lunes, 9 de noviembre de 2015

Libros recorren la selva para llegar a los jóvenes del Vaupés

 
Libros recorren la selva para llegar a los jóvenes del Vaupés

Campaña 'Regalar un libro es mi cuento' llevó 30.000 libros nuevos para estudiantes de la región.

Ciro Ferneley con su libro 'Los músicos de Bremen'. Foto: Archivo MinCultura

Ciro Ferneley camina en círculos por todo el salón de tercer grado del colegio Bocas del Yi, de Vaupés, abrazando su libro 'Los músicos de Bremen', de los hermanos Grimm. Sólo se detiene para verificar –y probablemente comparar– qué libro recibió un compañero del curso y parece satisfecho con los resultados. El suyo es un libro de pasta dura lleno de ilustraciones y el de su compañero también.

“Profe, yo quiero leer un libro”, le dijo a su profesor cuando cursaba primero de primaria, pues desde preescolar tenía la inquietud de hacerlo. Hoy en día Ciro lee todas las tardes en la biblioteca de su escuela, en donde también hace sus tareas. Cuenta que le gusta leer un libro de enseñanzas llamado 'Nacho lee', así como los relatos de Rafael Pombo.

Mientras habla, sigue sosteniendo su nuevo libro como no queriéndolo soltar. Ciro, como la mayoría de niños del colegio Bocas del Yi, y en general del Vaupés, habla tres idiomas: cuveo, yuruti y castellano. Dice que no sabe cómo se traduce 'Los músicos de Bremen' en cuveo, pero sí la palabra “músicos”: se dice ‘UpaîpØêvã’.

'Los músicos de Bremen' fue comprado en una librería bogotana por un colombiano que quiso regalar un libro a un estudiante del país y que lo depositó en el buzón de la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’, una iniciativa liderada por 26 librerías y 22 editoriales del país, a través de la Cámara Colombiana del Libro, junto con los Ministerios de Cultura y Educación.

El libro fue enviado a una bodega del Ministerio de Cultura en donde se guardaron los primeros 33.000 que se recolectaron en la primera fase de la campaña para los departamentos de Vaupés, Guainía y San Andrés. Posteriormente, viajó en un avión de carga hasta llegar a Mitú y se trasladó a la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera.

Desde allí, viajó en una lancha con dos funcionarios de MinCultura y el lanchero Víctor Valencia una hora por la inmensidad del río Vaupés, hasta llegar al colegio Bocas del Yi, en donde estudian 224 niños de la región, la mayoría a manera de internado, pues sus hogares se encuentran muy retirados del colegio y los pequeños deben llegar en canoa a estudiar.



                                              Ciro Ferneley y su compañero de curso comparan los libros que les regalaron. Foto: archivo MinCultura.

Multiculturalidad

Un viaje similar al de 'Los músicos de Bremen' fue el que hizo Luis Hernando Infante Donoso hace más de tres décadas. Tenía en ese entonces 24 años y se acababa de graduar como licenciado en filología e idiomas de la Universidad Libre de Bogotá. Estaba ávido de aventuras y de ejercer su carrera como docente. Por eso no lo dudó cuando le ofrecieron un cargo en Vaupés.

Corría el año 1980 e Infante arribó con los esquemas de formación citadinos que chocaron al llegar a una zona rural indígena. “Me encontré con una gran diversidad étnica y cultural: un mundo que me era totalmente desconocido. Empecé a acoplarme e ir conociendo y a darme cuenta que la educación en esta región es un reto porque se sale de todos los esquemas”, explica el actual coordinador del Plan Nacional de Lectura y Escritura de la Secretaría de Educación del Vaupés.

Infante se refiere a que en Vaupés el 85% de la población estudiantil es indígena. Así como Ciro, la mayoría son políglotas pues saben la lengua de la etnia de su padre por obligación, la de su madre por necesidad, una lengua franca (cuveo o tucano), castellano, y hasta portugués (aquellos que colindan con Brasil). En Vaupés existen aproximadamente 200 comunidades indígenas de 26 etnias que hablan 23 lenguas ágrafas. Cada etnia tiene sus costumbres y su propia cosmovisión.

Los niños indígenas en sus hogares tienen interacción con la lengua de su padre y de su madre y cuando llegan a grado primero –en donde los estándares curriculares tienen previsto que el niño aprenda a leer y a escribir– “apenas están comenzando a entender palabras y frases elementales del castellano, que es una nueva lengua para ellos”, explica Plinio Restrepo, rector de la Escuela Normal Superior Indígena María Reina de Mitú.

José Miguel Doria, docente de la escuela José Eustasio Rivera y quien vivió en la comunidad Acaricuara, agrega que los estudiantes indígenas manejan muy bien los mitos y leyendas pues su tradición oral es muy rica, gracias a las historias que les cuentan sus abuelos. “Ellos son muy buenos para crear e inventar historias orales. Y aunque tienen problemas con la ortografía y algunos con comprensión de lectura, cuentan con una caligrafía muy bonita. Incluso sus dibujos son muy llamativos y estéticos”, comenta.

