Cultura


Viaje al país de las bibliocasas

Líderes de las urbanizaciones de Vivienda de Interés Prioritario han adaptado un espacio especial en sus viviendas, en el que promocionjan lectura y préstamo de libros a sus vecinos, con los títulos que les prestan en su biblioteca pública cercana.


Foto: Juan David Padilla

Un par de meses después de recibir su nuevo apartamento —ubicado en el barrio Las Acacias de Cereté, Córdoba— la pareja de esposos Jairo Ramos y Lidia López, beneficiarios de una de las 109 Viviendas de Interés Prioritario (VIP) que ha otorgado el Gobierno, recibieron nueve libros como parte de su nuevo apartamento.

Se trataba de los títulos Colombia contada, Buscando otro sabor, Nuestra casa, Retratos de nuestras gentes, Álbum de familia, Manual de convivencia ciudadana, Colombia cantada y Guía para el cuidado de la salud de la familia, que conforman la Biblioteca Básica Familiar “Leer es mi cuento”, un compendio de libros que el proyecto “Comunidad-es arte, biblioteca y cultura: escenarios para la paz”, liderado por el Mincultura, Minvivienda y Prosperidad Social, entrega a las familias de las VIP, como parte del proceso de promoción de lectura que se realiza con la comunidad.

“Son libros que lo ilustran a uno. Hubo unos que nos enseñaron sobre historia de grandes personajes colombianos como Gabriel García Márquez. Otros hablaban sobre convivencia o sobre cómo cuidar nuestro nuevo apartamento y la salud, y hasta sobre cómo compartir en familia. También había libros para niños que les leíamos a mis hijas”, explica Ramos, quien fue víctima de la violencia, al ser desplazado de Turbo, Antioquia, en 2001.

Corría el primer semestre del año 2014. Ramos y López pensaron en la posibilidad de ya no sólo leerles a sus hijas los libros que habían recibido, sino en brindar un espacio en su propia casa para fomentar la lectura en otros niños de su urbanización. Por eso tocaron las puertas de la Biblioteca Pública Municipal de Cereté Rafael Milanés García. Su coordinadora, Vera Centeno, abrazó la idea porque entraba a fortalecer un proyecto que la entidad ya tenía en Altos de las Acacias, en el que se hacía promoción de lectura a través de pantallas gigantes y porque, además, era una manera de hacer que la biblioteca llegara directamente a la casa.

“La seño Vera nos comenzó a prestar libros a mi esposa y a mí por 15 días para hacer actividades de lectura en nuestro apartamento con los niños del barrio. El primer préstamo fue de 40 libros”, recuerda Ramos.

De pronto su apartamento de 45 m2 comenzó a recibir visitas nocturnas de hasta 20 niños. Los pequeños se sintieron tan cómodos con la nueva actividad, que prácticamente le demandaban a él o a su esposa que les leyeran. Poco a poco el ritual se complementó con una de las características culturales más destacables de esta comunidad: durante o posterior al proceso de lectura, los adultos tejían mochilas, mientras que los niños confeccionaban manillas. En ese proceso los participantes comenzaron a hablar de sus disímiles lugares de origen, “y a contar las historias de nosotros mismos: de dónde venimos y para dónde vamos”, comenta Ramos.

Incluso, el interés que suscitó la llegada de los libros fue tan fuerte, que los pequeños que se encariñaban con alguno de los que ya había tomado en préstamo Ramos de la biblioteca pública, comenzaron a llevárselo a su propia casa por un día, siempre y cuando dejaran su nombre, el de sus padres y su teléfono, y lo regresaran al día siguiente. Fue ahí cuando el apartamento de Ramos y López se convirtió en una Bibliocasa.

Se institucionalizan las Bibliocasas

Cuando los promotores del proyecto “Comunidad-es” -iniciativa que realiza acompañamiento social y cultural a las familias beneficiarias de las VIP que han sido víctimas del conflicto en condiciones de extrema pobreza y damnificados por desastres naturales- se percataron de que la idea de Ramos y López había sido acogida en la urbanización, decidieron fortalecerla, darle un empujón con su conocimiento y apoyo, en un trabajo en conjunto con la comunidad.

“Lo primero que se hizo fue darle el nombre de Bibliocasa. Después se consiguieron estantes y desde Bogotá se envió un morral móvil con libros y un exhibidor. Posteriormente consiguieron tapetes para el piso, colchonetas y cojines, con el fin de volver el espacio aún más agradable para los niños”, explica Renoir Rubio, promotora de lectura del proyecto “Comunidad-es”.

La idea fue tan exitosa, que sirvió de modelo para los demás barrios del proyecto y comenzó a replicarse en otros espacios. Actualmente existen 46 Bibliocasas en toda Colombia. Dos en Antioquia, dos en Bolívar, quince en Córdoba, cuatro en Magdalena, tres en Norte de Santander, cuatro en Risaralda, seis en Sucre, dos en Tolima y ocho en el Valle del Cauca. Todas ellas iniciaron con la entrega de libros de la Biblioteca Básica Familiar como parte del Plan Nacional de Lectura y Escritura “Leer es mi cuento”, que busca aumentar los índices de lectura del país de 1,9 a 3,2 libros por persona al año.

Eso sí, cada Bibliocasa tiene características particulares de acuerdo con su comunidad. Por ejemplo, en el caso del barrio El Recuerdo, en Montería, la Bibliocasa tiene el rol principal de ser la extensión de un colegio o, más bien, una especie de biblioteca escolar. Así lo explica su bibliotecaria, Rosa Hernández, quien desde hace dos años se mudó a la urbanización.

“Todos en la comunidad veíamos la necesidad de tener una Bibliocasa, porque los niños no tenían dónde hacer las tareas. Muchos padres no tienen para pagar los $500 de internet”, explica.

En este caso fue el proyecto “Comunidad-es” el que llevó a Hernández a la Biblioteca del Banco de la República de Montería, para que se inscribiera y pudiera llevarse libros prestados. También le hizo una pequeña capacitación para el préstamo y cuidado de los libros, le trajo los estantes y morral viajero y le otorgó el título de “bibliotecaria comunitaria”.

Pero el año pasado Hernández les explicó a los promotores del proyecto que los niños de El Recuerdo necesitaban textos escolares para poder hacer sus tareas. “Yo quiero tener libros propios que pueda tener acá y no sólo los que pido prestados en la biblioteca”, les dijo.

Entonces Rubio y su esposo se encargaron de pedir a estudiantes de distintos colegios privados de Montería textos escolares que ya no usaran, para donarlos a la Bibliocasa de El Recuerdo. Por eso, actualmente esta Bibliocasa tiene libros permanentes como enciclopedias, libros de cuento, diccionarios y textos escolares de matemáticas, lenguaje, etc.

Además, esta Bibliocasa ha sido de gran utilidad para los más de 200 niños de la urbanización que este año no pudieron matricularse en una entidad pública (pues están a la espera de la que se construya en el barrio) y que actualmente están asistiendo a una escuela comunitaria. La iniciativa la organizó el estudiante de derecho Jorge Andrés Cordero junto con otros ocho maestros voluntarios. Allí los pequeños toman clases en una jornada de la mañana y otra en la tarde, en las que están utilizando los libros de la Biblioteca Básica Familiar y, en su tiempo libre, hacen sus tareas en la Bibliocasa del barrio.

La intimidad de la Bibliocasa

Para Hernández, la parte más linda de su casa es la biblioteca. De lunes a domingo llegan niños a hacer las tareas o a buscar un libro para leer.

Nicol Dayana Romero López tiene 10 años, es estudiante de cuarto de primaria y casi todos los días visita la Bibliocasa. “Rosa me ayuda a buscar las tareas en los libros y a hacer las carteleras. A veces también me presta libros que yo llevo a mi casa para leer con mi abuelita. Uno de mis favoritos es Los ratones de la señora Marlow, porque me gustan los gatos”, explica.

“Los niños escogen un libro, me dejan su documento y yo se los presto. Hay unos que vienen constantemente y que son muy cuidadosos a los que ni siquiera les pido documento. Ya los conozco y sé lo juiciosos que son. A veces estoy en la cocina y el niño me muestra lo que se va a llevar, lo anoto y se lo lleva. Mientras lo leen duran dos días, tres días. Hay unos que se lo leen de una y rápidamente vienen por uno nuevo”, comenta Rosa.

Uno de ellos es Yuliana Ortega, estudiante de 10 años, quien va todos los días a la Bibliocasa a leer cuentos. El libro que más le gusta se llama El cocuyo y la mora. “Yo cojo el libro y me voy a leer a la terraza del cuarto piso. Toditicos los pelaítos de allá nos van a escuchar a que les leamos los libros a mí y a mi amiga Valentina. Yo tengo dos hermanitos ‘chiquititicos’, de cuatro y de un año, con los que a veces jugamos a la escuela. Les leemos y después les preguntamos sobre lo que leímos”, explica.

La hija de Rosa, Janerys Ricardo, no tiene problema en que sus vecinos lleguen a su casa y se lleven los libros. “Se siente bien saber que hay gente que quisiera vivir como yo vivo aquí y de tener este poco de libros. No me pongo brava de que se los lleven, porque así pueden tener lo que yo tengo. A veces cuando mi mamá está ocupada yo presto los libros para que se los lleven o a veces los leen aquí”, cuenta.

Esa relación tan cercana con el libro es precisamente la que logra la Bibliocasa. “Para mí una Bibliocasa es una biblioteca íntima en donde esa persona que lidera, que sería el bibliotecario comunitario, tiene la ventaja de tener un usuario muy cercano y conocerlo a profundidad. Ninguna biblioteca ni ningún colegio tienen la capacidad de entablar la relación que puede provocar el libro en la casa. Allí está el afecto, eso tan íntimo que no se puede dar en la biblioteca”, explica Vera Centeno, coordinadora de la Biblioteca Pública de Cereté.

Incluso, Centeno considera que la Bibliocasa termina siendo una especie de extensión bibliotecaria, dado que la mayoría de libros que se encuentran allí han sido prestados por la biblioteca. “Sin embargo, puede ser una connotación muy fría, ya que la Bibliocasa va más allá de una extensión bibliotecaria y termina teniendo una connotación propia”, agrega.

Por ejemplo, la Bibliocasa de Altos de las Acacias ha tenido varias transformaciones. Por un lado, se trasladó al salón comunal de la urbanización, en donde había más espacio para que más personas estuvieran presentes en las actividades de lectura y, por el otro, comenzó a tener menos cantidad de libros porque Ramos y López empezaron a llevar a los niños una vez por semana a la biblioteca pública de Cereté, que les queda a tan sólo un par de cuadras.

“Actualmente, varios niños del barrio Altos de las Acacias tienen ‘La llave del saber’ y ellos mismos toman los libros prestados de la biblioteca. El señor Jairo sigue llevando a varios pequeños a la biblioteca cada ocho días y continúa tomando prestados libros para tener en su casa, con el fin de prestárselos a aquellos que están en su primera infancia y que no pueden pedir libros en préstamo en la biblioteca pública”, explica Rubio.

Con los ejemplos de Bibliocasas que han ayudado a consolidar en el departamento de Córdoba, para Rubio es claro que, en un primer momento, las Bibliocasas logran abrir el espacio de lectura en una comunidad. Y, en un segundo momento, son el tránsito para ir a la biblioteca pública.

“En la Bibliocasa encuentran cierto tipo de libros: una colección pequeña para niños, otra para jóvenes y otra para adultos. Pero si yo soy joven y ya me leí los libros de poesía o literatura que están en la Bibliocasa, y me quiero leer más, debo ir a la biblioteca”.

La Bibliocasa, entonces, lo que logra es ese primer acercamiento a la lectura. Una vez ya inicia la pasión por leer, el siguiente paso “es ir a un espacio más grande, donde hay más posibilidades y donde hay más por descubrir: la biblioteca”, concluye Rubio.

Por Lucía Camargo Rojas


Publicado en El Espectador el domingo 29 de agosto de 2016

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'Colonia infancia': la exposición de arte que divierte a los niños



Si quien visita la exposición ‘Colonia Infancia’, mide más de 1.5 metros de altura, necesariamente desde la entrada debe agacharse y prepararse para encontrar una exhibición pensada ya no para adultos, sino para los más pequeños de la casa. Se trata de la exposición ‘Colonia Infancia’ que actualmente se exhibe en el primer piso del edificio de la Sala de la Colección del Museo La Tertulia en Cali.

Así que la mejor postura para ingresar al túnel de madera de entrada  es gatear unos siete metros para encontrarse con la obra ‘Niño’ de Rufino Tamayo, que hace parte de la colección permanente del Museo. “Los niños salen corriendo directo a ese primer cuadro, con el que hay una especie de mímesis y se sienten identificados. Luego se devuelven por el túnel a una bifurcación a través de la cual llegan a un nuevo espacio en donde se encuentra ‘Una casita del sol’, del artista Emilio Sánchez, obra a partir de la cual se monta toda la museografía”, explica Mario Camargo, del Colectivo 070, encargado del diseño arquitectónico de esta singular propuesta que busca acercar el arte a los más pequeños de una manera lúdica y orgánica.

Después, el visitante puede visualizar las distintas partes de la casa, representadas todas en otras siete obras que hacen parte de la colección del museo. ‘Teresa la mujer mesa’, la icónica pieza escultórica de Hernando Tejada, es la mesa del hogar, mientras que las bolsas de plástico sobre acrílico que conforman ‘Bocagrande II’, obra de Alicia Barney y el ensamble de objetos de vinilo y madera de ‘Cajas’, de Bernardo Salcedo, son algunos de los mobiliarios de la casa.

También se puede observar la escultura en metal con motores y tela de la serie ‘Camas’, de Feliza Bursztyn, que  alude al lugar para dormir; ‘Pinturas de agua’, de Óscar Muñoz, hacen referencia a la ducha, mientras que el cuadro ‘El rincón’, de Santiago Cárdenas, remite a las distintas maneras de habitar el espacio doméstico. Finalmente, ‘La cuarta dimensión’, de Yukata Yocota, es una pieza que invita de lleno a meterse en la obra de arte, pues está al lado de un nuevo túnel en madera que dirige a la segunda parte de la exposición, en donde hay dispositivos que  los pequeños  pueden manipular libremente.

 Esta exposición surgió a partir de una inquietud de Doris Gallego, coordinadora de Primera Infancia de Comfandi, sobre la escasa oferta de espacios culturales para los menores de 6 años en la ciudad de Cali y, específicamente, frente a la pregunta, por  qué no hay museos para ellos, surgió esta propuesta que se unió al marcado interés del área de formación del Museo de La Tertulia sobre la creación de espacios para los niños. Las dos entidades, junto con el acompañamiento de la Universidad del Valle, presentaron un proyecto interinstitucional e interdisciplinario a la primera versión de la Beca a proyectos de inclusión de niños y niñas de la primera infancia en entidades museales de la Convocatoria de Estímulos del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015.



“Nosotros necesitamos que en la ciudad haya propuestas culturales para los niños. Actualmente hay centros recreativos, centros comerciales, algo de títeres, y las bibliotecas públicas. La intención de este proyecto consistió en dejar instalada en la ciudad espacios artísticos y culturales pensados en primera infancia”, explica Gallego.

El proyecto resultó ganador de la Convocatoria de MinCultura, siendo seleccionado entre 11 propuestas para recibir 35 millones de pesos para su realización. A su vez, recibió una donación particular en memoria de Ivonne Mizradhi, para proyectos de primera infancia, que permitió cubrir todos los costos.

A la hora de elegir qué obras se propondrían, se optó por no tener un curador externo, sino por hacer un trabajo conjunto entre el área de formación y curaduría del Museo con las guías de sala, quienes dieron pistas importantes para identificar las obras de acuerdo a su propia experiencia con los niños. “Se eligieron las obras con el tema de la casa, el hábitat y el espacio que dispararan otras formas de abordar el arte y que fueran pensadas para el público de primera infancia. Al final, la curaduría da un panorama de la colección del museo y de distintos momentos del arte del siglo XX”, explica Alejandro Marín, curador.

La propuesta era arriesgada pues rompía con los guiones y paradigmas previos que ya tenía la entidad. Pero el trabajo conjunto y armónico entre el equipo del museo, Comfandi, el Colectivo 720 y la Universidad del Valle, logró el objetivo de que “no se fuera a confundir con un dispositivo más de un centro comercial, sino que fuera muy claro que se quería crear una exposición de arte para niños dentro del Museo que cumpliera con una estética y que en el tema de la museografía fuera impecable”, explica Ana Lucía Llano, directora del Museo.

Para el diseño del espacio se llamó al Colectivo 720, ganador de la convocatoria del diseño de la Cinemateca de Bogotá. Su director, Mario Camargo, se entusiasmó con la propuesta pues tiene una niña de 3 años  y ha padecido la falta de espacios culturales enfocados en primera infancia en la ciudad de Cali. Además, le implicaba un reto en cuanto al diseño. “Pocas veces como arquitecto se tiene la posibilidad de hacer este tipo de ejercicios con tanto detalle”, explica.

Desde el Museo les pidieron lineamientos específicos como que la exposición pudiera armarse y desarmarse, que el espacio estimulara la movilidad, ocultara y mostrara objetos, fuera libre de riesgos, manejara diferentes texturas, pero sobre todo, fuera muy atractivo para los niños. Mientras Camargo diseñaba, no sólo tuvo en cuenta estos parámetros sino que se imaginó a su hija haciendo el recorrido.

Fue así como se diseñó el segundo túnel que llega a la segunda parte de la exposición: una casa interactiva a la que se entra a través de la ventana. Las obras que allí se encuentran son el resultado de una convocatoria dirigida a artistas jóvenes de la región para que crearan obras especialmente enfocadas en primera infancia.

Nicolás Morales, por ejemplo, propuso una serie de piedras blandas en el espacio del jardín, inspirado en su propia vivencia de construir pequeñas fortalezas con las piedras de los ríos, que denominó ‘Madriguera’. De acuerdo con Gallego, “esta obra es lo máximo para los niños porque se asombran ante un objeto cuya consistencia contradice su imagen, y porque la sienten como algo muy cotidiano”.

Mientras que Ivonn Lloreda, artista y guía de sala del museo, se encargó de los objetos dentro de la casa interactiva: muebles, sillas, perchero, mesa y sábanas de diferentes texturas y colores que configuran ‘Fortaleza’. “La idea es que fuera una actividad que se hiciera dentro del museo pero que no necesitara de materiales externos y que a través de los objetos propuestos los niños quisieran construir su propia casa”, explica.

Al final de la exposición, los niños llegan a ‘Mil formas de una pared’, una casa que aún está por terminar cuya pared final se completa, destruye y reconstruye con cada grupo o visitante, a manera de tangram, que les ha permitido “configurar no sólo casas sino también ciudades con parques”, agrega Lloreda.

