domingo, 19 de abril de 2009

Encartados con los cartones

Diego Bermeo y Édgar Chavarro. Fotografìa: David Campuzano-El Espectador

Encartados con los cartones


Los jóvenes menores de 30 años que están saliendo a enfrentarse con el mundo laboral en época de crisis, son llamados la Generación Cero.

Andrea Rodríguez* es una de esas jóvenes emprendedoras que toda empresa, al menos hace algunos años, querría tener en su planta. No sólo fue una de las mejores estudiantes de Ingeniería Industrial de su promoción (año 2004) en la Universidad de los Andes, sino que, además, siempre ha estado interesada en actualizar su conocimiento. Hizo un curso de mercadeo en Londres, trabajó como ejecutiva de cuenta en la banca de empresas del BBVA durante más de dos años, cursó una especialización en mercadeo en el CESA y fue consultora en la compañía de su familia. Luego, volvió al Reino Unido a estudiar una maestría en gerencia en el templo de Economía del mundo: la London School of Economics.

Después de dos años regresó a Colombia, en septiembre del año pasado, dispuesta a vincularse a una compañía en donde pudiera aportarle al país lo que había aprendido. Sin embargo, se topó con una situación que no tenía prevista: las empresas no la recibieron con los brazos abiertos. Al contrario, lleva siete meses buscando trabajo.

Su situación se ha vuelto frecuente entre los jóvenes colombianos. Édgar Chavarro, también ingeniero industrial de los Andes, tiene una historia parecida. Luego de trabajar dos años en Colombia, hizo una maestría en gestión humana y análisis organizacional en el King’s College London, que a pesar de que le ha dado una gran ventaja profesional, también ha resultado una carga, pues su conocimiento lo convierte en una pieza muy costosa para una empresa.

Igual le sucede a Diego Bermeo, quien estudió diseño industrial en la Universidad Javeriana, hizo una maestría en Dirección de Arte para Cine y Televisión en la Universidad de Buenos Aires y desde hace más de tres meses está buscando trabajo.

Todos ellos pertenecen a la llamada Generación Cero, que pasará a la historia como parte de los daños colaterales del capitalismo. A pesar de no estar inscrita en un libro de psicología, ni en un manual de campo para el científico social, sus desafortunados miembros crecen cada día y se cuentan por miles en cada país. Su nombre no podría ser más adecuado: cero trabajo, cero ingresos, cero oportunidades, cero de todo; en últimas, esta es la generación de las ausencias, de la escasez inminente.

Sin embargo, la escasez es, al mismo tiempo, abundancia. A todos estos jóvenes les sobra frustración. A una corta edad han acumulado una amplia experiencia en decepciones. Asimismo, son expertos en el milenario arte de esperar; más que un grupo de profesionales desempleados, ellos son un colectivo de esperadores.

Lo que dicen los jefes

Los jóvenes menores de 30 años que trabajan en la empresa de Camilo Montoya, gerente de Invista Lycra Colombia, son personas bien preparadas, dice él, con un alto nivel de inglés y con estudios de MBA patrocinados por la misma empresa. Para el mal momento por el que está pasando el empleo en Colombia, parecería una ilusión que una compañía patrocinara los estudios de sus trabajadores jóvenes porque tiene la convicción de que serán el relevo de las viejas generaciones. En Invista Lycra es una realidad, pero son muy pocos los que tienen este privilegio y muchos, muchísimos, los que a diario tocan sus puertas porque quisieran hacer parte de ese reducido grupo.

“Viene gente muy preparada que no estamos en condiciones económicas de remunerar. Y el mayor problema son las aspiraciones con las que llegan, sus expectativas son mucho más altas de lo que se les puede pagar”, dice Montoya. Esa es quizá una de las condenas de la Generación Cero, y la tragedia se vuelve aún más trágica cuando los jóvenes de múltiples títulos no tienen experiencia en el campo.

Marta Moreno, gerente de desarrollo social de Asocolflores, asegura que esa combinación es fatal para los que están en la tarea de conseguir un trabajo. “En general, siempre ha habido una resistencia a contratar jóvenes, por la falta de experiencia —asegura Moreno—. Muchos no hacen prácticas en la etapa de estudio y llegan sin saber cómo aplicar lo que aprendieron. Hace falta que las universidades preparen a sus estudiantes para enfrentar el mundo laboral”.

Para el padre Joaquín Sánchez García, rector de la Universidad Javeriana, es claro que una empresa siempre va a decir que los profesionales no se preparan bien en las universidades, “un argumento que, en el fondo, es la excusa perfecta para pagar un salario bajo”.

Pero aclara que siempre será mejor para un estudiante cursar una maestría, puesto que es una herramienta que le dará más posibilidades de ingresar en el mundo laboral. “Es más grande el número de personas desempleadas que tan sólo tienen un pregrado”, asegura, idea que sustenta un estudio reciente del Observatorio del Mercado del Trabajo de la Universidad Externado de Colombia.

Consejos para no ser Cero

Primero. Darío Montoya Mejía, director general del Sena, cree tener la receta para que los menores de 30 años no queden atrapados en la infortunada Generación Cero. Dice, por ejemplo, que el joven de hoy que quiera tener éxito en su búsqueda laboral debe ser un “emprendedor con conceptos de innovación”. Ese, asegura Montoya, es un requisito ineludible.

Segundo. El uso de las tecnologías. “Deben ser jóvenes que comprenden la evolución y los cambios tecnológicos. Las bases teóricas que tienen hoy no les van a servir de nada en unos dos o tres años si no las combinan con las nuevas tecnologías”, asegura Montoya, y agrega que esa virtud, en pocas palabras, significa “anticiparse a las necesidades”.

Tercero. Inclinarse por las carreras del presente y del futuro. El director del Sena señala cuáles son esos oficios que no están en vía de extinción y sobrevivirán a la crisis global. “El desarrollo de software y redes, la construcción, la operación de redes de conectividad, las biotecnologías vegetal y animal, los programas de sistemas de información, la animación. Otro sector que sigue muy fuerte es el de los call centers y contact centers. Una compañía de estas puede estar vinculando unas 200 personas al mes”.

Los miembros de la Generación Cero también comienzan a fraguar, en su espera, los planes B que pueden sacarlos de la incertidumbre en que se encuentran. Si, como dice Andrea Rodríguez, “Colombia no está aprovechando a sus profesionales”, entonces hay que buscar un lugar en donde sí lo hagan. Por eso ya muchos están pensando en migrar.

Por su parte, Édgar Chavarro considera que los jóvenes no deben continuar con el círculo vicioso de aceptar cualquier salario y ser un empleado más. Por eso, cree que la mejor opción es empezar a crear una nueva empresa que pueda tener unas condiciones favorables para aceptar a los de la llamada Generación Cero.

Al final del día, después de haber mandado varias hojas de vida, sólo queda el hastío para quienes invirtieron años y dinero en formarse para encontrar que sus cartones no sirven para nada. “Yo quería volver a hacer cosas interesantes, pero esto ahora ya no me importa. Mejor me voy si no consigo nada”, concluye Andrea Rodríguez.

* Nombre cambiado

Lucía Camargo y Santiago La Rotta

Publicado en El Espectador, domingo 19 de abril de 2009.

sábado, 18 de abril de 2009

El profesor de la paz

Claudio Naranjo. Fotografìa: Óscar Pérez-El Espectador

El profesor de la paz

La historia del chileno Claudio Naranjo.

Cuando se trata de recopilar la historia de Claudio Naranjo es difícil saber por dónde empezar. Es médico, pero le coquetea a la educación, a la psicología y a aprendizajes que poco o nada tienen que ver con la enseñanza tradicional. Quizás esa constante búsqueda de una piedra filosofal, una verdad que sirva para vivir, ha sido la culpable de que ahora pueda decir “hoy estoy dando fruto”. En su visita al II Foro Internacional de Educación para la paz, que se realizó ayer en la U. Javeriana, en Bogotá, Naranjo transmitió las conclusiones que ha podido atrapar acerca del tema a lo largo de su vida.

Su historia comienza con una inquietud e interés por la ciencia y la biología. En ese momento, plenos años 50, explica, no había una facultad de ciencias en Chile, de donde es oriundo. Por eso entró a estudiar medicina. Pero la ciencia de las enfermedades lo decepcionó, así como la forma de pensamiento científica. Su luz en medio del camino fue una clase de psiquiatría que le impactó tanto como para decidirse a terminar la carrera.

Afortunadamente, confiesa, paralelo a sus estudios profesionales, tuvo la oportunidad de entablar una amistad profunda con Tótila Albert, reconocido escultor chileno, quien fue su padre espiritual durante varios años.

Pero su vacío no se acababa de llenar. Por eso migró a la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, con la esperanza de encontrar otro maestro o terapeuta. Y se le hizo el milagro, pues se convirtió en discípulo, nada más y nada menos, que de Fritz Perls, el creador de la terapia Gestalt, quien junto con otros intelectuales de la época visitaba continuamente el Instituto Esalen, una organización que, en palabras de Naranjo, era “un caldo de cultivo de cosas novedosas”.

Sin duda alguna, Esalen es una influencia fundamental en su proceso. Sin embargo, fue Oscar Ichazo, maestro de una escuela cristiana esotérica de Afganistán, quien realmente le cambió la vida. Ichazo pasó unos días por Chile y Naranjo viajó a Suramérica con el único propósito de conocerlo. Con él se adentró durante 40 días en pleno desierto. “Fue un nacimiento espiritual, se me abrió la posibilidad de una vida contemplativa verdadera”, recuerda.

Después de este momento de revelación decidió enseñar todo eso que había picado de tantos lugares tan disímiles. Pero sólo fue hasta 1.987, en España, que nació el programa SAT el cual, en principio, iba dirigido a los terapeutas, pero cuya pertinenecia en el área educativa se empezó a evidenciar con el correr de los años.

