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lunes, 4 de julio de 2016
'Colonia infancia': la exposición de arte que divierte a los niños
Si quien visita la exposición ‘Colonia Infancia’, mide más de 1.5 metros de altura, necesariamente desde la entrada debe agacharse y prepararse para encontrar una exhibición pensada ya no para adultos, sino para los más pequeños de la casa. Se trata de la exposición ‘Colonia Infancia’ que actualmente se exhibe en el primer piso del edificio de la Sala de la Colección del Museo La Tertulia en Cali.
Así que la mejor postura para ingresar al túnel de madera de entrada es gatear unos siete metros para encontrarse con la obra ‘Niño’ de Rufino Tamayo, que hace parte de la colección permanente del Museo. “Los niños salen corriendo directo a ese primer cuadro, con el que hay una especie de mímesis y se sienten identificados. Luego se devuelven por el túnel a una bifurcación a través de la cual llegan a un nuevo espacio en donde se encuentra ‘Una casita del sol’, del artista Emilio Sánchez, obra a partir de la cual se monta toda la museografía”, explica Mario Camargo, del Colectivo 070, encargado del diseño arquitectónico de esta singular propuesta que busca acercar el arte a los más pequeños de una manera lúdica y orgánica.
Después, el visitante puede visualizar las distintas partes de la casa, representadas todas en otras siete obras que hacen parte de la colección del museo. ‘Teresa la mujer mesa’, la icónica pieza escultórica de Hernando Tejada, es la mesa del hogar, mientras que las bolsas de plástico sobre acrílico que conforman ‘Bocagrande II’, obra de Alicia Barney y el ensamble de objetos de vinilo y madera de ‘Cajas’, de Bernardo Salcedo, son algunos de los mobiliarios de la casa.
También se puede observar la escultura en metal con motores y tela de la serie ‘Camas’, de Feliza Bursztyn, que alude al lugar para dormir; ‘Pinturas de agua’, de Óscar Muñoz, hacen referencia a la ducha, mientras que el cuadro ‘El rincón’, de Santiago Cárdenas, remite a las distintas maneras de habitar el espacio doméstico. Finalmente, ‘La cuarta dimensión’, de Yukata Yocota, es una pieza que invita de lleno a meterse en la obra de arte, pues está al lado de un nuevo túnel en madera que dirige a la segunda parte de la exposición, en donde hay dispositivos que los pequeños pueden manipular libremente.
Esta exposición surgió a partir de una inquietud de Doris Gallego, coordinadora de Primera Infancia de Comfandi, sobre la escasa oferta de espacios culturales para los menores de 6 años en la ciudad de Cali y, específicamente, frente a la pregunta, por qué no hay museos para ellos, surgió esta propuesta que se unió al marcado interés del área de formación del Museo de La Tertulia sobre la creación de espacios para los niños. Las dos entidades, junto con el acompañamiento de la Universidad del Valle, presentaron un proyecto interinstitucional e interdisciplinario a la primera versión de la Beca a proyectos de inclusión de niños y niñas de la primera infancia en entidades museales de la Convocatoria de Estímulos del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015.
“Nosotros necesitamos que en la ciudad haya propuestas culturales para los niños. Actualmente hay centros recreativos, centros comerciales, algo de títeres, y las bibliotecas públicas. La intención de este proyecto consistió en dejar instalada en la ciudad espacios artísticos y culturales pensados en primera infancia”, explica Gallego.
El proyecto resultó ganador de la Convocatoria de MinCultura, siendo seleccionado entre 11 propuestas para recibir 35 millones de pesos para su realización. A su vez, recibió una donación particular en memoria de Ivonne Mizradhi, para proyectos de primera infancia, que permitió cubrir todos los costos.
A la hora de elegir qué obras se propondrían, se optó por no tener un curador externo, sino por hacer un trabajo conjunto entre el área de formación y curaduría del Museo con las guías de sala, quienes dieron pistas importantes para identificar las obras de acuerdo a su propia experiencia con los niños. “Se eligieron las obras con el tema de la casa, el hábitat y el espacio que dispararan otras formas de abordar el arte y que fueran pensadas para el público de primera infancia. Al final, la curaduría da un panorama de la colección del museo y de distintos momentos del arte del siglo XX”, explica Alejandro Marín, curador.
