Alrededor de 15 mil discos compactos y seis mil acetatos de la colección de
música de Javeriana Estéreo se trasladaron a la Biblioteca General, Alfonso
Borrero Cabal, S.J. Una colección de más de 40 años que seleccionó lo
mejor del rock, jazz, salsa, música clásica, colombiana y del mundo.
Cuenta el padre Alberto Múnera, S.J. que, en el año 1977, unos días antes de que saliera al aire
la nueva Emisora Javeriana, se encontró en la playita frente al Hospital San Ignacio a un estudiante que estaba vendiendo unos 200 discos de acetato de Deutsche Grammophon.
El padre Múnera, quien actualmente es docente de la Facultad de Teología, estaba a punto de lanzar la emisora y no contaba con material para alimentar los programas, por lo que le compró la totalidad de los discos al estudiante con presupuesto de la Facultad de Estudios Interdisciplinarios, de la que era decano.
Con esos acetatos, y con donaciones que realizaron padres jesuitas de sus propios acetatos, inició la colección de música de la Emisora Javeriana. Jürgen Horlbeck recuerda que cuando fue nombrado director de la emisora en 1983 había dos mil acetatos con música de diferentes géneros, incluida la denominada “música brillante”, por lo que eliminó los discos que consideraba no cumplían con un estándar de calidad. Posteriormente contribuyó a que la identidad de la colección se perfilara con la creación de una nueva parrilla de programación, entre 1987 y 1990, que hasta el día de hoy sigue siendo la base de Javeriana Estéreo, nombre que adoptó en 1989.
Guillermo Gaviria, director de la emisora entre 1997 y 2014; John Sánchez, director de programación; y Olga Lucía Sánchez, docente de la Facultad de Comunicación, con el apoyo de Horlbeck, crearon una parrilla que iniciaba con canto gregoriano, música colombiana y clásica. Al medio día se emitía música de la nueva era y en el horario de la tarde clásicos del rock y música del Brasil. Después de las seis de la tarde se incluía jazz, salsa y más rock, y se finalizaba con canto gregoriano. Los viernes y sábados se emitía salsa.
Por supuesto, la emisora requería de todos esos géneros musicales para alimentar la programación. Una de las maneras de conseguir discos compactos, el nuevo formato de aquella época, consistió en comprarlos en los viajes que realizaron Horlbeck y Gaviria a Estados Unidos. El primero lo hizo en los años 85, 87 y 88, y el segundo en los noventas.
También se crearon procesos de canje con disqueras. La emisora les emitía cuñas a cambio de que se les permitiera elegir un número de discos compactos mensual o semestral. Este método fue uno de los más constantes para alimentar la colección, especialmente con Tango Discos en la década del 2000 hasta 2017.
“El programador iba a Tango y escogía lo que consideraba que podía mejorar su franja. Siempre había una selección”, explica Gaviria. “Los estudiantes eran las mejores antenas, porque eran los primeros interesados en que la música que emitían en su franja fuera la mejor”, agrega Horlbeck.
De acuerdo con Miguel Carvajal, docente de la Facultad de Comunicación y quien tuvo diversos cargos en la emisora, los diferentes directores de programación han tenido una estética curatorial muy similar en cuanto al concepto estético de Javeriana Estéreo, “porque de una u otra forma siempre han estado relacionados con la emisora a partir del gusto por la buena música”. Así, todos han manejado un concepto básico de cuáles son los buenos sellos y han acudido a listados especializados de nuevos artistas.
Además de los canjes, la colección también se alimentó con material que enviaban las casas matrices con los promotores musicales o con los mismos artistas que iban a hacer su trabajo de prensa a los estudios. “Hay discos autografiados por Totó la Momposina, Los Gaiteros de San Jacinto y otros artistas, que van a volverse muy valiosos”, explica Carvajal.
La colección también se fortaleció de cientos de donaciones anónimas de decanos, directores de departamentos, profesores de música e incluso de oyentes que buscaban que su música quedara en buenas manos. Carvajal recuerda, por ejemplo, cómo los hijos de un médico oyente decidieron donar alrededor de 800 acetatos, luego del fallecimiento de su padre.
La colección de música hoy
“Hay una recopilación de música clásica fabulosa, una de jazz completísima, de rock muy robusta y una de salsa muy potente. También hay otros géneros como música colombiana y blues. La colección es producto de la inteligencia Colectiva de 40 años de estudiantes, docentes y asesores de la emisora que realizaron una curaduría y seleccionaron lo que a su juicio era más valioso de lo que se producía musicalmente en esos géneros. Siempre con la intención de decir: aquí no guardamos basura”, explica José Vicente Arismendi, actual director de Javeriana Estéreo.
Esa colección se digitalizó en su totalidad (14 Terabytes) y se encuentra alojada en un servidor especial que compró la Universidad. Cada canción se puede consultar de forma fácil y rápida en algunos computadores de la emisora, así Como en copias de trabajo que se han hecho para la consulta diaria de quienes trabajen en Javeriana Estéreo.
La colección física, por su parte, se trasladó en abril de 2018 a la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J. y se calcula que cuenta con alrededor de 15 mil discos compactos y seis mil acetatos. Luego de que se realice un arduo proceso de inventario y catalogación, este material se albergará en el sótano dos de la Biblioteca General y será puesto a disposición de la comunidad javeriana.
“Allí le va a prestar servicio a toda la universidad y va a complementar la colección de música que ya se tenía en la Biblioteca General. Además, va a estar en manos de expertos y se va a catalogar en su totalidad con un sistema orgánico que permitirá saber exactamente qué hay. Esos CD se podían perder, robar, partir, dañar. Ahora no sólo van a tener trazabilidad, sino también una copia digital preservada”, explica Arismendi.
Para Andrés Echavarría, director del Sistema de Bibliotecas Javeriano, “la incorporación de la colección especializada de música al Catálogo Biblos permitirá organizar y visibilizar el material, así como enlazarlo con el uso académico y cultural de la comunidad javeriana, a partir de una estructura de diseño de servicios con potencial para hacerlo a nivel regional. Además, nos permitirá crear un trabajo interdisciplinario con expertos de música”, concluye.
Por Lucía Camargo Rojas
Publicado en Hoy en la Javeriana abril 2018
martes, 8 de mayo de 2018
martes, 1 de mayo de 2018
Ocho libros valiosos contienen y narran el patrimonio javeriano y jesuítico
Desde 2009 la Pontificia Universidad Javeriana y Villegas Editores han publicado una colección de libros antiguos en gran formato, elogiados internacionalmente, que rescatan el patrimonio cultural y artístico javeriano y de la Compañía de Jesús en Colombia.
En la farmacia del hospital de los jesuitas en la Santafé colonial, seutilizaba como manual para preparar y recetar sustancias medicinales ‘De medicinali materia libri sex’, de Pedanio de Arzabarbo Dioscórides, médico y cirujano de los ejércitos romanos entre los años 50-70 d.C. Así se evidencia a través de los comentarios en las márgenes y en una marca en la portada del ejemplar de 1.543, impreso en Frankfurt por Chr. Egenolff, que reposa en la Sala de libros valiosos de la Biblioteca de Filosofía y Teología, Mario Valenzuela, S.J.
Este y otros datos curiosos sobre los libros valiosos, anteriores al siglo XIX, que se encuentran en el Sistema de Bibliotecas Javeriano, se leen en ocho tomos de libros institucionales que ha publicado anualmente la Pontificia Universidad Javeriana con Villegas Editores, desde 2009.
Se trata de una colección que rescata el patrimonio cultural y artístico javeriano y de los jesuitas en Colombia con temas de teología, historia, arte, medicina y ciencia, entre otros; además de una riqueza de fotografías e imágenes únicas.
