávalos fue publicado en el mayo del 2007.Inmediatamente la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar (Asocaña) envió una carta alegando la invalidez de los resultados. El comité editorial de la revista respondió el comunicado y pidió que las críticas a la investigación se hicieran desde un estudio académico, como corresponde a las normativas de una publicación de este tipo.
Pero el debate no paró ahí. En julio de este año, Salomón Kalmanovitz, decano de la facultad de Ciencias Económico-Administrativas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y quien había tenido la oportunidad de leer el estudio, lo nombró en una de las columnas que semanalmente publica en El Espectador. De nuevo, Asocaña envió al diario, a través de las cartas de los lectores, un comunicado en el que afirma cómo “el estudio no presenta información confiable que soporte las afirmaciones; por lo tanto, no es válido considerarlo como una fuente de información y mucho menos de decisión”.
Para Salomón Kalmanovitz “las mediciones del artículo son serias, así como las correlaciones. Los de Asocaña dan argumentos en contra del estudio, pero no explican si la quema de caña afecta a la población. Lo que tienen que probar es que los habitantes no sufren cuando hay quemas”.
Según Claudia Calero, directora ambiental de Asocaña, “esta tesis debe ser revisada o por lo menos se deben tener en cuenta otros parámetros. Creo que las conclusiones a las cuales se llegan no deben ser consideradas como la única fuente. Existen otros estudios, como el que publicó en el 2001 la Fundación Neumológica Colombiana que indica que no existe relación entre las quemas y las enfermedades respiratorias”.
Por su parte, José William Garzón, director de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), aclara que aunque no conoce el estudio de Dávalos, “es probable que los datos sean verídicos, pero en un entorno particular. No estoy de acuerdo con que de esos resultados se diga que toda Palmira tiene problemas”.
Enfermedades respiratorias
Ante la polémica y la importancia de los datos revelados por el trabajo en materia de salud pública, El Espectador decidió visitar el municipio de Palmira. Allí encontró casos como el de Blanca Nidia Álvarez Giraldo, quien asegura que ya tiene acciones en el Hospital San Vicente de Paúl, pues ha tenido que acudir continuamente por los problemas respiratorios que presenta su hija. Cuando el médico Gustavo Paredes, coordinador de urgencias, le pregunta por si el día de ayer cayó pavesa, ella asegura: “Sí doctor, esta mañana la casa amaneció llena”. Éste es un cuadro típico de los cuatro o cinco que tienen que atender diariamente, según Paredes. Al Hospital San Vicente de Paúl, explica Jaime Rojas, subgerente científico, llegan constantemente casos de enfermedades respiratorias que se deben en primer lugar a la quema de la caña, en segundo a los gases emitidos por los vehículos y en tercero a la industria. “Los pacientes más afectados son los niños y los adultos mayores. Los menores por una exposición permanente a factores que desencadenen una hiperactividad bronquial y los ancianos porque sufren de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que al someterse a factores externos como las partículas generadas por la quema de la caña pueden generar fácilmente una crisis”.
Por su parte, Giovanni Storino, secretario de salud de Palmira, aunque asegura que el municipio sufre de problemas respiratorios, aclara que “no podemos decir que todas las IRA en Palmira sean por la quema. Más bien, creería que la pelusa de la caña podría generar problemas respiratorios”.
La frecuente discusión ante el tema llevó al Ministerio de Protección Social, según Calero, a publicar unos términos de referencia para desarrollar un estudio que evalúe los efectos de la quema de caña en la salud respiratoria.
Calero afirma que Asocaña está dispuesta a que se haga el estudio y se concluya si efectivamente la quema puede tener o no repercusiones entre la población y asegura que la asociación tienen la disposición para realizar los cambios necesarios. Por otro lado, Storino argumenta que debe hacerse la investigación, porque finalmente es un problema de salud pública. Pero aclara que la economía de la región está basada en la caña, por lo tanto, de encontrarse que ésta pueda estar generando enfermedades respiratorias o alergias entre los palmireños, habría que buscar la manera de solucionar el problema, por ejemplo, mediante una vacuna. Aunque el Secretario explica que es prematuro dar una conclusión, lo cierto es que la tesis de Dávalos parece haber puesto el debate sobre la mesa.