La propuesta era arriesgada pues rompía con los guiones y paradigmas previos que ya tenía la entidad. Pero el trabajo conjunto y armónico entre el equipo del museo, Comfandi, el Colectivo 720 y la Universidad del Valle, logró el objetivo de que “no se fuera a confundir con un dispositivo más de un centro comercial, sino que fuera muy claro que se quería crear una exposición de arte para niños dentro del Museo que cumpliera con una estética y que en el tema de la museografía fuera impecable”, explica Ana Lucía Llano, directora del Museo.
Para el diseño del espacio se llamó al Colectivo 720, ganador de la convocatoria del diseño de la Cinemateca de Bogotá. Su director, Mario Camargo, se entusiasmó con la propuesta pues tiene una niña de 3 años y ha padecido la falta de espacios culturales enfocados en primera infancia en la ciudad de Cali. Además, le implicaba un reto en cuanto al diseño. “Pocas veces como arquitecto se tiene la posibilidad de hacer este tipo de ejercicios con tanto detalle”, explica.
Desde el Museo les pidieron lineamientos específicos como que la exposición pudiera armarse y desarmarse, que el espacio estimulara la movilidad, ocultara y mostrara objetos, fuera libre de riesgos, manejara diferentes texturas, pero sobre todo, fuera muy atractivo para los niños. Mientras Camargo diseñaba, no sólo tuvo en cuenta estos parámetros sino que se imaginó a su hija haciendo el recorrido.
Fue así como se diseñó el segundo túnel que llega a la segunda parte de la exposición: una casa interactiva a la que se entra a través de la ventana. Las obras que allí se encuentran son el resultado de una convocatoria dirigida a artistas jóvenes de la región para que crearan obras especialmente enfocadas en primera infancia.
Nicolás Morales, por ejemplo, propuso una serie de piedras blandas en el espacio del jardín, inspirado en su propia vivencia de construir pequeñas fortalezas con las piedras de los ríos, que denominó ‘Madriguera’. De acuerdo con Gallego, “esta obra es lo máximo para los niños porque se asombran ante un objeto cuya consistencia contradice su imagen, y porque la sienten como algo muy cotidiano”.
Mientras que Ivonn Lloreda, artista y guía de sala del museo, se encargó de los objetos dentro de la casa interactiva: muebles, sillas, perchero, mesa y sábanas de diferentes texturas y colores que configuran ‘Fortaleza’. “La idea es que fuera una actividad que se hiciera dentro del museo pero que no necesitara de materiales externos y que a través de los objetos propuestos los niños quisieran construir su propia casa”, explica.
Al final de la exposición, los niños llegan a ‘Mil formas de una pared’, una casa que aún está por terminar cuya pared final se completa, destruye y reconstruye con cada grupo o visitante, a manera de tangram, que les ha permitido “configurar no sólo casas sino también ciudades con parques”, agrega Lloreda.
La propuesta ha sido tan exitosa que aunque en principio estaba pensada para terminar el 31 de mayo se extendió hasta mediados del mes de julio, y pasó de esperar 800 visitas en un comienzo a haber atraído más de 10.000 visitantes.
Para Sandra Argel, coordinadora del grupo de Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “esta exposición es una experiencia significativa que evidencia cómo la infraestructura cultural se constituye en un espacio adecuado para promover el desarrollo integral de la primera infancia. Es clara la vinculación de las líneas rectoras propuestas para la educación inicial como el juego, el arte y la exploración del medio, además de todo el desarrollo de una exposición en el contexto museológico que promueve la participación de los niños”.
El proyecto ha sido visitado por niños que hacen parte de centros de estimulación temprana, jardines infantiles y colegios, e incluso por niños mayores de seis años que en varios casos visitaban el museo por primera vez. “Para nosotros ha sido fundamental esta exposición, pues hizo que el Museo se volviera un plan para la familia. El resultado es tan satisfactorio que nos da una fortaleza de poder llevar esta sala a otros espacios y otros territorios, y de saber que este es un primer momento, y un espacio que nos está pidiendo a gritos la ciudad: un espacio familiar que conserve el sentido que tiene el museo y que permita que los niños que ahora nos visitan, sean los adultos que a futuro vengan a La Tertulia”, concluye Ana Lucía Llano.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Gaceta de El País de Cali
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Primera infancia
lunes, 9 de noviembre de 2015
La lectura, medicina para los niños
Gracias al poder de los libros y la lectura un hospital puede transformarse de un espacio de dolor a uno de esperanza. Durante el periodo 2015-2018 el gobierno Santos construirá 300 salas de lectura para primera infancia.