En síntesis, Naranjo lleva 10 años militando por la transformación de la educación. “Los maestros están adiestrados para trasmitir información. En cambio, en la antigüedad, era la familia quien enseñaba sobre la vida a través de los aprendizajes de oficios. Esa era una mejor forma de educar. Hoy en día es exagerada la academización del mundo”.

Para el chileno tanto en Colombia como en la sociedad occidental en general hace falta que se considere a la educación como una vía para lograr el desarrollo armonioso de la persona. “Los profesores deberían fomentar el desarrollo no sólo del intelecto sino también de la parte emocional e instintiva, de tal forma que los estudiantes crezcan como personas felices, hecho que, a largo plazo, produciría una sociedad en paz”, concluye.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 16 de abril de 2009.

jueves, 9 de abril de 2009

La magia del cerebro

Juan Daniel Gómez. Fotografìa: Diana Sánchez-El Espectador

La magia del cerebro

Las técnicas usadas por los magos durante siglos son materia prima poderosa para los estudios de los neurocientíficos, quienes intentan comprender mejor el comportamiento de este órgano.

Sostiene cuatro jokers que descienden y ascienden sin dificultad desde la mesa cubierta por un mantel negro hacia sus manos. Sus dedos y brazos se mueven ágilmente, de tal forma que su discurso, rápido y divertido, se entremezcla armónicamente con el acto que el público ansía ver. Tiene el pelo largo y rizado, y sobre su cabeza sostiene un gorro rojo, muy parecido al del sombrerero de Alicia en el país de las maravillas. Así como ocurre en la historia de Lewis Carrol, el mago busca lograr que las cartas cobren vida.

El público las revisa una por una. No tienen nada de raro. Ningún chip. Ninguna compuerta. El mago Hernán Maccagno pide que le digan un número de uno a diez. “Siete”, se logra acordar finalmente en medio de los gritos. De pronto, sin que nadie lo espere, voltea cada una de las cartas, que ya no son jokers sino un siete de corazones, uno de tréboles, otro de diamantes y un último de picas. Los asistentes aplauden.

“Pero ¡qué raro!”, comenta Maccagno. “Porque ahora, poco a poco, las cartas parecen volverse nada. Y cuando digo nada, es nada de nada. Es como si se evaporaran”. Y es que, de pronto, el mago ya no sostiene ninguna de las cartas, que parecen haberse esfumado de la mesa. El público aplaude y se tranquiliza porque otra vez aparecen, pero ahora son tres y ahora tan sólo dos. Y, al final, no queda ninguna. El mago, quien obtuvo el primer Premio Latinoamericano de Magia de Cerca Flasoma 2004, ha vuelto a sorprender a sus asistentes, quienes se preguntan ¿cómo es eso posible?

Magia y ciencia

Juan Tamariz, reconocido mago español, ha definido la magia en tan sólo dos palabras: es el imposible fascinante. Tan fascinante que los espectadores se mantienen en vilo siguiendo los pasos del mago, y tan imposible que los científicos se rompen la cabeza tratando de clasificarla, analizarla y entenderla.

Según Juan Daniel Gómez, coordinador de neuropsicología de la Universidad Javeriana, las primeras investigaciones que empezaron a tomar la magia como un objeto de estudio, que datan del siglo XIX, se acercaron más a las teorías psicológicas y fallaron por no tener una base empírica u orgánica. “Hoy en día sabemos que los procesos atencionales están soportados por estructuras cerebrales muy específicas y que están relacionadas con fenómenos sensoriales y perceptuales que tienen una base biológica muy bien estudiada. Las investigaciones anteriores eran poesía y palmaditas en el hombro, en cambio, las actuales son mucho más científicas”, advierte el neuropsicólogo.

Gómez se refiere a los recientes estudios de los llamados neurocientíficos, quienes, en los últimos cuatro años, se han interesado en tomar los trucos de magia como una herramienta de investigación, pues consideran que la base de estos mecanismos puede ser mejor comprendida desde su disciplina de conocimiento. Así lo explica un artículo reciente publicado en la revista Nature y realizado por los neurocientíficos Stephen L. Macknick y Susana Martínez-Conde en colaboración con los magos Mac King, James Randi, Apollo Robbins, Teller y John Thompson.

“Los magos son, antes que nada, artistas de la atención y la conciencia. Manipulan el foco y la intensidad de la atención humana, controlando, en cada instante, de lo que somos conscientes y de lo que no. Lo logran, en gran medida, empleando combinaciones de ilusiones visuales, ópticas, efectos especiales y artefactos mecánicos”, explican Macknick y Martínez-Conde en una versión actualizada del mismo estudio publicada en Scientific American Magazine.

Sin embargo, el instrumento más versátil de estos genios de la atención consiste, de acuerdo con estos investigadores, en su habilidad para crear ilusiones cognitivas que, al igual que las visuales, enmascaran la percepción de la realidad física. No obstante, se diferencian de estas últimas en que no tienen relación con la sensibilidad sino más bien con funciones como la atención, la memoria y la deducción por causalidad. Con estas herramientas a su disposición, los magos logran que hasta al científico más prestigioso le sea imposible revelar lo que realmente está sucediendo, dejando claro que la única explicación posible es que los eventos ocurran por arte de magia.

A la caza de la magia

Los magos, explican Macknick y Martínez-Conde, enfocan la atención de la audiencia hacia el efecto y no hacia el método, el secreto detrás del efecto. Para lograrlo usan, entre otras, dos estrategias principales. La primera consiste en enviar la mirada del espectador lejos del truco, por ejemplo, preguntándole por un objeto en particular que se encuentre en otra dirección. Aunque la segunda también busca dirigir el foco de atención del público lejos del método, lo logra sin que el espectador deba redirigir la mirada. En ese sentido, la audiencia puede estar viendo directamente hacia el método detrás del truco sin ser consciente de éste.

La neurociencia cognitiva llama a este fenómeno ceguera a los cambios: la persona no nota que algo en la escena es diferente a como era antes. Aún hasta las alteraciones más dramáticas pueden no ser notadas si se dan, por ejemplo, durante un parpadeo. Es una técnica especialmente utilizada en los juegos de cartas, como el que emplea Maccagno. Un ejemplo asombroso de esta situación puede observarse en el video que se encuentra en Youtube realizado por el psicólogo y mago Richard Wiseman, en el que se demuestra cómo los espectadores no notan los cambios de color que se dan por fuera de la grabación.

Los magos también aprovechan que el público no percibe objetos que no esperaban, aún cuando sean completamente visibles, un fenómeno que es conocido como ceguera inatencional. Los psicólogos Daniel Simons y Christopher Chabris, de la Universidad de Harvard, idearon un experimento que lo demuestra. Pidieron a un grupo de personas contar cuántas veces un equipo de baloncesto conformado por tres individuos se pasaba una pelota. Mientras contaban, la mitad de los espectadores ignoró que una persona con una camiseta de gorila atravesó la escena. No hubo que crear ninguna distracción para que este efecto se diera, había un público tan absorto en su ejercicio que no vio al intruso.

Los anteriores son ejemplos de ilusiones cognitivas que son altamente aprovechadas por los magos y ahora estudiadas por los neurocientíficos. Eso sí, Macknick y Martínez-Conde aclaran que uno de los corolarios más importantes en el mundo de la magia consiste en que si el mago ejecuta el mismo truco dos veces hacia la misma audiencia, es bastante probable que ésta identifique el método detrás del efecto. El intruso con camisa de gorila se vería en una segunda prueba.

Del mismo modo, explica el neuropsicólogo Juan Daniel Gómez, el 98% de los asistentes no ve el truco, por eso el 2% restante tiene una alta probabilidad de convertirse en mago. “Es probable, comenta Maccagno, aunque cualquiera que realmente esté interesado puede serlo. Sin embargo, a mí no me gusta hablar de truco, sino más bien de juego, porque truco se relaciona con engaño, mientras que juego tiene que ver más con una ilusión”. Y añade que “la diferencia radica en que el neurocientífico estudia el funcionamiento del cerebro para saber cómo funciona, mientras que nosotros estudiamos su funcionamiento para poder lograr emociones”.

Macknick y Martínez-Conde resumen esta idea de la siguiente forma: “El mago busca explotar la debilidad cognitiva”. Y añaden que las técnicas desarrolladas por los magos durante siglos pueden ser pruebas útiles sus manos. Pues permiten explorar las bases neuronales de la atención y la conciencia que pueden servir para diagnosticar y tratar pacientes que sufren de deficiencias cognitivas específicas, como déficit de atención por un trauma en el cerebro o el déficit de atención e hiperactividad y hasta enfermedades como el Alzaimer. Un universo repleto de posibilidades que, si se quiere, también forman parte del imposible fascinante.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 2 de abril de 2009.

Escriba de la memoria de los pueblos

Alicia Dussan en Ráquira/1960. Fotografía: archivo Inés Reichel

Escriba de la memoria de los pueblos

“Anoten este día, porque no volverán a ver a una vieja como yo montada en un parapente”, dijo Alicia Dussan, primera antropóloga colombiana, a sus 83 años antes de lanzarse a volar en Bucaramanga, un acto que recoge su valentía y tenacidad que, junto con su inteligencia y trabajo investigativo, la han hecho merecedora del homenaje que este miércoles le rinde la Universidad Nacional.

Dussan cursó su bachillerato en el Gimnasio Femenino de Bogotá en donde surgió su interés por la diversidad cultural existente en el planeta, luego de leer el libro Los niños de otros países. Una inquietud que desembocó en su preocupación por entender por qué unas culturas del mundo se sienten superiores a otras.

En 1940 comenzó a estudiar Derecho en la U. Nacional, interesada en cursar las materias de ciencias sociales que allí se impartían. En 1941 se retiró de la Facultad de Derecho e ingresó al Instituto Etnológico Nacional, que acababa de inaugurarse.