La propuesta ha sido tan exitosa que aunque en principio estaba pensada para terminar el 31 de mayo se extendió hasta mediados del mes de julio, y pasó de esperar 800 visitas en un comienzo a haber atraído más de 10.000 visitantes.

Para Sandra Argel, coordinadora del grupo de Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “esta exposición es una experiencia significativa que evidencia cómo la infraestructura cultural se constituye en un espacio adecuado para promover el desarrollo integral de la primera infancia. Es clara la vinculación de las líneas rectoras propuestas para la educación inicial como el juego, el arte y la exploración del medio, además de todo el desarrollo de una exposición en el contexto museológico que promueve la participación de los niños”.

El proyecto ha sido visitado por niños que hacen parte de centros de estimulación temprana, jardines infantiles y colegios, e incluso por niños mayores de seis años que en varios casos visitaban el museo por primera vez.  “Para nosotros ha sido fundamental esta exposición, pues hizo que el Museo se volviera un plan para la familia. El resultado es tan satisfactorio que nos da una fortaleza de poder llevar esta sala a otros espacios y otros territorios, y de saber que este es un primer momento, y un espacio que nos está pidiendo a gritos la ciudad: un espacio familiar que conserve el sentido que tiene el museo y que permita que los niños que ahora nos visitan, sean los adultos que a futuro vengan a La Tertulia”, concluye Ana Lucía Llano.


 Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Gaceta de El País de Cali

Imágenes: Museo La Tertulia

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Libros recorren la selva para llegar a los jóvenes del Vaupés

Campaña 'Regalar un libro es mi cuento' llevó 30.000 libros nuevos para estudiantes de la región.

Ciro Ferneley con su libro 'Los músicos de Bremen'. Foto: Archivo MinCultura

Ciro Ferneley camina en círculos por todo el salón de tercer grado del colegio Bocas del Yi, de Vaupés, abrazando su libro 'Los músicos de Bremen', de los hermanos Grimm. Sólo se detiene para verificar –y probablemente comparar– qué libro recibió un compañero del curso y parece satisfecho con los resultados. El suyo es un libro de pasta dura lleno de ilustraciones y el de su compañero también.

“Profe, yo quiero leer un libro”, le dijo a su profesor cuando cursaba primero de primaria, pues desde preescolar tenía la inquietud de hacerlo. Hoy en día Ciro lee todas las tardes en la biblioteca de su escuela, en donde también hace sus tareas. Cuenta que le gusta leer un libro de enseñanzas llamado 'Nacho lee', así como los relatos de Rafael Pombo.

Mientras habla, sigue sosteniendo su nuevo libro como no queriéndolo soltar. Ciro, como la mayoría de niños del colegio Bocas del Yi, y en general del Vaupés, habla tres idiomas: cuveo, yuruti y castellano. Dice que no sabe cómo se traduce 'Los músicos de Bremen' en cuveo, pero sí la palabra “músicos”: se dice ‘UpaîpØêvã’.

'Los músicos de Bremen' fue comprado en una librería bogotana por un colombiano que quiso regalar un libro a un estudiante del país y que lo depositó en el buzón de la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’, una iniciativa liderada por 26 librerías y 22 editoriales del país, a través de la Cámara Colombiana del Libro, junto con los Ministerios de Cultura y Educación.

El libro fue enviado a una bodega del Ministerio de Cultura en donde se guardaron los primeros 33.000 que se recolectaron en la primera fase de la campaña para los departamentos de Vaupés, Guainía y San Andrés. Posteriormente, viajó en un avión de carga hasta llegar a Mitú y se trasladó a la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera.

Desde allí, viajó en una lancha con dos funcionarios de MinCultura y el lanchero Víctor Valencia una hora por la inmensidad del río Vaupés, hasta llegar al colegio Bocas del Yi, en donde estudian 224 niños de la región, la mayoría a manera de internado, pues sus hogares se encuentran muy retirados del colegio y los pequeños deben llegar en canoa a estudiar.



                                              Ciro Ferneley y su compañero de curso comparan los libros que les regalaron. Foto: archivo MinCultura.

Multiculturalidad

Un viaje similar al de 'Los músicos de Bremen' fue el que hizo Luis Hernando Infante Donoso hace más de tres décadas. Tenía en ese entonces 24 años y se acababa de graduar como licenciado en filología e idiomas de la Universidad Libre de Bogotá. Estaba ávido de aventuras y de ejercer su carrera como docente. Por eso no lo dudó cuando le ofrecieron un cargo en Vaupés.

Corría el año 1980 e Infante arribó con los esquemas de formación citadinos que chocaron al llegar a una zona rural indígena. “Me encontré con una gran diversidad étnica y cultural: un mundo que me era totalmente desconocido. Empecé a acoplarme e ir conociendo y a darme cuenta que la educación en esta región es un reto porque se sale de todos los esquemas”, explica el actual coordinador del Plan Nacional de Lectura y Escritura de la Secretaría de Educación del Vaupés.

Infante se refiere a que en Vaupés el 85% de la población estudiantil es indígena. Así como Ciro, la mayoría son políglotas pues saben la lengua de la etnia de su padre por obligación, la de su madre por necesidad, una lengua franca (cuveo o tucano), castellano, y hasta portugués (aquellos que colindan con Brasil). En Vaupés existen aproximadamente 200 comunidades indígenas de 26 etnias que hablan 23 lenguas ágrafas. Cada etnia tiene sus costumbres y su propia cosmovisión.

Los niños indígenas en sus hogares tienen interacción con la lengua de su padre y de su madre y cuando llegan a grado primero –en donde los estándares curriculares tienen previsto que el niño aprenda a leer y a escribir– “apenas están comenzando a entender palabras y frases elementales del castellano, que es una nueva lengua para ellos”, explica Plinio Restrepo, rector de la Escuela Normal Superior Indígena María Reina de Mitú.

José Miguel Doria, docente de la escuela José Eustasio Rivera y quien vivió en la comunidad Acaricuara, agrega que los estudiantes indígenas manejan muy bien los mitos y leyendas pues su tradición oral es muy rica, gracias a las historias que les cuentan sus abuelos. “Ellos son muy buenos para crear e inventar historias orales. Y aunque tienen problemas con la ortografía y algunos con comprensión de lectura, cuentan con una caligrafía muy bonita. Incluso sus dibujos son muy llamativos y estéticos”, comenta.

El castellano, entonces, no es la primera lengua de los estudiantes indígenas. Pero lo aprenden porque es la lengua nacional. “Nosotros no podemos ser ajenos a la globalización que vive el mundo de hoy y, además, el acceder a derechos fundamentales como la salud, la educación, y otros tantos beneficios que son propios del Estado y de la atención a las poblaciones, implican necesariamente dominar una lengua. Lo importante es conservar ese equilibrio: asumir las competencias comunicativas en lengua castellana y también conservar lo nuestro, que no se pierdan la identidad del grupo étnico ni la cultura propia”, explica Restrepo.



Niños de Bocas del Yi reciben los libros que los colombianos les regalaron. Foto: Archivo MinCultura

Una selva sin librerías

Además de que algunos estudiantes presentan dificultades para aprender a leer y escribir, deben enfrentar otro reto: el acceso a los libros, que en Vaupés es muy limitado. No existen librerías. Lo más parecido son ciertos almacenes ubicados en Mitú, en donde se venden gran cantidad de objetos y, a veces, uno que otro libro.

Eso sí, el departamento cuenta con cuatro bibliotecas públicas: la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera y la Biblioteca Pública Municipal de la Casa de la Cultura Luis Enrique Chávez Velásquez, así como las bibliotecas de los municipios de Taraira y Carurú que hacen parte de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y que han sido dotadas con libros gracias al Plan Nacional de Lectura y Escritura ‘Leer es mi cuento’. A su vez, existen 118 establecimientos educativos en 16 instituciones que en total tienen unas 38 bibliotecas escolares, enfocadas principalmente en textos escolares.



Quien desee comprar libros, generalmente lo hace cuando viaja a Villavicencio o a Bogotá. Así que con ese panorama no es raro que en los hogares sea difícil encontrar libros. Yuli Andrea Rubio Cruz, docente y directora del Sistema de investigación de la Escuela Normal Indígena, cuenta que en el Semillero de investigación en lectura y escritura, en el que participan estudiantes de los grados 11 al 13 interesados en esta temática, han realizado cartografías de los lugares en donde hay espacios para la lectura y la escritura en Mitú y han descubierto que generalmente los estudiantes que cuentan con libros en sus casas tienen algún familiar que trabaja como docente y es quien los lleva, o porque los mismos jóvenes los roban de las bibliotecas.

Otros, en cambio, han visto los beneficios que trae pedir los libros en préstamo, como es el caso de Emilse Triana, estudiante de noveno del colegio José Eustasio Rivera, quien desde hace dos años entró a la Biblioteca Departamental y quiso llevarse a su casa una buena cantidad. “Me explicaron que tenía que llevármelos de uno en uno, así que tomé 'María' de Jorge Isaacs, que me encantó. Desde entonces cuando acabo un libro vuelvo por otro. Estoy leyendo unos 10 libros al mes”, cuenta.

Ésta ávida lectora, tiene expectativas por conocer qué libro recibirá gracias a la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’ y cruza los dedos para que sea uno que no se haya leído. También espera que con los libros que se entreguen a los jóvenes de su edad se los motive a leer para que ocupen mejor su tiempo libre.

Algo similar espera Ximena Corazón Martínez, estudiante de la Escuela Normal Indígena que se reúne con cinco jóvenes más a leer libros relacionados con el Amazonas en la maloca Ipanoré todos los miércoles, de 4:00 p.m. a 6:00p.m., y que, por influencia de su hermana –quien se encerraba a leer en su cuarto y que tenía un vocabulario ‘elegante y diplomático’ que le causaba curiosidad– se ha convertido en una lectora voraz.

Mientras tanto Ciro Ferneley, el estudiante de Bocas del Yi, cuenta que leyó cuatro veces el libro 'Los músicos de Bremen' y que lo que más le ha gustado son los dibujos y las enseñanzas. Su abuelo, el docente pensionado Héctor Gómez Estrada, quien vive con Ciro y usualmente le cuenta las historias de la región y de su cultura cuenta: “Para mí es un orgullo que cada niño tenga un libro, para que así pueda alimentar su pensar y el análisis. Muy interesante porque así los niños van aprender muchas cosas más”.

Por Lucía Camargo Rojas

Nota publicada en El Tiempo el 6 de noviembre de 2015

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La lectura, medicina para los niños


Gracias al poder de los libros y la lectura un hospital puede transformarse de un espacio de dolor a uno de esperanza. Durante el periodo 2015-2018 el gobierno Santos construirá 300 salas de lectura para primera infancia.

Foto: Archivo MinCultura 

Eulicer, un niño indígena emberá de dos años, sigue con detenimiento la voz y narración de Luisa Mazo, promotora de lectura del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, quien le lee en voz alta el texto infantil La gallinita roja a él y a su madre, Miria Viscuña. Tanto así, que el pequeño, quien se encuentra sentado en una silla del corredor de la sala de pediatría del hospital, está tan absorto que tiene en su mano derecha un pedazo de galleta que sostiene en el aire, sin llegar a comerla o cambiar de posición.

Son las tres de la tarde y el sopor del día en la capital chocoana golpea con intensidad. Luisa se encuentra sentada frente a los dos indígenas emberá, quienes debieron recorrer un trecho de cuatro horas desde su comunidad Peñas del Olvido hasta Quibdó para poder acceder al servicio del hospital debido a que Eulicer tiene paludismo y neumonía.

“Había una vez una gallinita roja que vivía en una granja con otros animales. Un día escarbando se encontró un grano de trigo. Pensó en sembrarlo y hacer pan para todos sus amigos”, narra Luisa con tono particular.

A medida que avanza la narración, la promotora de lectura pasa las páginas del libro lentamente con el fin de que niño y madre puedan ver las ilustraciones. Al poco tiempo se acerca una indígena más que sigue con timidez el desenlace de la historia.

Finalizada la sesión de lectura, Miria Viscuña cuenta que generalmente Eulicer no presta atención a las lecturas que les realiza un joven emberá, que ella llama “el maestro”, cuando va a Peñas del Olvido a leerles libros en español. Esta vez, irónicamente, Eulicer prestó atención, casi sin parpadear, a toda la historia.

Alnor, en cambio, no se quedó quieto durante la lectura que Luisa le hizo a él y a su compañera de cuarto, Joycy, del libro Mi mamá es mágica. Cuando Luisa comenzó la lectura estaba acostado y al final de la sesión terminó sentado cerca de ella, contestando cada una de las preguntas que la promotora le hacía.

– ¿Tu mamá sabe que van a pasar las cosas antes que sucedan? –preguntó Luisa

– ¡Sí! – dijo emocionado Alnor, quien ingresó al hospital por gastritis.

– Entonces tu mamá es mágica, como la del libro – le explicó Luisa.

Desde hace un año y medio los pequeños que como Eulicer y Alnor ingresan al Hospital San Francisco de Asís, disfrutan de lecturas en voz alta en las tardes que realiza Diana Patricia Serna, educadora hospitalaria, o Luisa Mazo gracias a la creación de un espacio nuevo que se ha ganado el cariño tanto de médicos y enfermeras como de pacientes: la sala de lectura.

El lugar, de apenas dos metros por cuatro metros, era antes la oficina de unos médicos que con gusto cedieron el espacio cuando se decidió que allí se adecuara y dotara una sala de lectura en el marco de la alianza público-privada de más de treinta entidades “Primera infancia aquí estamos”, como parte de la materialización de la Estrategia De Cero a Siempre.

Una de las entidades participantes de esta alianza fue el Ministerio de Cultura, institución que apoyó con recursos y asesoría técnica. La dotación de la sala estuvo a cargo de Fundalectura, entidad contratada por Aldeas Infantiles, otro de los socios de la alianza, para para dotar la sala con 300 libros, estantes, cajones para libros, sillas, cojines y una mesa.



 Sala de lectura en el Hospital San Francisco de Asís en Quibdó. Foto: Archivo MinCultura.


Salas de lectura para todo el país

Entre 2013 y 2014 el Ministerio de Cultura adecuó y dotó 28 salas de lectura en siete departamentos de Colombia y contrató 53 promotores de lectura que se repartieron entre Antioquia, Atlántico, Chocó, Bolívar, Valle del Cauca y Cauca.

Adicionalmente, el Ministerio de Cultura invita a que las regiones hagan uso de los recursos que avalan los Conpes 152-2012, Conpes 162-2013 y Conpes 181 de 2015 relacionados con primera infancia. Gracias a estos tres documentos las regiones pueden ejecutar los recursos del Sistema General de Participaciones para la Primera Infancia con el fin de dotar, ampliar, mantener o reparar salas de lectura en bibliotecas, museos o casas de cultura. En particular gracias Conpes 181 los municipios de Colombia en 2015 cuentan con más de 171 mil millones para adecuar la infraestructura cultural para atención integral a la primera infancia.

De acuerdo con el parágrafo 2 del artículo 4 del Acto Legislativo 04 de 2007 los recursos del Sistema General de Participación del crecimiento de Economía superior a 4% se destinarán a la Atención Integral a la Primera Infancia. Para 2014 más de $2.000.000.000 fueron invertidos en la dotación de salas de lectura en las bibliotecas adscritas a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de más de 140 municipios, mientras que $6.800.000.000 fueron usados en más de 60 municipios para ampliar, mantener, reparar y dotar salas de atención a los niños en bibliotecas, casas de cultura, y museos.

Según las bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “con el apoyo del Ministerio de Cultura (que brindará la orientación técnica y aportará la dotación de libros), el ICBF y el Ministerio de Salud fortalecerán la oferta propia de atención integral con la creación de 300 salas de lectura en familia o círculos de palabra en comunidades indígenas”. Un porcentaje de estas salas se realizará en hospitales. Este año se construirán 80 salas: 40 en hospitales y 40 en unidades de víctimas, unidades de servicio del ICBF y comunidades indígenas. 

Para Sandra Argel, Asesora Programa de Atención a la Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “las salas de lectura brindan a los pequeños la oportunidad de acercarse a los libros desde el disfrute, la exploración y el juego, creándose las bases para un vínculo afectivo con la lectura desde la primera infancia”.


Sala de lectura en Acacías, Meta. Foto: Saraka

¿Y cómo son las salas de lectura?

Hernán Darío Castro hizo parte del equipo Saraka que ganó la convocatoria de Aldeas Infantiles para diseñar y construir los inmuebles de las tres salas de lectura que se hicieron en el Meta en septiembre del año pasado: Acacías, Puerto Concordia y Lejanías. Las salas cuentan con tres mesas con modelos de animales basados en la fauna del Meta, nueve cojines y tres estanterías que tienen la ventaja de poderse ensamblar en el sitio, usarse en climas calurosos y pintarse con vinilos no tóxicos cuando se requiera. 

Para Castro lo más interesante de diseñar, elaborar y construir el mobiliario de las salas en cada municipio, fue tener la posibilidad de ver cómo la recibían los niños de la región. “En Puerto Concordia la biblioteca es muy iluminada. Cuenta con ventanas en las cuatro paredes, lo que permite que el sol entre durante todo el día. Cuando llegamos a montar la sala de lectura infantil, los niños de la comunidad se asomaron, curiosos, en cada una de las ventanas, al punto de que terminamos rodeados de sus caras”.

Maria Clara Henao, diseñadora industrial de Bibliotec, explica que las salas de lectura para primera infancia “son espacios dinámicos y confortables, donde se le da mucha importancia al color y a cada mueble”.

Por su parte el artista plástico Juan Carlos Melo Hernández, quien hizo parte de la elaboración del documento Lenguajes y ambientes de lectura que hizo MinCultura, ICBF y la Fundación Carvajal, resalta la importancia que tiene el cuerpo del niño a la hora de pensar en lugares propicios para la lectura en primera infancia. “Una sala es un lugar que propicia múltiples estados del cuerpo: estarse boca abajo, boca arriba, sentado, en las rodillas, con los pies cruzados, sentado en una silla formal, sentado junto al otro, sentado frente del otro. Un lugar de infancia siempre tiene que ser múltiple”.

Una sala de lectura que llega a los pacientes

En el Hospital de Quibdó Luisa y Diana Serna han demostrado que la sala de lectura no es rígida sino que se apropia de acuerdo al lugar. Diana optó por llevar los libros a los pequeños, en vez de que ellos vayan a la sala.

Así, Diana y Luisa seleccionan libros de los estantes de la sala de lectura realizan jornadas de lectura en voz alta todas las tardes en neonatos y pediatría, donde los médicos ya hicieron los turnos en las mañanas. Sólo cuando existe un grupo pequeño de niños que pueda ir a la sala los llevan, pero en general las actividades se realizan en los cuartos y corredores del hospital.

Diana, capacitada en el proceso de pedagogía hospitalaria que inició en octubre de 2013 gracias al trabajo conjunto de MinCultura, MinEducación, Aldeas infantiles y la Universidad del Norte, explica que las actividades diarias de lectura en voz alta no son una clase.