El inicio de esta invaluable colección que reposa en la sección de libros valiosos de las bibliotecas Alfonso Borrero Cabal, S.J. y Mario Valenzuela, S.J., de la Pontificia Universidad Javeriana, inició con la inspiración del entonces rector de la Javeriana P. Joaquín Emilio Sánchez García, S.J., en la revista ‘Artes de México’, que había dedicado varios tomos al patrimonio de la Compañía de Jesús en ese país.
Por su parte, la editorial Villegas Editores, ya había publicado en 2003, ‘Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario’ y estaban interesados en continuar realizando libros que abordaran el acervo cultural de otras universidades.
Es así como comienza esta alianza entre la Universidad Javeriana y Villegas Editores, cuya primera publicación fue ‘Grabados antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana’ (2009), material ilustrado con cerca de cien estampas de tallados que recorren la historia del arte desde el Renacimiento italiano y del norte de Europa hasta el siglo XIX. Grabados, diapositivas en vidrio y material gráfico adquirido por el padre Eduardo Ospina Bernal, S.J. (1891-1965) durante su estancia en Europa en la primera mitad del siglo XX.
Viaje al pasado
El padre Fabio Ramírez, S.J., director de la Biblioteca de Filosofía y Teología, Mario Valenzuela, S.J., junto con Juan David Giraldo, editor de Villegas Editores, han sido la llave maestra para hacer realidad cada tomo, cuyo trabajo ha sido una aventura que los ha llevado a ahondar en el mundo de la historia de las publicaciones.
‘El libro de los libros I’ (2010), describe de manera general los libros antiguos y los incunables (aquellos publicados antes de 1.501), así como obras jesuíticas representativas y libros de carácter religioso y teológico. ‘El libro de los libros II (2011)’, presenta ejemplares de libros antiguos con temáticas como filosofía, historia, arte, literatura, filosofía, arquitectura y ciencias naturales.
Los ejemplares posteriores han buscado ahondar en las temáticas que se enuncian en ‘El libro de los libros I y II’. Es así como ‘Libros de emblemas imagen y palabra en el barroco’ (2012), es una cuidada selección de obras del período barroco sobre emblemática; ‘Libros de ciencias naturales imágenes de flora y fauna’ (2014), presenta una muestra de las obras antiguas de ciencias médicas y naturales; ‘Thesaurus de antigüedades griegas y romanas’ (2015), contiene una selección gráfica de las obras de thesaurus (tesoro bibliográfico monumental) que publicó el editor veneciano Juan Bautista Pasquali, y, por último, ‘Biblias’ (2016), ilustra distintos tipos de ediciones del sagrado texto aparecidos entre la primera mitad del siglo XVI y finales del XVII.
En 2013 se publicó ‘Santiago Páramo y la capilla de San José’ a cargo del padre Gabriel Izquierdo, S.J., el cual realiza un recuento detallado e ilustrado de la capilla de San José, situada en la parte posterior de la Iglesia de San Ignacio, decorada con pinturas murales del padre Santiago Páramo, S.J. en los inicios del siglo XX.
El tomo que se publicará este año 2017 estará dedicado a los libros que se encuentran en el Sistema de Bibliotecas Javeriano, sobre jesuitas anteriores al siglo XIX.
Bellos por dentro y por fuera
Los ocho libros publicados no solamente han contado con una investigación exhaustiva, sino que, además, contienen un nivel de fotografía y diseño, elaborado por el Departamento de Arte de Villegas Editores, elogiado internacionalmente. Muestra de ello es que todos los títulos han sido finalistas o han ganado los Latino Book Awards en categorías como mejor uso de ilustraciones, mejor diseño interior, mejor diseño de carátula, mejor libro de arte y mejor libro de arte en español o bilingüe.
Por lo general las publicaciones sobre libros antiguos tienden a tener imágenes muy clásicas y frías. “Pero esta colección, tienen transparencias, ángulos insospechados, iluminaciones, lo que ha permitido que los libros valiosos se traten como objetos estéticos, para que, a su vez, cada uno de estos ocho libros institucionales sea un objeto estético independiente”, explica Giraldo.
Para los estudiantes de diseño, artes e historia estos libros valiosos les permite contar con un amplio catálogo de imágenes y fotografías, convirtiéndose en fuente de consulta, y que les da una visión útil de libros antiguos.
“El proceso de edición de esta colección ha sido un ejercicio intelectual maravilloso. Me ha llamado la atención esa fascinación que tienen los jesuitas por estudiar y por enseñar para que otros estudien. La manera tan amorosa en que comparten con todo el mundo”, comenta Juan David Giraldo. La colección, por supuesto, hace honor a esa pasión jesuita por divulgar no sólo el patrimonio sino también el conocimiento
Por Lucía Camargo Rojas
Publicado en Hoy en la Javeriana. Octubre 2017
En la farmacia del hospital de los jesuitas en la Santafé colonial, seutilizaba como manual para preparar y recetar sustancias medicinales ‘De medicinali materia libri sex’, de Pedanio de Arzabarbo Dioscórides, médico y cirujano de los ejércitos romanos entre los años 50-70 d.C. Así se evidencia a través de los comentarios en las márgenes y en una marca en la portada del ejemplar de 1.543, impreso en Frankfurt por Chr. Egenolff, que reposa en la Sala de libros valiosos de la Biblioteca de Filosofía y Teología, Mario Valenzuela, S.J.
Este y otros datos curiosos sobre los libros valiosos, anteriores al siglo XIX, que se encuentran en el Sistema de Bibliotecas Javeriano, se leen en ocho tomos de libros institucionales que ha publicado anualmente la Pontificia Universidad Javeriana con Villegas Editores, desde 2009.
Se trata de una colección que rescata el patrimonio cultural y artístico javeriano y de los jesuitas en Colombia con temas de teología, historia, arte, medicina y ciencia, entre otros; además de una riqueza de fotografías e imágenes únicas.
El inicio de esta invaluable colección que reposa en la sección de libros valiosos de las bibliotecas Alfonso Borrero Cabal, S.J. y Mario Valenzuela, S.J., de la Pontificia Universidad Javeriana, inició con la inspiración del entonces rector de la Javeriana P. Joaquín Emilio Sánchez García, S.J., en la revista ‘Artes de México’, que había dedicado varios tomos al patrimonio de la Compañía de Jesús en ese país.
Por su parte, la editorial Villegas Editores, ya había publicado en 2003, ‘Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario’ y estaban interesados en continuar realizando libros que abordaran el acervo cultural de otras universidades.
Es así como comienza esta alianza entre la Universidad Javeriana y Villegas Editores, cuya primera publicación fue ‘Grabados antiguos de la Pontificia Universidad Javeriana’ (2009), material ilustrado con cerca de cien estampas de tallados que recorren la historia del arte desde el Renacimiento italiano y del norte de Europa hasta el siglo XIX. Grabados, diapositivas en vidrio y material gráfico adquirido por el padre Eduardo Ospina Bernal, S.J. (1891-1965) durante su estancia en Europa en la primera mitad del siglo XX.
Viaje al pasado
El padre Fabio Ramírez, S.J., director de la Biblioteca de Filosofía y Teología, Mario Valenzuela, S.J., junto con Juan David Giraldo, editor de Villegas Editores, han sido la llave maestra para hacer realidad cada tomo, cuyo trabajo ha sido una aventura que los ha llevado a ahondar en el mundo de la historia de las publicaciones.
‘El libro de los libros I’ (2010), describe de manera general los libros antiguos y los incunables (aquellos publicados antes de 1.501), así como obras jesuíticas representativas y libros de carácter religioso y teológico. ‘El libro de los libros II (2011)’, presenta ejemplares de libros antiguos con temáticas como filosofía, historia, arte, literatura, filosofía, arquitectura y ciencias naturales.