Su compañero de viaje y trabajo fue el austriaco nacionalizado en Colombia Gerardo Reichel-Dolmatoff, con quien se casó y emprendió una serie de expediciones por todo el país, especialmente en la costa colombiana, que tuvieron como resultado trabajos antropológicos, etnográficos y arqueológicos exhaustivos que han sido elogiados por científicos de todo el mundo.

En 1960, la pareja Reichel decidió regresar a Bogotá y Alicia ingresó al Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento. Cuatro años después fundaron la carrera de Antropología en la U. de los Andes. En 1967, Dussan fue asesora técnica del Museo de Oro y en 1970 fue nombrada Jefa de la División de Museos y Restauración del Instituto Colombiano de Cultura. Actualmente es la única antropóloga de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Alicia Dussan es, en palabras de Gerardo Ardila, uno de sus colegas más cercanos y director del Instituto de Estudios Urbanos de la U. Nacional, “una científica plena, inquisidora, siempre interesada en aprender. Es el símbolo de la mujer liberal al superar los obstáculos que como mujer tuvo en la época y entregar un trabajo antropológico y cultural fundamental para nuestro país”.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, miércoles 1 de abril de 2009.

Libertad bajo palabra

Reclusión de mujeres de Cali. Fotografía: Carlos Julio Martínez-El Espectador

Libertad bajo palabra


El Ministerio de Cultura promueve talleres de escritura para reclusos.

Fue un momento en que la rabia se apoderó de ella. Esa mujer había estado diciendo a diestra y siniestra que estaba embarazada de su esposo. Y no contenta con semejante difamación, se había encargado de agredirla verbalmente una y otra vez. Mariela García Agudelo cogió una de las armas de su marido dispuesta a quitarle la vida a esa mujer que tanto la amargaba. Y lo logró. Hoy en día está pagando una condena por homicidio en la Reclusión de Mujeres de Cali.

Por siete años trató de evadir esa responsabilidad huyendo de la justicia. Tuvo que mentir y aguantar el escarnio público. Hasta que finalmente ingresó a la cárcel. “No puedo comparar ni uno de los días que estuve en la calle a los cuatro años que he estado acá”, afirma. Ha sido en la reclusión en donde ha recordado eso que tanto se empeñaba en olvidar y lo ha enfrentado. Al punto de que fue allí donde tomó la decisión de plasmar en papel su historia.

Duró cuatro semanas escribiendo, bajo la luz de la luna, pues en la reclusión apagan la luz eléctrica a las nueve de la noche. “Como yo dormía en la parte alta de un camarote, alcanzaba a llegarme un rayito de luz que atravesaba la ventana. Me quedaba hasta las dos o tres de la mañana escribiendo. Me concentraba en el silencio de la noche. Hubo dolor, hubo lágrimas. Uno vuelve a vivir el momento en que falló. Pero siento satisfacción de que otros lean mi historia y aprendan de mi error, de tal forma que nunca se dejen llevar por la rabia”, comenta.

El texto de Mariela será publicado, junto con el de otros reclusos de todo el país, en un libro que recopilará los escritos realizados el año pasado en los talleres “Libertad bajo palabra”, que ejecuta la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa (Renata), una de las ramas del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas del Ministerio de Cultura.

Los talleres fueron creados por el escritor caleño José Zuleta en 2005, luego de ver el interés de los reclusos por escribir. Desde el año pasado fueron acogidos por Renata y acompañan el proyecto de “convertir a Colombia en un país de lectores”, objetivo primordial del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas.

Por supuesto, el napoleónico proyecto también incluye a los reclusos, quienes forman parte, desde abril del año pasado, de la segunda etapa del plan. Con el aval del entonces director del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), el general (r) Eduardo Morales, se dio rienda suelta a la iniciativa de la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, de llevar la lectura a los establecimientos de reclusión. Siete de ellos, ubicados en Medellín, Barranquilla, Cali, Popayán y Acacías, han formado parte del plan piloto. Se espera que este año también se llegue a Quibdó, San Andrés, Tumaco, Leticia, el Guamo, Pereira y Manizales.

De esta forma, finalmente, se podrán cobijar los 140 establecimientos de reclusión que tiene el país. Aunque todos ellos cuentan actualmente con bibliotecas, sus colecciones están desactualizadas y carecen de un adecuado proceso de gestión bibliotecaria. El Plan Nacional busca dotarlas con libros nuevos, que respondan a los intereses de los reclusos y, además, mantener un adecuado proceso de promoción de lectura.

Bibliotecas en las cárceles

La Reclusión de Mujeres de Cali es el único establecimiento en donde se encuentra funcionando la nueva biblioteca, dotada con 700 volúmenes previamente sistematizados, un computador con un software especializado en préstamos bibliotecarios, un DVD y un televisor, así como maletas de cine colombiano y de promoción de lectura, donados por el Ministerio de Cultura y estantes aportados por el Inpec. Mañana se hará el acto de entrega de otra biblioteca en el Establecimiento Penitenciario y Carcelario Bellavista, en Medellín.

En Cali, son las mismas internas, entrenadas por funcionarios de la Biblioteca Nacional, quienes se encargan de la gestión bibliotecaria: “Conocen perfectamente cada uno de los volúmenes que allí se encuentran, manejan el software para préstamo e incentivan la lectura en sus compañeras”, explica Luz Adriana Martínez, coordinadora del proyecto de implementación de servicios bibliotecarios en establecimientos de reclusión.

Meiser Serna Guevara es una de las cuatro reclusas encargadas de administrar la biblioteca. “Las internas están pendientes de todo lo nuevo que llega”, cuenta emocionada. “Uno les entrega un libro y ellas tienen entre 10 y 12 días para devolverlo. Cuando veo que se interesan por algún título en particular les recomiendo que se lleven otro”. Por ello, los libros están en constante movimiento en esta reclusión. Su directora, Claudia Patricia Giraldo, explica entusiasmada que se están prestando, en promedio, 225 libros diarios para las 337 internas.

Ruby García consulta continuamente la biblioteca. No sólo por encontrar libros para entretenerse sino para cumplir con los deberes que le exige su carrera de Administración, que cursa en la Universidad Nacional a Distancia. “Me sorprendió mucho encontrar el libro Planeación estratégica para parejas porque muestra que la relación de pareja es un negocio más. Recomiendo a la gente que se lo lea”. Y agrega que entrar en el mundo de la lectura ha sido fundamental en su vida porque está convencida de que “a uno lo condena la ignorancia”.

La biblioteca, además, cuenta con unos carritos exhibidores que trasladan los libros a cada uno de los ocho patios. Los préstamos en este caso no se hacen con el software, sino a partir de una lista hecha a mano que llevan con esmero las bibliotecarias, quienes deben rotar los vehículos todas las semanas, de tal forma que en cada patio haya variedad de títulos.

Lectura y escritura

Fue en medio del encierro que Cervantes comenzó la ejecución de la obra más importante para la literatura hispánica: Don Quijote de la Mancha. ¿Es que acaso la musa inspiradora llega más fácilmente a los sitios de reclusión? Ejemplos como el de Cervantes, Oscar Wilde, Jean Genet y hasta el colombiano Álvaro Mutis parecen confirmarlo. Y textos como la autobiografía de Mariela García Agudelo demuestran la posibilidad terapéutica que tiene la escritura en los internos.

“El proceso lleva la lectura y la escritura amarradas”, explica José Zuleta, encargado de coordinar los talleres de “Libertad bajo palabra”. “Como están escribiendo, tienen que averiguar cosas a través de diccionarios y enciclopedias. Si hacen una crónica, por ejemplo, los motivo a leer Música para camaleones de Capote”. Y agrega que el objetivo de los talleres no consiste en redimir a nadie. “Con el proyecto buscamos que ellos tengan en la literatura una herramienta para mirar lo que son, para comunicarse con sí mismos. En ese ejercicio de confrontación, de releer la vida que han tenido, asumen actitudes nuevas”.

Precisamente, el caso de Mariela parece confirmar esta teoría, pues en su autobiografía demuestra su arrepentimiento:

De ahí en adelante me consideré como una canalla, una delincuente. Marqué mi vida con esta difícil situación por culpa de que dejé y permití que estas personas destrozaran mi vida. La ignorancia nos afectó a tantas personas, este error mucho más; los más afectados fueron sus hijos y los míos. Porque ella se fue de este mundo y ya está en su lugar. Yo estoy en una cárcel compurgando una pena. Pero los que están sufriendo por culpa de nosotras son los hijos ya que les falta esa persona tan importante (la mamá, ella muerta y yo secuestrada por la justicia) (sic).

Mariela ya empieza a escribir la segunda parte de su historia, en la que describirá su vida en el encierro que se prolongará por ocho años más. No le importa porque, como ella misma escribió en su narración, cuando trató de evadir su responsabilidad día tras día se me hacía más pesada la carga. Prácticamente es mejor estar aquí pagando y no huyendo. Está uno en la cárcel allá afuera.

El señor de los anillos

No media más de metro y medio. Su diminuta estatura hacía juego con una sonrisa libre de dientes a la que acompañaba una cicatriz que atravesaba todo su rostro. Era de esas personas que, con su sola presencia, emanan una sensación de miedo. Su tesoro: una serie de anillos que se pone en cada uno de los dedos de las manos, por los cuales le dicen ‘el señor de los anillos’.

Esa imagen, que parece caracterizar a uno de los hobbits descritos hábilmente por Tolkien, es la que retiene en su memoria Angélica Manrique, voluntaria de la Fundación Entre Libros y Lectores, de su primer encuentro con uno de los 60 reclusos que fueron parte del programa “Gente y Cuentos Colombia”, ejecutado por distintas organizaciones colombianas interesadas en promover la lectura.