“Los niños de aquí no van a salir graduados de nada. Atendemos niños que se van. Que no son permanentes. Pero el niño tiene derecho a tener una atención de salud y a ser estimulado en su parte cognitiva o intelectual a través de cuatro actividades rectoras de pedagogía hospitalaria: juego, literatura, arte y exploración del medio,” dice.

Para Elia Nelly Acuña Córdoba, subgerente asistencial del Hospital de Quibdó “una enfermedad inicialmente causa mucha angustia. Cuando el niño tiene algo que lo motive, diferente a hablar de la enfermedad, se distrae y eso puede ser un aporte positivo a la recuperación. Tanto para los familiares como para los pacientes la actividad de lectura ha sido muy motivante porque estimula a los niños y los distrae un poco de la enfermedad”.

El pediatra Pedro Luis Álvarez Mena, ha notado que cuando a los niños enfermos que ingresan al hospital se les lee, de alguna manera dejan de estar emocionalmente deprimidos. “Nuestros niños no tienen aquí en el hospital actividades que los entretengan. Las sesiones de lectura se han convertido en un espacio de entretención creativa porque el niño despierta su interés por la lectura”, explica.

Y no son sólo los niños, sino también los padres. Luisa cuenta que en una lectura en la sala de neonatos, las madres se sorprendieron a al saber que los bebés hacían ruidos como eructar, que les da hipo y hasta pueden llorar gracias a una de las lecturas diarias. 

“No lo creían. Fue tal su asombro que comenzaron a recordar sus historias durante su embarazo. Por ejemplo, una contó que se sentía sola y comenzó a escuchar el llanto de un bebé y que podría haber sido su hijo llorando en su vientre. Fue muy bonito porque entre todas comenzaron a compartir sus experiencias”, explica la promotora de lectura.

Son las 5:00pm y Luisa quien ya ha terminado su jornada se lectura, reconoce que lo que más le gusta de su trabajo es “cómo muchas veces los niños están deprimidos por la enfermedad y por el lugar en el que se encuentran. Cuando uno llega y les lee pareciera que descansaran de la situación. A veces están llorando mucho pero cuando uno comienza a leerles les cambia el llanto por sonrisas”.

Por Lucía Camargo Rojas

Un fragmento de esta nota fue publicado en Lecturas Dominicales de El Tiempo





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91 habitantes de calle de Bogotá recibieron formación en artes y oficios

En el marco de un convenio entre la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Escuela Taller de Bogotá, con el apoyo de la Secretaría de Integración Social, 146  habitantes de calle participaron de un proceso de formación en oficios tradicionales. 


Foto: SCRD

En el momento en que Manuel Granados recibió tres tiros (uno en su pierna derecha y los dos restantes en cada brazo) tomó finalmente la decisión de dejar de consumir sustancias psicoactivas. Vivió en la calle los últimos siete años y había sido recluido en la cárcel cuatro veces, por periodos entre cinco y once meses.

“Comencé a consumir bazuco a los 18 años porque quería ser aceptado entre mis compañeros”, cuenta este hombre de 35 años quien desde el pasado 7 de julio estudia cocina en la Escuela Taller de Bogotá, gracias a un convenio entre la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Fundación Escuela Taller de Bogotá, apoyado por la Secretaría de Integración Social.

En total 146 habitantes de calle, entre los que se encuentran tres personas de la población LGBTI y 14 personas en ejercicio de prostitución, iniciaron los cursos de cocina básica, repostería y pastelería, fibras y tejidos, ensambles y elaboración de juguetes, fabricación de instrumentos musicales, mampostería y adecuación de espacios, según su elección. Del total de participantes, 91 personas asistieron durante tres meses, por lo que este 4 de octubre reciben su certificación.


Foto: SCRD
Artes y oficios

Mauricio Malaver ingresó al taller de fibras y tejidos porque solía ayudar a su madre a elaborar productos hechos con textiles. Mientras teje una manilla, relata sus difíciles momentos de infancia. Cuenta cómo decidió convertirse en transexual y comenzó a consumir sustancias psicoactivas. Cuando sus padres murieron y quedó solo, empezó a vivir en la calle.

“La mayoría de nosotros ha tenido situaciones familiares difíciles. Este curso nos sirve para olvidar por momentos lo que hemos vivido porque uno se entretiene y hace nuevos amigos” explica Mauricio, quien ha aprendido a confeccionar portavasos, manillas, brazaletes, aretes y bolsos.

John Castro decidió ingresar al taller de repostería porque quiere seguir los pasos de su padre quien tenía una panadería propia. Cuenta que por culpa de una decepción amorosa comenzó a consumir droga. Ya está cerca de cumplir su sueño porque actualmente sabe hacer hojaldres, milhojas, muffins, brownies, galletas y pan de yogurt, entre otros. Además, en sus ratos libres, investiga sobre cómo crear una empresa.

Antonio Ortiz estudió música en Alemania y es licenciado en pedagogía musical. Optó por ingresar al taller de elaboración de instrumentos musicales, atraído por la idea de poder construir los elementos con los que crea su música. Comenzó el consumo siendo un adulto mayor y ahora quiere recuperar los años perdidos. Mientras agita una maraca, cuenta cómo su sensibilidad le permite buscar el sonido perfecto a cada instrumento.


Cada tejido es una historia

El encuentro con las artes y los oficios estimula a los habitantes de calle a reflexionar sobre su vida y a retomar o crear nuevos sueños. Así lo demuestran las historias de los 91 que ya culminaron el proceso. De acuerdo con Juan Carlos Quiñonez, trabajador social de la Fundación Escuela Taller de Bogotá, fue evidente que en el taller de fibras “cada tejido que ellos van elaborando es una historia. De ella van recordando y pensando sobre lo que les sucedió y sobre qué les gustaría de su vida. Es poético y realista al mismo tiempo”.

Ismenia Benítez, coordinadora de competencias humanas de la Escuela Taller, añade que generalmente se tiene un concepto genérico y errado del habitante de calle. “Son personas que si se logran involucrar en un proceso, pueden cumplir las metas que se establezcan. Es cuestión de oportunidades”.

En el taller, Manuel Granados ha aprendido todo lo relacionado con el alistamiento de cocina y sueña con trabajar en un barco para conocer nuevas culturas. Dice que no pensó que se fuera a recuperar de los impactos recibidos y está emocionado de que su madre vea los resultados del proceso del taller el próximo 4 de octubre. “Quiero que esté orgullosa de mí”.

John Castro, desde su propia experiencia, quiere ayudar a los habitantes de la calle; mientras que Antonio Ortíz acepta que ha sido renovador volver a ser estudiante y que ha aprendido mucho de su profesor. Manifiesta que desea elaborar instrumentos, venderlos entre sus allegados y dictar clases de música a jóvenes que tengan problemas de drogadicción. “El arte aleja a la gente de las drogas”, asegura con convicción.
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Review: 'Teacher in The House: A True Tale of Urban Survival'

By Lucía Camargo Rojas

“Teacher in The House: A True Tale of Human Survival” is a funny, emotive and biographical one-woman play that explains actress Susan Jeremy’s decision to teach children with life-threatening illness at their homes. The show, presented at Theatre 99, is part of the Piccolo Fringe series.

Successfully performing 10 different characters, Jeremy tells four interweaving stories: her childhood memories when she was a student, her experience as a public school teacher, her own cancer treatment and her role as an educator.

Without any effort or intermission she performed distinctly different characters, such as a policeman and a kid with attention deficit disorder. Her acting was so compelling that only with the tone of her voice, a movement, an attitude, it was clear when she changed from one character to another, and when she shifted to a new scene.

Most importantly, she was able to describe regular life and the peculiarities of each character and each environment, prompting laughter throughout the performance. Two of her funniest descriptions were about the Hispanic neighborhood in New York City, where people are so warm everyone is half-naked, and about how she won the respect of her 7th grade students when she taught them about drugs, including illegal ones.

Those funny moments, though, were a kind of an introduction to the most difficult part of the performance, when she shares her experience with cancer and chemotherapy. Up to this moment the pace of the storytelling was quick and the mood festive. But once her character is coping with illness, the performance became more reflective.

Jeremy clearly took a risk in this show: She wanted to discuss her breast cancer fight with humor. Remarkably, she achieved that goal and simultaneously paid tribute to the teacher helping others face similar battles.

Between jokes, she signaled the importance of helping children struggling with illness, avoiding sentimentality and pity. She rightly chose the perfect way to convey her message: with laughter, lots of laughter.

Published in The Post and Courier on June 7, 2013


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Q&A with Nathan Durfee


By Lucía Camargo Rojas

The original canvas of this year’s Piccolo Spoleto poster is being exhibited in “Tales Transposed: A Celebration of Imagination”. It is called “Bartholomeux Taken by the Piccolo” and was made by the artist Nathan Durfee.

Durfee agreed to talk to The Post and Courier about the meaning of this image.

Q: How did you end up doing this year’s Piccolo Spoleto poster?

A: Rebecca Gosnell, who is affiliated with the Office of Cultural Affairs, was a big fan of my work and approached Ellen (Dressler Moryl). Rebecca dropped my work (off with) them, and they thought it could be a good match for the festival. They told me: “Hey, we love this Bartholomeux character, and we want to incorporate it into this year’s Piccolo poster.”


Q: When did you start drawing Bartholomeux?

A: I came up with the dog Bartholomeux about two years ago. What is interesting about him is that he has this affiliation with the cardinal birds, and I have done a whole series of cardinals, where each cardinal has its own personality.


Q: What is the idea behind “Bartholomeux Taken by the Piccolo”?

A: I thought it would be interesting to have Bartholomeux embodying the festival where the cardinals represent all the individual performers. If you look at the poster, you will see that one cardinal is an opera singer, another one is a musical conductor, another a guitar player and so on.


Q: What is the role of Bartholomeux in the poster?

A: He is like a leader of the other artists, which is like what all festivals are about. If you bring all of these different performers and artists together, it is more than just the individual parts.

Published in The Post and Courier on June 4, 2013

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By Lucía Camargo Rojas

The infinite possibilities for telling stories through sculpture, painting and collage are evident throughout the Piccolo Spoleto arts exhibition “Tales Transposed: A Celebration of Imagination.” But Nathan Durfee’s work catches more than its share of attention, demonstrating why he deserves the entire first floor of the City Gallery at Waterfront Park.

Durfee is a magician of contrasts. Complementary colors as well as characters harmonize in his work as if they were made for one another. The 24 bright canvases clearly show his desire to depict an understanding between characters from different worlds.

The main character in this series, the dog Bartholomeux, plays the flute or a record player in order to speak the language of the cardinal birds. In the outstanding canvas “Bartholomeux Swallowed in the Red,” the dog is delightfully surrounded by several birds to the point where the two species seem to become one.

Durfee’s strongest tool is his ability to use his background as an illustrator to paint colorful canvases that tell a story. Seeing several of his paintings becomes a reading experience that makes you want to organize Bartholomeux’s transformation chronologically. Durfee’s imagination captivates from beginning to end. Comparing his first pencil drafts with his finished works gives a sense of how this remarkable artist develops his ideas.

The exploration of stories continues on the second floor of the exhibition, with the collages of Lillian Trettin and the sculptures of Judy Mooney.

Trettin’s work is risky. She carefully cuts handmade, hand-painted and commercial papers, then reassembles the pieces to create satirical and colorful scenes based on Flannery O’Connor novels. Some of her pieces are extremely powerful, like “Jesus Was the Jagged Shape in the Back of His Mind” (2012), inspired by O’Connor’s “Wise Blood,” while others lack some energy.

Mooney’s pieces depict the stories of Gullah-Geechee people through rustic clay sculptures that respectfully evoke an ancestral knowledge. The artist’s research into Gullah traditions is evident in the compelling architectural pieces that seem to keep a secret that one would like to find.

Published in The Post and Courier on June 4, 2013

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Haga click en la imagen para ver el video

Por Nick DeSantis y Lucía Camargo Rojas. Publicado el 2 de junio de 2013 en The Post and Courier

Rubén Olmo, director artístico del Ballet Flamenco de Andalucía, explica el significado de su obra "Noche Andaluza" que se presentó en el Festival Spoleto 2013. /Rubén Olmo, Ballet Flamenco de Andalucía artistic director, explains the meaning of  the show "Noche Andaluza" performed in Spoleto Festival USA 2013.



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Image by Vinny Y. Huang/ Special to The Post and Courier

By Lucía Camargo Rojas

In the first of two Brent Ashley paintings at Circular Congregational Church, the artist is depicted as an abstract figure trying to balance seven red stars. The second, more realistic piece features bigger stars that are delicately placed to harmonize with Ashley’s more energetic body.

“In the first one, I’m confused and tired,” he said of the two works. “In the second one, I’m part of my present rather than disconnected from it.”

They represent two very distinct periods in Ashley’s life: before and after he began to be treated for Bipolar II disorder. They are among the 92 paintings shown in the “The Art of Recovery” exhibition, part of the Piccolo Spoleto Festival.

The exhibition, which was organized by the South Carolina Department of Mental Health, features artwork by people living with mental illness who use painting as a therapeutic tool, often because they were already interested in art.

The Department of Mental Health treats 100,000 patients a year in its 17 state centers, some of which have multiple clinics. Three centers — Greenville Mental Health Center, Coastal Empire Community Mental Health Center and Aiken Barnwell Community Mental Health Center — offer art classes.

Brian Marks was a mental health patient in the late 1990s and now is an art teacher in the Greenville office. Some of his pupils are among those exhibiting their work in “The Art of Recovery.”

“Psychotherapy can help heal the mind, but art takes a step further and helps to heal the soul as well,” Marks said.

The Art of Recovery program, which received the 2006 Elizabeth O’Neill Verner Governor’s Award for the Arts, frequently looks to exhibit these paintings in settings beyond the department’s administration buildings. Sue Perry, director of community resource development at the Department of Mental Health, said being part of Piccolo Spoleto was a dream come true for both staff members and artists.

Perry has been in charge of the program since its beginning in 2001. She believes that when patients show their art in public, their illness becomes secondary and they can see themselves first and foremost as artists.

For the festival, the Art of Recovery committee selected pieces related to recovery and hope. They also tried to include different painting media to show the diversity of artwork produced throughout the state.

All of the artists involved have stories related to their mental health struggles, Ashley said.

“There are a lot of things that people who have the illness don’t understand,” he said. “On this side you are sane, and on the other side you are crazy. You are walking on a tightrope between it.”

In cases like these, Marks said, art becomes an opportunity for people to express themselves when words may fail them.

Ashley believes that art helps him get control of his thoughts. “I went from being a college graduate to sleep as a homeless man in Arizona because I didn’t want to confront who I was,” he said.

But after undergoing therapy and getting back to his art, he began to believe in himself again. His hope is represented by the green hands in both of his current pieces — and especially by the second one, which clearly depicts someone looking toward the future.

Published in The Post and Courier on June 2, 2013

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Image by Miguel Ángel González. Especial for The Post and Courier

By Lucía Camargo Rojas

When the Spanish flamenco dancer and choreographer Ruben Olmo is on stage, he feels as though he’s spread his wings and started to fly. He believes in Nietzsche’s premise that dancing is a metaphor for thinking.

In “Noche Andaluza” (“Andalusian Night”), his first piece of choreography as artistic director of the renowned Ballet Flamenco de Andalucia, Olmo shows how dancing gives wings to body and mind. The Spoleto Festival show opens tonight and runs through June 2.

“Noche Andaluza” is an adaptation of “Metafora” (“Metaphor”), which was selected in a 2011 Spanish public competition as the production that would begin a new era for the company after it had been closed for two years.

The 17-year-old Ballet Flamenco de Andalucia is a state-sponsored company of Andalusia, Spain, that keeps alive the flame of large-format flamenco and Spanish classic ballet, according to the flamenco writer Juan Vergillos.

“With Olmo’s direction, the company has acquired youthfulness, new ideas for the choreography and a personal understanding of flamenco and Spanish dancing,” Vergillos said.

Olmo, 32, said he has been more or less in constant movement since he was 9, and that he has never limited himself to one style of dancing.

“Noche Andaluza” certainly showcases traditional flamenco — castanets, fans and bata de cola dresses — but it also depicts a more avant-garde style represented in the solo of one of the most important contemporary flamenco dancers, Pastora Galvan.

The production marks Galvan’s first performance since having a child. At the beginning, she didn’t feel in shape for the rehearsals; even the bata de cola was very heavy for her, she said. But “Noche Andaluza” quickly rejuvenated her. “I added my art, my picaresque and avant-garde dancing style and all my heart.”

Olmo and Galvan have studied together since they were children.

“We are like siblings,” Olmo said. “It has been a dream come true to have her as a guest while I’m directing.”

“Noche Andaluza” has everything you would expect in a flamenco ballet, according to Vergillos. “Charleston audiences probably will find it very eye-catching, showy and colorful,” he said, and it’s an unusual opportunity to see Galvan in collaboration with the group; she typically dances only for her own company.

“There is no tragedy or drama in Olmo’s choreographies,” Vergillos said. “He adds color and balance. He has a soft vision of a whole universe.”

“Metafora” has been performed in Greece, the U.K., Ecuador, Mexico, Colombia and several American cities, including Boston, Washington, D.C., and New York. This is a huge achievement for a company that prepared the production in just a month and a half, and with a reduced budget due to the current economic crisis in Spain.

“I had to adapt to the situation and to make this an artistic experience without much budget,” Olmo said. “At the end, we got good results.”

The 10 young dancers, who were selected from 400 candidates through public auditions, had to learn various dancing styles. But despite these different styles, Ballet Flamenco de Andalucia’s name gives a clear indication of Olmo’s main concern.

“Flamenco is a brand that we cannot mistreat,” he said.

Published in The Post and Courier on May 31, 2013

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The Post and Courier image

By Lucía Camargo Rojas

“Women of Lockerbie” is a moving play that deals with the psychological effects of a tragedy. Devorah Brevoort’s script, which hinges on the 1988 crash of Pan Am Flight 103 in Lockerbie, Scotland, tells the story of fictional characters whose grief for the loss of a loved one is transformative.

The play is being performed at the Chapel Theater by the College of Charleston Department of Theater and Dance as part of the Piccolo Spoleto Festival.

Madeline (Ryan Gunning) and Bill Livingston (Peter Spearman) are a couple from New Jersey who travel to Scotland seven years after the crash, hoping to find some belongings of their son, Adam. While the mother looks fiercely for her son’s remains, the father meets a group of women who wants to persuade U.S. government official George Jones (Bronson Taylor) not to burn the passenger’s clothing, sealed in bags.
Flamenco dance writ large: Esteemed company to light up arena stage
At the beginning, the story’s pace is a bit slow, with the main characters not getting as much attention as, for example, a scene-stealing Scottish woman with a walking stick. Gradually, though, Madeline, an unstable woman unable to deal with her grief, becomes the center of the story.