Los ejemplares posteriores han buscado ahondar en las temáticas que se enuncian en ‘El libro de los libros I y II’. Es así como ‘Libros de emblemas imagen y palabra en el barroco’ (2012), es una cuidada selección de obras del período barroco sobre emblemática; ‘Libros de ciencias naturales imágenes de flora y fauna’ (2014), presenta una muestra de las obras antiguas de ciencias médicas y naturales; ‘Thesaurus de antigüedades griegas y romanas’ (2015), contiene una selección gráfica de las obras de thesaurus (tesoro bibliográfico monumental) que publicó el editor veneciano Juan Bautista Pasquali, y, por último, ‘Biblias’ (2016), ilustra distintos tipos de ediciones del sagrado texto aparecidos entre la primera mitad del siglo XVI y finales del XVII.
En 2013 se publicó ‘Santiago Páramo y la capilla de San José’ a cargo del padre Gabriel Izquierdo, S.J., el cual realiza un recuento detallado e ilustrado de la capilla de San José, situada en la parte posterior de la Iglesia de San Ignacio, decorada con pinturas murales del padre Santiago Páramo, S.J. en los inicios del siglo XX.
El tomo que se publicará este año 2017 estará dedicado a los libros que se encuentran en el Sistema de Bibliotecas Javeriano, sobre jesuitas anteriores al siglo XIX.
Bellos por dentro y por fuera
Los ocho libros publicados no solamente han contado con una investigación exhaustiva, sino que, además, contienen un nivel de fotografía y diseño, elaborado por el Departamento de Arte de Villegas Editores, elogiado internacionalmente. Muestra de ello es que todos los títulos han sido finalistas o han ganado los Latino Book Awards en categorías como mejor uso de ilustraciones, mejor diseño interior, mejor diseño de carátula, mejor libro de arte y mejor libro de arte en español o bilingüe.
Por lo general las publicaciones sobre libros antiguos tienden a tener imágenes muy clásicas y frías. “Pero esta colección, tienen transparencias, ángulos insospechados, iluminaciones, lo que ha permitido que los libros valiosos se traten como objetos estéticos, para que, a su vez, cada uno de estos ocho libros institucionales sea un objeto estético independiente”, explica Giraldo.
Para los estudiantes de diseño, artes e historia estos libros valiosos les permite contar con un amplio catálogo de imágenes y fotografías, convirtiéndose en fuente de consulta, y que les da una visión útil de libros antiguos.
“El proceso de edición de esta colección ha sido un ejercicio intelectual maravilloso. Me ha llamado la atención esa fascinación que tienen los jesuitas por estudiar y por enseñar para que otros estudien. La manera tan amorosa en que comparten con todo el mundo”, comenta Juan David Giraldo. La colección, por supuesto, hace honor a esa pasión jesuita por divulgar no sólo el patrimonio sino también el conocimiento
Por Lucía Camargo Rojas
Publicado en Hoy en la Javeriana. Octubre 2017
Nueve pisos para varias formas de estudiar
La reciente remodelación de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J. no sólo presenta un diseño innovador y ameno, sino que dispone de diferentes ambientes de trabajo de acuerdo con las necesidades de la comunidad javeriana.
A Claudia Rodríguez, próxima a graduarse de Licenciatura en Pedagogía Infantil, le gusta estudiar de forma individual. José Manuel Castillo, quien cursa octavo semestre de Ingeniería Civil, prefiere hacerlo en grupo. Paula Catalina Alejo, de octavo semestre de Administración de Empresas, disfruta simular las actividades de una bolsa de valores. María Alejandra Ortiz, de décimo semestre de Relaciones Internacionales, se divierte viendo películas en su tiempo libre. Todos tienen en común que realizan estas actividades en un mismo espacio: la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.
La Biblioteca tuvo su origen en 1950 en el sexto piso del edificio Emilio Arango, S.J. En 1975 se inauguró el actual inmueble, obra del arquitecto Álvaro Rivera Rialpe, donde la Biblioteca ocupó los dos primeros pisos durante diez años y en 1986 incorporó el tercer nivel. Entre el 2000 y 2005 se realizó una remodelación que permitió la apertura de las colecciones y la entrega del cuarto piso. Los sótanos dos y tres se entregaron en 2010.
En la actualidad la Biblioteca ha tenido una transformación física evidente, producto de la más reciente remodelación que inició en julio de 2013 con el objetivo de modernizar el espacio y satisfacer las necesidades de aprendizaje y estudio de los distintos miembros de la comunidad educativa javeriana. Además de presentar un diseño moderno e innovador en el que cada uno de los nueve pisos tiene un color característico, ahora son más llamativos cuatro tipos de ambientes: de estudio individual, estudio grupal, de formación y lúdicos que disfrutan en promedio seis mil personas día a día (en 2016 la Biblioteca recibió 1.276.695 visitas).
La sala del silencio
Cuando Claudia Rodríguez escribió su trabajo de grado, con el fin de poder estudiar tranquilamente, reservó el cubículo siete del tercer piso de la Biblioteca que cuenta con un programa de análisis de datos cualitativos con el cual desarrolló su investigación. “Para hacer mi trabajo de grado tuve que leer, escribir y hacer el análisis. Lo hice en el tercer piso porque el silencio ayuda a concentrarme”.
Para quienes prefieren estudiar de manera individual y en silencio está pensado este escenario que cuenta con dos amplias salas, así como una de lectura dotada de 16 sofás individuales y una bella vista a los árboles alrededor del edificio Pablo VI.
Tres pisos adicionales cuentan con espacios de este tipo. Así como con siete salas con computadores en otros seis niveles. También ofrece más de 50 cubículos personales ubicados en todo el edificio, especialmente diseñados para investigadores como Claudia.
Trabajo en grupo
José Manuel Del Castillo se dirige a diario a otro ambiente de la Biblioteca: el segundo piso, destinado al estudio en grupo. “Me gusta que aquí puedo trabajar en grupo y siempre hay ruido, la gente está activa y eso hace que uno no se duerma. Es un ambiente dinámico en donde todo el mundo está trabajando”.
Para quienes como José Manuel prefieren estudiar en grupo, está diseñado este segundo nivel, que cuenta con dos salas amplias de estudio grupal y cinco privadas para el mismo fin. Estos mismos espacios se encuentran en los pisos cero, uno y cuatro y en los niveles cinco y sótano dos, respectivamente.
Ambientes de formación
Paula Alejo hace uso del software Bloomberg como parte de su carrera de Administración de Empresas. Este servicio, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, lleva más de cuatro años en la Biblioteca. Y a finales de 2017 se abrirá al público un nuevo ambiente en el tercer nivel llamado Sala de Mercados de Capital con varias innovaciones técnicas, como un ticker y computadores doble pantalla que simulan las bolsas de valores para estudiantes que, como Paula, están interesados en los mercados financieros.
La Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J., tiene otros ambientes de formación como la sala de capacitaciones, en la que se realiza alfabetización informacional a toda la comunidad javeriana, así como la sala del Centro de Escritura y la de los Clubes Interactivos de Lenguas, ubicadas en el sótano uno y que se abrieron al público en agosto de este año.
El Centro de Escritura acompaña el proceso de elaboración de textos acadé micos, mientras que los Clubes de Lenguas, coordinados por el Departamento de Lenguas Modernas de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, cuentan con diversos y atractivos espacios temáticos que se realizan por niveles para que cualquier javeriano pueda practicar el idioma inglés.