Manrique, junto con Catalina Unigarro, desarrolló un programa de ocho sesiones de lectura de cuentos en la Cárcel Distrital, en Bogotá. “Al principio, ‘el señor de los anillos’ me intimidaba. Pero en la medida en que avanzábamos en las sesiones comenzamos a conocerlo y a ver que era una persona común y corriente”, recuerda.

El programa, que se viene implementando en Estados Unidos hace más de tres décadas y que el año pasado llegó a Colombia, tiene una metodología sencilla. Un facilitador lee un cuento y luego comienza a preguntar sobre su temática, de tal forma que se genere un intercambio de ideas y opiniones que, inicialmente, se dan alrededor del cuento, pero que fácilmente desencadenan una discusión en torno a las peripecias de la vida.

Al principio, ‘el señor de los anillos’ no participó en ninguna de las discusiones. Sin embargo, fue Julio Cortázar quien lo despertó de su letargo. Luego de leer Casa tomada el recluso habló. La historia de Irene y su hermano hizo que recordara a su propia familia. Así, reveló al grupo que tenía una esposa y dos hijos y expresó su nostalgia por no poder compartir con ellos.

En la siguiente sesión, después de leer El recado de Elena Poniatowska, habló sobre la correspondencia que había mantenido a lo largo de los años con su familia. Confesó que les había mentido sobre su condición años atrás, cuando había estado en otra cárcel. Para mitigar su culpa les escribía cartas en donde decía estar perfectamente, a pesar de que sentía un profundo deseo de verlos. Nunca lo visitaron, por supuesto.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 19 de marzo de 2009.

Retratos ambientales

Carolina Figueroa. Fotografía: David Campuzano

Retratos ambientales

Carolina Figueroa capturó la esencia de uno de los lugares más bellos del país: el Parque Eólico Jepírachi, en La Guajira.

Carolina Figueroa estudió Ciencia Política porque tenía ganas de transformar el país. Aunque hoy en día piensa que es un sentimiento ingenuo, en la medida en que un estudiante de colegio no alcanza a dimensionar la complejidad de la política, sí considera que se pueden hacer cambios importantes. Un anhelo que ha demostrado al integrar su pasión por la política con su interés por la fotografía y la problemática ambiental en una exposición de retratos del Parque Eólico Jepírachi, ubicado en La Guajira, que se exhibe hasta el 31 de marzo en la sesión anual del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza.

Figueroa, quien recibirá su cartón de politóloga de la Universidad Javeriana en mayo, decidió investigar sobre la problemática ambiental para su trabajo de grado, luego de haber empezado a acercarse al tema en Toulouse, Francia, cuando realizaba un intercambio en el Instituto de Estudios Políticos, y de haber hecho una pasantía en el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en Bruselas.

“En Bélgica tuve la oportunidad de asistir a las reuniones de los gobiernos europeos y ver cómo se tomaban las decisiones en materia ambiental”, cuenta emocionada Carolina. Por eso no dudó en investigar, al volver a Colombia, sobre el tema que más le había llamado la atención: el cambio climático. El caso del Parque Eólico Jepírachi le resultó interesante por estar enmarcado con los parámetros ambientalistas que tanto había estudiado.

El parque, inaugurado el 21 de diciembre de 2003, se especializa en la generación de energía eólica. Por lo tanto, es un lugar que produce energía limpia, sin emisiones de carbono, que son perjudiciales para el medio ambiente. Para que el parque pudiera ser construido, Empresas Públicas de Medellín (EPM) tuvo que pedir permiso a los indígenas wayúu, quienes son los dueños del territorio. La comunidad autorizó su ejecución a cambio de que les hicieran obras de compensación como una planta desalinizadora y seguimiento nutricional a los niños. Precisamente fueron las relaciones entre EPM y la comunidad wayúu relacionadas con la problemática del desarrollo sostenible lo que Figueroa investigó y retrató con su cámara fotográfica.

Las fotos se exponen junto con las de 12 jóvenes de diferentes países del mundo que también registraron la forma como el cambio climático afecta a las comunidades. Ellos, al igual que Carolina, participaron del concurso “Turning the Tide”, organizado por el British Council.

Mientras tanto, Carolina se dedica a reunir los papeles necesarios para crear una fundación que investigue temas ambientales y espera que sus fotos no sólo se exhiban en Ginebra sino también, a finales de este año, en la reunión que se llevará a cabo en Copenhague para decidir el futuro del Protocolo de Kyoto.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, miércoles 11 de marzo de 2009.

Tras las leyes de la vida

Geoffrey West. Fotografía Federico Ríos-El Espectador

Tras las leyes de la vida

Geoffrey West se ha dedicado a buscar fórmulas matemáticas que expliquen los fenómenos de nuestro planeta. Esta semana explicó su teoría en la U. de los Andes.

Cuando tenía 11 años, Geoffrey West se trepó en uno de los acantilados de las costas de Inglaterra. Desde allí podía divisar fácilmente cómo los barcos se perdían en la línea que divide el mar del cielo, una imagen que lo devolvió a una de sus clases de matemáticas, en la que el profesor preguntó si era posible determinar qué tan lejos está el horizonte. Ante el silencio de sus alumnos, el maestro reveló una ecuación a partir de la cual se puede obtener la cifra.

West recordó esta enseñanza y pensó en lo increíble que era que el mundo se pudiera medir a partir de fórmulas matemáticas. Tanto así que para él hoy en día, y casi sesenta años después, las matemáticas y la física son la forma de explicar el comportamiento de nuestro planeta, son el lenguaje del universo y su religión.

West trasladó esta manera de pensar a la biología y a las ciencias sociales. Junto con otros colegas del prestigioso grupo de investigación del Santa Fe Institute, en Estados Unidos, desempolvó una ecuación que en los años 30 creó Max Kleiber para entenderla y ampliarla. El resultado: una fórmula que explica cómo cualquier fenómeno biológico obedece a una ley establecida, relacionada con la masa del organismo y la cantidad de energía que éste consume.

Palabras más, palabras menos, esto implica que entre más grande es un animal, necesita menos energía para mantener sus tejidos. Por eso un elefante se mueve con menos agilidad y de forma más pausada que un ratón y, además, tiene un pulso de vida más lento. El corazón del ratón late más veces por segundo que el de un elefante, pero, al final de su vida, los dos mamíferos completan el mismo número de latidos, lo cual significa que los animales pequeños consumen su vida más rápido.

Desde 1997, año en que West y sus colaboradores publicaron su primer artículo al respecto, el grupo de investigación se ha dedicado a perfeccionar y ampliar el modelo a todos los ámbitos posibles: las células, el sistema cardíaco, el cerebro y hasta las mismas ciudades. Tanto así que, para West, de llegar a existir vida en otros planetas, es bastante probable que se desarrolle bajo las mismas leyes que han encontrado en la Tierra.

Sin embargo, el equipo ha demostrado que en las ciudades ocurre un fenómeno que no tiene comparación en el mundo biológico: ya no se observa que entre más grande sea un sistema (como el elefante), trabaje de forma más lenta. Todo lo contrario. Cada vez que una ciudad aumenta de tamaño, las actividades que allí se realizan (como las llamadas telefónicas o las citas de trabajo) se ejecutan en un menor tiempo.

West, que en 2006 fue nombrado como uno de los cien hombres más influyentes del mundo por la revista Time, expresa su preocupación ante los datos que han ido recogiendo: “La vida es más rápida y, además, hay que innovar más rápido, una situación que se vuelve insostenible matemáticamente, lo que ya se empieza a vislumbrar en el mundo actual. De seguir así, en algún momento las ciudades colapsarán”, sentenció durante una conferencia que dictó esta semana en la Universidad de los Andes, en Bogotá.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 26 de febrero de 2009.

Soldado de la infancia

Fotografìa: Archivo particular Ishmael Beach

Soldado de la infancia


Ishmael Beach, sobreviviente de la guerra civil de Sierra Leona, es hoy un importante defensor de los niños que han sido afectados por el conflicto.

Ishmael Beach apenas tiene 28 años y ya lo han invitado a representar, en numerosas ocasiones, a organizaciones como Unicef y Human Rights Watch en la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de intervenir a favor de los niños que han sido afectados por la guerra alrededor del mundo.

Y es que los menores son la constante preocupación de este joven, quien se ha dedicado exclusivamente a que ellos sean los protagonistas de la agenda de los distintos gobiernos. Una lucha que tiene su origen en su propia experiencia, pues Ishmael es uno de los tantos niños del mundo que se han visto inmersos en la brutalidad de una guerra.

Durante su infancia, Beach vivió en un pueblo pacífico de Sierra Leona sin mayores preocupaciones. Aunque no tenían electricidad, él era feliz rodeado de su familia, sus compañeros de colegio y los constantes partidos de fútbol. Sin embargo, esa tranquilidad se disolvió con el estallido de una guerra civil y el posterior asesinato de sus seres queridos.

Junto con otros niños que también quedaron solos en medio de las balas, Ishmael buscó refugio en la base militar. Pero allí se necesitaban con urgencia más soldados, así que los pequeños fueron forzados a pelear en una guerra que no era la suya.

Dos años después, Ishmael fue removido del ejército por la Unicef y fue llevado a un hogar de rehabilitación en Freetown, la capital de Sierra Leona, en el que vivió hasta el año 1996. Su vida dio otro giro cuando ganó una competencia que le permitió contar su historia, y la de los demás niños de Sierra Leona, en Naciones Unidas. Allí Laura Simms, una narradora profesional, lo oyó y decidió adoptarlo. Así que en 1998 Beach se trasladó a vivir con su nueva familia a la ciudad de Nueva York.

Durante dos años se dedicó a finalizar sus estudios de bachillerato en el Colegio Internacional de Naciones Unidas y posteriormente estudió Ciencia Política en el Oberlin College, en Ohio. Durante esta época universitaria decidió escribir un libro en el que pudiera contar los detalles de su experiencia y enfatizara en la posibilidad que tienen los niños de salir de la guerra y recuperar sus vidas.