Even though Gunning is a young woman, she convincingly portrays a mature mother, and among her finest moments is the delicate way she describes the realization that her son was on the plane.

Indeed, this vibrant role overshadowed that of her husband. One would expect a more dramatic explosion from a father who has hidden his feelings for so many years. Simultaneously, the character of Olive Allison (Brenna McNamara) is quite rigid, although she seems much more vivid when it becomes evident that she has also been affected by the crash.

What is remarkable about this play is the ability to depict the different aspects of grief: fault (“Why did I tell him to come for Christmas?”), anxiety, frustration (“Why did this happen to me?”) and hate, to the point that the audience shares the distress of the characters. The simple stage helps to create a mournful and respectful environment reinforced by a chorus that highlights the pain and simultaneously gives rhythm to the plot.

Even though Brevoort at times over-explains the characters’ pain, she does succeed in showing their need to achieve peace of mind.

The strength of “Women of Lockerbie” is its ability to describe suffering in a way that goes beyond a particular tragedy and applies to any calamity, and also the way it highlights the difficulty of true forgiveness.

With such dramatic scenes, several moments — featuring the chorus; Taylor’s strong performance; Allyson Musmeci’s funny portrayal of Hattie, who works for the U.S official; and especially a scene of the women washing the clothes — are a necessary relief for an audience seeking a similar serenity as the characters.

Published in The Post and Courier on May 27, 2013

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Moveable sculpture: Handspring Puppet Company and ‘A Midsummer Night’s Dream’


Image by Simon Annand published in The Post and Courier

By Lucía Camargo Rojas

Handspring Puppet Company has made puppet horses strong enough for men to ride, puppets that fight apartheid in South Africa and much more.

For Spoleto Festival USA, the company will exhibit its latest invention: puppets that recite Shakespeare. They will add a magical element to a fantastical production of “A Midsummer Night’s Dream,” the result of a collaboration between Handspring and the venerable Bristol Old Vic company.

“In ‘A Midsummer Night’s Dream,’ everything from the floor goes up and sometimes comes alive,” Handspring Executive Producer Basil Jones said. “There is kind of magic in all the objects.”

Magic is central to the South African company’s artistic mission: Objects have the right to live.
“The struggle of the puppet is to live; otherwise, it is always death, and to give it life is the job of the puppeteer,” said Adrian Kohler, Handspring’s artistic director.

“A Midsummer Night’s Dream” is the first collaboration between Handspring and Bristol Old Vic since their Tony Award-winning “War Horse.”

The Shakespeare play is a new challenge for a puppet company that has helped integrate puppetry into the theater mainstream.

In this adaptation, Handspring experimented with figures they hadn’t made before: more than 20 carefully carved puppets from small birds to enormous masks.

The company is fearless and imaginative, showing the influence of Western Africa in its work, according to Mervyn Millar, author of “The Horse’s Mouth: Staging Morpurgo’s ‘War Horse.’ ”

“A Midsummer Night’s Dream” is also funny, Kohler said.

“All our plays have been a little bit serious, from political plays to opera,” he said. “We are not great at being comedians, but in Shakespeare’s play, we have broken the mold. There are some wonderful clowns, and it is very funny.”

Jones and Kohler founded Handspring in 1981. They met 10 years before, when they were studying sculpture at the University of Capetown.

Kohler grew up in a house that had a little theater in the garage, he said. His mother was an art teacher who encouraged him to make and perform with puppets. Their influence was evident in his artwork.

Jones, instead, wasn’t very interested in puppets until he graduated and went to live with Kohler in Botswana. During one trip to South Africa, Kohler found some weird puppets. When Jones saw them, he fell in love with them. The mysterious objects had been made in Mali, a region of Africa with a rich puppetry tradition.

When Kohler suggested starting a puppet company, Jones saw the potential.

They began by developing a series of children’s plays but turned to adult audiences in 1985 with “Episodes of an Easter Rising,” a play about people joining the struggle against apartheid in South Africa.

“We wanted to be taken seriously in the theater,” Kohler said. Puppetry is a powerful medium and certainly not only for children, he said.

In 1986, they moved to Johannesburg and met artist William Kentridge, who became the director of their next six productions. Four years later, after Nelson Mandela was released from prison and South Africa started to move toward democracy, it became possible for South African artists to perform overseas. With Kentridge, they performed in Germany, France, Czech Republic, U.S., England and Colombia.

Handspring still was characterized as a small company despite this growing success, but that changed in 2008, when it received a call from stage director Tom Morris, who then was working with the National Theater in London. He suggested creating puppets for a theater adaptation of a children’s novel about horses in World War I.

Kohler designed life-size puppet horses made with leather, aircraft and steel cables, and other material. It was the beginning of “War Horse,” a production that would win five Tony Awards in 2011, including Best Play, and enjoy successful runs around the world.

“When you are going into puppet theater, you aren’t expecting to have an international hit play in your hands,” Kohler said.

Now Handspring is in demand. Puppets are produced at a fast clip, and the staff has expanded from seven to 25. In 2010, Jones and Kohler created the nonprofit Handspring Trust for Puppetry Arts to identify and assist the next generation of puppet artists.

Millar said the company creates some of the most beautiful puppets in the world and has a quality of acting not easy to find.

“The level of subtlety that they give to a performance has changed what people expect from puppetry in theater,” Millar said. “They are always looking to make puppets do something people think puppets can’t do.”

Published in The Post and Courier on May 25, 2013

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Image By Michael Cavalca published in The Post and Courier

By Briana Prevost and Lucía Camargo Rojas

In 2002, young dancers from the shantytowns of Brazil who had been discovered by a French choreographer, took to the Spoleto stage combining a mix of salsa, hip-hop and native capoeira movements into their choreography.

Mourad Merzouki, who has Algerian roots, started the all-male dance group several years earlier. It has since gone on to tour the world. At Spoleto again to perform for the first time in more than 10 years, the group is presenting a new production, “Correria/Agwa.”

In an email interview, Merzouki, the artistic director of Compagnie Kafig, discussed his dance background, his take on combining modern and traditional styles and his impression of the company he started.

Q: What do you remember the most about your last performance in Charleston?
A: We performed the show Dix Versions, I had a really good experience there.

Q: What made you write “Correria/Agwa”?
A: I wanted to tell a story on a universal theme, that means a lot to every people in every country. For Agwa, I wanted to work on a project which was not only linked to what we already know about Brazil, the favelas, etc. Water and running were very interesting to me because they concern dancers and also the rest of the world. In today’s society, we need to run, and water is a vital element.

Q: You started working in a circus and then became a hip-hop dancer. What are the similarities between circus and dance?
A: That is right, I first started with circus. I was an acrobat and I had a passion for performing arts. Hip-hop dance allowed me to bring both together. I also had a strong desire to share and introduce this form of art to the public.

Q: What does hip-hop have that other arts don’t?
A: Hip-hop dance is particularly interesting because it managed to shift from the streets to the stages, without being locked in one or the other. Both styles are developing and are complementary to each other, they still exchange a lot and dialogue together. For me, these two forms of expression are really different but equally important as sources of creativity, and I am still creating for both. In this way, hip-hop is very different from other dance traditions.

Q: What are the advantages and disadvantages of mixing different kinds of dancing and working with people with a variety of cultural backgrounds?
A: The advantages are that dance is a universal language, therefore we do not need words to understand each others. As far as dance is concerned, I only see advantages! Sometimes it becomes more complicated when we get into logistics, but I always find it interesting.

Q: What about the movements of capoeira urged you to include that type of dance in your routines?
A: In this piece, I did not particularly want to integrate capoeira or specific movements, I used the dancers’ vocabulary as a starting point, and, of course, we can felt some capoeira influences. But there are many other influences.

Q: First circus, then hip-hop, then samba, then capoeira. What’s next?
A: My approach is still to bring many different styles and artistic disciplines into hip-hop. I try to add circus, martial arts, visual arts and live music in most of my pieces. There are still martial arts aspects in street dance, it’s all connected. I am always imagining creations with an accent on openness to the world. I just ended a project with Taiwan, but it’s only the beginning. I hope I could have new projects with other countries, such as Japan, etc. I keep working on opening and sharing my way of dancing — hip-hop — to other styles and other cultures.

Q: Do you think the Brazilian dancers in the group have a sense of nationalism performing capoeira?
A: These dancers are very open-minded, curious of the rest of the world, and open-minded dancers. They don’t wonder about nationalism, on the contrary they’re eager to discover the world and they are very generous. Touring the world like they do is a wonderful and unique experience, and they are grateful for that.

Q: What types of cultural influences do you see that style of dance having not only in its country of origin, but also in the places the group has toured?
A: My work is deeply influenced by the artists I meet through my travels and the tours. But once the piece is created, it doesn’t change much, I try to stay as close as possible to the initial work.

Q: How was the experience of working with people who lived in the favelas?
A: I have been introduced to Brazilian dancers by Guy Darmet, who used to be the director of the Maison de la Danse in Lyon and lives between France and Brazil. He knew these dancers very well and as he has been following me for more than 20 years, he asked me to create a piece for them. These young dancers, mostly from Rio’s favelas, were dancing to express themselves, to exist, to survive ... the rhythm and the passion is really present within them. It really fascinated me and I decided to create the piece “Agwa” for them. When I first met these dancers, I really took their vocabulary as a starting point; I took their movements to create the piece. I also gave them “homework” and then my job was to connect the pieces and refine the whole choreography. For them, it is a very special experience because it totally changed their approach to dance. As they were initially dancing in the streets, they now became real professional dancers.

Q: Why “Kafig”? What does it mean?
A: In 1989, with a group of friends and dancers, we created the Company “Accrorap,” among them was Kader Attou, who is now the director of the Centre Choregraphique National of La Rochelle in France. After creating our piece “Kafig” in 1996, I wanted to put together my own project, more personal. This piece gave the name to my new company, Kafig which means “cage” in German and Arabic (in relation to the dancers’ backgrounds): the theme of this piece was about being locked up. We chose this theme because at the beginning, hip-hop was often locked up in one style and one specific representation. The point was to deliver the dance from this “cage,” to push it out of its boundaries.

Q: What are the characteristics of a performance made by Compagnie Kafig?
A: In my pieces, I try to tell stories on universal themes, and topics that mean a lot to every people in every countries. I don’t necessarily want to deliver a particular message through all my creations. For example in my last piece, “Yo Gee Ti” that I made with five contemporary dancers from Taiwan and five hip-hop dancers from France, I worked on the theme of fiber, knitting and building fabrics as if we were “sewing the bodies,” but the point is really to share some poetry and emotions through the piece. The objective is also to spread this form of dance, to make it accessible and also to raise awareness in all audiences. I am always imagining creations with an accent on openness to the world. I keep working on opening and sharing my way of dancing, hip-hop, to other styles and other cultures.

Q: How do you go about choosing the music that’s used to choreograph the dances?
A: I choose music that inspires me, that calls to my mind and reminds me of interesting topics. Then I choose according to what I want to tell. In these pieces, I did not want to choose music that would match too much to their styles, I wanted to push out the boundaries through music and dance, by using different styles together.

Q: What should the audience of the Spoleto Festival 2013 expect from Compagnie Kafig’s return performance?
A: I hope they will spend a great moment of dance with the Brazilian troupe, and that this piece will bring them inspiration, motivation and the willingness to open themselves to the rest of the world.

Published in The Post and Courier on May 24, 2013

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Una fosa poética

A propósito de la proyección de la película "Todos tus muertos" en el Colombian Film Festival.

Por Lucía Camargo Rojas



Una cosa es ver Todos tus muertos en Bogotá, imagino, y otra verla en un auditorio en la ciudad de Nueva York repleto de colombianos. No porque la película sea mejor o peor de acuerdo a la ciudad en la que se proyecta, faltaba más. La cinta se defiende sola. Pero sí porque la cultura que describe y critica se resalta descaradamente cuando uno ha estado más de seis meses en medio de la rigidez, planeación y plano ambiente norteamericano.

Y es que cuando se ve la ineficiencia a la hora de tratar un caso tan delicado como la masacre de cincuenta personas en un pueblo del Valle del Cauca es que vuelve la sensación de absurdo e impotencia que se siente al estar en Colombia. Pero también el humor y la risa al ver que todos los personajes están al son de un poco de corrupción, un poco de vagabundería, un poco de fiesta.

La película me hizo pensar en lo que amo y odio de mi país. Amo el empuje y alegría de gran parte de su gente, amo sus paisajes, su calor. Pero odio que ante un problema espinoso nadie sepa qué hacer y todo el mundo se pase la bola sin resolverlo.

Todos tus muertos cuenta la historia de Salvador (Álvaro Rodríguez), un campesino bizco que un día de elecciones se encuentra con una fosa de 50 personas en su parcela. Angustiado, se dirige rápidamente a hablar primero con el alcalde, luego con la policía, luego con la prensa. Ninguno parece prestarle atención.
La impotencia de este campesino es la misma de miles de colombianos que han tenido que padecer el conflicto colombiano. Lo interesante es cómo Carlos Moreno, director de la película, muestra al espectador lo absurdo de una situación llevada al límite que nadie sabe cómo resolver.

La policía, el alcalde como representación del Estado, Salvador y su esposa cruzan miradas mientras están parados alrededor de la fosa y padecen el calor del Valle del Cauca. La tensión se agrava cada vez que el alcalde hace una llamada, los mosquitos los rodean y el calor los hace visualizar imágenes irreales, como se supone ocurre en un oasis.

La actuación de Álvaro Rodríguez es impecable. Es el bizco quien realmente puede ver, alejado de la telaraña de corrupción y favores que ahoga a los demás miembros del pueblo. Su manera de acercarse con respecto a las figuras de la ley y su miedo a poder ser castigado por un crimen que no ha cometido no son más que señales que denotan su sentimiento de inferioridad cuando, finalmente, es el único personaje admirable precisamente por su inocencia, pureza y humildad.

La fotografía es fabulosa. Los paisajes demuestran el esplendor del Valle y no hay nada como las tomas principales a la montaña de muertos. Sin embargo, algunas de las escenas pierden fuerza por el continuo movimiento de la cámara.

Los animales representados en la película se alejan de cualquier idealización de la naturaleza. La imagen de la anciana que se mece plácidamente mientras poco a poco va matando a un cucarrón que por cosas de la vida está debajo de la mecedora, no es más que una cruda visualización de cómo en Colombia nos vamos matando poco a poco, sin siquiera percatarnos.

Es, sin embargo, la imagen de la fosa la que recorre toda la película y por la que Todos tus muertos se aleja de producciones que cuentan el conflicto colombiano con cinismo y pasa a ser, realmente, una obra poética. La fosa no es más que la representación de un país que no ha sabido mirarse a sí mismo y resolver sus propios problemas. Más aún cuando se sabe que la historia es basada en un hecho noticioso. Una masacre publicada en un periódico de la que luego nadie dio razón de ser.

Alrededor de la pila de muertos están todos los miembros de una cultura que sabe pasarla bien en medio de tan problemática situación. El periodista que denuncia la masacre con el fin de chantajear al alcalde para hacerle pagar unas cuñas, el alcalde que hace lo que diga el mafioso de la zona, el policía que sólo atiende el caso de una masacre cuando acabe de comer. Es irónico cómo uno ríe a carcajadas al ver la ineptitud de los personajes. Es tal vez una risa nerviosa, esa que se produce cuando se ve la cruda verdad en su máximo esplendor. La risa del absurdo.

Pero en medio de tanta corrupción no es sólo Salvador quien saca la cara. También lo hace su esposa, quien hace el llamado que haría cualquier madre colombiana para intentar ser justos en medio de esta guerra espantosa. Al menos, dice ella, hay que devolver el cadáver a la madre que lo espera. El grito de la madre que resuena en medio de la guerra.

Aplausos, entonces, porque Todos tus muertos produce una sensación de doble filo al ser capaz de narrar, en tan sólo un par de horas, el conflicto colombiano con una mirada poética y respetuosa a las víctimas sin necesidad de ser un documental de derechos humanos, y simultáneamente, retratar con crudeza la ineptitud de la cultura colombiana, sacándonos más de una carcajada. Pocas veces he visto una crítica tan audaz de una forma tan hermosamente narrada. Ojalá vengan más películas así, llenas de un poco de comedia, un poco de drama y un poco de surrealismo.


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Héctor Abad won WOLA-Duke Human Rights Book Award


Héctor Abad Faciolince, one of Colombia’s leading writers, does not answer calls that come from unknown cellphone numbers. One day, earlier this year, his phone rang once, twice, and continued ringing. He finally resigned himself to answering. A man told him he had won an award in the United States. He did not understand what the man was talking about and asked the person to send him an email with the information.

Abad had won the WOLA-Duke Human Rights Book Award for his book Oblivion: A Memoir. The prize, created in 2008 by the non-profit Washington Office of Latin America and Duke University, honors the best current, non-fiction book published in English on human rights, democracy and social justice in Latin America. Abad received the prize on November 28, at Busboys and Poets in Washington, D.C.

Oblivion, first published in Spanish in 2006, was a best-seller in Colombia. The book narrates the writer’s memories of his loving father, Hector Abad Gómez, a physician who developed public health programs in Medellín, Colombia, and who was assassinated in 1987 by paramilitary groups because of his condemnation of their actions.

In 2010, the British publishing house, Old Street Publishing, translated the book into English. Last year, a copy of Anne McLean and Rosalind Harvey’s translation reached the desk of Farrar, Straus and Giroux’ editor, Jesse Coleman.

“I thought it was a beautiful book and that it deserved to have an audience [in the U.S.] because people here can relate to it,” Coleman says. “Even though it was a Latin American story, it is also a universal story. I thought it would appeal to literary readers and also to people who like memoirs.”

Abad says he wrote the book because he wanted his children to get to know their grandfather and to understand him within his circumstances. What was happening, who was doing the killing and who was being killed. He wanted to depict a family that was living in a troubled country.

“I wanted to combine the most intimate with the most public issue: the political assassination of my father. If I didn’t do a personal edition of the book, it was because I wanted others to read about this injustice,” explains Oblivion’s author.

Although it was the first time that Abad was published in the U.S., the book was reviewed by prominent American newspapers such as The Washington Post and The New York Times.

Michael Greenberg wrote in his New York Times review that “Oblivion is a searing memoir written with love and blood: both family blood, the kind that’s thicker than water, and the spilled blood of barbarism and murder. From the first pages we feel the internal necessity driving this story. It is obvious that Héctor Abad had no choice but to tell it.”

Roger Atwood, creator of the WOLA-Duke award and regular contributor for publications such as The Boston Globe, and The Times Literary Supplement, nominated the book after a review in a British newspaper prompted him to buy it.

“When the award was designed, this was the sort of book that I was thinking of,” he says.
The award’s objective is to direct Americans to recently published books that have real human rights content about Latin America, and that are accessible to any kinds of readers.

