Claude Anshin Thomas. Fotografìa: David Campuzano-El EspectadorMonje de la no violencia
Claude Anshin Thomas es un ex combatiente de Vietnam que se ha dedicado a profesar un mensaje de paz en el mundo entero.
Con su hablar pausado, su túnica negra y su contextura delgada nadie imaginaría que el Monje Claude Anshin Thomas fue un combatiente en la guerra de Vietnam, un adicto a las drogas y un narcotraficante en Irak. Todas esas experiencias le cambiaron la vida y, aunque no se las desea a nadie, sí considera que fueron fundamentales para formarlo e incentivarlo a predicar la idea de la no violencia en el mundo entero.
Claude Anshin combatió en Vietnam en 1966 como miembro del ejército de Estados Unidos. Cuando se le pregunta por esta experiencia contesta de manera pausada: “¿Alguna vez ha matado a alguien? ¿Ha visto explotar un edificio? Para lograrlo, uno tiene que deshumanizarse y dejar de confiar en los demás. Es un tipo de experiencia que tiene unas consecuencias de las que nunca se puede escapar”.
Tanto así que después de haber dejado la Armada terminó como un mendigo en la calle y se convirtió en un adicto a las drogas y, más adelante, sin saber cómo, se vio inmiscuido en el mundo del narcotráfico. “Me sentía atrapado, sin ninguna posibilidad de cambiar. Intenté suicidarme pero sobreviví. Así que simplemente seguí viviendo”.
Sin embargo, sólo hasta que un conocido lo convenció de buscar ayuda médica pudo dejar su adicción a las drogas. “De pronto fui capaz de tener pensamientos propios. Descubrí que no era necesario evadir mi experiencia, sino que podía tener una relación distinta con esos recuerdos”. Al poco tiempo, una de las trabajadoras sociales que le ayudaba le recomendó visitar a un monje budista especializado en trabajar con veteranos de guerra. Así, se inmiscuyó en el mundo del budismo y hace 14 años se ordenó como monje. “No me imagino viviendo de otra manera”, afirma.
Mensaje de la no violencia
En la actualidad Anshin recibe invitaciones de Gobiernos de todo el mundo para dictar charlas sobre violencia, guerra y resolución de conflictos. Así como para enseñar técnicas de meditación basadas en la práctica zen. A nuestro país fue invitado por Acción Social, con el objetivo de que visitara diferentes entidades relacionadas con estas temáticas y dictará un retiro espiritual.
Para Anshin el mensaje más importante que puede transmitir a otras personas consiste en hacerles ver que las raíces de la violencia están en su interior. Por lo tanto, si son conscientes de éstas puede darse una transformación que, en el caso de la guerra, por ejemplo, no implica la ausencia de conflicto, sino el ser capaces de no estar de acuerdo, sin tener que matar a otros para defender ideas o posiciones. Precisamente esta semana Anshin visitó a un grupo de soldados y ex guerrilleros colombianos y compartió su experiencia con ellos. Anshin quedó muy impactado, pues comprendió que “el sufrimiento de estos jóvenes sólo demuestra que la violencia nunca es la solución, así aparente serlo”.
Lucía Camargo RojasPublicado en El Espectador, jueves 25 de septiembre de 2008.
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