La quema de la caña
A la caña se la quema para que las hojas se desprendan y el tronco se debilite de tal manera que se le facilite el trabajo al cortero, quien incrementa tanto la productividad como su sueldo al producir ya no tres toneladas diarias, sino seis o siete. Además, se quema el pasto para eliminar plagas, basura, residuos y la pelusa que existe alrededor del tronco y que posiblemente puede generar problemas de salud.Las quemas se realizan por autorización del Ministerio del Medio Ambiente y están controladas por la autoridad ambiental de cada zona, encargada de regular que éstas no afecten a la población civil.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 11 de septiembre de 2008.
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Pedro Weinberger. Fotografía: Gabriel Aponte-El EspectadorEl chileno Pedro Weinberger está de visita en Colombia. Ha fundado centros de desarrollo humano en todo el continente para aconsejar a las personas en momentos de crisis.
Pedro Weinberger Allendes ha estado preocupado, desde muy niño, por encontrar la forma de mitigar el dolor ajeno. Con la mente siempre puesta en preguntarse si el ser humano puede ser feliz, este médico e ingeniero chileno, que concibe la ciencia de manera integral (ha incursionado en ciencia, arte, filosofía y didáctica), busca llevar un claro mensaje por toda América: se debe buscar la paz interior.
La visión teórica que hoy en día profesa se la enseñó el filósofo mexicano José Rafael Estrada Valero, a quien Weinberger conoció cuando aún estaba cursando bachillerato. Hoy en día los dos imparten la ideología de la paz interior a través de los centros de desarrollo humano que han fundado a lo largo de toda América y mediante las conferencias que dictan en varios países. En Colombia, el Instituto de Desarrollo Humano se encuentra en el barrio Chapinero de Bogotá y esta semana organizó una conferencia en la que el gurú chileno explicó la forma de mantener la paz interior en momentos de crisis. El médico estará en el país hasta el 30 de septiembre.
La paz interior es un término abstracto, pero que Weinberger, con su voz calmada, su actitud serena y la mirada de alguien que parece haber encontrado la respuesta, sabe demostrar y explicar detalladamente. “Mucha gente sostiene que la felicidad es la meta del hombre, pero eso no es cierto, porque es apenas un estado de ánimo, un estado de desequilibrio, es decir, es momentánea. En cambio, la paz interior es un estado de equilibrio y en la naturaleza todo tiende al equilibrio”.
La gente, explica Weinberger, cree que las cosas son para siempre, concepción que los hace llegar a momentos de crisis porque no logran afrontar los cambios que se presentan en la vida.
El chileno, muy seguro de sí, sostiene que a la paz interior se puede llegar si se cambian los hábitos, de tal manera que se practique un poco de ejercicio diariamente, se tenga una dieta compuesta en un 50% de frutas y verduras, y se dé una ducha de agua fría en las mañanas. Estos pasos, tan sencillos, asegura, harán que una persona se percate de la importancia de su rutina, reflexione sobre ésta y, más adelante, pueda empezar a resolver otro tipo de problemas.
Conflictos de tipo laboral, amoroso, existencial, se pueden empezar a controlar en la medida en que haya consciencia de los hábitos, pues se comienza a ampliar el espectro de resolución de problemas.
Por ejemplo, explica Weinberger, si una persona se enfrenta a una crisis laboral debe reflexionar sobre si concibe su empleo como un castigo o como una actividad en la que aporta a la sociedad, de tal forma que se sienta a gusto con lo que hace. Es decir, debe comenzar a ver los problemas desde un punto de vista más amplio.
Según este gurú, si a un individuo lo despiden del trabajo, no debe sentirse frustrado. Al contrario, es necesario que piense que le dieron la oportunidad de buscar algo mejor. No se deben eternizar las situaciones de la vida. Cuando una persona encuentre algo hecho a su medida, tiene que renunciar a eso. “La gente que se acomoda se apoltrona y después se fosiliza. Y se le fue la vida”. El objetivo de la existencia no consiste en encontrar un estado inmóvil, sino en tener la paz interior suficiente para resolver las alteraciones de la vida sin frustrarse.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, sábado 16 de agosto de 2008.