El castellano, entonces, no es la primera lengua de los estudiantes indígenas. Pero lo aprenden porque es la lengua nacional. “Nosotros no podemos ser ajenos a la globalización que vive el mundo de hoy y, además, el acceder a derechos fundamentales como la salud, la educación, y otros tantos beneficios que son propios del Estado y de la atención a las poblaciones, implican necesariamente dominar una lengua. Lo importante es conservar ese equilibrio: asumir las competencias comunicativas en lengua castellana y también conservar lo nuestro, que no se pierdan la identidad del grupo étnico ni la cultura propia”, explica Restrepo.



Niños de Bocas del Yi reciben los libros que los colombianos les regalaron. Foto: Archivo MinCultura

Una selva sin librerías

Además de que algunos estudiantes presentan dificultades para aprender a leer y escribir, deben enfrentar otro reto: el acceso a los libros, que en Vaupés es muy limitado. No existen librerías. Lo más parecido son ciertos almacenes ubicados en Mitú, en donde se venden gran cantidad de objetos y, a veces, uno que otro libro.

Eso sí, el departamento cuenta con cuatro bibliotecas públicas: la Biblioteca Departamental José Eustasio Rivera y la Biblioteca Pública Municipal de la Casa de la Cultura Luis Enrique Chávez Velásquez, así como las bibliotecas de los municipios de Taraira y Carurú que hacen parte de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y que han sido dotadas con libros gracias al Plan Nacional de Lectura y Escritura ‘Leer es mi cuento’. A su vez, existen 118 establecimientos educativos en 16 instituciones que en total tienen unas 38 bibliotecas escolares, enfocadas principalmente en textos escolares.



Quien desee comprar libros, generalmente lo hace cuando viaja a Villavicencio o a Bogotá. Así que con ese panorama no es raro que en los hogares sea difícil encontrar libros. Yuli Andrea Rubio Cruz, docente y directora del Sistema de investigación de la Escuela Normal Indígena, cuenta que en el Semillero de investigación en lectura y escritura, en el que participan estudiantes de los grados 11 al 13 interesados en esta temática, han realizado cartografías de los lugares en donde hay espacios para la lectura y la escritura en Mitú y han descubierto que generalmente los estudiantes que cuentan con libros en sus casas tienen algún familiar que trabaja como docente y es quien los lleva, o porque los mismos jóvenes los roban de las bibliotecas.

Otros, en cambio, han visto los beneficios que trae pedir los libros en préstamo, como es el caso de Emilse Triana, estudiante de noveno del colegio José Eustasio Rivera, quien desde hace dos años entró a la Biblioteca Departamental y quiso llevarse a su casa una buena cantidad. “Me explicaron que tenía que llevármelos de uno en uno, así que tomé 'María' de Jorge Isaacs, que me encantó. Desde entonces cuando acabo un libro vuelvo por otro. Estoy leyendo unos 10 libros al mes”, cuenta.

Ésta ávida lectora, tiene expectativas por conocer qué libro recibirá gracias a la campaña ‘Regalar un libro es mi cuento’ y cruza los dedos para que sea uno que no se haya leído. También espera que con los libros que se entreguen a los jóvenes de su edad se los motive a leer para que ocupen mejor su tiempo libre.

Algo similar espera Ximena Corazón Martínez, estudiante de la Escuela Normal Indígena que se reúne con cinco jóvenes más a leer libros relacionados con el Amazonas en la maloca Ipanoré todos los miércoles, de 4:00 p.m. a 6:00p.m., y que, por influencia de su hermana –quien se encerraba a leer en su cuarto y que tenía un vocabulario ‘elegante y diplomático’ que le causaba curiosidad– se ha convertido en una lectora voraz.

Mientras tanto Ciro Ferneley, el estudiante de Bocas del Yi, cuenta que leyó cuatro veces el libro 'Los músicos de Bremen' y que lo que más le ha gustado son los dibujos y las enseñanzas. Su abuelo, el docente pensionado Héctor Gómez Estrada, quien vive con Ciro y usualmente le cuenta las historias de la región y de su cultura cuenta: “Para mí es un orgullo que cada niño tenga un libro, para que así pueda alimentar su pensar y el análisis. Muy interesante porque así los niños van aprender muchas cosas más”.

Por Lucía Camargo Rojas

Nota publicada en El Tiempo el 6 de noviembre de 2015

La lectura, medicina para los niños

Gracias al poder de los libros y la lectura un hospital puede transformarse de un espacio de dolor a uno de esperanza. Durante el periodo 2015-2018 el gobierno Santos construirá 300 salas de lectura para primera infancia.