“Los niños que no tienen familia o un lugar a dónde llegar son muy vulnerables y fáciles de manipular por las personas que están involucradas en un conflicto armado. Por ejemplo, cuando estuve en la guerra, mis compañeros se convirtieron en mi familia, pues, como había perdido a mis padres y hermanos, traté de reemplazarlos. Sin embargo, así como son de vulnerables, los niños también tienen la posibilidad de cambiar el rumbo si se les ayuda a tiempo”, explica Beach.

Y su historia da fe de ello. Pues, hoy en día, desde su propia fundación y organizaciones como Naciones Unidas sigue luchando por lograr que los niños de Sierra Leona, y del mundo entero, puedan tener una vida digna. Por ejemplo, incentivó a los habitantes de su país natal a construir un colegio con sus propias manos, de tal forma que todos sintieran que eran dueños de lo que hacían.

Gracias a su experiencia es capaz de afirmar que países como Francia e Inglaterra están adelantando avances interesantes en materia de derechos de los niños, al igual que diversas ONG y personas particulares. Sin embargo, es enfático en afirmar que aún falta mucho por hacer.

“Es necesario crear leyes más severas y voy a luchar hasta el cansancio para lograrlo. Creo que los países que están en guerra son los más reacios a ayudar porque no quieren ser acusados de que no están cuidando a los niños”, afirma este joven, quien, a pesar de viajar por todo el mundo buscando donaciones y reviviendo la historia de miles de niños, quiere, algún día, volver a vivir en Sierra Leona, país que, finalmente, considera como su hogar.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, domingo 22 de febrero de 2009.

A la caza de vida extraterrestre

Misión Kepler. Fotografía: NASA

A la caza de vida extraterrestre

La Misión Kepler, de la Nasa, buscará planetas cuyas características sean favorables para que exista vida. Un proyecto que pretende definir si somos o no una excepción del universo.

Desde el año 2001, un grupo de investigadores de la Nasa se empeñó en sacar adelante un ambicioso proyecto: poner en órbita un telescopio diseñado exclusivamente para detectar si es posible que exista un planeta similar a la Tierra y así definir, de una vez por todas, si somos tan sólo una excepción en el universo, o si tenemos hermanos de quienes, al menos hasta ahora, aún no sabemos nada.

Para sorpresa de muchos, y luego de resolver dificultades económicas de todo tipo, la nave con el telescopio de la denominada Misión Kepler (en honor al famoso astrónomo alemán) será lanzada el próximo 5 de marzo. La noticia tiene emocionados a los astrónomos, por las posibilidades y respuestas que traerá consigo este proyecto.

El telescopio espacial será capaz de observar, cada media hora, 170.000 estrellas durante tres años y medio o más. Su trabajo principal consistirá en detectar cualquier tipo de variación en el brillo de éstas, información que en el lenguaje astronómico se traduce en datos sobre el movimiento de un planeta, su tamaño, órbita y temperatura.

Este informe, finalmente, permitirá identificar planetas de tamaños similares a la Tierra, que orbiten alrededor de estrellas análogas al Sol y a una distancia parecida a la que separa a éste de nuestro mundo. “Toda la misión fue diseñada con este propósito”, explicó William Cochran, coinvestigador del proyecto, a la revista Wired, “si no encontramos planetas similares a la Tierra, podremos decir, con total confianza, que astros como el nuestro son sumamente extraños”.

A pesar del boom de descubrimientos de más de 300 planetas que orbitan fuera de nuestro sistema solar, conocidos como exoplanetas, hasta ahora ninguno de ellos ha presentado características similares a la Tierra y mucho menos se conoce alguno que orbite dentro de la denominada “zona habitable”, es decir, en donde exista agua y la temperatura sea favorable para la aparición de vida.

Por eso, los investigadores aseguran que encontrarán, aproximadamente seis meses después del lanzamiento, datos sobre planetas de tamaño similar al nuestro. Sin embargo, sólo se sabrá si éstos tienen períodos de traslación cercanos al año, al igual que la Tierra, al final de la misión. Con estos datos y la famosa ecuación Drake (que busca identificar cuántas civilizaciones extraterrestres existen en nuestra galaxia) los investigadores pretenden ser los primeros en calcular qué tan comunes podrían ser otras civilizaciones.

Pero las posibilidades no paran allí. En la medida en que el proyecto arroje datos interesantes, es probable que se extienda por más de tres años. Y de encontrarse planetas análogos al nuestro, otros grupos de investigación de la Nasa, o de la Agencia Espacial Europea, tendrán el terreno libre para detectar si en ellos existen o no formas de vida.

Los investigadores se sienten confiados. Según Cochran, es probable que encuentren entre 30 y 50 planetas similares a la Tierra. ¿Un posible nuevo hogar al que podamos viajar? ¿Existirán otros seres similares a nosotros? La misión, en principio, más que respuestas arrojará más preguntas que, todos esperamos, sean contestadas a la mayor brevedad.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 19 de febrero de 2009.

Sonrisas peligrosas

Isauro Abril. Fotografía: David Campuzano-El Espectador

Sonrisas peligrosas

Expertos de la U. Nacional advierten de los riesgos que pueden traer los diseños dentales.

En revistas, vallas y medios televisivos, mujeres y hombres joviales demuestran su felicidad con una amplia sonrisa, una sonrisa que envidian los televidentes y lectores y que apresuradamente han querido copiar. Para lograrlo, pacientes vanidosos han decidido acudir a las famosas clínicas dentales que prometen, en tan sólo un par de horas, blanquear y formar dientes similares a las teclas de un piano.

Este boom de sonrisas perfectas ha tenido repercusiones negativas, de las que ya han empezado a alertar odontólogos especializados, como es el caso de Isauro Abril, director del posgrado de Operatoria Dental y Estética de la Universidad Nacional.

Tanto Abril como otros profesionales de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, se han sorprendido ante el aumento de pacientes con dentaduras modificadas que han llegado a sus manos por problemas de inflamación de encías y dolores permanentes en la boca. Casos como el de una joven a la que le hicieron 18 sesiones de blanqueamiento, causándole un dolor permanente en la boca, son el pan de cada día.

Diseño de sonrisa

El diseño de sonrisa, según Abril, es un procedimiento que involucra cuatro actos operativos: la ortodoncia, el tratamiento de tejidos blandos, el blanqueamiento y el manejo quirúrgico.

“Uno de los problemas serios que hemos detectado consiste en que en estas clínicas especializadas se realiza la ortodoncia y el blanqueamiento a los pacientes simultáneamente, lo cual es contraproducente, pues cuando se están moviendo los dientes no se debe ejecutar ninguna otra acción, explica Abril. Y advierte que se debe desconfiar de los tratamientos que prometen una sonrisa perfecta en tan sólo unos meses, porque los dientes deben moverse de acuerdo con un proceso establecido y no de forma inmediata”.

Un planteamiento que también comparte Marlon Becerra, director de la Unidad Estética Dental que lleva su nombre y quien considera que la contraindicación más importante en este tipo de tratamientos, más que la misma salud, es aplicar una estética inadecuada para una persona. “Lo fundamental es lograr que los tamaños, formas y posiciones de los dientes estén acordes con el rostro”, explica.

Sin embargo, Abril ve con preocupación el hecho de que para estos profesionales de la salud lo que prime, antes que nada, sea la estética. “Hay tratamientos que buscan lograr que los dientes adquieran la forma de un cuadrado, cuando la figura natural de los dientes es redondeada. Para lograrlo, deben lijarlos o aplicarles resinas que, al final, perjudicarán las encías”.

Por eso, Abril alerta sobre esta situación y asegura que antes de pensar en realizar una transformación dental, el odontólogo debe preguntarle al paciente sobre la necesidad de realizar el procedimiento. “Debemos hacer un llamado a la ética y los valores de los profesionales en el área dental y asegurar que se realicen diagnósticos adecuados y completos, basados en lo que realmente sea indispensable para el individuo. Es la única forma de evitar daños posteriores”.

Además, explica que en las clínicas dentales se vende la idea de que se pueden tener dientes tan blancos como la leche y esta es una visión errada, pues el color natural de los dientes tiende más al amarillo que al blanco. A lo cual se suma otra problemática y es que se utiliza láser de argón o incorporan en los dientes peróxidos con elevada acidez, elementos que son perjudiciales para los dientes, según estudios que ya ha realizado el Grupo de Investigación de Materiales Dentales de la Universidad Nacional.

Lo cierto es que tanto Abril como Becerra están de acuerdo en advertir a quienes deseen tener una mejor imagen dental, que se aseguren de ser atendidos por profesionales. “Se debe tratar el diseño de sonrisa con la misma seriedad con que se trataría cualquier tipo de operación. Por eso, antes de decidir realizarse alguna transformación en la dentadura, es importante pedir una segunda opinión y estar seguro de que se está dejando la boca en manos de un grupo especializado en el tema”, concluye Abril.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, martes 17 de febrero de 2009.

"No evolucionaremos, nos extinguiremos"

Eugenio Andrade. Fotografía: Diana Sánchez

"No evolucionaremos, nos extinguiremos"

Entrevista a Eugenio Andrade, experto en Darwin, quien desde pequeño se interesó por la historia de la ciencia, pero sólo fue hasta que se convirtió en docente de la Facultad de Biología de la Universidad Nacional, que comenzó a estudiar detalladamente la teoría de Darwin.

Su pasión por la historia de la evolución del pensamiento científico lo ha llevado a ser una de las personas que más conocen de teoría evolutiva en nuestro país, al punto de que en abril publicará un libro en el que explicará el surgimiento del pensamiento darwiniano que, al igual que las formas de vida, sigue evolucionando.

Con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, El Espectador habló con Andrade sobre la importancia del pensamiento del naturalista inglés en la biología y la ciencia moderna.

¿Cuál es la vigencia del pensamiento darwinista?