Eulicer, un niño indígena emberá de dos años, sigue con detenimiento la voz y narración de Luisa Mazo, promotora de lectura del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, quien le lee en voz alta el texto infantil La gallinita roja a él y a su madre, Miria Viscuña. Tanto así, que el pequeño, quien se encuentra sentado en una silla del corredor de la sala de pediatría del hospital, está tan absorto que tiene en su mano derecha un pedazo de galleta que sostiene en el aire, sin llegar a comerla o cambiar de posición.
Son las tres de la tarde y el sopor del día en la capital chocoana golpea con intensidad. Luisa se encuentra sentada frente a los dos indígenas emberá, quienes debieron recorrer un trecho de cuatro horas desde su comunidad Peñas del Olvido hasta Quibdó para poder acceder al servicio del hospital debido a que Eulicer tiene paludismo y neumonía.
“Había una vez una gallinita roja que vivía en una granja con otros animales. Un día escarbando se encontró un grano de trigo. Pensó en sembrarlo y hacer pan para todos sus amigos”, narra Luisa con tono particular.
A medida que avanza la narración, la promotora de lectura pasa las páginas del libro lentamente con el fin de que niño y madre puedan ver las ilustraciones. Al poco tiempo se acerca una indígena más que sigue con timidez el desenlace de la historia.
Finalizada la sesión de lectura, Miria Viscuña cuenta que generalmente Eulicer no presta atención a las lecturas que les realiza un joven emberá, que ella llama “el maestro”, cuando va a Peñas del Olvido a leerles libros en español. Esta vez, irónicamente, Eulicer prestó atención, casi sin parpadear, a toda la historia.
Alnor, en cambio, no se quedó quieto durante la lectura que Luisa le hizo a él y a su compañera de cuarto, Joycy, del libro Mi mamá es mágica. Cuando Luisa comenzó la lectura estaba acostado y al final de la sesión terminó sentado cerca de ella, contestando cada una de las preguntas que la promotora le hacía.
– ¿Tu mamá sabe que van a pasar las cosas antes que sucedan? –preguntó Luisa
– ¡Sí! – dijo emocionado Alnor, quien ingresó al hospital por gastritis.
– Entonces tu mamá es mágica, como la del libro – le explicó Luisa.
Desde hace un año y medio los pequeños que como Eulicer y Alnor ingresan al Hospital San Francisco de Asís, disfrutan de lecturas en voz alta en las tardes que realiza Diana Patricia Serna, educadora hospitalaria, o Luisa Mazo gracias a la creación de un espacio nuevo que se ha ganado el cariño tanto de médicos y enfermeras como de pacientes: la sala de lectura.
El lugar, de apenas dos metros por cuatro metros, era antes la oficina de unos médicos que con gusto cedieron el espacio cuando se decidió que allí se adecuara y dotara una sala de lectura en el marco de la alianza público-privada de más de treinta entidades “Primera infancia aquí estamos”, como parte de la materialización de la Estrategia De Cero a Siempre.
Una de las entidades participantes de esta alianza fue el Ministerio de Cultura, institución que apoyó con recursos y asesoría técnica. La dotación de la sala estuvo a cargo de Fundalectura, entidad contratada por Aldeas Infantiles, otro de los socios de la alianza, para para dotar la sala con 300 libros, estantes, cajones para libros, sillas, cojines y una mesa.
Salas de lectura para todo el país
Entre 2013 y 2014 el Ministerio de Cultura adecuó y dotó 28 salas de lectura en siete departamentos de Colombia y contrató 53 promotores de lectura que se repartieron entre Antioquia, Atlántico, Chocó, Bolívar, Valle del Cauca y Cauca.
Adicionalmente, el Ministerio de Cultura invita a que las regiones hagan uso de los recursos que avalan los Conpes 152-2012, Conpes 162-2013 y Conpes 181 de 2015 relacionados con primera infancia. Gracias a estos tres documentos las regiones pueden ejecutar los recursos del Sistema General de Participaciones para la Primera Infancia con el fin de dotar, ampliar, mantener o reparar salas de lectura en bibliotecas, museos o casas de cultura. En particular gracias Conpes 181 los municipios de Colombia en 2015 cuentan con más de 171 mil millones para adecuar la infraestructura cultural para atención integral a la primera infancia.