Ambientes lúdicos
Sentada en un sillón de la sala audiovisual del sótano uno, con las piernas cruzadas, como si estuviera en su casa, Alejandra Ortiz cuenta que lo que más le gusta de la Biblioteca es la posibilidad de hacer uso de la amplia colección audiovisual.
“He visto muchas películas”, dice emocionada. “Por ejemplo, La lista de Schindler y otras sobre el holocausto. En este momento estoy viendo El hijo de Saúl. Algo muy chévere de venir a la biblioteca es que como son películas originales incluye los extras, entonces tienen mini documentales. Por ejemplo, luego de ver Ciudad de Dios vi un documental sobre las favelas”.
Alejandra transmite la razón de ser de este edificio y de su reciente remodelación:“La Biblioteca es un lugar asombroso. Puedes jugar Xbox, estudiar en silencio, trasnochar, quedarte a dormir y estar acá, en el sótano uno, como en tu casa. Es un lugar muy diverso”, expresa.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Hoy en la Javeriana Agosto 2017
A Claudia Rodríguez, próxima a graduarse de Licenciatura en Pedagogía Infantil, le gusta estudiar de forma individual. José Manuel Castillo, quien cursa octavo semestre de Ingeniería Civil, prefiere hacerlo en grupo. Paula Catalina Alejo, de octavo semestre de Administración de Empresas, disfruta simular las actividades de una bolsa de valores. María Alejandra Ortiz, de décimo semestre de Relaciones Internacionales, se divierte viendo películas en su tiempo libre. Todos tienen en común que realizan estas actividades en un mismo espacio: la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.
La Biblioteca tuvo su origen en 1950 en el sexto piso del edificio Emilio Arango, S.J. En 1975 se inauguró el actual inmueble, obra del arquitecto Álvaro Rivera Rialpe, donde la Biblioteca ocupó los dos primeros pisos durante diez años y en 1986 incorporó el tercer nivel. Entre el 2000 y 2005 se realizó una remodelación que permitió la apertura de las colecciones y la entrega del cuarto piso. Los sótanos dos y tres se entregaron en 2010.
En la actualidad la Biblioteca ha tenido una transformación física evidente, producto de la más reciente remodelación que inició en julio de 2013 con el objetivo de modernizar el espacio y satisfacer las necesidades de aprendizaje y estudio de los distintos miembros de la comunidad educativa javeriana. Además de presentar un diseño moderno e innovador en el que cada uno de los nueve pisos tiene un color característico, ahora son más llamativos cuatro tipos de ambientes: de estudio individual, estudio grupal, de formación y lúdicos que disfrutan en promedio seis mil personas día a día (en 2016 la Biblioteca recibió 1.276.695 visitas).
La sala del silencio
Cuando Claudia Rodríguez escribió su trabajo de grado, con el fin de poder estudiar tranquilamente, reservó el cubículo siete del tercer piso de la Biblioteca que cuenta con un programa de análisis de datos cualitativos con el cual desarrolló su investigación. “Para hacer mi trabajo de grado tuve que leer, escribir y hacer el análisis. Lo hice en el tercer piso porque el silencio ayuda a concentrarme”.
Para quienes prefieren estudiar de manera individual y en silencio está pensado este escenario que cuenta con dos amplias salas, así como una de lectura dotada de 16 sofás individuales y una bella vista a los árboles alrededor del edificio Pablo VI.
Tres pisos adicionales cuentan con espacios de este tipo. Así como con siete salas con computadores en otros seis niveles. También ofrece más de 50 cubículos personales ubicados en todo el edificio, especialmente diseñados para investigadores como Claudia.
Trabajo en grupo
José Manuel Del Castillo se dirige a diario a otro ambiente de la Biblioteca: el segundo piso, destinado al estudio en grupo. “Me gusta que aquí puedo trabajar en grupo y siempre hay ruido, la gente está activa y eso hace que uno no se duerma. Es un ambiente dinámico en donde todo el mundo está trabajando”.
Para quienes como José Manuel prefieren estudiar en grupo, está diseñado este segundo nivel, que cuenta con dos salas amplias de estudio grupal y cinco privadas para el mismo fin. Estos mismos espacios se encuentran en los pisos cero, uno y cuatro y en los niveles cinco y sótano dos, respectivamente.
Ambientes de formación
Paula Alejo hace uso del software Bloomberg como parte de su carrera de Administración de Empresas. Este servicio, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, lleva más de cuatro años en la Biblioteca. Y a finales de 2017 se abrirá al público un nuevo ambiente en el tercer nivel llamado Sala de Mercados de Capital con varias innovaciones técnicas, como un ticker y computadores doble pantalla que simulan las bolsas de valores para estudiantes que, como Paula, están interesados en los mercados financieros.
La Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J., tiene otros ambientes de formación como la sala de capacitaciones, en la que se realiza alfabetización informacional a toda la comunidad javeriana, así como la sala del Centro de Escritura y la de los Clubes Interactivos de Lenguas, ubicadas en el sótano uno y que se abrieron al público en agosto de este año.
El Centro de Escritura acompaña el proceso de elaboración de textos acadé micos, mientras que los Clubes de Lenguas, coordinados por el Departamento de Lenguas Modernas de la Facultad de Comunicación y Lenguaje, cuentan con diversos y atractivos espacios temáticos que se realizan por niveles para que cualquier javeriano pueda practicar el idioma inglés.
Ambientes lúdicos
Sentada en un sillón de la sala audiovisual del sótano uno, con las piernas cruzadas, como si estuviera en su casa, Alejandra Ortiz cuenta que lo que más le gusta de la Biblioteca es la posibilidad de hacer uso de la amplia colección audiovisual.
“He visto muchas películas”, dice emocionada. “Por ejemplo, La lista de Schindler y otras sobre el holocausto. En este momento estoy viendo El hijo de Saúl. Algo muy chévere de venir a la biblioteca es que como son películas originales incluye los extras, entonces tienen mini documentales. Por ejemplo, luego de ver Ciudad de Dios vi un documental sobre las favelas”.
Alejandra transmite la razón de ser de este edificio y de su reciente remodelación:“La Biblioteca es un lugar asombroso. Puedes jugar Xbox, estudiar en silencio, trasnochar, quedarte a dormir y estar acá, en el sótano uno, como en tu casa. Es un lugar muy diverso”, expresa.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Hoy en la Javeriana Agosto 2017
Libros y revistas de orquídeas para la biblioteca
Los 154 libros y 25 títulos de revistas sobre orquídeas que recopiló el padre Pedro Ortiz Valdivieso, S.J. (1926- 2012) están disponibles para la comunidad javeriana y se exhibirán en abril en la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.
“Con cariño para Pedro Ortiz V., padre y pilar de la orquideología colombiana. Gracias por todo el aporte desinteresado a la construcción de esta guía”, escribió Guillermo Reina, investigador de la Universidad del Valle, en la dedicatoria del libro Guía ilustrada de las Orquídeas del Valle geográfico del Cauca y Piedemonte andino bajo, que le regaló al fallecido padre Pedro Ortiz Valdivieso, S.J., y que hoy reposa en el tercer piso de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.
Esta publicación hace parte de los 154 libros, 25 títulos de revistas y más de 100 carpetas dedicados a la botánica y a las diversas especies de orquídeas, que recopiló el padre Ortiz y que fueron donados al Sistema de Bibliotecas de la Universidad.
Pedro Ortiz, S.J., doctor en sagradas escrituras y experto en las lenguas clásicas, inició esta colección desde finales de los años 60, época en que se interesó por el estudio de las orquídeas colombianas, influenciado por el botánico Lorenzo Uribe, S.J.