Foto: Archivo MinCultura 

Eulicer, un niño indígena emberá de dos años, sigue con detenimiento la voz y narración de Luisa Mazo, promotora de lectura del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, quien le lee en voz alta el texto infantil La gallinita roja a él y a su madre, Miria Viscuña. Tanto así, que el pequeño, quien se encuentra sentado en una silla del corredor de la sala de pediatría del hospital, está tan absorto que tiene en su mano derecha un pedazo de galleta que sostiene en el aire, sin llegar a comerla o cambiar de posición.

Son las tres de la tarde y el sopor del día en la capital chocoana golpea con intensidad. Luisa se encuentra sentada frente a los dos indígenas emberá, quienes debieron recorrer un trecho de cuatro horas desde su comunidad Peñas del Olvido hasta Quibdó para poder acceder al servicio del hospital debido a que Eulicer tiene paludismo y neumonía.

“Había una vez una gallinita roja que vivía en una granja con otros animales. Un día escarbando se encontró un grano de trigo. Pensó en sembrarlo y hacer pan para todos sus amigos”, narra Luisa con tono particular.

A medida que avanza la narración, la promotora de lectura pasa las páginas del libro lentamente con el fin de que niño y madre puedan ver las ilustraciones. Al poco tiempo se acerca una indígena más que sigue con timidez el desenlace de la historia.

Finalizada la sesión de lectura, Miria Viscuña cuenta que generalmente Eulicer no presta atención a las lecturas que les realiza un joven emberá, que ella llama “el maestro”, cuando va a Peñas del Olvido a leerles libros en español. Esta vez, irónicamente, Eulicer prestó atención, casi sin parpadear, a toda la historia.

Alnor, en cambio, no se quedó quieto durante la lectura que Luisa le hizo a él y a su compañera de cuarto, Joycy, del libro Mi mamá es mágica. Cuando Luisa comenzó la lectura estaba acostado y al final de la sesión terminó sentado cerca de ella, contestando cada una de las preguntas que la promotora le hacía.

– ¿Tu mamá sabe que van a pasar las cosas antes que sucedan? –preguntó Luisa

– ¡Sí! – dijo emocionado Alnor, quien ingresó al hospital por gastritis.

– Entonces tu mamá es mágica, como la del libro – le explicó Luisa.

Desde hace un año y medio los pequeños que como Eulicer y Alnor ingresan al Hospital San Francisco de Asís, disfrutan de lecturas en voz alta en las tardes que realiza Diana Patricia Serna, educadora hospitalaria, o Luisa Mazo gracias a la creación de un espacio nuevo que se ha ganado el cariño tanto de médicos y enfermeras como de pacientes: la sala de lectura.

El lugar, de apenas dos metros por cuatro metros, era antes la oficina de unos médicos que con gusto cedieron el espacio cuando se decidió que allí se adecuara y dotara una sala de lectura en el marco de la alianza público-privada de más de treinta entidades “Primera infancia aquí estamos”, como parte de la materialización de la Estrategia De Cero a Siempre.

Una de las entidades participantes de esta alianza fue el Ministerio de Cultura, institución que apoyó con recursos y asesoría técnica. La dotación de la sala estuvo a cargo de Fundalectura, entidad contratada por Aldeas Infantiles, otro de los socios de la alianza, para para dotar la sala con 300 libros, estantes, cajones para libros, sillas, cojines y una mesa.



 Sala de lectura en el Hospital San Francisco de Asís en Quibdó. Foto: Archivo MinCultura.


Salas de lectura para todo el país

Entre 2013 y 2014 el Ministerio de Cultura adecuó y dotó 28 salas de lectura en siete departamentos de Colombia y contrató 53 promotores de lectura que se repartieron entre Antioquia, Atlántico, Chocó, Bolívar, Valle del Cauca y Cauca.

Adicionalmente, el Ministerio de Cultura invita a que las regiones hagan uso de los recursos que avalan los Conpes 152-2012, Conpes 162-2013 y Conpes 181 de 2015 relacionados con primera infancia. Gracias a estos tres documentos las regiones pueden ejecutar los recursos del Sistema General de Participaciones para la Primera Infancia con el fin de dotar, ampliar, mantener o reparar salas de lectura en bibliotecas, museos o casas de cultura. En particular gracias Conpes 181 los municipios de Colombia en 2015 cuentan con más de 171 mil millones para adecuar la infraestructura cultural para atención integral a la primera infancia.

De acuerdo con el parágrafo 2 del artículo 4 del Acto Legislativo 04 de 2007 los recursos del Sistema General de Participación del crecimiento de Economía superior a 4% se destinarán a la Atención Integral a la Primera Infancia. Para 2014 más de $2.000.000.000 fueron invertidos en la dotación de salas de lectura en las bibliotecas adscritas a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de más de 140 municipios, mientras que $6.800.000.000 fueron usados en más de 60 municipios para ampliar, mantener, reparar y dotar salas de atención a los niños en bibliotecas, casas de cultura, y museos.