De acuerdo con el parágrafo 2 del artículo 4 del Acto Legislativo 04 de 2007 los recursos del Sistema General de Participación del crecimiento de Economía superior a 4% se destinarán a la Atención Integral a la Primera Infancia. Para 2014 más de $2.000.000.000 fueron invertidos en la dotación de salas de lectura en las bibliotecas adscritas a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de más de 140 municipios, mientras que $6.800.000.000 fueron usados en más de 60 municipios para ampliar, mantener, reparar y dotar salas de atención a los niños en bibliotecas, casas de cultura, y museos.
Según las bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “con el apoyo del Ministerio de Cultura (que brindará la orientación técnica y aportará la dotación de libros), el ICBF y el Ministerio de Salud fortalecerán la oferta propia de atención integral con la creación de 300 salas de lectura en familia o círculos de palabra en comunidades indígenas”. Un porcentaje de estas salas se realizará en hospitales. Este año se construirán 80 salas: 40 en hospitales y 40 en unidades de víctimas, unidades de servicio del ICBF y comunidades indígenas.
Para Sandra Argel, Asesora Programa de Atención a la Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “las salas de lectura brindan a los pequeños la oportunidad de acercarse a los libros desde el disfrute, la exploración y el juego, creándose las bases para un vínculo afectivo con la lectura desde la primera infancia”.
¿Y cómo son las salas de lectura?
Hernán Darío Castro hizo parte del equipo Saraka que ganó la convocatoria de Aldeas Infantiles para diseñar y construir los inmuebles de las tres salas de lectura que se hicieron en el Meta en septiembre del año pasado: Acacías, Puerto Concordia y Lejanías. Las salas cuentan con tres mesas con modelos de animales basados en la fauna del Meta, nueve cojines y tres estanterías que tienen la ventaja de poderse ensamblar en el sitio, usarse en climas calurosos y pintarse con vinilos no tóxicos cuando se requiera.
Para Castro lo más interesante de diseñar, elaborar y construir el mobiliario de las salas en cada municipio, fue tener la posibilidad de ver cómo la recibían los niños de la región. “En Puerto Concordia la biblioteca es muy iluminada. Cuenta con ventanas en las cuatro paredes, lo que permite que el sol entre durante todo el día. Cuando llegamos a montar la sala de lectura infantil, los niños de la comunidad se asomaron, curiosos, en cada una de las ventanas, al punto de que terminamos rodeados de sus caras”.
Maria Clara Henao, diseñadora industrial de Bibliotec, explica que las salas de lectura para primera infancia “son espacios dinámicos y confortables, donde se le da mucha importancia al color y a cada mueble”.
Por su parte el artista plástico Juan Carlos Melo Hernández, quien hizo parte de la elaboración del documento Lenguajes y ambientes de lectura que hizo MinCultura, ICBF y la Fundación Carvajal, resalta la importancia que tiene el cuerpo del niño a la hora de pensar en lugares propicios para la lectura en primera infancia. “Una sala es un lugar que propicia múltiples estados del cuerpo: estarse boca abajo, boca arriba, sentado, en las rodillas, con los pies cruzados, sentado en una silla formal, sentado junto al otro, sentado frente del otro. Un lugar de infancia siempre tiene que ser múltiple”.
Una sala de lectura que llega a los pacientes
En el Hospital de Quibdó Luisa y Diana Serna han demostrado que la sala de lectura no es rígida sino que se apropia de acuerdo al lugar. Diana optó por llevar los libros a los pequeños, en vez de que ellos vayan a la sala.
Así, Diana y Luisa seleccionan libros de los estantes de la sala de lectura realizan jornadas de lectura en voz alta todas las tardes en neonatos y pediatría, donde los médicos ya hicieron los turnos en las mañanas. Sólo cuando existe un grupo pequeño de niños que pueda ir a la sala los llevan, pero en general las actividades se realizan en los cuartos y corredores del hospital.
Diana, capacitada en el proceso de pedagogía hospitalaria que inició en octubre de 2013 gracias al trabajo conjunto de MinCultura, MinEducación, Aldeas infantiles y la Universidad del Norte, explica que las actividades diarias de lectura en voz alta no son una clase.