“El padre Ortiz fue recopilando los libros y las plantas en paralelo. En esa época, la única manera de enterarse de las novedades era adquirir la publicación por correspondencia o por suscripción. Así es que fue desarrollando poco a poco su propia biblioteca personal de consulta para poder hacer bien su trabajo de clasificación”, explica Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana de la Javeriana, con quien el padre Pedro publicó libros y artículos científicos.
A pesar de ser de pocas palabras, su interés, meticulosidad y rigurosidad en la investigación de estas plantas lo acercó a orquideólogos nacionales y extranjeros, tanto como a estudiantes de biología. Incluso, algunos de los libros de la colección cuentan con dedicatorias de expertos como Robert L. Dressler, del Jardín Botánico de Missouri.
“Tenía una gran cantidad de revistas del mundo entero, especialmente en alemán”, explica el ortopedista Carlos Uribe, su gran amigo y con quien compartía su fascinación por las orquídeas. “También la colección completa de la revista de la Sociedad Colombiana de Orquideología, importantísima porque ahí se publican las plantas nuevas que ya quedan descritas para el mundo”.
Entre la colección se encuentran libros sobre taxonomía, usos (medicinales, ornamentales) y horticultura de estas plantas. También revistas especializadas como Die Orchidee, Lindleyana y libros de su autoría como Orquídeas nativas de Colombia, Orquídeas en Colombia, Orquídeas del género Masdevallia en Colombia y Orquídeas ornamentales de Colombia, entre otros.
“Muchas de estas publicaciones han sido de escasa circulación, por lo que su ingreso a la Biblioteca General fortalece el trabajo y estudio de este grupo, tanto para investigadores como para botánicos interesados en aprovechar este recurso emblemático para nuestro país”, concluye Jorge Jácome, director de la carrera de Biología de la Javeriana.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Hoy en la Javeriana Marzo 2017
“Con cariño para Pedro Ortiz V., padre y pilar de la orquideología colombiana. Gracias por todo el aporte desinteresado a la construcción de esta guía”, escribió Guillermo Reina, investigador de la Universidad del Valle, en la dedicatoria del libro Guía ilustrada de las Orquídeas del Valle geográfico del Cauca y Piedemonte andino bajo, que le regaló al fallecido padre Pedro Ortiz Valdivieso, S.J., y que hoy reposa en el tercer piso de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.
Esta publicación hace parte de los 154 libros, 25 títulos de revistas y más de 100 carpetas dedicados a la botánica y a las diversas especies de orquídeas, que recopiló el padre Ortiz y que fueron donados al Sistema de Bibliotecas de la Universidad.
Pedro Ortiz, S.J., doctor en sagradas escrituras y experto en las lenguas clásicas, inició esta colección desde finales de los años 60, época en que se interesó por el estudio de las orquídeas colombianas, influenciado por el botánico Lorenzo Uribe, S.J.
“El padre Ortiz fue recopilando los libros y las plantas en paralelo. En esa época, la única manera de enterarse de las novedades era adquirir la publicación por correspondencia o por suscripción. Así es que fue desarrollando poco a poco su propia biblioteca personal de consulta para poder hacer bien su trabajo de clasificación”, explica Alberto Gómez, director del Instituto de Genética Humana de la Javeriana, con quien el padre Pedro publicó libros y artículos científicos.
A pesar de ser de pocas palabras, su interés, meticulosidad y rigurosidad en la investigación de estas plantas lo acercó a orquideólogos nacionales y extranjeros, tanto como a estudiantes de biología. Incluso, algunos de los libros de la colección cuentan con dedicatorias de expertos como Robert L. Dressler, del Jardín Botánico de Missouri.
“Tenía una gran cantidad de revistas del mundo entero, especialmente en alemán”, explica el ortopedista Carlos Uribe, su gran amigo y con quien compartía su fascinación por las orquídeas. “También la colección completa de la revista de la Sociedad Colombiana de Orquideología, importantísima porque ahí se publican las plantas nuevas que ya quedan descritas para el mundo”.
Entre la colección se encuentran libros sobre taxonomía, usos (medicinales, ornamentales) y horticultura de estas plantas. También revistas especializadas como Die Orchidee, Lindleyana y libros de su autoría como Orquídeas nativas de Colombia, Orquídeas en Colombia, Orquídeas del género Masdevallia en Colombia y Orquídeas ornamentales de Colombia, entre otros.
“Muchas de estas publicaciones han sido de escasa circulación, por lo que su ingreso a la Biblioteca General fortalece el trabajo y estudio de este grupo, tanto para investigadores como para botánicos interesados en aprovechar este recurso emblemático para nuestro país”, concluye Jorge Jácome, director de la carrera de Biología de la Javeriana.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Hoy en la Javeriana Marzo 2017
La colección de música clásica del padre Izquierdo
El padre Gabriel Izquierdo Maldonado, S.J. (1942-2016), reconocido por su trabajo social, tenía un marcado interés en la música clásica que inmortalizó en su colección de 441 CDs y 10 videos, próximamente a disposición de la comunidad javeriana a través del Sistema de Bibliotecas.
El padre Germán Bernal, S.J. recuerda que una vez entró a la oficina de Gabriel Izquierdo, S.J.
y lo encontró oyendo música de María Callas con audífonos. “—Si viera lo que estoy oyendo— me dijo. Era como una religión para él. Cerraba los ojos para oírla. Se emocionaba mucho con esa música”.
El padre Gabriel Izquierdo es conocido por su defensa por los derechos humanos, pero poco se sabe de su afición por la música. “Gabriel era barítono y cantaba con mucho entusiasmo mientras yo tocaba la marimba, el acordeón y la guitarra. Teníamos nuestro repertorio de música española, boleros viejos, y las letras del padre Rodolfo de Roux, S.J. con música del padre Juan José Briceño, S.J. que interpretábamos en cumpleaños, tertulias, fiestas”, cuenta el padre Bernal, quien compartía con él su gusto por la música.
Pero la pasión musical del padre Izquierdo era la ópera. “Como él vivía en el centro podía cultivarse con buenos conciertos en el Teatro Colón y la Luis Ángel Arango. Además, también viajó mucho a Estados Unidos y Europa, donde probablemente fue a conciertos y pudo coleccionar CDs. Sé que a donde quiera que iba buscaba discos de María Callas”, dice Bernal.
Su colección lo demuestra. Más de 50 CDs y siete videos son de la soprano griega. Para Ana
Cristina González, docente de la Facultad de Música, al revisar la colección se percibe que detrás había “una persona muy apasionada por la música clásica en general, especialmente por el canto y la ópera, y en particular por las interpretaciones de María Callas. Su admiración por Callas posiblemente tendría que ver no solo con su voz, sino también con su belleza y carisma, que como cantante de ópera abraza el arte de la actuación”.
Además de María Callas, en la colección del padre Izquierdo se encuentran obras originales, de muy buena calidad interpretativa, de Giusepe Verdi, Giacomo Puccini, Donizetti, Bellini, por lo que se observa una predilección por la ópera italiana. También autores como Tchaikovsky, Plácido Domingo, Mozart, entre otros, así como muy buenos sellos discográficos como Emmi Clasic, Philips y Deutsche Grammophon.
Para la profesora González, esta colección “tiene un impacto grandísimo porque ya tiene la curaduría de un melómano, alguien que realmente sabía y disfrutaba. Les servirá a los estudiantes de música, especialmente a los de canto lírico, para poder comparar unas versiones con otras, pero también podrá ser aprovechada para el goce y disfrute de toda la comunidad javeriana”.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Hoy en la Javeriana Marzo 2017
El padre Germán Bernal, S.J. recuerda que una vez entró a la oficina de Gabriel Izquierdo, S.J.
y lo encontró oyendo música de María Callas con audífonos. “—Si viera lo que estoy oyendo— me dijo. Era como una religión para él. Cerraba los ojos para oírla. Se emocionaba mucho con esa música”.