Según las bases del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “con el apoyo del Ministerio de Cultura (que brindará la orientación técnica y aportará la dotación de libros), el ICBF y el Ministerio de Salud fortalecerán la oferta propia de atención integral con la creación de 300 salas de lectura en familia o círculos de palabra en comunidades indígenas”. Un porcentaje de estas salas se realizará en hospitales. Este año se construirán 80 salas: 40 en hospitales y 40 en unidades de víctimas, unidades de servicio del ICBF y comunidades indígenas. 

Para Sandra Argel, Asesora Programa de Atención a la Primera Infancia del Ministerio de Cultura, “las salas de lectura brindan a los pequeños la oportunidad de acercarse a los libros desde el disfrute, la exploración y el juego, creándose las bases para un vínculo afectivo con la lectura desde la primera infancia”.


Sala de lectura en Acacías, Meta. Foto: Saraka

¿Y cómo son las salas de lectura?

Hernán Darío Castro hizo parte del equipo Saraka que ganó la convocatoria de Aldeas Infantiles para diseñar y construir los inmuebles de las tres salas de lectura que se hicieron en el Meta en septiembre del año pasado: Acacías, Puerto Concordia y Lejanías. Las salas cuentan con tres mesas con modelos de animales basados en la fauna del Meta, nueve cojines y tres estanterías que tienen la ventaja de poderse ensamblar en el sitio, usarse en climas calurosos y pintarse con vinilos no tóxicos cuando se requiera. 

Para Castro lo más interesante de diseñar, elaborar y construir el mobiliario de las salas en cada municipio, fue tener la posibilidad de ver cómo la recibían los niños de la región. “En Puerto Concordia la biblioteca es muy iluminada. Cuenta con ventanas en las cuatro paredes, lo que permite que el sol entre durante todo el día. Cuando llegamos a montar la sala de lectura infantil, los niños de la comunidad se asomaron, curiosos, en cada una de las ventanas, al punto de que terminamos rodeados de sus caras”.

Maria Clara Henao, diseñadora industrial de Bibliotec, explica que las salas de lectura para primera infancia “son espacios dinámicos y confortables, donde se le da mucha importancia al color y a cada mueble”.

Por su parte el artista plástico Juan Carlos Melo Hernández, quien hizo parte de la elaboración del documento Lenguajes y ambientes de lectura que hizo MinCultura, ICBF y la Fundación Carvajal, resalta la importancia que tiene el cuerpo del niño a la hora de pensar en lugares propicios para la lectura en primera infancia. “Una sala es un lugar que propicia múltiples estados del cuerpo: estarse boca abajo, boca arriba, sentado, en las rodillas, con los pies cruzados, sentado en una silla formal, sentado junto al otro, sentado frente del otro. Un lugar de infancia siempre tiene que ser múltiple”.

Una sala de lectura que llega a los pacientes

En el Hospital de Quibdó Luisa y Diana Serna han demostrado que la sala de lectura no es rígida sino que se apropia de acuerdo al lugar. Diana optó por llevar los libros a los pequeños, en vez de que ellos vayan a la sala.

Así, Diana y Luisa seleccionan libros de los estantes de la sala de lectura realizan jornadas de lectura en voz alta todas las tardes en neonatos y pediatría, donde los médicos ya hicieron los turnos en las mañanas. Sólo cuando existe un grupo pequeño de niños que pueda ir a la sala los llevan, pero en general las actividades se realizan en los cuartos y corredores del hospital.

Diana, capacitada en el proceso de pedagogía hospitalaria que inició en octubre de 2013 gracias al trabajo conjunto de MinCultura, MinEducación, Aldeas infantiles y la Universidad del Norte, explica que las actividades diarias de lectura en voz alta no son una clase.

“Los niños de aquí no van a salir graduados de nada. Atendemos niños que se van. Que no son permanentes. Pero el niño tiene derecho a tener una atención de salud y a ser estimulado en su parte cognitiva o intelectual a través de cuatro actividades rectoras de pedagogía hospitalaria: juego, literatura, arte y exploración del medio,” dice.

Para Elia Nelly Acuña Córdoba, subgerente asistencial del Hospital de Quibdó “una enfermedad inicialmente causa mucha angustia. Cuando el niño tiene algo que lo motive, diferente a hablar de la enfermedad, se distrae y eso puede ser un aporte positivo a la recuperación. Tanto para los familiares como para los pacientes la actividad de lectura ha sido muy motivante porque estimula a los niños y los distrae un poco de la enfermedad”.