“Choosing Abad’s book this year was a unanimous decision for different reasons, but especially the emotional part of the book had a great effect on all of the judges,” explains Leonor Blum, chair of this year’s award.

“The book was very touching,” Atwood says. “The way Hector Abad depicts his father is so eloquent that he becomes a real person to the reader. I thought the global effect was to create a very reliable portrait of this doctor who believes very strongly in treating people decently, and who has humanitarian values.”

Abad Gómez is portrayed in the book as a person concerned about the health of Medellín’s population. “My sister says that he seemed almost like a madman, or a maniac, stopping in front of nearly every patient and asking: ‘What’s wrong with this child?’ Then he would answer his own question: ‘He’s hungry.’ And a bit farther on: ‘What’s wrong with this child?’ ‘She’s hungry.’ (…) ‘The only thing wrong with these children is that they’re hungry, and an egg and a glass of milk a day would be enough to keep them from being here. But we’re not capable of giving them this: an egg and a glass of milk! Not even that! It’s inhumane!’”

Atwood explains that even though the main purpose of the book was not to describe a human rights issue, Abad’s publication “shows the human consequences of injustice, and the lack of respect of human rights. It also describes the ways in which a society can deteriorate and become more and more violent.”

Coleman says he wasn’t surprised that Abad’s book won the award. “I didn’t read it as a human rights book, but that’s there. It makes a claim for human rights but I don’t think that’s the point of the book. The book is a love letter to his father.”

Abad explains that he never planned to write a human rights book but he remembers that one day Carlos Gaviria, Colombian presidential candidate in 2006 and one of the persons to whom the book is dedicated, told him that Oblivion had done more for human rights in Colombia than any academic research, activist’ speech or human rights manifesto.

“I didn’t write it with that purpose in mind, but literary works have their own life, their own journey. And it seems that’s how the WOLA-Duke judges read it,” Abad says. “I usually present Oblivion as a novel, but in the U.S, they classified it as non-fiction because everything that is narrated in it is real. These are situations that happened just as I told them or, at least, as I remember them.”

Both Blum and Atwood say the good intentions of books about human rights often outweigh their literary merits, with Atwood specifying that the emotional part sometimes does not come very naturally or that the result is insincere or even strange. But the two judges agree that this is not the case with Oblivion, which is so well-written and compelling that they both cried when they read it.

At the same time, according to Atwood, the book gives a sense of the loss of amazing people because of the conflict in Colombia, not only in the rural area but also in cities like Medellín. “The book describes how polarization leads to more conflict,” he says, “and how that process works in a human level, descends and touches human lives: people, families, and in particular Abad’s family.”

Abad says about his father in the book: “His case is not unique, and perhaps it’s not even the saddest. There are thousands and thousands of murdered fathers in this country whose ground is so fertile for death. Nevertheless, I believe my father’s case is a special one, and for me is the saddest, epitomizing the many, many unjust deaths we’ve suffered here.”

When he wrote the book, he was thinking of a sympathetic reader, someone who has read until the end of the book.

“His sex, age, religion, race, national identity or culture, didn’t interest me. I think that basically all human beings are very similar: I believe that if there are literary universals is because there are human universals that none culture can mold in a different way because they are our biological and psychical hardware,” Abad says.

Oblivion’s author certainly wasn’t expecting the award. He hadn’t even heard about it when he received the email with the information.

“I recognize my ignorance. I didn’t know anything about WOLA, I’m not a human rights activist, I am not an academic, and I don’t study the relationship between the United States and Colombia. That is why, when I received the news, I had to do some research.”

He asked about the award to an Italian friend who is familiar with human rights issues. Abad’s friend told him that WOLA was a serious and independent office, and that it was an honor for Oblivion to win that prize.

Given Abad’s subject matter, being recognized by a U.S. organization was a particularly fitting honor. His father got a master’s degree in University of Minnesota, worked at the Washington Office of the Pan American Health Organization, and traveled frequently to the United States in order to present his medical research.

“At home, I learned to appreciate American academy: its science, independence and reliability,” says Abad. “I think that my dad would have liked this award as much as I like it.”

 By Lucía Camargo Rojas

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Review: Juniot Díaz's "This Is How You Lose Her"


In his latest publication, Díaz returns to a familiar character and once again explores loneliness with his trademark style and humor.

Junot Díaz’s latest book explores the loneliness that comes after losing a beloved person. Yunior, the author’s well-known character in Drown and The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, returns in This is How You Lose Her. His girlfriend has broken up with him after she discovers he was unfaithful to her. He makes efforts to keep her, but every attempt is a failure, and he knows it.

Six of the book’s nine short-stories portray Yunior’s insubstantial love relationships developed in his childhood, adolescence and adulthood. The other three stories explore how his philandering father and brother have been the only male role models in his life.
Yunior asked in one story “It was sort of like love, wasn’t it?” and in other story says “Like it might be love,” showing how the end is just being postponed.

Díaz, a Pulitzer Prize-winning author and creative writing professor currently at MIT, takes advantage of his Dominican background to write an English text spiced with Spanish words that give rhythm to the narration.

But most importantly, Díaz adds his personal ingredient: a humorous style within a kind of ‘macho-Latino’ stream of consciousness, full of visceral language which makes you laugh once in a while. Yunior says that one of his girlfriends has “a big Dominican ass that seems to exist in a fourth dimension beyond jeans. An ass that could drag the moon out of orbit.”
Díaz’s voice is held in a solid structure framed by the Hispanic environment translated to the U.S. The book’s female characters constantly accuse Dominican men of bringing the cheating culture with them, causing women to suffer and question if they are really loved.

The only female narrator says: “Ana Iris once asked me if I loved him and I told her about the lights in my old home in the capital, how they flickered and you never knew if they would go out or not. You put down your things and you waited and couldn’t do anything really until the lights decided. This, I told her, is how I feel.”

This Is How You Lose Her can be read in one sitting or story by story: each tale is a unique piece of art, delicately structured and strongly narrated. The characters are so well-developed that their stories stay vividly in your mind for a long time. You hate Yunior and then you love him, but at the end you feel sorry for him. Although he has been a ‘macho’ character throughout the book, he is devastated by the loss. “Like someone flew a plane into your soul. Like someone flew two planes into your soul.”

In the last story, Yunior tries to explain that by writing all his love stories, why he failed, why he betrayed his partners over and over again, and why he is lonely. In the process Yunior finds that “sometimes a start is all we ever get.” The reader sighs, feeling that Yunior might be right: maybe life is just a compendium of many flashes −like each story of the book− many, many attempts to find ourselves.

Published in Newhouse.com on March 28, 2013


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"Amour" intimately explores the limits of love


By Lucía Camargo Rojas
Review: Haneke's Palme d'Or winning film successfully portrays the visceral and tragic sides of a husband's devotion.

Shocking and brutally honest is Michael Haneke’s new movie, Amour. Most of the film takes place in the Parisian apartment of an 80-year-old couple who has to face a hard situation: She suffered a stroke and the right side of her body was paralyzed.

Georges (Jean-Louis Trintignant) and Anne (Emmanuelle Riva) are retired music teachers and very cultured people. The long shots focused in the actions they do together show the intimate side of their life. The viewer starts to get accustomed to their routine. How George helps Anne to go to the bathroom or to eat. How they talk. How they know and respect each other.

But each day Anne’s condition worsens from partial paralysis to a mental debilitation and childlike state. The normality and dignity they effectively tried to build suddenly broke, making more difficult for George to keep his promise of not hospitalizing his wife again.

Both Trintignant and Riva’s splendid performances (they are French movie stars) showing the real connection only made in a life-long relationship, and Haneke’s focus on trying to capture the reality of the couple’s private moments (there is not even a soundtrack) create a suffocating environment, and made it difficult to answer the question behind the movie. What would a true lover do in this situation? This is what the film—awarded with the Palme d'Or at the 2012 Cannes Film Festival—seems to ask.

Haneke’s disturbing style, common in movies such as The White Ribbon, continues in this film but emphasizes the tragedy of this story in the smallest gestures. Although Amour is not a romantic movie, it is a film about love, its obstacles and its limits. How can or cannot a man see his wife lose her dignity? It is also an absolutely compelling movie which makes even the most difficult decision a man has to make seem completely understandable.

Published in NewsHouse.com on September 21, 2012


Sair García, artista colombiano, exhibió la serie Éxodo, que evidencia el tema del desplazamiento forzado, en Artbo 2009.

En la obra de Sair García hay un vacío. Un fondo que se traduce en inmensidad y que hace más visible, y más angustiante, figuras que, dibujadas en las esquinas de la pintura, evocan a familias enteras que deben soportar el dolor de la violencia, la desaparición y el desplazamiento.

Una preocupación recurrente en todo el trabajo de este joven nacido en Barrancabermeja, graduado en Artes de la Universidad Nacional, y quien ha vivido en carne propia los estragos de la violencia colombiana: en 1988 se llevaron a uno de sus hermanos y esta es la hora en que nadie sabe su paradero. Este doloroso suceso, sumado a un buen número de amigos desaparecidos, han hecho que García sienta una necesidad y un compromiso profundos de abordar el tema a partir del medio que él considera más claro y contundente: el arte.

"Lo que ha acontecido en mi vida y la de muchos otros, así como toda la historia de Barrancabermeja, una ciudad bastante azotada por la violencia, genera en uno la necesidad de hablar sobre las repercusiones de la guerra, pero de manera delicada para no caer en el amarillismo. Porque uno tiene que tener respeto por los que se fueron y por los que se quedan", explica el artista.

García busca con su obra no sólo mostrar esas dolorosas imágenes sino también hacer reaccionar a los espectadores, darles una voz de alerta, mostrarles lo que está pasando para intentar cambiarlo. "A través de mis trabajos quiero evidenciar esos espacios psicológicos que se generan luego de eventos traumáticos como el desplazamiento: una inmensidad en la cabeza y en el corazón", comenta García, quien expuso en Artbo 2009 la serie denominada Éxodo en la que el fondo de las pinturas está hecho a partir de petróleo crudo.

En las obras de esta serie el artista habla del drama que se genera por culpa del desplazamiento y que se presenta de igual forma en cualquier parte del mundo: personas de África, Palestina, Irak, Cuba, México, Perú, entre otros países, han tenido que soportarlo. Y ha querido enfocarlo a un elemento en particular que lo ha acompañado a lo largo de su vida: el petróleo como factor de desplazamiento y origen de las guerras.

García ha participado en tres de las cinco versiones de Artbo y considera que la quinta es una muestra de cómo la Feria Internacional de Arte de Bogotá no tiene nada que envidiarle a ninguna otra que se realice en latinoamericana y hasta se atreve a afirmar que está ya a la par con muchas a nivel mundial.

"Las obras que he visto en Artbo 2009 hacen parte de la riqueza que va adquiriendo cada año la feria. La riqueza visual, plástica y todas las propuestas, en general, son cada vez más interesantes. Al punto de que participar en la feria cada vez es más exigente, lo cual es sinónimo de que se compite en un ámbito de calidad y eso también lo hace muy seductor", concluye.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en artboonline.com, página web de la Feria Internacional de Arte de Bogotá, en octubre de 2009.

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Claudio Gallina. Foto: Artbo 2009

El mundo infantil sobre el lienzo

El pintor argentino, Claudio Gallina, exhibió su obra, que indaga sobre la infancia y la educación, en Artbo 2009.

Corría el año 2002, fecha en la que se desató la crisis económica en Argentina. El protagonista: Claudio Gallina, profesor de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad de Buenos Aires. Su función: evidenciar el deterioro en que estaba la educación del momento. La fórmula para hacerlo: una obra de arte.

Fue así como Claudio Gallina, artista argentino, comenzó a interesarse por el tema de la educación en su obra. Años atrás había empezado a estudiar un programa técnico en arquitectura pero se dio cuenta de que lo que realmente le interesaba era la parte artística de la misma.

Por eso entró a estudiar Artes y se enfocó en escenografía: le interesaba unir el arte y la arquitectura. "En mi trabajo se evidencian esas dos facetas -explica Gallina-. Trato de hacer una narración no literal, más bien poética, a partir de un espacio, un escenario, una acción, que finalmente cree una situación teatral".

Rápidamente, su interés por el tema educativo fue mutando hasta transformarse en la preocupación por la infancia, particularmente por todo eso que pasa por la cabeza de los niños, "ese mundo tan loco que tienen", comenta.

Y descubrió que el niño tiene una relación muy cercana con el artista. "Su mente es muy abierta, siempre está indagando e investigando. Por ejemplo, cuando ellos juegan, montan toda una escenografía, al igual que lo hace un creador. Y ponen reglas. Los artistas cuando pintamos tenemos que jugar, es una investigación que puede salir bien o mal. De pronto, la obra puede darse por casualidad, pero uno al final le pone sus propias reglas", afirma.

Ha sido tal su atracción por el pensamiento infantil, que en su obra ha intervenido sillas, pupitres y hasta cuadernos. En Artbo 2009 los visitantes pudieron apreciar una serie de libretas que habían realizado niños en edad escolar y que Gallina apropió para realizar una nueva creación. "Para mí la gráfica de los niños es plástica, es pintura, es como un dibujo, entonces me permito intervenir sus trabajos porque comparto esa tendencia a la plástica con ellos. Y, además, incorporo la hoja del cuaderno al cuadro", aclara.

Actualmente, Gallina se encuentra realizando una nueva serie que parte de la siguiente afirmación de Miguel Ángel, artista del Renacimiento: "La escultura está dentro del mármol, lo único que hay que hacer, es quitarle el mármol que sobra". En su caso, pretende borrar una hoja para que así aparezca una imagen. Este nuevo trabajo se ha denominado La serie del borrador que parte de los garabatos infantiles y que él borra con el fin de que aparezca una nueva imagen.

El artista ha participado en cuatro de las cinco versiones de Artbo y afirma que le encanta visitar Bogotá porque se siente como en casa. En cuanto a la feria, comenta sin titubeos que es "una de las más lindas que conozco. La calidad de la gente, la calidad de los trabajos, del montaje y el espacio no se ve en otros lugares. La selección de obras que hicieron es muy bella. Particularmente este año me llamó la atención el pabellón Artecámara, todos los trabajos que hay allí son muy buenos", concluye.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en artboonline.com, página web de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), en octubre de 2009.

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Parallantos de Iván Puig. Foto: Artbo 2009
Parallantos

El artista mexicano Iván Puig exhibió una particular obra en Artbo 2009 que emite un sonido cada vez que acontece una muerte por violencia en Colombia y México.

Cada 13 minutos una serie de sombrillas negras que se encontraban en los pabellones de Artbo 2009 emitían un sonido que aludía a un disparo. El ruido se activaba gracias a un contador de homicidios que hacía parte de la instalación y que comenzó a registrar las muertes por violencia acaecidas en México y Colombia desde el 21 de octubre de 2009, día en que el stand se puso en funcionamiento.

El sonido hacía alusión a un homicidio más que registraba el contador. A los 13 minutos se repetía la historia, tal y como muchos colombianos y mexicanos han tenido que vivirla, de acuerdo con el promedio que Iván Puig, artista mexicano, realizó luego de revisar las estadísticas oficiales de muertes por homicidio en el año 2008 en los dos países: en menos de 15 minutos ya ha muerto alguien más.

La obra, titulada Parallantos, se empezó a concebir un mes antes de que Artbo abriera sus puertas. Como Puig sabía que su trabajo se iba a presentar en suelo bogotano, quiso realizar una nueva creación que aludiera a la violencia de su país natal y la colombiana, que evocara el luto de estas muertes y resaltara la crueldad de la guerra.

Los visitantes a Artbo pudieron ver en el stand, que hizo parte de los Project rooms, cómo la cifra aumentaba día a día. A sólo cinco días de haber puesto la instalación en funcionamiento ya se habían registrado más de 500 muertes.

La muestra que se presenta en la feria es la primera parte de la obra, pues Puig ya ha planeado la segunda fase de la instalación en la que las sombrillas se abrirán y cerrarán cada vez que se emita el sonido. El movimiento constante aludirá a la incapacidad de cambiar las situaciones socio-políticas de los países latinoamericanos.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en artboonline.com, página web de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), en octubre de 2009.


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"Las ferias son una manera de apoyar el mercado del arte"

Para Zélica García, directora de Zona Maco, la feria de arte mexicana especializada en arte contemporáneo, espacios como Artbo son fundamentales en momentos de crisis.

Zélica García es la directora de Zona Maco, la feria de arte mexicana especializada en arte contemporáneo. Por primera vez visitó Bogotá para recorrer los pabellones de Artbo. Artbonoticias habló con ella en medio de su recorrido por la feria. Estas fueron sus respuestas:

¿Cómo ha sido la experiencia de su recorrido por la feria?
A mí me ha sorprendido mucho. No me imaginaba a qué venía y, aunque apenas he visto los dos primeros pasillos, puedo decir que los Projects me fascinaron y el nivel de ciertas galerías me ha parecido muy bueno, pues hicieron una apropiada selección de sus piezas.

¿Qué considera que se puede resaltar de Artbo? Está muy bien organizada, montaron muy bien los stands y las paredes. Artbo es una feria joven como la de México y, al igual que nosotros, decidieron eliminar la alfombra. También me encanta el espacio, que es como una bodega, y el tamaño. Por último, me encanta la gente bogotana, que es lo máximo, todos han sido muy amables. Me he sentido un poco como en mi país.

¿Cómo percibe actualmente al arte latinoamericano contemporáneo dentro del panorama internacional? Creo que cada vez el arte latinoamericano contemporáneo se vuelve más importante a nivel internacional. Todos se están fijando en qué está pasando en América Latina y eso es muy bueno para todos los que trabajamos en este campo. Además, se están llevando a muchos artistas latinoamericanos para presentar en galerías europeas o estadounidenses.

¿Particularmente cómo ve al arte colombiano contemporáneo en el panorama mundial? Creo que hay unos artistas colombianos que, igual que los artistas de toda América Latina, están al mismo nivel de cualquier artista internacional.

¿Qué papel tienen las ferias de arte como Artbo en medio de la crisis económica por la que está atravesando el mundo entero? Este tipo de ferias son una buena oportunidad para que los clientes puedan comprar y para que el mercado continúe. Es una manera de apoyar el mercado, hacer que siga creciendo o, al menos, permitir que continúe trabajando y funcionando. Me parece el momento más importante para que existan las ferias de arte. Es un momento de crisis, un momento difícil, y es cuando las galerías necesitan este tipo de foros para poder promover el arte contemporáneo. Es un esfuerzo que hacen todos y no cada uno por aparte.
En la foto: Zélica García. Artbo 2009
Lucía Camargo Rojas

Publicado en artboonline, página web de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), en octubre de 2009.

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Dana Wyse. Foto: Artbo 2009
En los pabellones de Artbo se exhiben unas curiosas píldoras creadas por la francesa Dana Wyse que serían la fórmula para una vida perfecta.