Darwin propone una teoría en la que hay tres elementos: variación entre los individuos, herencia y selección natural. De estos no nos hemos salido y no nos vamos a salir tan fácil. La diferencia consiste en que con el desarrollo de la ciencia en los últimos 150 años hay mucha más información para entender cómo se producen. Por ejemplo, cuando se enriquecen los conocimientos de la estructura interna de los organismos, se amplía la información para entender por qué se produce la variación.

Además, se estudian las modificaciones de conducta y los hábitos de estos que les permiten generar estrategias de supervivencia. Todo eso es muy darwiniano y demuestra que aunque la teoría pueda variar en sus interpretaciones, sigue siendo válida, tanto que el famoso biólogo evolucionista Teodosio Dobzhansky afirmó que nada tiene sentido en biología, si no es a la luz de la teoría de la evolución.

¿El pensamiento evolutivo se ha ramificado a otros campos?

Hoy en día la evolución rebasó la biología. Por ejemplo, los antropólogos tienen que tener una visión evolutiva para entender cómo apareció el ser humano y por qué hay tantas razas. Los psicólogos, microbiólogos, geólogos, también se han empapado de esta teoría. Hasta la física se vio involucrada desde que Einstein demostró que el universo tiene un comienzo, porque, entonces, también tiene una historia y una evolución.

¿Y en la economía?

La misma teoría de la evolución surgió después de que Darwin leyera un libro de economía. Por eso los economistas han vuelto a Darwin y de él han extraído la idea de la selección natural y la han relacionado con la ley del más fuerte. Sin embargo, esa es una interpretación errada de su pensamiento, porque para el científico el que sobrevive no es el más fuerte sino el más adaptado, por ejemplo, el que hizo alianza con otro. Muchos han querido utilizar a Darwin para justificar posturas como la de una raza superior, pero eso va en contra de su teoría que se basa en una visión integral y humanista.

¿El ser humano seguirá evolucionando?

Como grupo zoológico probablemente sí, pero es una evolución mínima. Por ejemplo, se podría pensar que el cerebro pudiera aumentar de tamaño. Pero el del ser humano es un fenómeno evolutivo diferente porque presenta otros aspectos como la cultura, la sociedad y los lenguajes simbólicos y abstractos. Además, su evolución tiene que ver con la tecnología y el medio ambiente. Lo irónico es que debido al manejo que hace el mismo hombre del medio ambiente, probablemente no evolucionemos sino que nos extingamos. Tendríamos que adaptarnos a un medio cambiante por culpa nuestra. Por eso deberíamos aprender a manejarlo.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 12 de febrero de 2009.

Tristeza en la lejanía

Fernando Juárez, un reconocido psicólogo español, lanzó un libro con consejos para los inmigrantes. Su objetivo: enseñarles a manejar la depresión de no estar cerca de sus familias.

La decisión de abondar el lugar de origen, la familia, el trabajo, los amigos, los cimientos de un futuro, la vida que se había construido, para buscar mejores oportunidades en otro país se ha convertido en una práctica muy común en esta época. Algunas personas lo hacen para escapar de su pasado, otras creen que podrán mejorar sus condiciones económicas, hay quienes lo dejan todo con la ilusión de estudiar en reconocidas universidades y por último están aquellos que, sencillamente, quieren darle un giro a sus vidas.

De acuerdo con el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) el siglo XXI ha presenciado una movilidad humana a una escala mundial sin precedentes: más de 200 millones de migrantes internacionales. En el documento se advierte que los traslados de personas dentro y a través de las fronteras se efectúan, principalmente, por la búsqueda de trabajo.

Los colombianos no se quedan por fuera de esta tendencia. Según este informe, 3’331.107 de personas han migrado en los últimos cinco años. La mayoría de ellos proveniente del Valle del Cauca, Bogotá, Risaralda, Antioquia y Atlántico. Por su parte, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tiene registrada la salida de 2’120.000 de personas del país en 2008. Sin embargo, esta cifra no está discriminada en turistas y migrantes. Pero lo que las autoridades sí han logrado establecer es que el destino privilegiado es Estados Unidos, Venezuela y Panamá.

A estos hallazgos se suman los resultados de una reciente investigación realizada por Bancaja y el Centro de Estudios para la Integración y Formación de Inmigrantes, los cuales revelaron que desde el año 2000 España se ha convertido en el país más apetecido. De hecho, las remesas enviadas a Colombia por quienes se encuentran en este lugar superan los US$3.000 millones anuales, y los colombianos representan el 7,7% del total de trabajadores extranjeros registrados en la Seguridad Social, según el informe.

Lo cierto es que sin importar el motivo específico, los migrantes toman la valiente decisión de alejarse de su hogar con la ilusión de forjarse un futuro prometedor y aprovechar oportunidades que posiblemente nunca hubieran tenido en su país. Pero es sólo cuando están lejos que experimentan una sensación de soledad que no tenían contemplada en sus planes. Algunos, incluso, desde el momento en que se bajan del avión.

Así lo recuerda Jesús Alfonso Valega, un colombiano que partió a España hace varios años: “Cuando me di cuenta que dejaba atrás el mar, mi tierra, mis costumbres, mis raíces y especialmente a mis hijas y mi esposa lloré y sentí un profundo dolor en el corazón por estar dejando lo que más amo”.

Fernando Juárez, un reconocido psicólogo español, ha atendido por más de quince años a pacientes como Alfonso en España, Colombia y Estados Unidos, quienes han acudido desesperados a su consultorio en busca de ayuda. Esta experiencia le ha permitido evidenciar los problemas psicológicos que aquejan a este tipo de población. “Ansiedad, sentimientos de culpa por creer haber tomado el camino equivocado, desencanto y desilusión, sensación de fracaso, ira, rabia, desesperación, tristeza, nostalgia, melancolía”, son algunas de las características que presentan, explica Juárez.

En una de sus consultas, recuerda, un paciente le insistió en llevar al papel sus consejos, argumentando que no había encontrado una publicación en la que se ayudara a los inmigrantes de la forma en la que él lo hacía. Gracias a esa propuesta nació el libro Lejos del corazón, de la editorial Random House Mondadori. Una publicación que, según Juárez, recoge un arduo trabajo investigativo relacionado con la problemática de los inmigrantes, que pretende ser accesible a todo aquel que ha debido pasar por la experiencia de sentirse solo en una ciudad desconocida o para quienes vieron a su ser querido partir en un avión.

En uno de los más desgarradores testimonios del libro, un paciente de Juárez logra plasmar los sentimientos que usualmente aquejan a los inmigrantes y los hacen vivir una situación inestable en el nuevo país: “No sé ni dónde estoy, muchas veces me despierto en las mañanas para ir a trabajar y me dan sobresaltos, me siento como asustado, hasta que no pasa un tiempo y me doy cuenta de dónde estoy, no me tranquilizo. Durante el día en el trabajo me las voy arreglando, pero cuando llego a la casa en la noche es horrible, no me aguanto estar ahí. Tengo que salir a dar una vuelta”.

Aunque todavía la comunidad científica no ha tipificado las características que presenta la población inmigrante, sí es una problemática que empieza a debatirse y cuyo origen, advierte Juárez, radica en el hecho mismo de alejarse de las personas queridas, algo que resulta inevitable. Pero esta separación puede manejarse de forma adecuada y así evitar problemas emocionales importantes. Para hacerlo, según Juárez, es necesario actuar sobre el origen del problema, que consiste en una interpretación equivocada: creer que la distancia geográfica es equivalente a la distancia emocional.

El autor, consciente de que la lejanía es el obstáculo más difícil de superar, considera que la clave está en la mente. “El libro busca hacerle entender a las personas que se puede vivir bien a pesar de esa distancia si se aplican ciertas recomendaciones, como aprender a sentirse emocionalmente próximo de los seres queridos y mantener la identidad del país de origen, a pesar de cualquier situación adversa. Una cosa es sentirse solo en ese nuevo sitio y otra muy distinta es llegar allí y tener la certeza de que otros te apoyan y acompañan”.

En el texto, finalmente, se recogen los testimonios de varios colombianos. De acuerdo con su experiencia, Juárez afirma que los inmigrantes de nuestro país tienen otro dolor adicional: el hecho de irse de un lugar al que quieren, pero que tiene una realidad social muy compleja.

En tales casos, comenta el psicólogo español, los deseos de devolver al país todo aquello que sienten que en su existencia les ha brindado, se trunca, paradójicamente, por la falta de oportunidades. “Muchos de ellos tienen la sensación frustrante de que podrían haber aportado más a Colombia, . Quisieran haber ayudado desde sus profesiones y conocimientos. Por eso apoyan a los colombianos que están en el país al que han migrado, logrando consolidar una hermandad fuerte”.

“Debí disfrutar más a mi padre”

Hace 18 años Darío Acero llegó a Miami, junto con su padre, para pasar una temporada vacacional. Le gustó tanto Estados Unidos que decidió extender su descanso e ir a California a saludar a unas tías. La visita, pensada para un mes, se extendió a seis, gracias a que consiguió un trabajo. “Yo estaba muy joven y todo lo veía fácil”, cuenta Acero.

Pasaron los años y sin darse cuenta Estados Unidos lo fue envolviendo, por lo que decidió quedarse a como diera lugar. Por eso viajó a Miami y, sin conocer a nadie, empezó a trabajar como ayudante en una pizzería y poniendo ventanas en la temporada de huracanes. Sin embargo, el paraíso en el que se sentía partícipe sólo podía ser realidad cuando resolviera su situación legal.

Así que se adentró en un hoyo negro de más de cuatro años. Decidió casarse con una mujer americana y pagar por los documentos, pero su “esposa” se enamoró y, para retenerlo, trató de manipularlo con amenazas y abusos. “Esa constante lucha por los papeles me costó mucho más de lo que pagué”, afirma resignado.