El padre Gabriel Izquierdo es conocido por su defensa por los derechos humanos, pero poco se sabe de su afición por la música. “Gabriel era barítono y cantaba con mucho entusiasmo mientras yo tocaba la marimba, el acordeón y la guitarra. Teníamos nuestro repertorio de música española, boleros viejos, y las letras del padre Rodolfo de Roux, S.J. con música del padre Juan José Briceño, S.J. que interpretábamos en cumpleaños, tertulias, fiestas”, cuenta el padre Bernal, quien compartía con él su gusto por la música.
Pero la pasión musical del padre Izquierdo era la ópera. “Como él vivía en el centro podía cultivarse con buenos conciertos en el Teatro Colón y la Luis Ángel Arango. Además, también viajó mucho a Estados Unidos y Europa, donde probablemente fue a conciertos y pudo coleccionar CDs. Sé que a donde quiera que iba buscaba discos de María Callas”, dice Bernal.
Su colección lo demuestra. Más de 50 CDs y siete videos son de la soprano griega. Para Ana
Cristina González, docente de la Facultad de Música, al revisar la colección se percibe que detrás había “una persona muy apasionada por la música clásica en general, especialmente por el canto y la ópera, y en particular por las interpretaciones de María Callas. Su admiración por Callas posiblemente tendría que ver no solo con su voz, sino también con su belleza y carisma, que como cantante de ópera abraza el arte de la actuación”.
Además de María Callas, en la colección del padre Izquierdo se encuentran obras originales, de muy buena calidad interpretativa, de Giusepe Verdi, Giacomo Puccini, Donizetti, Bellini, por lo que se observa una predilección por la ópera italiana. También autores como Tchaikovsky, Plácido Domingo, Mozart, entre otros, así como muy buenos sellos discográficos como Emmi Clasic, Philips y Deutsche Grammophon.
Para la profesora González, esta colección “tiene un impacto grandísimo porque ya tiene la curaduría de un melómano, alguien que realmente sabía y disfrutaba. Les servirá a los estudiantes de música, especialmente a los de canto lírico, para poder comparar unas versiones con otras, pero también podrá ser aprovechada para el goce y disfrute de toda la comunidad javeriana”.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Hoy en la Javeriana Marzo 2017
lunes, 29 de agosto de 2016
Viaje al país de las bibliocasas
Líderes de las urbanizaciones de Vivienda de Interés Prioritario han adaptado un espacio especial en sus viviendas, en el que promocionjan lectura y préstamo de libros a sus vecinos, con los títulos que les prestan en su biblioteca pública cercana.
Foto: Juan David Padilla
Un par de meses después de recibir su nuevo apartamento —ubicado en el barrio Las Acacias de Cereté, Córdoba— la pareja de esposos Jairo Ramos y Lidia López, beneficiarios de una de las 109 Viviendas de Interés Prioritario (VIP) que ha otorgado el Gobierno, recibieron nueve libros como parte de su nuevo apartamento.
Se trataba de los títulos Colombia contada, Buscando otro sabor, Nuestra casa, Retratos de nuestras gentes, Álbum de familia, Manual de convivencia ciudadana, Colombia cantada y Guía para el cuidado de la salud de la familia, que conforman la Biblioteca Básica Familiar “Leer es mi cuento”, un compendio de libros que el proyecto “Comunidad-es arte, biblioteca y cultura: escenarios para la paz”, liderado por el Mincultura, Minvivienda y Prosperidad Social, entrega a las familias de las VIP, como parte del proceso de promoción de lectura que se realiza con la comunidad.
“Son libros que lo ilustran a uno. Hubo unos que nos enseñaron sobre historia de grandes personajes colombianos como Gabriel García Márquez. Otros hablaban sobre convivencia o sobre cómo cuidar nuestro nuevo apartamento y la salud, y hasta sobre cómo compartir en familia. También había libros para niños que les leíamos a mis hijas”, explica Ramos, quien fue víctima de la violencia, al ser desplazado de Turbo, Antioquia, en 2001.
Corría el primer semestre del año 2014. Ramos y López pensaron en la posibilidad de ya no sólo leerles a sus hijas los libros que habían recibido, sino en brindar un espacio en su propia casa para fomentar la lectura en otros niños de su urbanización. Por eso tocaron las puertas de la Biblioteca Pública Municipal de Cereté Rafael Milanés García. Su coordinadora, Vera Centeno, abrazó la idea porque entraba a fortalecer un proyecto que la entidad ya tenía en Altos de las Acacias, en el que se hacía promoción de lectura a través de pantallas gigantes y porque, además, era una manera de hacer que la biblioteca llegara directamente a la casa.
“La seño Vera nos comenzó a prestar libros a mi esposa y a mí por 15 días para hacer actividades de lectura en nuestro apartamento con los niños del barrio. El primer préstamo fue de 40 libros”, recuerda Ramos.
De pronto su apartamento de 45 m2 comenzó a recibir visitas nocturnas de hasta 20 niños. Los pequeños se sintieron tan cómodos con la nueva actividad, que prácticamente le demandaban a él o a su esposa que les leyeran. Poco a poco el ritual se complementó con una de las características culturales más destacables de esta comunidad: durante o posterior al proceso de lectura, los adultos tejían mochilas, mientras que los niños confeccionaban manillas. En ese proceso los participantes comenzaron a hablar de sus disímiles lugares de origen, “y a contar las historias de nosotros mismos: de dónde venimos y para dónde vamos”, comenta Ramos.
Incluso, el interés que suscitó la llegada de los libros fue tan fuerte, que los pequeños que se encariñaban con alguno de los que ya había tomado en préstamo Ramos de la biblioteca pública, comenzaron a llevárselo a su propia casa por un día, siempre y cuando dejaran su nombre, el de sus padres y su teléfono, y lo regresaran al día siguiente. Fue ahí cuando el apartamento de Ramos y López se convirtió en una Bibliocasa.
Se institucionalizan las Bibliocasas
Cuando los promotores del proyecto “Comunidad-es” -iniciativa que realiza acompañamiento social y cultural a las familias beneficiarias de las VIP que han sido víctimas del conflicto en condiciones de extrema pobreza y damnificados por desastres naturales- se percataron de que la idea de Ramos y López había sido acogida en la urbanización, decidieron fortalecerla, darle un empujón con su conocimiento y apoyo, en un trabajo en conjunto con la comunidad.
“Lo primero que se hizo fue darle el nombre de Bibliocasa. Después se consiguieron estantes y desde Bogotá se envió un morral móvil con libros y un exhibidor. Posteriormente consiguieron tapetes para el piso, colchonetas y cojines, con el fin de volver el espacio aún más agradable para los niños”, explica Renoir Rubio, promotora de lectura del proyecto “Comunidad-es”.
La idea fue tan exitosa, que sirvió de modelo para los demás barrios del proyecto y comenzó a replicarse en otros espacios. Actualmente existen 46 Bibliocasas en toda Colombia. Dos en Antioquia, dos en Bolívar, quince en Córdoba, cuatro en Magdalena, tres en Norte de Santander, cuatro en Risaralda, seis en Sucre, dos en Tolima y ocho en el Valle del Cauca. Todas ellas iniciaron con la entrega de libros de la Biblioteca Básica Familiar como parte del Plan Nacional de Lectura y Escritura “Leer es mi cuento”, que busca aumentar los índices de lectura del país de 1,9 a 3,2 libros por persona al año.