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Erick Sánchez. Fotografía: Federico Ríos- El EspectadorLa carta colombiana en el mundo de los computadores
Atleta en programación
Erick Sánchez no se va para Pekín sino para El Cairo a representar a Colombia en la XX Olimpiada Internacional de Informática. Se ha entrenado para eso desde su infancia.
Erick Sánchez nunca imaginó que la curiosidad que tuvo a los cinco años por saber cómo los muñecos de los juegos de computador se movían, saltaban y corrían, sería la que lo llevaría, quince años después, a El Cairo (Egipto) para representar a Colombia en la XX Olimpiada Internacional de Informática que se realizará entre el 16 y el 23 de agosto.
Un concurso en el que participan 80 jóvenes menores de 20 años, representantes de países del mundo entero, quienes deben crear un programa que permita al ordenador resolver tres difíciles problemas matemáticos creados previamente por grandes expertos en la materia.
Para lograrlo, los jóvenes deben manejar perfectamente el lenguaje de programación (el código que se utiliza para comunicarse con el computador y poderle dar instrucciones) y resolver los problemas en tan sólo cinco horas, proceso que deberán repetir, con nuevos ejercicios matemáticos, al día siguiente.
Una jornada agotadora para la que Sánchez, estudiante de segundo semestre de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Nacional, se ha venido preparando arduamente, junto con los estudiantes Rafael Mantilla, Camilo Barraza y Christian Zuluaga, bajo la orientación de los docentes Mario Vicente Cruz, Diego Salas e Iván Arias en jornadas de entrenamiento de lunes a viernes de nueve de la mañana a cinco de la tarde y los sábados hasta el mediodía, durante más de un mes. En ese espacio, sus guías, quienes han participado en concursos similares, los entrenan para contestar problemas parecidos a los que tendrán que resolver en El Cairo.
Sánchez empezó a prepararse para su visita a El Cairo sin saberlo, desde que comenzó a participar en las Olimpiadas Nacionales de Programación en Bogotá, cuando apenas cursaba octavo grado del colegio Técnico Central. A partir de esa fecha continuó concursando anualmente hasta grado once. Las cuatro veces resultó ganador.
El año pasado estuvo en Croacia representando a nuestro país en las Olimpiadas Internacionales. Reconoce que cometió errores de principiante y que se debió haber concentrado en uno solo de los problemas y no en dos. Sin embargo, esa experiencia hizo que se sienta más preparado para este nuevo concurso.
Cuando se le pregunta por el premio que recibe el ganador de las Olimpiadas Internacionales, Sánchez contesta que al afortunado lo becan en una de las mejores universidades del mundo, pero que no tiene claro si le dan dinero. Para él, de hecho, lo importante no es la recompensa sino la satisfacción de concursar. “El orgullo de representar al país y poder quedar bien es suficiente, más que lo que le puedan dar como premio”, dice muy seguro.
Este joven programador, de tan sólo 19 años, confiesa que en una década quisiera poder tener un negocio propio que esté relacionado directamente con los computadores. Claro está, no descarta poder trabajar en grandes empresas como Microsoft.
Eso sí, él mismo sabe que ser programador es algo muy difícil, pues asegura que se puede arriesgar la vida de otras personas, por ejemplo, si se crea un sistema para organizar el cronograma de citas médicas de un hospital. Por eso, tiene claro que debe ser muy organizado y juicioso. Sin embargo, aclara que eso no tiene por qué alejarlo de los ratos de esparcimiento. “No soy el típico nerd apegado a los computadores que todo el mundo se imagina”, explica, “a mí también me gusta ir a rumbear, estar con mis amigos y mi familia. De hecho, es necesario para uno como programador relacionarse con otras personas y conocer sus necesidades”.
Tal y como cuando tenía cinco años, a Sánchez le siguen fascinando los juegos de video. Ya no juega en esos extintos computadores monocromáticos de los años 80, en los que germinó su pasión por la informática, sino en un Play Station. Cuando lo hace, cuenta, muchas veces se pregunta cómo hacer para que los muñecos sean más reales y veloces. Su vena de programador lo persigue a todas partes.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 14 de agosto de 2008.