“Los niños de aquí no van a salir graduados de nada. Atendemos niños que se van. Que no son permanentes. Pero el niño tiene derecho a tener una atención de salud y a ser estimulado en su parte cognitiva o intelectual a través de cuatro actividades rectoras de pedagogía hospitalaria: juego, literatura, arte y exploración del medio,” dice.
Para Elia Nelly Acuña Córdoba, subgerente asistencial del Hospital de Quibdó “una enfermedad inicialmente causa mucha angustia. Cuando el niño tiene algo que lo motive, diferente a hablar de la enfermedad, se distrae y eso puede ser un aporte positivo a la recuperación. Tanto para los familiares como para los pacientes la actividad de lectura ha sido muy motivante porque estimula a los niños y los distrae un poco de la enfermedad”.
El pediatra Pedro Luis Álvarez Mena, ha notado que cuando a los niños enfermos que ingresan al hospital se les lee, de alguna manera dejan de estar emocionalmente deprimidos. “Nuestros niños no tienen aquí en el hospital actividades que los entretengan. Las sesiones de lectura se han convertido en un espacio de entretención creativa porque el niño despierta su interés por la lectura”, explica.
Y no son sólo los niños, sino también los padres. Luisa cuenta que en una lectura en la sala de neonatos, las madres se sorprendieron a al saber que los bebés hacían ruidos como eructar, que les da hipo y hasta pueden llorar gracias a una de las lecturas diarias.
“No lo creían. Fue tal su asombro que comenzaron a recordar sus historias durante su embarazo. Por ejemplo, una contó que se sentía sola y comenzó a escuchar el llanto de un bebé y que podría haber sido su hijo llorando en su vientre. Fue muy bonito porque entre todas comenzaron a compartir sus experiencias”, explica la promotora de lectura.
Son las 5:00pm y Luisa quien ya ha terminado su jornada se lectura, reconoce que lo que más le gusta de su trabajo es “cómo muchas veces los niños están deprimidos por la enfermedad y por el lugar en el que se encuentran. Cuando uno llega y les lee pareciera que descansaran de la situación. A veces están llorando mucho pero cuando uno comienza a leerles les cambia el llanto por sonrisas”.
Por Lucía Camargo Rojas
Un fragmento de esta nota fue publicado en Lecturas Dominicales de El Tiempo
Foto: Archivo MinCultura
Eulicer, un niño indígena emberá de dos años, sigue con detenimiento la voz y narración de Luisa Mazo, promotora de lectura del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, quien le lee en voz alta el texto infantil La gallinita roja a él y a su madre, Miria Viscuña. Tanto así, que el pequeño, quien se encuentra sentado en una silla del corredor de la sala de pediatría del hospital, está tan absorto que tiene en su mano derecha un pedazo de galleta que sostiene en el aire, sin llegar a comerla o cambiar de posición.
Son las tres de la tarde y el sopor del día en la capital chocoana golpea con intensidad. Luisa se encuentra sentada frente a los dos indígenas emberá, quienes debieron recorrer un trecho de cuatro horas desde su comunidad Peñas del Olvido hasta Quibdó para poder acceder al servicio del hospital debido a que Eulicer tiene paludismo y neumonía.
“Había una vez una gallinita roja que vivía en una granja con otros animales. Un día escarbando se encontró un grano de trigo. Pensó en sembrarlo y hacer pan para todos sus amigos”, narra Luisa con tono particular.
A medida que avanza la narración, la promotora de lectura pasa las páginas del libro lentamente con el fin de que niño y madre puedan ver las ilustraciones. Al poco tiempo se acerca una indígena más que sigue con timidez el desenlace de la historia.
Finalizada la sesión de lectura, Miria Viscuña cuenta que generalmente Eulicer no presta atención a las lecturas que les realiza un joven emberá, que ella llama “el maestro”, cuando va a Peñas del Olvido a leerles libros en español. Esta vez, irónicamente, Eulicer prestó atención, casi sin parpadear, a toda la historia.
Alnor, en cambio, no se quedó quieto durante la lectura que Luisa le hizo a él y a su compañera de cuarto, Joycy, del libro Mi mamá es mágica. Cuando Luisa comenzó la lectura estaba acostado y al final de la sesión terminó sentado cerca de ella, contestando cada una de las preguntas que la promotora le hacía.
– ¿Tu mamá sabe que van a pasar las cosas antes que sucedan? –preguntó Luisa
– ¡Sí! – dijo emocionado Alnor, quien ingresó al hospital por gastritis.