Eso sí, cada Bibliocasa tiene características particulares de acuerdo con su comunidad. Por ejemplo, en el caso del barrio El Recuerdo, en Montería, la Bibliocasa tiene el rol principal de ser la extensión de un colegio o, más bien, una especie de biblioteca escolar. Así lo explica su bibliotecaria, Rosa Hernández, quien desde hace dos años se mudó a la urbanización.
“Todos en la comunidad veíamos la necesidad de tener una Bibliocasa, porque los niños no tenían dónde hacer las tareas. Muchos padres no tienen para pagar los $500 de internet”, explica.
En este caso fue el proyecto “Comunidad-es” el que llevó a Hernández a la Biblioteca del Banco de la República de Montería, para que se inscribiera y pudiera llevarse libros prestados. También le hizo una pequeña capacitación para el préstamo y cuidado de los libros, le trajo los estantes y morral viajero y le otorgó el título de “bibliotecaria comunitaria”.
Pero el año pasado Hernández les explicó a los promotores del proyecto que los niños de El Recuerdo necesitaban textos escolares para poder hacer sus tareas. “Yo quiero tener libros propios que pueda tener acá y no sólo los que pido prestados en la biblioteca”, les dijo.
Entonces Rubio y su esposo se encargaron de pedir a estudiantes de distintos colegios privados de Montería textos escolares que ya no usaran, para donarlos a la Bibliocasa de El Recuerdo. Por eso, actualmente esta Bibliocasa tiene libros permanentes como enciclopedias, libros de cuento, diccionarios y textos escolares de matemáticas, lenguaje, etc.
Además, esta Bibliocasa ha sido de gran utilidad para los más de 200 niños de la urbanización que este año no pudieron matricularse en una entidad pública (pues están a la espera de la que se construya en el barrio) y que actualmente están asistiendo a una escuela comunitaria. La iniciativa la organizó el estudiante de derecho Jorge Andrés Cordero junto con otros ocho maestros voluntarios. Allí los pequeños toman clases en una jornada de la mañana y otra en la tarde, en las que están utilizando los libros de la Biblioteca Básica Familiar y, en su tiempo libre, hacen sus tareas en la Bibliocasa del barrio.
La intimidad de la Bibliocasa
Para Hernández, la parte más linda de su casa es la biblioteca. De lunes a domingo llegan niños a hacer las tareas o a buscar un libro para leer.
Nicol Dayana Romero López tiene 10 años, es estudiante de cuarto de primaria y casi todos los días visita la Bibliocasa. “Rosa me ayuda a buscar las tareas en los libros y a hacer las carteleras. A veces también me presta libros que yo llevo a mi casa para leer con mi abuelita. Uno de mis favoritos es Los ratones de la señora Marlow, porque me gustan los gatos”, explica.
“Los niños escogen un libro, me dejan su documento y yo se los presto. Hay unos que vienen constantemente y que son muy cuidadosos a los que ni siquiera les pido documento. Ya los conozco y sé lo juiciosos que son. A veces estoy en la cocina y el niño me muestra lo que se va a llevar, lo anoto y se lo lleva. Mientras lo leen duran dos días, tres días. Hay unos que se lo leen de una y rápidamente vienen por uno nuevo”, comenta Rosa.
Uno de ellos es Yuliana Ortega, estudiante de 10 años, quien va todos los días a la Bibliocasa a leer cuentos. El libro que más le gusta se llama El cocuyo y la mora. “Yo cojo el libro y me voy a leer a la terraza del cuarto piso. Toditicos los pelaítos de allá nos van a escuchar a que les leamos los libros a mí y a mi amiga Valentina. Yo tengo dos hermanitos ‘chiquititicos’, de cuatro y de un año, con los que a veces jugamos a la escuela. Les leemos y después les preguntamos sobre lo que leímos”, explica.
La hija de Rosa, Janerys Ricardo, no tiene problema en que sus vecinos lleguen a su casa y se lleven los libros. “Se siente bien saber que hay gente que quisiera vivir como yo vivo aquí y de tener este poco de libros. No me pongo brava de que se los lleven, porque así pueden tener lo que yo tengo. A veces cuando mi mamá está ocupada yo presto los libros para que se los lleven o a veces los leen aquí”, cuenta.
Esa relación tan cercana con el libro es precisamente la que logra la Bibliocasa. “Para mí una Bibliocasa es una biblioteca íntima en donde esa persona que lidera, que sería el bibliotecario comunitario, tiene la ventaja de tener un usuario muy cercano y conocerlo a profundidad. Ninguna biblioteca ni ningún colegio tienen la capacidad de entablar la relación que puede provocar el libro en la casa. Allí está el afecto, eso tan íntimo que no se puede dar en la biblioteca”, explica Vera Centeno, coordinadora de la Biblioteca Pública de Cereté.
Incluso, Centeno considera que la Bibliocasa termina siendo una especie de extensión bibliotecaria, dado que la mayoría de libros que se encuentran allí han sido prestados por la biblioteca. “Sin embargo, puede ser una connotación muy fría, ya que la Bibliocasa va más allá de una extensión bibliotecaria y termina teniendo una connotación propia”, agrega.
Por ejemplo, la Bibliocasa de Altos de las Acacias ha tenido varias transformaciones. Por un lado, se trasladó al salón comunal de la urbanización, en donde había más espacio para que más personas estuvieran presentes en las actividades de lectura y, por el otro, comenzó a tener menos cantidad de libros porque Ramos y López empezaron a llevar a los niños una vez por semana a la biblioteca pública de Cereté, que les queda a tan sólo un par de cuadras.
“Actualmente, varios niños del barrio Altos de las Acacias tienen ‘La llave del saber’ y ellos mismos toman los libros prestados de la biblioteca. El señor Jairo sigue llevando a varios pequeños a la biblioteca cada ocho días y continúa tomando prestados libros para tener en su casa, con el fin de prestárselos a aquellos que están en su primera infancia y que no pueden pedir libros en préstamo en la biblioteca pública”, explica Rubio.
Con los ejemplos de Bibliocasas que han ayudado a consolidar en el departamento de Córdoba, para Rubio es claro que, en un primer momento, las Bibliocasas logran abrir el espacio de lectura en una comunidad. Y, en un segundo momento, son el tránsito para ir a la biblioteca pública.
“En la Bibliocasa encuentran cierto tipo de libros: una colección pequeña para niños, otra para jóvenes y otra para adultos. Pero si yo soy joven y ya me leí los libros de poesía o literatura que están en la Bibliocasa, y me quiero leer más, debo ir a la biblioteca”.
La Bibliocasa, entonces, lo que logra es ese primer acercamiento a la lectura. Una vez ya inicia la pasión por leer, el siguiente paso “es ir a un espacio más grande, donde hay más posibilidades y donde hay más por descubrir: la biblioteca”, concluye Rubio.
Por Lucía Camargo Rojas
Publicado en El Espectador el domingo 29 de agosto de 2016
lunes, 4 de julio de 2016
'Colonia infancia': la exposición de arte que divierte a los niños
Si quien visita la exposición ‘Colonia Infancia’, mide más de 1.5 metros de altura, necesariamente desde la entrada debe agacharse y prepararse para encontrar una exhibición pensada ya no para adultos, sino para los más pequeños de la casa. Se trata de la exposición ‘Colonia Infancia’ que actualmente se exhibe en el primer piso del edificio de la Sala de la Colección del Museo La Tertulia en Cali.