Alguna vez ha sufrido una pena de amor tan grande que sencillamente ha querido comprar unas pastillas que le permitan olvidarse de quien lo ha hecho sufrir? ¿O ha querido ir a la farmacia para adquirir un medicamento que le permita olvidarse de los malos sucesos por los que ha tenido que pasar? ¿O acaso ha añorado con poder clonar a la perfecta novia de su mejor amigo? ¿Qué le parecería poder encontrar ir a la droguería y comprar unas pastillas para tener la vida perfecta?

Pues en los pasillos de Artbo encontrará una serie de 150 bolsas que contienen las pastillas para resolver todos sus males. En conjunto, los curiosos "medicamentos" hacen parte de la obra Jesus hada sister productions realizada por la francesa Dana Wyse, que se encuentra en el stand de la Alianza Francesa.

La obra es producto de más de 15 años de trabajo de Wyse, una accionista de bolsa que aún no ha tomado la decisión de si es o no una artista, pero que hace más de una década se percató de cómo en Paris la gente acude a las farmacias, que se encuentran en cada esquina, para resolver sus problemas.

Con el tiempo, esa reflexión la relacionó con su propia vida: "¿Qué pasaría si yo pudiera tener una vida perfecta? ¿Qué necesitaría para lograrlo?". Y pensó en unas pastillas que tuvieran el poder de cumplir los sueños.

El proyecto lo realiza cada vez que puede. "A veces hago 30 bolsas en un día. Pero puedo dejar de hacerlas durante todo un año. Depende. Si es un buen año, no hay pastillas", explica Wyse, quien ya tiene claro que es un trabajo que continuará realizando hasta que se muera.

"Cuando hago las bolsas de las pastillas, me siento feliz y me río mucho. Es como una terapia. Lo sorprendente es que dos días después los periódicos las están anunciando. La ciencia ficción se convierte en realidad", concluye.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en artboonline, página web de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), en octubre de 2009.

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Hugo Zapata. Foto: Artbo 2009
David Manzur, pintor colombiano, estuvo de visita en Artbo. Una de las obras que lo cautivó fue la de su compatriota Hugo Zapata. Testimonios de dos grandes artistas nacionales.

David Manzur, reconocido pintor colombiano, está en la mitad de su recorrido por la feria. Mientras observa las obras que encuentra a su paso saluda a estudiantes, colegas y galeristas que dejan por un momento sus quehaceres para cruzar algunas palabras con él.

El maestro comenta que ferias como Artbo "sirven para sacudir un poco, por comparación, cuál es el puesto de un artista, porque se ponen a prueba las posturas conceptuales de cada uno". Y confiesa que, aunque ha visto obras de gran calidad, en su mente retiene con facilidad las piedras de su compatriota Hugo Zapata, no sólo porque la Galería Sextante ha dispuesto su trabajo de tal forma que se puede apreciar sin dificultad (pues tiene mucho aire a su alrededor) sino porque "es una maravilla de obra".

"Me impresionan mucho las esculturas de Zapata. Precisamente por ser un trabajo tan distinto al mío lo sé apreciar, porque lo veo en tercera persona. Para mí -y señala la roca Amantes que se encuentra en la feria- estas piedras son en sí mismas el arte más ancestral, más esencial. Yo diría que cubren toda la historia del arte, desde lo más primitivo hasta lo más futurista", afirma Manzur.

Las rocas de Zapata

Por su parte, Zapata aclara que él siempre ha querido la piedra porque es la memoria de las cosas. "Si uno mira para atrás y hacia futuro, lo que permanece en todas las culturas es el alfabeto de las piedras. De hecho, antes del hombre, la roca ya escribía también las memorias de los hechos que ocurrieron, como los cambios en la corteza terrestre y las erupciones de los volcanes. No hay ninguna cosa en las culturas que tenga más memoria que la piedra".

El artista ha logrado crear una relación poética con las rocas, al punto de que cuando se le pregunta si podría vivir sin ellas se queda pensando un momento y responde: "Para mí son un canto, hay como un eco, como que ahí puedo tocar un chelo y hay que hacerlo sonar. Así que podría vivir sin ellas, pero no me gustaría".

En cuanto a su presencia en la quinta versión de Artbo, Zapata se siente muy complacido. "Creo que esta es la mejor feria que hemos tenido. Hay más madurez, nivel y acogida. Lo que más me llama la atención es la energía, la aurora que se percibe. La gente viendo propuestas nuevas como algo normal. Estoy seguro de que cada vez van a llegar más galerías. No podemos bajar la guardia".

Finalmente, la periodista le pregunta por Manzur. Zapata contesta sin titubeos que es un maestro mayor, un poeta y aclara que le admira su fortaleza, permanencia, capacidad de indagar y su poética. "Manzur es como un monje libre", concluye Zapata.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en Artboonline, página web de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), en octubre de 2009.
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Artista brasileña exhibe su obra como preámbulo a ArtBo





La cordillera de los Andes fue fuente de inspiración para que la artista brasilera Chiara Banfi creara una montaña a partir del papel de las partituras musicales, que se exhibe desde el 9 de octubre en las paredes de la sala de exposición de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB), sede Salitre. La obra es un abrebocas a lo que será una muestra independiente de cuatro artistas denominada Exactitud errante y que tendrá lugar, del 22 al 26 de octubre, en Artbo 2009.

En el pabellón Artecámara de la feria se albergará la obra de Bianfi junto con la de su compatriota Lia Chaia y los colombianos Beatriz Olano y Andrés Ramírez Gaviria. La exposición de los cuatro artistas latinoamericanos es un espacio de reflexión sobre el pensamiento geométrico y refleja la preocupación por el espacio físico en relación con el proyecto visual.

Según María Iovino, curadora de la exposición "los cuatro artistas comparten el fuerte acento estructural de sus propuestas, el interés por entender la perfección, así como la inquietud por comprender esos aspectos a la luz de lo que significa el movimiento. De ahí que el nombre de la exposición sea Exactitud errante".

Para Chiara Banfi, quien hizo parte de Artbo 2008, poder tener los 20 metros cuadrados que le brinda la sala de exposición de la CCB es un desafío que reta su creatividad. Más aún, hacer parte de Artbo 2009, un trabajo que la honra y entusiasma.

"Lo hermoso de hacer exposiciones en otros países es que hay un intercambio de conocimiento, de información y de gusto", comenta Banfi.

En la versión pasada de la feria, la artista brasilera tuvo la oportunidad de conocer Bogotá. El recuerdo de la cordillera de los Andes que, en palabras de la propia Banfi "se ve desde cualquier parte de la ciudad", fue el que plasmó, junto con la imagen de las montañas que la rodeaban en su infancia, en Lugar (2009), la obra que se exhibe hasta el próximo 13 de noviembre en la CCB.

Además, la visita de Banfi a nuestro país el año pasado le permitió conocer artistas y obras nacionales e indagar en el mundo cultural. Por eso afirma sin titubeos que el arte colombiano tiene "mucho potencial" y confiesa que siente curiosidad por conocer las obras que este año se exhiben en Artbo.

Según Banfi es muy bueno e importante que la Cámara de Comercio haga esfuerzos para que ferias como Artbo se puedan llevar a cabo. "Agradezco que se me dé la posibilidad de trabajar en estos espacios porque es una oportunidad muy positiva que influye en mi trabajo como artista", concluye.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en Artboonline.com en septiembre 2009.
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Foto: Artbo 2009

Con el arte también se juega


En el pabellón infantil “Pon de tu parte”, tanto niños como adultos podrán interactuar con reproducciones de los estudios de artistas. También tendrán la posibilidad de apreciar las obras de 1.000 alumnos de primaria de colegios distritales invitados por la CCB.

“¡Somos libres!” gritó un niño al ingresar corriendo al pabellón 9 “Pon de tu parte” de Artbo. Su reacción demostró cómo este espacio de interacción, único entre las ferias del arte del mundo, explota la exploración, el descubrimiento y el disfrute de aspectos y conceptos artísticos, en un ambiente de aprendizaje libre y espontáneo.

Mientras en los pabellones contiguos de la feria se exhibe, intocable, lo mejor del arte mundial, en esta sala de interacción niños, jóvenes y adultos se pueden dar el lujo de desarmar, armar y cuestionar obras a su antojo. Tanto así que Neftalí Vanegas, quien junto con Daniel Castro, Juan Restrepo y Camilo Sánchez diseñaron el pabellón para esta versión de Artbo 2009, no duda en afirmar que en este espacio “todo el mundo la pasará buenísimo”.

Además, en este pabellón, se verán expuestas las obras de 1.000 niños de colegios distritales que utilizaron el mecanismo de conciliación para resolver sus conflictos estudiantiles como parte del programa “Hermes” de Conciliación Escolar de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB). Los pequeños artistas participaron de una convocatoria dirigida por la entidad a menores entre 7 y 12 años de edad que respondieron a la pregunta: “¿Cuál es el lugar de tu casa en el que prefieres estar?” pintando una obra que, junto con las de sus compañeros, empapelará y dará vida a todo el pabellón.

Durante los días de feria, la CCB llevará gratuitamente a los jóvenes artistas a visitar el pabellón infantil para que puedan apreciar sus trabajos exhibidos y disfrutar de los juegos que ofrece este espacio.

Los visitantes, además de tener la oportunidad de visualizar las obras de los niños, podrán hacer un recorrido por las reproducciones de los estudios de artistas como Vermer, Matisse, Murakami y Hockney. “La idea es que quienes participen del pabellón entiendan que la casa también es un espacio artístico y que puedan explorar las herramientas que usaban algunos de estos maestros, como por ejemplo la tecnología, para lograr resultados creativos”, concluye Vanegas.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en Artbonoticias, periódico informativo de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), organizada por la Cámara de Comercio de Bogotá, del 22 al 26 de octubre de 2009.

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Yo estuve en Artecámara

Gracias al proyecto para artistas jóvenes colombianos - Artecámara, creado por la Cámara de Comercio de Bogotá, Miler Lagos se ha dado a conocer internacionalmente. Este año, el escultor regresa a Artbo cobijado por una galería mexicana y otra venezolana.


Cuando Miler Lagos era un niño se acercó a una pelota que reposaba en un parque. Quiso pegarle con su pie pero su plan se truncó al percatarse de que el balón, en vez de aire, estaba lleno de arena. El choque que le produjo esa experiencia generaría, más de dos décadas después, una de las obras que lo lanzó a la fama y que se presentó en el pabellón Artecámara de la primera versión de Artbo.

La obra, titulada Levedad insoportable (2004-2006), produce extrañeza en el espectador al enfrentarlo, ya no con unos globos repletos de aire, sino de cemento. Su originalidad y crítica hicieron que rápidamente el nombre de Lagos recorriera los pabellones de la feria. Tanto así que, en su segunda versión, dos galerías extranjeras lo buscaron para ofrecerle trabajo.

Para Lagos, Artecámara “es como un cañón que dispara a los artistas jóvenes, pues les otorga la oportunidad de visibilizarse”. El hecho de que su obra Cimientos (2007) se vendiera aún antes de que se abrieran las puertas de Artbo 2007 lo demuestra.

Su paso por la feria le ha permitido conectarse con curadores y galerías que lo han llevado a realizar proyectos en USA, Chile, México y Caracas, así como ingresar a colecciones como Cisneros y Rubell.

Para este año Lagos retorna a Artbo, de la mano de las galerías que lo buscaron en 2006, con dos proyectos en los que, al igual que en los anteriores, las propiedades físicas de los materiales están directamente ligadas con la construcción de sentido. Es así como en Attraction (2009) el petróleo y el chocolate son puestos paralelamente como fuentes energéticas que afectan los sentimientos en vías opuestas. Mientras que en Semillas mágicas (2008) un video en el que aparece una ceiba y nidos hechos con semillas y algodón del mismo árbol, aluden al deseo de acumular riqueza en detrimento de los recursos naturales. Porque Miler ya no se detiene.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en Artbonoticias, periódico informativo de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), organizada por la Cámara de Comercio de Bogotá, del 22 al 26 de octubre de 2009.
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Reclusión de mujeres de Cali. Fotografía: Carlos Julio Martínez-El Espectador

Libertad bajo palabra


El Ministerio de Cultura promueve talleres de escritura para reclusos.

Fue un momento en que la rabia se apoderó de ella. Esa mujer había estado diciendo a diestra y siniestra que estaba embarazada de su esposo. Y no contenta con semejante difamación, se había encargado de agredirla verbalmente una y otra vez. Mariela García Agudelo cogió una de las armas de su marido dispuesta a quitarle la vida a esa mujer que tanto la amargaba. Y lo logró. Hoy en día está pagando una condena por homicidio en la Reclusión de Mujeres de Cali.

Por siete años trató de evadir esa responsabilidad huyendo de la justicia. Tuvo que mentir y aguantar el escarnio público. Hasta que finalmente ingresó a la cárcel. “No puedo comparar ni uno de los días que estuve en la calle a los cuatro años que he estado acá”, afirma. Ha sido en la reclusión en donde ha recordado eso que tanto se empeñaba en olvidar y lo ha enfrentado. Al punto de que fue allí donde tomó la decisión de plasmar en papel su historia.

Duró cuatro semanas escribiendo, bajo la luz de la luna, pues en la reclusión apagan la luz eléctrica a las nueve de la noche. “Como yo dormía en la parte alta de un camarote, alcanzaba a llegarme un rayito de luz que atravesaba la ventana. Me quedaba hasta las dos o tres de la mañana escribiendo. Me concentraba en el silencio de la noche. Hubo dolor, hubo lágrimas. Uno vuelve a vivir el momento en que falló. Pero siento satisfacción de que otros lean mi historia y aprendan de mi error, de tal forma que nunca se dejen llevar por la rabia”, comenta.

El texto de Mariela será publicado, junto con el de otros reclusos de todo el país, en un libro que recopilará los escritos realizados el año pasado en los talleres “Libertad bajo palabra”, que ejecuta la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa (Renata), una de las ramas del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas del Ministerio de Cultura.

Los talleres fueron creados por el escritor caleño José Zuleta en 2005, luego de ver el interés de los reclusos por escribir. Desde el año pasado fueron acogidos por Renata y acompañan el proyecto de “convertir a Colombia en un país de lectores”, objetivo primordial del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas.

Por supuesto, el napoleónico proyecto también incluye a los reclusos, quienes forman parte, desde abril del año pasado, de la segunda etapa del plan. Con el aval del entonces director del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), el general (r) Eduardo Morales, se dio rienda suelta a la iniciativa de la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, de llevar la lectura a los establecimientos de reclusión. Siete de ellos, ubicados en Medellín, Barranquilla, Cali, Popayán y Acacías, han formado parte del plan piloto. Se espera que este año también se llegue a Quibdó, San Andrés, Tumaco, Leticia, el Guamo, Pereira y Manizales.

De esta forma, finalmente, se podrán cobijar los 140 establecimientos de reclusión que tiene el país. Aunque todos ellos cuentan actualmente con bibliotecas, sus colecciones están desactualizadas y carecen de un adecuado proceso de gestión bibliotecaria. El Plan Nacional busca dotarlas con libros nuevos, que respondan a los intereses de los reclusos y, además, mantener un adecuado proceso de promoción de lectura.

Bibliotecas en las cárceles
La Reclusión de Mujeres de Cali es el único establecimiento en donde se encuentra funcionando la nueva biblioteca, dotada con 700 volúmenes previamente sistematizados, un computador con un software especializado en préstamos bibliotecarios, un DVD y un televisor, así como maletas de cine colombiano y de promoción de lectura, donados por el Ministerio de Cultura y estantes aportados por el Inpec. Mañana se hará el acto de entrega de otra biblioteca en el Establecimiento Penitenciario y Carcelario Bellavista, en Medellín.

En Cali, son las mismas internas, entrenadas por funcionarios de la Biblioteca Nacional, quienes se encargan de la gestión bibliotecaria: “Conocen perfectamente cada uno de los volúmenes que allí se encuentran, manejan el software para préstamo e incentivan la lectura en sus compañeras”, explica Luz Adriana Martínez, coordinadora del proyecto de implementación de servicios bibliotecarios en establecimientos de reclusión.

Meiser Serna Guevara es una de las cuatro reclusas encargadas de administrar la biblioteca. “Las internas están pendientes de todo lo nuevo que llega”, cuenta emocionada. “Uno les entrega un libro y ellas tienen entre 10 y 12 días para devolverlo. Cuando veo que se interesan por algún título en particular les recomiendo que se lleven otro”. Por ello, los libros están en constante movimiento en esta reclusión. Su directora, Claudia Patricia Giraldo, explica entusiasmada que se están prestando, en promedio, 225 libros diarios para las 337 internas.

Ruby García consulta continuamente la biblioteca. No sólo por encontrar libros para entretenerse sino para cumplir con los deberes que le exige su carrera de Administración, que cursa en la Universidad Nacional a Distancia. “Me sorprendió mucho encontrar el libro Planeación estratégica para parejas porque muestra que la relación de pareja es un negocio más. Recomiendo a la gente que se lo lea”. Y agrega que entrar en el mundo de la lectura ha sido fundamental en su vida porque está convencida de que “a uno lo condena la ignorancia”.

La biblioteca, además, cuenta con unos carritos exhibidores que trasladan los libros a cada uno de los ocho patios. Los préstamos en este caso no se hacen con el software, sino a partir de una lista hecha a mano que llevan con esmero las bibliotecarias, quienes deben rotar los vehículos todas las semanas, de tal forma que en cada patio haya variedad de títulos.

Lectura y escritura
Fue en medio del encierro que Cervantes comenzó la ejecución de la obra más importante para la literatura hispánica: Don Quijote de la Mancha. ¿Es que acaso la musa inspiradora llega más fácilmente a los sitios de reclusión? Ejemplos como el de Cervantes, Oscar Wilde, Jean Genet y hasta el colombiano Álvaro Mutis parecen confirmarlo. Y textos como la autobiografía de Mariela García Agudelo demuestran la posibilidad terapéutica que tiene la escritura en los internos.

“El proceso lleva la lectura y la escritura amarradas”, explica José Zuleta, encargado de coordinar los talleres de “Libertad bajo palabra”. “Como están escribiendo, tienen que averiguar cosas a través de diccionarios y enciclopedias. Si hacen una crónica, por ejemplo, los motivo a leer Música para camaleones de Capote”. Y agrega que el objetivo de los talleres no consiste en redimir a nadie. “Con el proyecto buscamos que ellos tengan en la literatura una herramienta para mirar lo que son, para comunicarse con sí mismos. En ese ejercicio de confrontación, de releer la vida que han tenido, asumen actitudes nuevas”.