Después de cuatro años de una situación inmanejable, logró obtener los documentos. Aunque ya tenía el trofeo, la alegría no fue completa, al poco tiempo sus hermanos lo llamaron para darle la noticia de que su padre había muerto. “Fue un golpe muy duro para mí, pues pensé que en todo ese tiempo podía haber disfrutado más a mi padre”, explica.

Un año después uno de sus hermanos decidió probar fortuna en los Estados Unidos, la situación en Colombia no pintaba muy bien. Por eso se trasladó a California junto con su familia. En cierta medida quisieron resolver el problema de la distancia geográfica al reunirse. Porque aunque no trabajen en lo que estudiaron, saben, como cuenta Darío, que “ todos nos sentimos felices por estar juntos y llevar una situación económica manejable”.

Lejos del corazón

El libro Lejos del corazón, de la editorial Random House Mondadori, tiene como objetivo dar recomendaciones y consejos para que tanto los inmigrantes como sus familiares afronten de la mejor manera la situación emocional que se desata luego de que un individuo decide partir a otro país.

Su autor, Fernando Juárez, es un español que reside actualmente en la ciudad de Medellín y que se considera a sí mismo como inmigrante. Se ha dedicado durante más de 15 años a tratar pacientes foráneos que residen en Estados Unidos, España y Colombia.

Juárez considera que, “si se puede sentir la ausencia de las personas que amamos es porque seguimos vinculados a ellos”.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, domingo 1 de febrero de 2009.

'Biohackers': ¿genetistas de garaje?

'Biohackers': ¿genetistas de garaje?

Con algunos dólares y mucha iniciativa, jóvenes de distintos países realizan experimentos genéticos en sus casas. Detractores se preocupan por los efectos negativos de una práctica que no tiene los sistemas de calidad requeridos.

Para crear nuevas formas de vida a partir de una bacteria, sólo se necesita su ADN, unos cuantos tubos, un refrigerador y algunos implementos de laboratorio. Para obtener los materiales basta con buscarlos por internet, solicitarlos y pedirlos a domicilio. Para empezar a jugar con ellos no hay sino que revisar los pasos a seguir que se encuentran en varias páginas web.

Mientras hace algunos años la genética estaba reservada a los académicos y los grandes laboratorios, una nueva ola de científicos aficionados ha demostrado que, tal y como sucedía en el Renacimiento, la ciencia también puede realizarse desde el hogar. Así lo evidencia Meredith Patterson, una programadora de computación norteamericana, que en sus tiempos libres se convierte en biohacker, un hobby que empieza a cautivar la atención de personas de todo el mundo.

Uno de los más recientes experimentos de Patterson consiste en alterar genéticamente una bacteria para que se tiña de color verde ante la presencia de melanina. La programadora explicó a la agencia AP que para lograr su objetivo, sólo necesita un tarro de yogur, ADN de una medusa (que compró por internet por menos de 100 dólares) y unas cuantas piezas de un equipo de laboratorio que construyó con menos de 25 dólares.

Patterson hace parte de una nueva forma de hacer biogenética que empieza a pisar fuerte, sobre todo, en Norteamérica: los biohackers o genetistas de garaje que, según Javier Yanes, periodista del diario español Público, son “biotecnólogos con el sueño de robar a la naturaleza el secreto de la vida y a los centros de investigación el poder de manejarla, crear organismos hasta en un garaje y que todo ello sea abierto, compartido y público”.

Para Frank Ogden, futurista norteamericano, los biohackers son jóvenes inteligentes y curiosos que sólo necesitan estar dispuestos, tener una mente inquisitiva y tiempo para investigar. Su equipo puede conseguirse en droguerías, veterinarias, viveros y distribuidores de equipo médico. Su arsenal está completo cuando cuentan con agitadores, bombas neumáticas, centrifugadoras, equipo de destilación, un refrigerador y una licuadora.

La gran mayoría de ellos son profesionales en ciencias básicas que se aburren de la academia. Así le sucedió a Mac Cowell, biólogo del Davidson College en E.U., quien luego de trabajar durante un año con los grandes genetistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) se dio cuenta de que “no estaba aprendiendo cosas nuevas”.

Aburrido de la academia y con ganas de hacer de la ciencia “algo divertido”, decidió crear DIYbio.org (DIY es la sigla de “Hágalo Usted Mismo” en inglés), un laboratorio comunitario en Massachusetts, donde los interesados pueden congelar bacterias, buscar procedimientos de genética y adquirir los productos químicos y equipos de laboratorio.

En general, estos genetistas de garaje utilizan el material genético de los organismos, principalmente de bacterias como E. Coli, y lo intercambian con el de otros (como si estuvieran jugando con fichas de Lego), para observar cómo trabaja el nuevo código creado. “La biología no es tan difícil como la gente cree. Sólo se debe ‘cacharrear’ y luego ver qué pasa”, comentó Drew Endy, profesor del MIT, a la revista Make.

‘Hackear’ es crear

Martín Alberto Rubio, investigador colombiano en seguridad informática, asegura que la comunidad hacker entiende el término de hackear en dos sentidos. “Por un lado se considera que el hacker es aquel individuo que trata de investigar al máximo sobre el tema que lo apasiona y por el otro que el hacker debe mejorar lo que ya existe. Es decir, que hackear es investigar, aprender, desarrollar y si es posible publicar”.

En ese sentido, advierte Rubio, el biohacker no sólo debe conocer los procedimientos genéticos sino crear algo novedoso. Y éste, paradójicamente, es el punto débil y el fuerte de estos científicos. Los académicos a favor del biohacking han llegado a afirmar que, posiblemente, el futuro Bill Gates de la biotecnología puede estar desarrollando la cura para el cáncer o el sida en un garaje. Mientras que los detractores de este movimiento entusiasta, como Jim Thomas, del Grupo ETC, organización dedicada a vigilar los procesos de biotecnología, explican que los organismos sintéticos en manos de aficionados pueden escapar de los garajes y causar enfermedades o daños impredecibles al medio ambiente.

George Church, profesor de genética de la Universidad de Harvard (E.U.), comparó el potencial de la Biología Sintética con el peligro de poseer armas nucleares. Por eso, explicó a la revista Times que, a su manera de ver, cualquiera que diseñe sistemas con componentes de la Biología Sintética debería tener una licencia para manejar los implementos y procedimientos requeridos.

Cuestión de manejo

Ignacio Zarante, profesor asociado del Instituto de Genética de la Universidad Javeriana, en Bogotá, considera que si el biohacking está “bien encaminado”, puede llegar a ser una alternativa científica muy interesante.

“Uno podría pensar que un biohacker puede ser un niño que en su colegio se interesa por extraer el ADN de una remolacha. Si en las escuelas se incentivara la curiosidad que tienen los biohackers y se encaminara hacia un proceso investigativo serio, ésta puede ser una buena salida para tener futuros científicos que intercambien sus conocimientos a través de estas nuevas redes sociales”, dice Zarante.

Sin embargo, advierte que estos procesos deben estar delimitados por la metodología científica. “Dudo mucho que un individuo de manera aislada, en su casa, logre llegar a resultados innovadores. Los científicos necesitamos el feed back con otros colegas, en el cual se delimita la pregunta de investigación, se prevén posibles consecuencias y se eliminan los futuros riesgos”, agrega.

Además, los sistemas de calidad pueden garantizarse en un laboratorio, mas no en un lugar informal pues “se tienen reglas de seguridad establecidas para evitar que los desechos o los reactivos afecten a quienes los manipulan o a su entorno, situación que no es la más ideal en un garaje”, advierte.

Por otro lado, hay quienes afirman que este movimiento es una opción viable para que los países del Tercer Mundo desarrollen conocimiento científico. Sin embargo, hasta ahora, parece ser una tendencia norteamericana. “En general, un pequeño experimento podría costar unos 3.000 dólares, cifra que para un estadounidense posiblemente no sea muy significativa, pero sí para un colombiano”, explica Zarante.

Mientras tanto, científicos curiosos como Mac Cowell o Drew Endy, continúan contagiando a más personas con esta iniciativa que, según ellos, busca que “la biología entre en una fase en la que nosotros mismos podamos cambiar todo lo que existe en nuestro planeta para mejorarlo”.

E. Coli, la bacteria usada por ‘biohackers’

La bacteria ‘Escherichia coli’ es uno de los organismos más apetecidos por los ‘biohackers’ para realizar sus experimentos. Fue descrita en 1885 por Theodore von Escherich, bacteriólogo alemán. Es una bacteria que se encuentra generalmente en los intestinos animales y, por consiguiente, en las aguas negras. Es necesaria para el correcto funcionamiento del proceso digestivo. Puede causar infecciones intestinales severas.

Un poco de historia

Paul McAuley describió en la revista Nature sus impresiones acerca de VirCon2010, primer encuentro abierto del movimiento biopunk que se realizó en marzo de 2000.

La reunión se celebró en el centro de Nueva York y sus delegados eran, mayoritariamente, “jóvenes menores de 25, vestidos con toda clase de tendencias: desde pantalones abombados y camisetas, pasando por negro gótico y múltiples piercing”, según relata McAuley.

Allí, el profesor Jack Lovegrove, explicó a MacAuley que “la ciencia de garaje es la ola del futuro para la biología. Las grandes compañías están sujetas por acomodados ejecutivos y regulaciones viciosas. Hace 20 años sólo ellos podían cortar el ADN, ahora cualquiera puede secuenciarlo”.

Además aclaró que “esta no es una sociedad secreta de superhombres inteligentes, sino jóvenes idealistas que aman la ciencia y creen que la información debería ser libre y no encarcelada por el copyright”.

A la caza de los bioladrillos

Drew Endy, Thomas Knight, Gerald Jay Sussman y otros investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés) se han dedicado a recolectar piezas intercambiables de ADN, como si fueran partes del reconocido juego Lego, a las que han denominado como biobricks (bioladrillos).