– Entonces tu mamá es mágica, como la del libro – le explicó Luisa.
Desde hace un año y medio los pequeños que como Eulicer y Alnor ingresan al Hospital San Francisco de Asís, disfrutan de lecturas en voz alta en las tardes que realiza Diana Patricia Serna, educadora hospitalaria, o Luisa Mazo gracias a la creación de un espacio nuevo que se ha ganado el cariño tanto de médicos y enfermeras como de pacientes: la sala de lectura.
El lugar, de apenas dos metros por cuatro metros, era antes la oficina de unos médicos que con gusto cedieron el espacio cuando se decidió que allí se adecuara y dotara una sala de lectura en el marco de la alianza público-privada de más de treinta entidades “Primera infancia aquí estamos”, como parte de la materialización de la Estrategia De Cero a Siempre.
Una de las entidades participantes de esta alianza fue el Ministerio de Cultura, institución que apoyó con recursos y asesoría técnica. La dotación de la sala estuvo a cargo de Fundalectura, entidad contratada por Aldeas Infantiles, otro de los socios de la alianza, para para dotar la sala con 300 libros, estantes, cajones para libros, sillas, cojines y una mesa.
Sala de lectura en el Hospital San Francisco de Asís en Quibdó. Foto: Archivo MinCultura.
Salas de lectura para todo el país
Entre 2013 y 2014 el Ministerio de Cultura adecuó y dotó 28 salas de lectura en siete departamentos de Colombia y contrató 53 promotores de lectura que se repartieron entre Antioquia, Atlántico, Chocó, Bolívar, Valle del Cauca y Cauca.
Adicionalmente, el Ministerio de Cultura invita a que las regiones hagan uso de los recursos que avalan los Conpes 152-2012, Conpes 162-2013 y Conpes 181 de 2015 relacionados con primera infancia. Gracias a estos tres documentos las regiones pueden ejecutar los recursos del Sistema General de Participaciones para la Primera Infancia con el fin de dotar, ampliar, mantener o reparar salas de lectura en bibliotecas, museos o casas de cultura. En particular gracias Conpes 181 los municipios de Colombia en 2015 cuentan con más de 171 mil millones para adecuar la infraestructura cultural para atención integral a la primera infancia.
De acuerdo con el parágrafo 2 del artículo 4 del Acto Legislativo 04 de 2007 los recursos del Sistema General de Participación del crecimiento de Economía superior a 4% se destinarán a la Atención Integral a la Primera Infancia. Para 2014 más de $2.000.000.000 fueron invertidos en la dotación de salas de lectura en las bibliotecas adscritas a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de más de 140 municipios, mientras que $6.800.000.000 fueron usados en más de 60 municipios para ampliar, mantener, reparar y dotar salas de atención a los niños en bibliotecas, casas de cultura, y museos.
Según las bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “con el apoyo del Ministerio de Cultura (que brindará la orientación técnica y aportará la dotación de libros), el ICBF y el Ministerio de Salud fortalecerán la oferta propia de atención integral con la creación de 300 salas de lectura en familia o círculos de palabra en comunidades indígenas”. Un porcentaje de estas salas se realizará en hospitales. Este año se construirán 80 salas: 40 en hospitales y 40 en unidades de víctimas, unidades de servicio del ICBF y comunidades indígenas.
Para Sandra Argel, Asesora Programa de Atención a la Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “las salas de lectura brindan a los pequeños la oportunidad de acercarse a los libros desde el disfrute, la exploración y el juego, creándose las bases para un vínculo afectivo con la lectura desde la primera infancia”.
Sala de lectura en Acacías, Meta. Foto: Saraka
¿Y cómo son las salas de lectura?
Hernán Darío Castro hizo parte del equipo Saraka que ganó la convocatoria de Aldeas Infantiles para diseñar y construir los inmuebles de las tres salas de lectura que se hicieron en el Meta en septiembre del año pasado: Acacías, Puerto Concordia y Lejanías. Las salas cuentan con tres mesas con modelos de animales basados en la fauna del Meta, nueve cojines y tres estanterías que tienen la ventaja de poderse ensamblar en el sitio, usarse en climas calurosos y pintarse con vinilos no tóxicos cuando se requiera.