Precisamente, el caso de Mariela parece confirmar esta teoría, pues en su autobiografía demuestra su arrepentimiento:

De ahí en adelante me consideré como una canalla, una delincuente. Marqué mi vida con esta difícil situación por culpa de que dejé y permití que estas personas destrozaran mi vida. La ignorancia nos afectó a tantas personas, este error mucho más; los más afectados fueron sus hijos y los míos. Porque ella se fue de este mundo y ya está en su lugar. Yo estoy en una cárcel compurgando una pena. Pero los que están sufriendo por culpa de nosotras son los hijos ya que les falta esa persona tan importante (la mamá, ella muerta y yo secuestrada por la justicia) (sic).

Mariela ya empieza a escribir la segunda parte de su historia, en la que describirá su vida en el encierro que se prolongará por ocho años más. No le importa porque, como ella misma escribió en su narración, cuando trató de evadir su responsabilidad día tras día se me hacía más pesada la carga. Prácticamente es mejor estar aquí pagando y no huyendo. Está uno en la cárcel allá afuera.

El señor de los anillos
No media más de metro y medio. Su diminuta estatura hacía juego con una sonrisa libre de dientes a la que acompañaba una cicatriz que atravesaba todo su rostro. Era de esas personas que, con su sola presencia, emanan una sensación de miedo. Su tesoro: una serie de anillos que se pone en cada uno de los dedos de las manos, por los cuales le dicen ‘el señor de los anillos’.

Esa imagen, que parece caracterizar a uno de los hobbits descritos hábilmente por Tolkien, es la que retiene en su memoria Angélica Manrique, voluntaria de la Fundación Entre Libros y Lectores, de su primer encuentro con uno de los 60 reclusos que fueron parte del programa “Gente y Cuentos Colombia”, ejecutado por distintas organizaciones colombianas interesadas en promover la lectura.

Manrique, junto con Catalina Unigarro, desarrolló un programa de ocho sesiones de lectura de cuentos en la Cárcel Distrital, en Bogotá. “Al principio, ‘el señor de los anillos’ me intimidaba. Pero en la medida en que avanzábamos en las sesiones comenzamos a conocerlo y a ver que era una persona común y corriente”, recuerda.

El programa, que se viene implementando en Estados Unidos hace más de tres décadas y que el año pasado llegó a Colombia, tiene una metodología sencilla. Un facilitador lee un cuento y luego comienza a preguntar sobre su temática, de tal forma que se genere un intercambio de ideas y opiniones que, inicialmente, se dan alrededor del cuento, pero que fácilmente desencadenan una discusión en torno a las peripecias de la vida.

Al principio, ‘el señor de los anillos’ no participó en ninguna de las discusiones. Sin embargo, fue Julio Cortázar quien lo despertó de su letargo. Luego de leer Casa tomada el recluso habló. La historia de Irene y su hermano hizo que recordara a su propia familia. Así, reveló al grupo que tenía una esposa y dos hijos y expresó su nostalgia por no poder compartir con ellos.

En la siguiente sesión, después de leer El recado de Elena Poniatowska, habló sobre la correspondencia que había mantenido a lo largo de los años con su familia. Confesó que les había mentido sobre su condición años atrás, cuando había estado en otra cárcel. Para mitigar su culpa les escribía cartas en donde decía estar perfectamente, a pesar de que sentía un profundo deseo de verlos. Nunca lo visitaron, por supuesto.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 19 de marzo de 2009.
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Biblioteca de Espantapájaros Taller. Fotografía: Herminso Ruiz-El Espectador

Lectores en pañales

En las bebetecas los niños aprenden a relacionarse con el libro de una forma espontánea. Ejercicio que les permitirá desarrollar sus habilidades comunicativas y el proceso de lectoescritura con más facilidad.

En una sala con estanterías de libros que no superan el metro de altura se reúnen quince bebés que acuden, cada ocho días, a una biblioteca especializada para sus gustos. Como no pueden llegar solos los acompañan sus madres, padres y hasta nanas, logrando consolidar un cuadro que se parece más una fiesta que a las usuales salas de libros en las que no se puede emitir ninguna clase de ruido.

La sesión comienza con los acordes de una guitarra acompañados del saludo a cada uno de los bebés presentes. Muchos de ellos al oír su nombre se paran pues, de una y otra forma, entienden que comienzan a formar parte de un rito. Mientras tanto hay algunos que, gateando, salen del regazo de sus madres en dirección hacia su libro favorito para, literalmente, comérselo. Otros, en cambio, lloran.

Los niños, que oscilan entre los ocho meses y los dos años, se reúnen en la bebeteca de Espantapájaros Taller y disfrutan de la sesión llamada “Cuentos en pañales”. Yolanda Reyes, directora de la institución, explica que la idea de la bebeteca se creó hace más de diez años cuando en Espantapájaros se comenzaron a preguntar por el origen de la lectura en los niños. La respuesta: cuando el bebé está en el útero y escucha a su madre narrándole una historia, ya está leyendo.

Por lo tanto, la relación entre el pequeño y el mundo del lenguaje, que no se reduce a las letras sino que se amplía a la música, el arte o el cine, se realiza de forma natural y espontánea. Por eso, en la primera parte de “Cuentos en pañales” los bebés tienen la posibilidad de llegar a la bebeteca y acercarse al libro que quieran en la forma como se les antoje. Su lectura puede ser de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, sentarse sobre el libro, comérselo. Todo vale.

De hecho, mientras los niños oyen la música, cantan, se empapan de pintura, hablan con sus padres, ya están leyendo, asegura Yolanda Reyes. “Sus primeros cuentos son narraciones como Este dedito compró un huevito, que va acompañada de una historia relatada a través del cuerpo”.

“Gracias a varios estudios que se han hecho en distintos países, se ha demostrado el beneficio que trae la lectura para los bebés que han sido estimulados desde el vientre materno. Son niños que desarrollan el lenguaje con facilidad y cuyo proceso de lectoescritura se da de forma mucho más natural porque han tenido contacto con las letras y con el objeto libro”, explica Marcela Rey, promotora de lectura de la sala infantil de la Biblioteca Virgilio Barco y quien dirige el programa “Leo con mi bebé”, en el cual se orienta a los padres para que acompañen a sus hijos en el proceso de lectura.

Bebetecas por toda Colombia
Siguiendo la hipótesis de que el proceso de lectura y el aprendizaje de los menores se desarrolla con facilidad cuando los niños se acercan a los libros desde muy pequeños, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), junto con Fundalectura, han llevado a cabo el proyecto (diseñado por Espantapájaros Taller) “La fiesta de la lectura”, que ha buscado enriquecer las herramientas pedagógicas a través de las bebetecas.

En este caso, las bebetecas se han dirigido a los centros educativos y se ha creado un vínculo estrecho entre el aprendizaje y el gusto por la lectura, a pesar de que se pretende que el niño vea a la lectura y al libro “como un juego, más que como una herramienta netamente académica”, explica Gloria Bernal, asistente en procesos de formación de Fundalectura.

El programa “La fiesta de la lectura” ha dotado más de 1130 jardines, hogares infantiles y comunitarios del ICBF (que se encuentran a lo largo y ancho de todo el país) con bebetecas, así como ha capacitado a los profesores para que abran un espacio a la lectura dentro de la rutina académica. “Hemos logrado cambiar la idea de que la lectura sólo se hace desde que el niño está en primero de primaria”, asegura Andrea Victorino, coordinadora de comunicaciones de Fundalectura.

Entre tanto, en Espantapájaros Taller, al finalizar la sesión de “Cuentos en pañales” los bebés se dirigen hacia su libro predilecto y “firman” (léase garabatean) un papel para registrar el préstamo de un libro (que puede ser el mismo título durante un mes) y se comprometen a devolverlo ocho días después.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 18 de diciembre de 2008.
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Hernán Bueno. Fotografía: David Campuzano

¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte?

Filosofía para pacientes terminales

Una terapia que se escapó de las aulas para establecerse en los hospitales.

A una joven de apenas 26 años le acaban de diagnosticar sida y se siente angustiada; una mujer lleva varios años padeciendo de un cáncer que poco a poco ha ido acabando con ella y se siente desconsolada; mientras que un exitoso ejecutivo, quien ha dedicado su vida a construir una enorme empresa, de pronto se percata de que tiene los días contados por culpa de una enfermedad terminal. Los tres tocaron la puerta, antes de consultar a un psicólogo o un pastor, de un asesor filosófico.

Los diez filósofos que, aproximadamente, se dedican a esta práctica en Colombia, buscan rescatar un oficio cuyos inicios datan del siglo V antes de Cristo, cuando los socráticos utilizaban el famoso método mayéutico que empleaba el diálogo para adquirir conocimiento. La diferencia radica en que los contemporáneos buscan que el paciente añada un elemento creativo a la terapia socrática, que le permita ser capaz de buscar en su interior las respuestas a las preguntas que lo aquejan.

En particular, Hernán Bueno, director de la Fundación Filosofarte, organización dedicada a difundir la filosofía en la vida cotidiana, ha buscado llevar esta terapia, desde hace más de dos años, a pacientes en estado terminal de la Clínica Corpas, el Hospital San Ignacio y particulares.

“¿Por qué me ocurrió esto a mí? ¿Qué voy a hacer con todos los sueños que no voy a poder cumplir? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte?”. Es la clase de preguntas que empieza a rondar en la cabeza de estos pacientes y que, cuando no son contestadas, pueden llevarlos a querer dejar de lado su existencia.

Este tipo de interrogantes, asegura Bueno, son preguntas fundamentalmente filosóficas (sobre la vida que está en juego y la propia visión que se tiene del mundo) y que, además, han sido pensadas por los filósofos desde hace más de 2.500 años. El asesor filosófico, entonces, ayuda a la persona a través de un diálogo continuo, a vislumbrar sus propias preguntas ante la vida y a hacer evidentes las respuestas que ya tenía en su interior.

“Uno va por la vida, con un modo de entenderla, un sentido, que es el que nos hace levantarnos todas las mañanas. En definidas cuentas, un concepto filosófico. La crisis o pregunta filosófica se da cuando ese concepto se desmorona debido a que uno supone tener todas las respuestas, pero la vida misma le ha cambiado las preguntas. Entonces cambia todo el horizonte que se creía solucionado, más aún, en una situación adversa como una enfermedad”, explica Bueno.

Así lo afirma Catalina* a quien hace cinco años le diagnosticaron sida: “En medio del dolor de mi enfermedad, de la angustia de que la vida se va, uno busca la salida mediante el suicidio. Pero uno siente que algo lo jala para que encuentre un sentido a todo eso y busque contestar todas las preguntas que tiene”.

La asesoría
Debido a que los filósofos consideran que una persona ve el mundo de acuerdo con la concepción que tiene del mismo, el asesor busca que quien lo consulta cambie la idea de mundo que tiene y, por lo tanto, su forma de percibirlo. En el caso de los enfermos terminales se trabaja la concepción de vida, muerte, tiempo, finitud, esperanza y milagro, que se ven sumamente afectados por su condición. En general, asegura Bueno, estos pacientes “tienden a pensar que se les acaba el tiempo y a tener rabia por no poder realizar muchos de sus sueños”.

La asesoría se realiza a partir de preguntas y respuestas entre el consejero y quien consulta y puede tener una duración de dos sesiones como mínimo hasta un máximo de año y medio, explica Víctor Murillo, doctor en Filosofía y docente de la Fundación Universitaria Luis Amigó de Medellín y quien lleva más de diez años practicando la orientación filosófica. Eso sí, aclara que la terapia no busca curar al individuo sino que éste sea capaz de encontrar el problema dentro de sí mismo.

“A veces es la creencia que se tiene sobre la muerte la que hace que sea tan difícil de sobrellevar”, indica Bueno. Por eso, en medio de la consulta, el asesor trae a colación el pensamiento de filósofos antiguos como Sócrates, quien, cuando estaba tomando la cicuta, dijo: “Es de ignorantes temerle a la muerte porque, ¿cómo le voy a temer a lo desconocido?, sería como creer que sé aquello que no sé”. O como la sabia reflexión de Epicuro: “Para qué pensar en la muerte si cuando yo estoy, ella no está y cuando ella llegue, yo no voy a estar”.

El asesor le demuestra a quien lo consulta cómo sus inquietudes no son únicas, pues ya otras personas habían tratado de resolverlas años atrás. “Uno les dice, mira, esto lo pensó Schopenhauer”, comenta Bueno, “lo que los entusiasma sumamente. De hecho, hay varios que se reconcilian con la filosofía, pues en sus años escolares no le habían prestado atención”. Todo esto en el marco de un ambiente de igualdad entre el consejero y su interlocutor, que permite eliminar la idea de “médico versus paciente”.

Los resultados
“A principios de este año, mientras trabajaba en la Clínica Corpas, tuve la oportunidad de ver cómo una señora de 86 años, que tenía un cáncer terminal muy agresivo, había cambiado radicalmente su perspectiva de la vida gracias al contacto con el asesor filosófico”, comenta Rubén Cadavid, médico del Hospital de La Samaritana.

En un principio, a la señora la visitaba un pastor, pues era muy religiosa y, además, tenía continuamente consultas con un psicólogo. Sin embargo, debido a que el cáncer evolucionó muy rápido, entró en una depresión profunda, al punto que dejó de importarle su propia vida. Además, no le funcionaban los medicamentos para el dolor, por lo que se le debían recetar dosis cada vez más fuertes. Tenía una actitud tan negativa, que afirmó no querer volver a ver a ningún otro psicólogo. “Pero desde que Hernán Bueno comenzó a hablar con ella, su carácter cambió, estaba más tranquila y los medicamentos comenzaron a hacer efecto. Fue muy bonito ver cómo ella fue evolucionando y cómo aceptó , finalmente, su condición”, recuerda Cadavid, quien, después de ver la efectividad de la terapia, decidió pedirle a Bueno que visitara a otro de sus pacientes, pues asegura que éstos “recuperan la fuerza de vida”.

A su vez, Bueno recuerda cómo le hizo asesoría a un paciente terminal que estaba muy angustiado porque el tiempo se le acababa y no iba a poder hacer todo lo que tenía planeado. Durante el transcurso de las sesiones se dio cuenta de que no iban a poder resolver todas las preguntas de la humanidad, pero que lo más importante era tener conciencia de que se tuvo la inquietud, de que se vivió cada último segundo bien vivido y que cada instante anterior se superó.

Por su parte, Carmenza Ochoa, directora ejecutiva de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, opina que este tipo de terapia es muy favorable para el paciente, pues en la medida en que éste pueda resolver sus inquietudes, que son más que todo miedos, podrá morir de forma tranquila y sin remordimientos.

Sin embargo, Bueno aclara que la asesoría filosófica no es para todo el mundo, pues se necesita que quien consulta, tenga sensibilidad para estar dispuesto a pensar que su vida se rige por lo que piensa. Además, advierte Bueno, el proceso de asesoría filosófica debe hacerse con mucha responsabilidad ya que el consejero debe asegurarse de que efectivamente es un caso para que trate la filosofía y no un psicólogo o psiquíatra. Es un paso muy importante porque “son personas que están entregando su vida para que uno les ayude a manejarla”, concluye.

* Nombre cambiado

Sócrates y su “arte de comadrona”
Para Sócrates, quien nació en Atenas hacia el año 470, la filosofía era una forma de vida. Su pensamiento se conoce a través de los textos que de él hicieron Platón, Jenofonte y Aristóteles, pues el ateniense no dejó nada escrito, ya que consideraba que su filosofía era una filosofía viva.

El filósofo griego pasaba los días hablando con todo el que encontraba a su paso. Su interlocutor, de pronto, se veía inmerso en un debate sobre si efectivamente tenía un concepto claro de sí mismo o si sabía qué cosas eran la verdad y el saber.

Gracias a sus continuas preguntas, Sócrates lograba que su interlocutor hiciera una continua reflexión sobre sí mismo, aclarara ideas antes confusas y adquiriera nuevos conocimientos. A esta metodología la llamaba su “arte de la comadrona” o “mayéutica” que, explicaba, había aprendido de su madre.

Cuando aplicaba su arte hacía que quien lo escuchaba cayera en cuenta de que una persona no debe ufanarse de haber llegado a la meta del saber, por lo que continuamente afirmaba “sólo sé que nada sé”.

‘Más Platón y menos Prozac’
El libro Más Platón y menos Prozac, del filósofo Lou Marinoff, uno de los más reconocidos exponentes de la filosofía práctica, es un referente obligado para toda persona que quiera adentrarse en el mundo de la asesoría filosófica.

Publicado en 1999, el libro recuerda que hubo una época en la que la filosofía quería decir algo para la gente común y las ideas de los filósofos se aplicaban en la vida diaria.
A partir de esta idea, Marinoff demuestra a sus lectores, en un lenguaje claro y preciso, cómo pueden llevar las premisas filosóficas a los problemas que enfrentan en cualquier momento de su vida.

Marinoff retoma la historia de la filosofía para, finalmente, demostrar su utilidad como una terapia que puede contribuir a afrontar las patologías individuales y sociales del mundo posindustrial.

La asesoría filosófica
La asesoría filosófica, que comenzó hace más de 25 años en Alemania y Estados Unidos, propone regresar al espíritu del filósofo antiguo, una especie de “terapeuta del verbo” que ayudaba a las personas a pensar sobre su vida cotidiana. Por consiguiente, se preocupa por los problemas que enfrentan los individuos en su vida diaria, liberando la disciplina del ámbito netamente académico.

Actualmente la filosofía como medicina se ha desarrollado por personas como Lou Marinoff, en Estados Unidos; José Barrientos Rastrojo y Mónica Cavallé, en España; Rainer Matias Holm Hadulla, en Alemania; Roxana Kreimer, en Argentina; Ran Lahav, en Israel; Hernán Bueno, Eufrasio Guzmán y Víctor Jaramillo, en Colombia, entre otros.

Lucía Camargo Rojas

Publicado en El Espectador, jueves 27 de noviembre de 2008.
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TV en pañales

La reciente norma instaurada en Francia que prohíbe la emisión de programas para niños menores de tres años, generó revuelo entre padres y educadores, quienes se preguntan qué tan benéfica o perjudicial es la TV infantil.



Hay niños de tan sólo un año que le prestan atención,entusiasmados, a cada uno de los movimientos que realiza Dora la exploradora mientras recorren el mundo en su compañía. En cambio hay otros que bailan al ritmo de la música de las canciones de Hi-5 . Y no puede olvidarse el bebé que toma su tetero mientras lo arrulla el sonido de la televisión o el que se queda absorto ante las propagandas de Discovery kids.

Hoy, los menores de tres años cuentan con un privilegio que no tuvieron otras generaciones: programas pensados y dirigidos exclusivamente para ellos. Una oferta que se ha ampliado en los últimos años y que, en general, sigue el formato de los Teletubbies, la exitosa serie inglesa
creada en 1997 y transmitida en 120 países, gracias a la cual las programadoras comenzaron
a interesarse en esta franja y a crear nuevos contenidos como Pocoyó, un niño muy curioso que recorre el mundo con sus amigos y en el que predominan los colores y los movimientos alucinantes. 