Endy construyó un catálogo público de los biobricks conocido como Registro de partes biológicas estándar (The Registry of Standard Biological Parts), al cual se puede acceder a través de la página web del MIT (parts.mit.edu/registry).

Endy espera que este registro pueda contribuir para que se promueva la ciencia de garaje y se evidencie que la biología es otro sustrato apto para ser “hackeado”.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 29 de enero de 2009.

Supermercados ecológicos

Fotografía: Diana Sánchez-El Espectador

Supermercados ecológicos

Alimentos libres de hormonas, químicos o manipulación transgénica llenan los estantes.

Pollo sin hormonas, enlatados de cebollitas asadas con aceite de girasol, mermeladas y compotas para bebés libres de químicos o manipulación transgénica, son algunos de los productos con los que se pueden llenar las bolsas de tela de las doce tiendas especializadas en productos orgánicos que hay en Bogotá.

El recorrido en estos almacenes puede complementarse con un nutritivo almuerzo, en donde se ofrece un menú diario con carnes o vegetariano. En algunas de estas tiendas también hay pabellones de salud y belleza, así como un área de información de seminarios, libros y eventos del sector. Pero si los ánimos no dan para tener que trasladarse, también se puede llamar a tiendas como Balú, para pedir a domicilio los productos que se deseen.

“Ecológico, orgánico, biológico son sinónimos a la hora de catalogar los productos de estas tiendas”, explica Alejandro Martín, presidente de la junta directiva de la Red Colombia Verde, organización que agrupa a 41 asociaciones de productores de artículos orgánicos de todo el país. “Un producto ecológico es aquel que ha sido cultivado con sistemas de producción sostenibles, libres de químicos, hormonas, manipulación transgénica, que preserva la biodiversidad y que además proviene de sistemas de producción justos”, agrega.

Los fabricantes de artículos orgánicos evitan los monocultivos, el uso de hormonas, de fungicidas y de insecticidas, advierte Martín. ¿Cómo lo logran? A través de la implementación de medios alternativos para el control de plagas y enfermedades como hongos o insectos, que naturalmente cumplen esta función. De esta forma se logra volver a un sistema que promueve el equilibrio natural.

Beneficios de lo orgánico

El esfuerzo que realizan campesinos de todo el país para trabajar las cerca de 45.000 hectáreas certificadas por el Ministerio de Agricultura como productoras de artículos orgánicos, beneficia a los consumidores quienes reciben un alimento cuya relación de nutrientes, vitaminas y minerales es natural y, por consiguiente, provechosa para mantener una buena salud. “Los médicos alternativos recomiendan a sus pacientes que consuman productos orgánicos, ya sea de forma preventiva o como complemento del tratamiento de ciertas enfermedades como el cáncer”, explica Esther Moreno, gerente de Amrit, uno de los supermercados.

De hecho, ya hay madres que han empezado a visitar este tipo de supermercados, con la idea de fomentar un desarrollo adecuado en sus hijos. Así lo explica Francis Muñetones, gerente de Balú, quien cuenta que el pollo orgánico se ha convertido en un artículo bastante apetecido porque, al ser un alimento libre de hormonas, evita cualquier tipo de desarrollo precoz en los pequeños.

Lo importante es que los consumidores sepan diferenciar un producto orgánico de uno convencional. Para ello, es necesario que identifiquen el sello del Ministerio de Agricultura. “El producto que lo porta es de la más alta calidad, compite con cualquier producto gourmet y, además, es amigable con el medio ambiente y benéfico para la salud”, concluye Martín.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 15 de enero de 2009.

El 2009: un año estelar

Fotografìa: NASA

El 2009: un año estelar

Se conmemoran 400 años del primer uso del telescopio por parte de Galileo Galilei. Astrónomos colombianos hablan de las preguntas que rigen su oficio

Hace 400 años Galileo Galilei revolucionó la historia de la humanidad al fabricar su propio telescopio (después de enterarse de que en Holanda habían construido uno) y apuntarlo hacia el espacio. Al hacerlo, descubrió que la Luna tenía cráteres, montañas y valles y que, además, no tenía luz propia. Luego dirigió su aparato a Venus y se dio cuenta que ese planeta tenía fases, por lo que debía girar alrededor del Sol. El brillante científico comprobó lo que años atrás había demostrado Copérnico: la Tierra no está en el centro del universo, sino que gravita alrededor del Sol.

Así, Galileo abrió las puertas del espacio y situó al hombre en su debida medida: somos tan sólo una pequeña parte de la bastedad del universo. Aunque sus contemporáneos no quisieron creerle y tuvo que retractarse, el tiempo le dio la razón, tanto así que este jueves se inaugurará el Año Internacional de la Astronomía, celebración que pretende conmemorar los cuatro siglos del primer uso del telescopio.

La fecha ha sido creada por la Unesco, Naciones Unidas y la Unión Astronómica Internacional y pretende ser una celebración global de la Astronomía y su contribución a la sociedad. Individuos de 135 países, incluida Colombia, ya forman parte de esta iniciativa que será lanzada en la ceremonia de inauguración que se hará este jueves en París.

En nuestro país el Año Internacional de la Astronomía se inaugurará el próximo 28 de enero en el Planetario de Bogotá, ceremonia que será el abrebocas de una serie de eventos que pretenden “poder llegarle a la gente y demostrarle que el astrónomo no es un científico loco, sino una persona que mira al cielo y se queda con la boca abierta”, en palabras de José Roberto Vélez, presidente de la Red de Astronomía de Colombia.

Con motivo de esta importante celebración, El Espectador quiere contagiar a sus lectores de esta fiebre por el espacio. Por eso presenta la opinión de astrónomos expertos sobre las preguntas que rigen este oficio y que dan cuenta del fascinante enigma que trae consigo el juicioso estudio del universo.

Lucía Camargo Rojas

Peligros planetarios

Astronomía ayer, hoy y mañana

Un universo de preguntas sin respuesta

Pequeños universos

¿Alguien nos observa?

Publicado en El Espectador, jueves 15 de enero de 2009.

Los sordos hablan en internet

Geovani Melendres, Jinnet Parra y Cristian Barón. Fotografía: Herminso Ruiz

Los sordos hablan en internet

Un proyecto que busca eliminar las barreras entre parlante-oyentes y quienes no pueden oír. Geovani Melendres se siente orgulloso de ser sordo, por eso quiso participar en la implementación de esta iniciativa.

Geovani Melendres es estudiante de Lingüística de la Universidad Nacional, practica tenis de mesa y en los últimos meses debutó como actor y director de una producción particular: una serie de videos que conforman el Curso de autoaprendizaje básico en lengua de señas colombiana, una página web que enseñará a los parlante-oyentes a aprender la lengua de señas de nuestro país que él, como sordo, maneja a la perfección.

Sandra Rodríguez, Cristian Briceño, Óscar Torres y Jenny Vergara fueron otros actores sordos que se encargaron de representar las señas manuales, expresiones faciales y movimientos corporales que, en conjunto, constituyen la lengua de señas colombiana. Una lengua que manejan los sordos de nuestro país y que es diferente a la que usan quienes habitan en otras partes del mundo, pues está ligada al contexto cultural del cual forma parte.

Los sordos usan la lengua de señas como su principal medio de comunicación. Pero si además quieren intercambian información con los parlante-oyentes, deben aprender a manejar la lengua materna del lugar donde habitan (en el caso colombiano el español). Es decir, deben convertirse en bilingües. “¿Por qué no hacer que seamos los parlante-oyentes quienes aprendamos el idioma de señas?”, se pregunta Miguel Ángel Vargas, director pedagógico de la Corporación para la educación y las TICS (Cetics), organización que se ha encargado de virtualizar la información que el Instituto Nacional para Sordos (Insor) ha preparado con el fin de crear el curso.

El origen

Según Jinnet Parra, lingüista del Instituto Nacional para Sordos, el origen del curso de autoaprendizaje se remonta al año 1998, cuando el Insor recogió la opinión de las secretarías de Educación, directores de instituciones y maestros de todo el país, quienes veían la necesidad de tener un mejor nivel en lengua de señas. Por eso, en 2001, el Insor contrató a la lingüista Sandra Viviana Mahecha con el fin de que diseñara un curso para aprender la lengua de señas, con el mismo formato que presenta cualquier programa de enseñanza de un segundo idioma.

A mediados de este año Cetics recogió esos contenidos, los adaptó al formato multimedia y los montó en la web, de tal forma que “cualquier persona desde cualquier lugar del mundo, pueda acceder al curso, eliminando así las barreras de tiempo y espacio”, advierte Parra.

Y agrega que como el curso está montado desde una metodología de aprendizaje de segundas lenguas, los contenidos están basados en escenas de la vida diaria y se busca que se cumplan las funciones comunicativas básicas. Adicionalmente se puede consultar información contextual sobre la comunidad sorda. Por eso, para Melendres, “el curso, además de estar dirigido a toda persona que quiera aprender la lengua de señas, busca que las personas conozcan a la comunidad sorda y así las dos comunidades puedan trabajar en mejores condiciones”.

En este sentido, los creadores de esta novedosa herramienta de comunicación creen que uno de sus beneficios indirectos se dará en el ámbito de la educación, afirma Vargas. “Se espera que los profesores de los colegios y universidades accedan al curso y aprendan la lengua de señas, de tal forma que se puedan comunicar directamente con el estudiante, ya sea respondiendo sus preguntas o haciéndoles tutorías. De esta manera, las nuevas tecnologías contribuyen a que se cree un medio propicio para que cualquier individuo pueda desenvolverse normalmente”.

El curso será lanzado en las próximas semanas. Se espera que también puedan montarse, más adelante, los cursos intermedio y avanzado para lograr que cualquiera pueda comunicarse perfectamente en lengua de señas.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, sábado 3 de enero de 2009.