Para Castro lo más interesante de diseñar, elaborar y construir el mobiliario de las salas en cada municipio, fue tener la posibilidad de ver cómo la recibían los niños de la región. “En Puerto Concordia la biblioteca es muy iluminada. Cuenta con ventanas en las cuatro paredes, lo que permite que el sol entre durante todo el día. Cuando llegamos a montar la sala de lectura infantil, los niños de la comunidad se asomaron, curiosos, en cada una de las ventanas, al punto de que terminamos rodeados de sus caras”.
Maria Clara Henao, diseñadora industrial de Bibliotec, explica que las salas de lectura para primera infancia “son espacios dinámicos y confortables, donde se le da mucha importancia al color y a cada mueble”.
Por su parte el artista plástico Juan Carlos Melo Hernández, quien hizo parte de la elaboración del documento Lenguajes y ambientes de lectura que hizo MinCultura, ICBF y la Fundación Carvajal, resalta la importancia que tiene el cuerpo del niño a la hora de pensar en lugares propicios para la lectura en primera infancia. “Una sala es un lugar que propicia múltiples estados del cuerpo: estarse boca abajo, boca arriba, sentado, en las rodillas, con los pies cruzados, sentado en una silla formal, sentado junto al otro, sentado frente del otro. Un lugar de infancia siempre tiene que ser múltiple”.
Una sala de lectura que llega a los pacientes
En el Hospital de Quibdó Luisa y Diana Serna han demostrado que la sala de lectura no es rígida sino que se apropia de acuerdo al lugar. Diana optó por llevar los libros a los pequeños, en vez de que ellos vayan a la sala.
Así, Diana y Luisa seleccionan libros de los estantes de la sala de lectura realizan jornadas de lectura en voz alta todas las tardes en neonatos y pediatría, donde los médicos ya hicieron los turnos en las mañanas. Sólo cuando existe un grupo pequeño de niños que pueda ir a la sala los llevan, pero en general las actividades se realizan en los cuartos y corredores del hospital.
Diana, capacitada en el proceso de pedagogía hospitalaria que inició en octubre de 2013 gracias al trabajo conjunto de MinCultura, MinEducación, Aldeas infantiles y la Universidad del Norte, explica que las actividades diarias de lectura en voz alta no son una clase.
“Los niños de aquí no van a salir graduados de nada. Atendemos niños que se van. Que no son permanentes. Pero el niño tiene derecho a tener una atención de salud y a ser estimulado en su parte cognitiva o intelectual a través de cuatro actividades rectoras de pedagogía hospitalaria: juego, literatura, arte y exploración del medio,” dice.
Para Elia Nelly Acuña Córdoba, subgerente asistencial del Hospital de Quibdó “una enfermedad inicialmente causa mucha angustia. Cuando el niño tiene algo que lo motive, diferente a hablar de la enfermedad, se distrae y eso puede ser un aporte positivo a la recuperación. Tanto para los familiares como para los pacientes la actividad de lectura ha sido muy motivante porque estimula a los niños y los distrae un poco de la enfermedad”.
El pediatra Pedro Luis Álvarez Mena, ha notado que cuando a los niños enfermos que ingresan al hospital se les lee, de alguna manera dejan de estar emocionalmente deprimidos. “Nuestros niños no tienen aquí en el hospital actividades que los entretengan. Las sesiones de lectura se han convertido en un espacio de entretención creativa porque el niño despierta su interés por la lectura”, explica.
Y no son sólo los niños, sino también los padres. Luisa cuenta que en una lectura en la sala de neonatos, las madres se sorprendieron a al saber que los bebés hacían ruidos como eructar, que les da hipo y hasta pueden llorar gracias a una de las lecturas diarias.
“No lo creían. Fue tal su asombro que comenzaron a recordar sus historias durante su embarazo. Por ejemplo, una contó que se sentía sola y comenzó a escuchar el llanto de un bebé y que podría haber sido su hijo llorando en su vientre. Fue muy bonito porque entre todas comenzaron a compartir sus experiencias”, explica la promotora de lectura.
Son las 5:00pm y Luisa quien ya ha terminado su jornada se lectura, reconoce que lo que más le gusta de su trabajo es “cómo muchas veces los niños están deprimidos por la enfermedad y por el lugar en el que se encuentran. Cuando uno llega y les lee pareciera que descansaran de la situación. A veces están llorando mucho pero cuando uno comienza a leerles les cambia el llanto por sonrisas”.
Por Lucía Camargo Rojas
Un fragmento de esta nota fue publicado en Lecturas Dominicales de El Tiempo
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