El pediatra Pedro Luis Álvarez Mena, ha notado que cuando a los niños enfermos que ingresan al hospital se les lee, de alguna manera dejan de estar emocionalmente deprimidos. “Nuestros niños no tienen aquí en el hospital actividades que los entretengan. Las sesiones de lectura se han convertido en un espacio de entretención creativa porque el niño despierta su interés por la lectura”, explica.

Y no son sólo los niños, sino también los padres. Luisa cuenta que en una lectura en la sala de neonatos, las madres se sorprendieron a al saber que los bebés hacían ruidos como eructar, que les da hipo y hasta pueden llorar gracias a una de las lecturas diarias. 

“No lo creían. Fue tal su asombro que comenzaron a recordar sus historias durante su embarazo. Por ejemplo, una contó que se sentía sola y comenzó a escuchar el llanto de un bebé y que podría haber sido su hijo llorando en su vientre. Fue muy bonito porque entre todas comenzaron a compartir sus experiencias”, explica la promotora de lectura.

Son las 5:00pm y Luisa quien ya ha terminado su jornada se lectura, reconoce que lo que más le gusta de su trabajo es “cómo muchas veces los niños están deprimidos por la enfermedad y por el lugar en el que se encuentran. Cuando uno llega y les lee pareciera que descansaran de la situación. A veces están llorando mucho pero cuando uno comienza a leerles les cambia el llanto por sonrisas”.

Por Lucía Camargo Rojas

Un fragmento de esta nota fue publicado en Lecturas Dominicales de El Tiempo

martes, 7 de octubre de 2014

91 habitantes de calle de Bogotá recibieron formación en artes y oficios

En el marco de un convenio entre la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Escuela Taller de Bogotá, con el apoyo de la Secretaría de Integración Social, 146  habitantes de calle participaron de un proceso de formación en oficios tradicionales. 


Foto: SCRD

En el momento en que Manuel Granados recibió tres tiros (uno en su pierna derecha y los dos restantes en cada brazo) tomó finalmente la decisión de dejar de consumir sustancias psicoactivas. Vivió en la calle los últimos siete años y había sido recluido en la cárcel cuatro veces, por periodos entre cinco y once meses.

“Comencé a consumir bazuco a los 18 años porque quería ser aceptado entre mis compañeros”, cuenta este hombre de 35 años quien desde el pasado 7 de julio estudia cocina en la Escuela Taller de Bogotá, gracias a un convenio entre la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Fundación Escuela Taller de Bogotá, apoyado por la Secretaría de Integración Social.

En total 146 habitantes de calle, entre los que se encuentran tres personas de la población LGBTI y 14 personas en ejercicio de prostitución, iniciaron los cursos de cocina básica, repostería y pastelería, fibras y tejidos, ensambles y elaboración de juguetes, fabricación de instrumentos musicales, mampostería y adecuación de espacios, según su elección. Del total de participantes, 91 personas asistieron durante tres meses, por lo que este 4 de octubre reciben su certificación.


Foto: SCRD
Artes y oficios

Mauricio Malaver ingresó al taller de fibras y tejidos porque solía ayudar a su madre a elaborar productos hechos con textiles. Mientras teje una manilla, relata sus difíciles momentos de infancia. Cuenta cómo decidió convertirse en transexual y comenzó a consumir sustancias psicoactivas. Cuando sus padres murieron y quedó solo, empezó a vivir en la calle.

“La mayoría de nosotros ha tenido situaciones familiares difíciles. Este curso nos sirve para olvidar por momentos lo que hemos vivido porque uno se entretiene y hace nuevos amigos” explica Mauricio, quien ha aprendido a confeccionar portavasos, manillas, brazaletes, aretes y bolsos.

John Castro decidió ingresar al taller de repostería porque quiere seguir los pasos de su padre quien tenía una panadería propia. Cuenta que por culpa de una decepción amorosa comenzó a consumir droga. Ya está cerca de cumplir su sueño porque actualmente sabe hacer hojaldres, milhojas, muffins, brownies, galletas y pan de yogurt, entre otros. Además, en sus ratos libres, investiga sobre cómo crear una empresa.

Antonio Ortiz estudió música en Alemania y es licenciado en pedagogía musical. Optó por ingresar al taller de elaboración de instrumentos musicales, atraído por la idea de poder construir los elementos con los que crea su música. Comenzó el consumo siendo un adulto mayor y ahora quiere recuperar los años perdidos. Mientras agita una maraca, cuenta cómo su sensibilidad le permite buscar el sonido perfecto a cada instrumento.


Cada tejido es una historia

El encuentro con las artes y los oficios estimula a los habitantes de calle a reflexionar sobre su vida y a retomar o crear nuevos sueños. Así lo demuestran las historias de los 91 que ya culminaron el proceso. De acuerdo con Juan Carlos Quiñonez, trabajador social de la Fundación Escuela Taller de Bogotá, fue evidente que en el taller de fibras “cada tejido que ellos van elaborando es una historia. De ella van recordando y pensando sobre lo que les sucedió y sobre qué les gustaría de su vida. Es poético y realista al mismo tiempo”.