Ya para el año 2003 se lanzaron canales dedicados las 24 horas a entretener a los menores de tres años al estilo de Baby Tv. Una propuesta televisiva que ha tenido contentos tanto a los padres como a las programadoras. A los primeros porque sienten cierto alivio y seguridad de que sus hijos vean programas avalados por educadores y psicólogos y a los segundos porque se ha incrementado significativamente el rating.

Sin embargo, existen voces de protesta en contra de estas series. La más radical fue la de la ministra de Salud de Francia, Roselyne Bachelot, quien en abril de este año se pronunció en contra de la emisión de programas dirigidos para los menores de tres años y sugirió a los padres no dejar que sus hijos vean televisión. La recomendación se convirtió en ley el pasado primero de noviembre, cuando el Consejo Superior Audiovisual (CSA) francés, entidad que protege a los televidentes, prohibió que las cadenas francesas editen, difundan o promuevan programas dirigidos al público infantil.

La norma, además, obliga a que los canales de cable o de televisión digital informen de forma legible que la televisión puede frenar el desarrollo de los niños menores de tres años, aún cuando los programas estén dirijidos a ellos.

¿Qué llevó a que el Ministerio de Sanidad francés y la CSA impulsaran esta medida? Sus argumentos son una serie de estudios que contrataron y que fueron realizados por médicos pediatras y expertos en comportamiento infantil, en los que se advierte que por debajo de los tres años el intercambio y estimulación son indispensables para el crecimiento de los niños y no deben ser reemplazados por la televisión. Además, los expertos alegaron que ésta disminuye el desarrollo de los preescolares y favorece la pasividad, los retrasos en el lenguaje, la agitación, los problemas de sueño y de concentración, así como la dependencia a la pantalla.

A esta investigación la respaldan varias publicaciones de la revista Archives of Pediatrics and
Adolescent Medicine de 2006 que confirman algunos efectos negativos, como la relación entre el aumento de las horas que pasa un niño viendo sus programas favoritos y el riesgo de que sufra de obesidad, incluso cuando el aparato sólo está encendido.

¿La TV, un enemigo?
Una decisión como la que tomó el gobierno francés genera dudas sobre si efectivamente la televisión infantil es tan perjudicial como para suspenderla. Según Rafael Vásquez, psiquiatra infantil y docente de la Universidad Nacional, “en Francia crearon la norma porque aseguran que la televisión afecta el desarrollo de los niños, lo cual es difícil de comprobar de forma experimental.Además, tomaron una medida de acuerdo a un estudio ideológico, es decir, según lo que ellos creen y asumieron que todo el mundo debe acoplarse a eso”.

Para Liliana Anzola, coordinadora de preescolar del colegio The Victoria School en Bogotá,
no es tan fácil llevar a la práctica este tipo de normas porque la televisión ocupa un lugar muy importante en las actividades cotidianas de los niños. Por su parte, Martha García, psicóloga del mismo centro educativo, aclara que, en cierta medida, entiende la decisión de Francia, debido a que los padres se desentienden de ellos y los dejan ver televisión sin preocuparse
por lo que puedan estar aprendiendo. 

“Aunque no comparto la decisión, entiendo que fue una especie de ultimátum. Sin embargo,
pienso que antes de crear una medida tan radical se tendría que hacer un trabajo con los colegios y los padres, en donde se demostrara a estos últimos cómo el problema no es si la televisión es perjudicial o no, sino su responsabilidad alrededor de esta práctica”.

Una postura que comparte Sandra Vernaza, directora del jardín infantil Cometas, quien explica
que los niños creen todo lo que ven, incluido lo que se les muestra en los programas especialmente diseñados para ellos. Por eso es fundamental que el pequeño vea televisión acompañado de un adulto responsable, que pueda resolver sus inquietudes y cerciorarse de que vea programas acordes con su edad.

El problema, según este grupo de pedagogos, radica en que en nuestro país los padres trabajan hasta altas horas de la noche, por lo cual los niños no tienen otro remedio que ver televisión, ya que no hay un adulto que los incentive a realizar otro tipo de actividades. Entonces, “lo malo no es la televisión sino el entorno de crianza”, argumenta Vásquez.

KaterineMoreno, asesora de la dirección de comunicaciones del Ministerio de Cultura, sin embargo, cree que la responsabilidad no sólo recae en los padres, sino también en los productores, quienes deben asegurarse de ofrecer entretenimiento a los niños con un contenido educativo. Esto ha hecho que “tengan cuidado al hacer programas para los preescolares, porque son conscientes de la posibilidad que da la televisión para reforzar el aprendizaje. Por eso todas las series tratan de estimular los sentidos de los niños”.

Cuestión de tiempo
El psiquiatra Rafael Vásquez es enfático al afirmar que no considera que la televisión afecte el
desarrollo de los menores, pues ésta “no produce ni avance ni retroceso en el niño, simplemente lo entretiene”. Sin embargo, asegura que lo que sí está comprobado es que los niños comen más cuando están sentados viendo series televisivas, por lo cual corren un riesgo mayor de sufrir de obesidad. Así que para él resulta de vital importancia que los padres, además de verificar qué programas ven sus hijos y comentarlos con ellos, establezcan un tiempo límite para ver televisión que, según la Academia Americana de Pediatría, no debe superar las dos horas diarias.

Para Juanita Gómez, comunicadora social y madre de familia, los padres deben hacer que los niños intercalen otro tipo de actividades con la televisión. “Yo dejo a mis hijos ver programas y después los saco al parque. A veces, son ellos quienes se acercan a la puerta para que los lleve a jugar”.

Lo cierto, es que a pesar de la polémica que se ha generado en la comunidad francesa por la
prohibición del gobierno de emitir estas series infantiles, los expertos colombianos aseguran
que ésta no es la forma más indicada de manejar la situación, pues cuando a un niño no se le
permite hacer algo, es bastante probable que busque, a como dé lugar, hacerlo. Por eso, coinciden en que deben ser los padres quienes decidan si convierten la televisión en un enemigo o en un aliado. “Sólo en la medida en que se tomen el tiempo de revisar lo que sus hijos están viendo, pueden convertir este medio en una herramienta benéfica para su desarrollo ”, concluye Anzola.

Publicado en El Espectador el 13 de noviembre de 2008. 
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Niños representando una obra de teatro. Cortesía Gimnasio Jaibaná.

Colegios artísticos

Ejemplos exitosos de cómo la educación mezclada con las artes puede ser una ruta adecuada para formar niños tolerantes, creativos y críticos.

Danza, música, teatro, gastronomía y cerámica han sido generalmente clases que se imparten en los colegios como una electiva que complementa las asignaturas básicas, pero que, en la jerarquía académica, no están en una posición privilegiada. Sin embargo, a lo largo del país se han ido implementando nuevas alternativas que demuestran cómo “la educación artística contribuye a desarrollar las competencias básicas, porque potencia el talento crítico y creativo y las capacidades comunicativas”, en palabras de la ministra de Educación, Cecilia María Vélez.

El Espectador consultó a cuatro de los 24 colegios que vienen implementando innovaciones en educación artística y que fueron usados como ejemplo para elaborar el documento “Orientaciones pedagógicas para la educación artística y cultural”, presentado en días pasados en la ciudad de Cali por los Ministerios de Cultura y Educación.

Costura para el duelo
Cuando Rosalba Cano tuvo que decidir sobre hacer una tesis para la maestría en Artes Plásticas del Instituto de Bellas Artes de Medellín, en 2000, recordó cómo, en su infancia, un día fue a buscar a su amiga del barrio con la que siempre jugaba y se encontró con que la estaban velando. Así que decidió hacer un trabajo en homenaje a su compañera titulado “Trajes para estar de luto”, en el que habla de cómo los colombianos nos hemos acostumbrado a la muerte.

Rosalba comentó a sus alumnos de la institución educativa Merceditas Gómez Martínez, de Medellín, en donde asisten niños del área circundante al barrio Pablo Escobar, el dolor y la rabia que le producía la muerte de su amiga. Ellos se mostraron interesados y comenzaron a hablar de sus propios duelos. Así inició una actividad en la que los jóvenes tienen la oportunidad de compartir sus dolores y alegrías, mientras insertan la aguja y el hilo en cuadernos repletos de fotos y apreciaciones personales, como un pretexto para liberarse, estar con ellos mismos y remendar sus propias vidas.

El que no oye, baila
Desde hace dos años la Institución Educativa Distrital de Santa Marta, que sólo recibía a niños sordos o con discapacidad auditiva, comenzó a recibir niños oyentes. Sin embargo, los nuevos alumnos presentaron problemas de comportamiento y de adquisición de conocimientos.

Luz Estela Sánchez, profesora del centro educativo, había logrado que los niños con discapacidad auditiva bailaran a través de la imitación de videos, la repetición y las vibraciones emitidas por parlantes que se colocan en el suelo, lo que mejoraba su autoestima. Por eso, Sánchez y Rita Laberes, otra docente, decidieron implementar la danza como una herramienta pedagógica a todos los alumnos de la institución. Los resultados han sido más que satisfactorios, pues oyentes y sordos bailan a la vez que fomentan un ambiente de tolerancia, mejoran sus niveles de atención y adquieren facilidades para aprender nuevos conocimientos.

Arte a la carta
Hace quince años nació una propuesta pedagógica innovadora, implementada en el instituto educativo Juan Maiguel de Ozuna, que pretendió responder a las necesidades de jóvenes desplazados, con problemas intrafamiliares y de droga que residían en barrios marginales de Santa Marta. Se trata del proyecto “la cultura oral como herramienta pedagógica”.

“El hambre se mata con arte”, asegura Graciela Orozco, una de las gestoras del proyecto, quien explica que las actividades artísticas, basadas en la cultura oral samaria, se comenzaron a desarrollar después de indagar por los intereses de los niños. Danza, talleres de gastronomía y artesanales, música folclórica, pintura, teatro y cuentería son algunas de las materias que se desarrollan y se sociabilizan con la misma comunidad, por ejemplo, a través de la venta de croquetas de pescado y patacones rellenos que hacen los mismos jóvenes.

Teatro para todos
En el Gimnasio Jaibaná, de Piedecuesta (Santander), el teatro abarca todas las áreas y a todos los alumnos. El guión es el eje conductor de una actividad que se desarrolla a lo largo del año y que culmina con una gran presentación de no más de una hora, en la que desde los más pequeños hasta los alumnos de séptimo grado (el colegio aún no ha sacado su primera promoción) aportan su cuota. El arte inicia desde la misma construcción de los instrumentos, pasando por la composición de las canciones y la elaboración de las coreografías, la escenografía y el vestuario.

En Jaibaná, el arte es una herramienta que demuestra cómo la tolerancia y el respeto son posibles, pues la obra de teatro no sólo cuenta con alumnos de edades muy diferentes sino con características disímiles: una niña con discapacidad, dos con Síndrome de Down y un autista, conviven con dos superdotados y con niños de inteligencia normal. Cada uno aporta a la obra desde sus intereses y habilidades, lo que permite fomentar su autoestima y desarrollar su sensibilidad.

Docentes a favor del arte
Estas cuatro profesoras se han dedicado a fomentar la educación artística y cultural entre sus alumnos, pues están convencidas de que es una de las pocas áreas en donde se logran articular todas las competencias que se estima debe tener un niño. Desde la creatividad y sentido crítico que implica la elaboración de un proyecto, ya sea de danza, cerámica, gastronomía, hasta llevar a cabo su ejecución, pues se necesita ser organizado y sistémico, aprender a ser tolerante y sociable, a la vez que se requieren habilidades comunicativas para expresarlo.

Por eso, para Rita Laberes: “El arte no sólo resulta ser una herramienta de entretenimiento que los alumnos disfrutan, sino que mejora sus niveles de concentración y de tolerancia. Por ejemplo, después de la clase de danza están más dispuestos y calmados para adquirir conocimientos de otras asignaturas”.

Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 9 de octubre de 2008.
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Estimular uno de los hemisferios del cerebro permite que las personas desarrollen habilidades artísticas
Dibujando con el lado derecho


Maria Teresa Monsalve y Claudia Posse. Fotografía: Federico Ríos-El Espectador


Pablo Angarita, maestro en Artes Plásticas, dicta clases en el Museo del Chicó en Bogotá, para que personas de todas las edades se animen a crear sus propias obras de arte. Una actividad a la que asisten en su mayoría mujeres pensionadas.

Si usted siempre quiso pintar pero lo frustraron diciéndole: “eso no es una vaca, es una casa” y, por causa de esa gracia, botó el lápiz y desistió, es bueno que sepa cómo los adelantos científicos en materia de las funciones de los hemisferios del cerebro han contribuido a demostrar que cualquiera puede iniciarse por los caminos del dibujo.

La clase que dicta Pablo Angarita, maestro en Artes Plásticas, en la Sala Junior del Museo el Chicó así parece ratificarlo. A este espacio de aprendizaje llamado “Dibujando con el lado derecho del cerebro”, acuden diez mujeres, la gran mayoría pensionadas, una vez por semana, durante dos horas y media.

“Yo no pintaba absolutamente nada”, explica Constanza Monsalve, quien lleva un año asistiendo a esta clase, mientras muestra el dibujo que hizo de una matera con dos pinceles dentro de ella . “Que yo diga que hice un muñeco me da risa, porque en mi vida he pintado uno”, dice Silvia Caicedo, quien apenas ha asistido a tres clases, pero que, ayudada por un espejo, ya puede hacer figuras.

¿Cómo se logran estos avances? el maestro Angarita cree que es necesario, como le decía su profesor de la Universidad Nacional Santiago Cárdenas, “intentar ser un marciano”. Es decir, que se debe acallar el lado izquierdo del cerebro, en donde predomina el sentido verbal y práctico de las cosas.

Precisamente, lo que se busca en estos talleres es intentar silenciar ese lado para que quienes están aprendiendo a dibujar puedan apreciar el objeto solamente desde su forma. Una vez logran este propósito, comienzan a ver de una manera distinta, lo que les permite desarrollar capacidades que están interiorizadas. Por eso, personas como María Teresa Monsalve, quien asiste hace cinco meses a este taller, confiesa que “no era capaz de coger un lápiz. Pero me encontré con una habilidad que no sabía que tenía”.

Para poder obtener estos resultados, se debe partir de la idea de que cualquier persona está en capacidad de dibujar miméticamente un objeto, lo único que necesita es despertar el lado derecho del cerebro. El proceso comienza con ejercicios de trazar líneas y contornos. Luego se pasa a la percepción de los espacios, la luz y la sombra. Aunque el aprendizaje del dibujo nunca termina, Angarita considera que una persona puede soltarse y pintar un objeto a los tres meses.

¿Derecha o izquierda?
Desde los años ochenta, los científicos se han interesado por describir las funciones de las distintas partes del cerebro. Investigadores como Roger Sperry, premio Nobel de Medicina en 1981, se han encargado de demostrar cómo cada uno de los hemisferios cerebrales tiene especialidades en las tareas cognitivas.

Médicos como Michael S. Gazzaniga han estudiado a personas que, por una u otra razón se han sometido a cirugías de separación del cerebro. Gracias a esas investigaciones se ha encontrado que el hemisferio izquierdo es dominante en cuanto a la mayoría de actividades cognitivas (lo racional, lo lógico) y en las funciones del lenguaje, mientras que el derecho es el de las formas, los colores y las relaciones.

El único requisito es querer
“Dibujando con el lado derecho del cerebro” hace parte de un conjunto de actividades que coordina el Grupo Andante S.A, que tiene el reto de fomentar espacios para que una persona mayor se sienta orgullosa de serlo, explica la gerente, Claudia Posse.

Angarita llegó a Andante como profesor de historia del arte, pero pasó una propuesta adicional para hacer cursos que estimulen el hemisferio derecho. Como Andante busca generar opciones para que las personas descubran que, a pesar de su edad, todavía tienen mucho que aprender, aceptaron la idea, ya que permite que las personas descubran sus habilidades sin ningún tipo de temor o de prevención.
En medio de la algarabía de sus alumnas, Angarita advierte que no hay límites de edad para iniciar este proceso, pues “el único requisito es querer”.

Artistas zurdos
Los zurdos (en quienes predomina el lado derecho del cerebro) tienen más facilidad de desarrollar sus capacidades artísticas. Ejemplos de ello son Albrecht Dürer, pintor alemán; M.C Escher, pintor holandés; Henri Fuseli, pintor suizo; Matt Groening, caricaturista americano; Paul Klee, pintor suizo; Leonardo da Vinci, pintor florentino; Michelangelo (ambidiestro), pintor, escultor y arquitecto florentino; Edvard Munch, pintor noruego; Rembrandt van Rijn, pintor holandés.

Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador, jueves 31 de julio de 2008
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Cuando cierra la noche

                                                           Cuando cierra la noche
Luz Peña Tobar
Villegas Editores


Desde el epígrafe, “Entre el cerebro y las manos debe estar el corazón” (Fritz Lang, Metrópolis), Luz Peña Tovar nos adentra en el mundo de la pantalla grande. Y no nos va a dejar salir de allí. La realidad creada a través de la imaginación es en esta novela mucho más real, vital y verás que la cotidiana. Toda la existencia humana se explica con metáforas del cine: la vida es un escenario en el que se puede ser extra o protagonista. Manuela Sandoval, gran directora de cine, se parece a Louis Brooks, y esta no es su única relación con el mundo de la pantalla grande. Los capítulos se asemejan a diferentes tomas que hace la cámara para ver los hechos desde distintas perspectivas: a veces habla el narrador y otras los personajes, con un toque de humor sarcástico. Un giro inesperado permite revisar la historia y recrearla en forma distinta. El efímero medio comercial y el rico medio del artista se oponen para unirse a través del corazón y demostrar que la vida merece ser vivida si se tiene imaginación.
Lucía Camargo Rojas

Publicado en: revista Piedepágina, No 8, 2006.



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El síndrome de Ulises


El síndrome de Ulises
Santiago Gamboa
Seix Barral

Con la voz de un joven escritor muerto de hambre y que tan sólo se alimenta de deseos absurdos, Gamboa narra las peripecias de los inmigrantes en el París de los años noventa. Pero no es el París de Hemingway, sino el de los excesos y los contrastes, de grandes borracheras ligadas a tormentosas historias de personajes del mundo entero: rusos, argentinos, peruanos... que viven la espantosa condición del exiliado, quien se arraiga a sus tradiciones y a su historia más que nadie, pero que también -por desgracia- está inmerso en una falta de identidad absoluta; el inmigrante que se tambalea entre sus sueños magníficos y su cruda realidad. El síndrome de Ulises relata con una prosa ágil, descomplicada y muy directa la realidad del exiliado y la consolidación del escritor. Un libro que atrapa por los personajes y sus historias, descritos con tal realismo e ironía que seducen desde el primer momento.
Lucía Camargo Rojas
Publicado en revista Piedepágina, No 7, año 2006.