Así que la mejor postura para ingresar al túnel de madera de entrada es gatear unos siete metros para encontrarse con la obra ‘Niño’ de Rufino Tamayo, que hace parte de la colección permanente del Museo. “Los niños salen corriendo directo a ese primer cuadro, con el que hay una especie de mímesis y se sienten identificados. Luego se devuelven por el túnel a una bifurcación a través de la cual llegan a un nuevo espacio en donde se encuentra ‘Una casita del sol’, del artista Emilio Sánchez, obra a partir de la cual se monta toda la museografía”, explica Mario Camargo, del Colectivo 070, encargado del diseño arquitectónico de esta singular propuesta que busca acercar el arte a los más pequeños de una manera lúdica y orgánica.
Después, el visitante puede visualizar las distintas partes de la casa, representadas todas en otras siete obras que hacen parte de la colección del museo. ‘Teresa la mujer mesa’, la icónica pieza escultórica de Hernando Tejada, es la mesa del hogar, mientras que las bolsas de plástico sobre acrílico que conforman ‘Bocagrande II’, obra de Alicia Barney y el ensamble de objetos de vinilo y madera de ‘Cajas’, de Bernardo Salcedo, son algunos de los mobiliarios de la casa.
También se puede observar la escultura en metal con motores y tela de la serie ‘Camas’, de Feliza Bursztyn, que alude al lugar para dormir; ‘Pinturas de agua’, de Óscar Muñoz, hacen referencia a la ducha, mientras que el cuadro ‘El rincón’, de Santiago Cárdenas, remite a las distintas maneras de habitar el espacio doméstico. Finalmente, ‘La cuarta dimensión’, de Yukata Yocota, es una pieza que invita de lleno a meterse en la obra de arte, pues está al lado de un nuevo túnel en madera que dirige a la segunda parte de la exposición, en donde hay dispositivos que los pequeños pueden manipular libremente.
Esta exposición surgió a partir de una inquietud de Doris Gallego, coordinadora de Primera Infancia de Comfandi, sobre la escasa oferta de espacios culturales para los menores de 6 años en la ciudad de Cali y, específicamente, frente a la pregunta, por qué no hay museos para ellos, surgió esta propuesta que se unió al marcado interés del área de formación del Museo de La Tertulia sobre la creación de espacios para los niños. Las dos entidades, junto con el acompañamiento de la Universidad del Valle, presentaron un proyecto interinstitucional e interdisciplinario a la primera versión de la Beca a proyectos de inclusión de niños y niñas de la primera infancia en entidades museales de la Convocatoria de Estímulos del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015.
“Nosotros necesitamos que en la ciudad haya propuestas culturales para los niños. Actualmente hay centros recreativos, centros comerciales, algo de títeres, y las bibliotecas públicas. La intención de este proyecto consistió en dejar instalada en la ciudad espacios artísticos y culturales pensados en primera infancia”, explica Gallego.
El proyecto resultó ganador de la Convocatoria de MinCultura, siendo seleccionado entre 11 propuestas para recibir 35 millones de pesos para su realización. A su vez, recibió una donación particular en memoria de Ivonne Mizradhi, para proyectos de primera infancia, que permitió cubrir todos los costos.
A la hora de elegir qué obras se propondrían, se optó por no tener un curador externo, sino por hacer un trabajo conjunto entre el área de formación y curaduría del Museo con las guías de sala, quienes dieron pistas importantes para identificar las obras de acuerdo a su propia experiencia con los niños. “Se eligieron las obras con el tema de la casa, el hábitat y el espacio que dispararan otras formas de abordar el arte y que fueran pensadas para el público de primera infancia. Al final, la curaduría da un panorama de la colección del museo y de distintos momentos del arte del siglo XX”, explica Alejandro Marín, curador.
La propuesta era arriesgada pues rompía con los guiones y paradigmas previos que ya tenía la entidad. Pero el trabajo conjunto y armónico entre el equipo del museo, Comfandi, el Colectivo 720 y la Universidad del Valle, logró el objetivo de que “no se fuera a confundir con un dispositivo más de un centro comercial, sino que fuera muy claro que se quería crear una exposición de arte para niños dentro del Museo que cumpliera con una estética y que en el tema de la museografía fuera impecable”, explica Ana Lucía Llano, directora del Museo.
Para el diseño del espacio se llamó al Colectivo 720, ganador de la convocatoria del diseño de la Cinemateca de Bogotá. Su director, Mario Camargo, se entusiasmó con la propuesta pues tiene una niña de 3 años y ha padecido la falta de espacios culturales enfocados en primera infancia en la ciudad de Cali. Además, le implicaba un reto en cuanto al diseño. “Pocas veces como arquitecto se tiene la posibilidad de hacer este tipo de ejercicios con tanto detalle”, explica.
Desde el Museo les pidieron lineamientos específicos como que la exposición pudiera armarse y desarmarse, que el espacio estimulara la movilidad, ocultara y mostrara objetos, fuera libre de riesgos, manejara diferentes texturas, pero sobre todo, fuera muy atractivo para los niños. Mientras Camargo diseñaba, no sólo tuvo en cuenta estos parámetros sino que se imaginó a su hija haciendo el recorrido.
Fue así como se diseñó el segundo túnel que llega a la segunda parte de la exposición: una casa interactiva a la que se entra a través de la ventana. Las obras que allí se encuentran son el resultado de una convocatoria dirigida a artistas jóvenes de la región para que crearan obras especialmente enfocadas en primera infancia.
Nicolás Morales, por ejemplo, propuso una serie de piedras blandas en el espacio del jardín, inspirado en su propia vivencia de construir pequeñas fortalezas con las piedras de los ríos, que denominó ‘Madriguera’. De acuerdo con Gallego, “esta obra es lo máximo para los niños porque se asombran ante un objeto cuya consistencia contradice su imagen, y porque la sienten como algo muy cotidiano”.
Mientras que Ivonn Lloreda, artista y guía de sala del museo, se encargó de los objetos dentro de la casa interactiva: muebles, sillas, perchero, mesa y sábanas de diferentes texturas y colores que configuran ‘Fortaleza’. “La idea es que fuera una actividad que se hiciera dentro del museo pero que no necesitara de materiales externos y que a través de los objetos propuestos los niños quisieran construir su propia casa”, explica.
Al final de la exposición, los niños llegan a ‘Mil formas de una pared’, una casa que aún está por terminar cuya pared final se completa, destruye y reconstruye con cada grupo o visitante, a manera de tangram, que les ha permitido “configurar no sólo casas sino también ciudades con parques”, agrega Lloreda.
La propuesta ha sido tan exitosa que aunque en principio estaba pensada para terminar el 31 de mayo se extendió hasta mediados del mes de julio, y pasó de esperar 800 visitas en un comienzo a haber atraído más de 10.000 visitantes.
Para Sandra Argel, coordinadora del grupo de Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “esta exposición es una experiencia significativa que evidencia cómo la infraestructura cultural se constituye en un espacio adecuado para promover el desarrollo integral de la primera infancia. Es clara la vinculación de las líneas rectoras propuestas para la educación inicial como el juego, el arte y la exploración del medio, además de todo el desarrollo de una exposición en el contexto museológico que promueve la participación de los niños”.
El proyecto ha sido visitado por niños que hacen parte de centros de estimulación temprana, jardines infantiles y colegios, e incluso por niños mayores de seis años que en varios casos visitaban el museo por primera vez. “Para nosotros ha sido fundamental esta exposición, pues hizo que el Museo se volviera un plan para la familia. El resultado es tan satisfactorio que nos da una fortaleza de poder llevar esta sala a otros espacios y otros territorios, y de saber que este es un primer momento, y un espacio que nos está pidiendo a gritos la ciudad: un espacio familiar que conserve el sentido que tiene el museo y que permita que los niños que ahora nos visitan, sean los adultos que a futuro vengan a La Tertulia”, concluye Ana Lucía Llano.
Por Lucía Camargo Rojas. Publicado en Gaceta de El País de Cali
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