Ismenia Benítez, coordinadora de competencias humanas de la Escuela Taller, añade que generalmente se tiene un concepto genérico y errado del habitante de calle. “Son personas que si se logran involucrar en un proceso, pueden cumplir las metas que se establezcan. Es cuestión de oportunidades”.

En el taller, Manuel Granados ha aprendido todo lo relacionado con el alistamiento de cocina y sueña con trabajar en un barco para conocer nuevas culturas. Dice que no pensó que se fuera a recuperar de los impactos recibidos y está emocionado de que su madre vea los resultados del proceso del taller el próximo 4 de octubre. “Quiero que esté orgullosa de mí”.

John Castro, desde su propia experiencia, quiere ayudar a los habitantes de la calle; mientras que Antonio Ortíz acepta que ha sido renovador volver a ser estudiante y que ha aprendido mucho de su profesor. Manifiesta que desea elaborar instrumentos, venderlos entre sus allegados y dictar clases de música a jóvenes que tengan problemas de drogadicción. “El arte aleja a la gente de las drogas”, asegura con convicción.

jueves, 8 de agosto de 2013

Los Fine y su nuevo documental

Por Lucía Camargo Rojas

Inocente es el título del documental dirigido y producido por los esposos Sean Fine and Andrea Nix Fine. La historia inicia con un acercamiento de la cámara a una joven de rasgos latinos cuyo maquillaje denota el esmero, el gusto por el color y armonía propios de un artista. La joven tiene quince años pero habla con la madurez de quien se sabe dueño de su destino. Pronto nos cuenta su gran secreto: lleva casi una década divagando por la ciudad de San Diego junto con su madre y sus hermanos. Su familia no tiene una casa propia y ninguno de sus compañeros de clase lo sabe.
La joven se llama Inocente, tal vez porque está libre de toda culpa. En este documental, ganador del Oscar 2013 al mejor documental corto, ella nos narra su historia sin ninguna clase de mediaciones. Esa es precisamente la decisión más acertada que hicieron sus productores, quienes optaron por dejar que Inocente contara y mostrara directamente su más grande deseo: convertirse en una artista.
No es la primera vez que la pareja Fine se interesa en hacer evidente el poder del arte en sus producciones. Su documental War/Dance (Guerra/Danza), nombrado Mejor Documental y Mejor Cinematografía en los premios Emmy 2009, se había encargado de ilustrar el rol de la música como herramienta transformadora en la vida de los niños que viven en la zona de conflicto de Uganda. Ademas la pareja reconocida en el mundo de la pantalla grande por sus documentales sobre historias desconocidas y por  haber trabajado en 33 países distintos en la última década.Fine
Con tomas en las que la madre de Inocente cuenta su historia, así como con escenas de la vida diaria de los personajes, pronto es clara la situación de vulnerabilidad en la que esta joven y su familia han vivido. Son inmigrantes, debieron huir de un padre que los maltrataba y tienen el deseo de tener una casa propia. De acuerdo con el documental, más de 1.5 millones de jóvenes viven sin hogar en los Estados Unidos. Inocente decide sobrellevar esta situación a través de las gruesas y coloridas pinceladas que conforman sus pinturas.
En su trabajo artístico Inocente relata su oscuro pasado y lo transforma en un futuro prometedor y colorido. Ese deseo de pintarse incluso a sí misma, la lleva a estudiar clases de arte. Su talento finalmente es reconocido y se le otorga la posibilidad de realizar su primera exhibición en solitario con 30 pinturas que debe culminar en tres meses.
El documental es franco, crudo en ciertos momentos, pero sobre todo honesto. La relación entre Inocente y su madre es complicada, situación predecible dadas las circunstancias. Pero lo que más se destaca es la relación de la joven con el arte como la vía para cumplir sus sueños. “No me arrepiento de lo que he vivido porque es lo que me ha hecho ser lo que soy” dice. Cada escena en la que se la ve pintando lo demuestra. Son especialmente bellas las tomas en las que se ilustra detalladamente cómo mezcla los colores y mueve con paciencia y firmeza el pincel.
El deseo de pintar una nueva vida está encarnado en esta joven llena de vitalidad que pareciera emanar sueños, deseos y esperanzas en cada una de sus pinturas. Conocer su historia, claro está, es inspirador. “Tienes que volver tus sueños realidad,” dice con entusiasmo. “Si no tuviera sueños absurdos estaría deprimida,” agrega más adelante. Su determinación es contagiosa, sobre todo cuando se ve su talento.
Los productores de Inocente van destapando poco a poco cada una de las facetas de su vida para culminar exitosamente en la exhibición de sus 30 pinturas. Es en ese momento que la armonía entre vida y arte es evidente y en donde el esfuerzo de la joven artista se transforma significativamente en un momento de recuperación de la dignidad.

Publicado en Literal Magazine el 24 de junio de 2013

martes, 30 de julio de 2013

La suerte de Daniel Burman


Por Lucía Camargo Rojas

En La suerte en tus manos  (2012),  la última película del argentino Daniel Burman, Jorge Drexler representa de forma apropiada a Uriel, un hombre de 40 años, separado y con dos hijos que desea hacerse una vasectomía para eliminar la posibilidad de tener más descendientes. El mismo día de la operación se encuentra sorpresivamente con Gloria (Valeria Bertuccelli), una antigua novia universitaria que lo dejó porque él nunca hizo pública su relación. 

Las escenas mejor logradas del octavo largometraje de Burman se desarrollan en el consultorio del urólogo Weiss (Luis Brandoni), en donde Uriel habla sin pausa sobre sus relaciones con las mujeres, haciendo una clara parodia a lo que puede ser una consulta psicológica. Incluso, varias de las líneas de Brandoni son las que pretenden ser las pistas que den sentido a la historia (“La clave del éxito no es saber qué se hace bien sino qué es lo que uno hace mal”). Drexler se destaca por su naturalidad, al punto de que uno se olvida totalmente de su rol como músico, compositor y cantante, y en cambio lo percibe como un perfecto representante de un hombre maduro y algo perdido, capaz de añadir un toque de humor sarcástico a esta comedia romántica.

Sin embargo, la película desencanta por la falta de conflicto. Gloria y Uriel vuelven a ser pareja fácilmente y la mentira en la que se basa su reencuentro (Uriel le dice a Gloria que él es quien traerá de regreso al aclamado grupo la Trova rosarina) no alcanza a suscitar mayores obstáculos entre la pareja, haciendo que aunque la película se deje ver y sea amena, no sea precisamente la obra maestra de Burman. Daniel Burman es reconocido por ser un representante de la nueva ola del cine argentino. A pesar de que su largometraje El abrazo partido (2004) ha sido aclamado por la crítica y se le reconozca por películas como Esperando al mesías  (2000) y El nido vacío  (2008), sus más recientes obras carecen de la fuerza de las primeras. 

En particular, La suerte en tus manos  pareciera desaprovechar su reparto y el potencial de la historia. La magnífica Norma Aleandro representa fugazmente a Susan, la madre de Gloria. Pero aunque la reconocida actriz interpreta un par de líneas interesantes, particularmente cuando habla de su relación con su ex esposo, es una pena que su actuación pareciera desconectada del hilo conductor, cuando podría ser clave para entender la vida amorosa de Susan. Incluso la idea de que la suerte la construye uno mismo es interesante, pero tampoco se explota lo suficiente en los juegos de póker de Uriel ni en la película en general. 

Al final uno siente que el protagonista podría o no haber construido su futuro y aunque Burman intenta crear un momento epifánico en el que Uriel toma las riendas de su vida, la escena resulta algo llana y sin vida. Definitivamente La suerte en tus manos no es la película para conocer el trabajo de Burman pero sí para ver el debut de Drexler.

Publicado en Literal el 30 de julio de 2012

viernes, 12 de julio de 2013

Sweeping exhibition of Colombian Art at the IDB Cultural Center


By Lucía Camargo Rojas

The sculptures of Enrique Grau, Gonzalo Ariza’s landscapes, David Manzur’s poetic paintings, and work by 20 other Colombian artists are on display in “The Marvelous Real: Colombia Through the Vision of its Artists,” an exhibition at the Cultural Center gallery of the Inter-American Development Bank through until September 27.

Curated by Felix Ángel, the exhibition successfully illustrates the history of Colombian art through 36 pieces that include paintings, sculptures and video. What is remarkable about the show is that unites the Colombian artworks, part of the bank’s more than 1700-piece collection, in a thoughtful and chronological manner. Each piece is accompanied by a bilingual (English/Spanish) biography of the artist and an explanatory note offering context about the times in which it was made.

Gonzalo Ariza’s savannas and mountains welcome the viewer with a piece that introduces the spectator to Colombia’s multiple landscapes. Renowned Colombian artists such as Edgar Negret, Fanny Sanín, Enrique Grau, and Eduardo Ramírez Villamizar share space with the more contemporary work of Andrés Felipe Uribe and Carlos Fernando Osuna and others. It is surprising to see the reality of Enrique Grau’s sculpture, “The Kiss” (El beso) (1995), in the same exhibition with Andrés Felipe Uribe’s shocking video that criticizes a Colombian government campaign promoting a positive view of the country abroad by tattooing a heart in his chest.

The exhibition also underscores the many topics and techniques preferred by the artists. There’s the exquisitely detailed landscape love affair of Juan Bernal’s “Spirits of Nature” (Espíritus de la naturaleza) (2002), the gold replicas of Pre-Columbian pieces of Bogotá’s Gold Museum, the marvelous Negret’s sculpture “The Sun” (El Sol) (1985), and the colorful looms of Olga de Amaral in “Limestone Cliffs” (Riscos Calizos) (1988), among others.

The exhibition showcases the diversity of Colombian art, raising questions about the validity of its title. Alejo Carpentier’s “marvelous real” was a concept launched during the ’50s that represented not only Colombian but Latin American culture at that time. What this outstanding exhibition illustrates is the concern of its artists to describe a country that, as the show rightly highlights, is “in the making” and precisely because of that has been interpreted in many different ways by its artists. This selection of work certainly goes further than the old and general “marvelous real” concept.

The exhibition sets a high bar for the future showcases of the Latin American work planned for the bank’s art collection. In the meantime, these pieces will be viewable on the new IPAD version (downloadable it here) of the IDB gallery, another positive idea to promote the Latin American art on display in the bank’s building.

Published in Hola Cultura on July 11, 2013


Ballplayer: Pelotero


Por Lucía Camargo Rojas

La edad de oro para un joven de San Pedro de Macorís, República Dominicana, son los 16 años. No solamente porque con seguridad su familia le organizará una gran fiesta, sino porque la Major League Baseball (MLB) le permite firmar contratos con las compañías de béisbol estadounidenses. Para la gran mayoría de adolescentes de esa región esa es laúnica oportunidad de salir de la pobreza.

Así lo cuenta el documental "Ballplayer: Pelotero" (2012) dirigido por Ross Finkel, Trevor Martin y Jonathan Paley, socios de la compañía neoyorquina de comerciales y video corto Guagua productions, quienes estuvieron casi un año en República Dominicana intentando indagar por qué los dominicanos son tan buenos jugando béisbol. La respuesta resultó ser mucho más compleja de lo que creían y dio como resultado una investigación impecable sobre la realidad que afronta gran parte de los jóvenes del país caribeño.

El documental se centra en la historia de Miguel Ángel Sano y Jean Carlos Batista, dos jóvenes a punto de cumplir los 16 años que han sido entrenados gratuitamente por profesores dominicanos. La esperanza de estos entrenadores, claro está, consiste en que los grupos de béisbol estadounidenses les ofrezcan sumas mayores al millón de dólares a sus pupilos, de tal manera que ellos puedan recibir el 35% de la jugosa suma. Los adolescentes, por su parte, ponen toda su energía en el juego con el fin de poder dar a sus familias la oportunidad de una estabilidad financiera y de cumplir su sueño de llegar a las grandes ligas.

El acierto más grande de este documental es el de mostrar la vida diaria de estos jugadores para evidenciar la presión que tienen cada dos de julio, día en que se cierran las ofertas de los equipos estadounidenses. Aunque su talento sea casi natural e incuestionable su futuro depende de cómo lleven a cabo la negociación. Así sucede también con sus entrenadores. “Toda mi vida le pedí a Dios un pelotero como Miguel Ángel,” dice uno de ellos. Una carga bastante pesada para quien ni siquiera ha alcanzado la mayoría de edad.

Pero como era de esperarse, detrás de ese sueño están las artimañas y corrupción de los equipos para comprar a futuras estrellas por el menor precio posible. El monopolio detrás de esta especie de mercado de talentos que comenzó en 1962. Los directores se encontraron con que efectivamente República Dominicana produce jugadores de alta calidad (el 20% de los jugadores estadounidenses viene de ese país), pero también los más baratos. Aunque el precio sea una mina de oro para las familias de los jóvenes, es una ganga para los grupos norteamericanos.

El documental se enfoca, entonces, en ilustrar paso a paso una situación poco conocida e inquietante. Las familias hacen lo posible para superar todos los obstáculos interpuestos por la MLB, como probar que el joven efectivamente tiene 16 años, y lograr la firma del jugador. No tienen otra opción. Las angustiantes escenas de la gran mayoría de ellos sentados esperando respuesta lo ilustran. Afortunadamente las acompañan uno que otro apunte humorístico a pesar de las circunstancias: “Los gringos inventaron la pelota, pero nosotros le pegamos mejor,” dice uno de los jugadores.

Detrás del documental hay una gran investigación periodística, ilustrada con entrevistas a la mayoría de partes involucradas: jóvenes, familias y entrenadores, de la mano de la narración de John Leguízamo. Sin embargo, hace falta la posición de la MLB para conocer el otro lado de la historia. Al final de la producción se aclara que la organización deportiva no quiso conceder entrevistas. Una omisión diciente.

Ballplayer: Pelotero es entonces un documental convincente que demuestra una vez más las injusticias a las que se somete quien no tiene la sartén por el mango. En este caso los jóvenes talentos que se entrenan en las canchas de béisbol de San Pedro de Macorís.

Publicado en Literal Magazine en julio de 2013