lunes, 7 de marzo de 2011

Campesina en las alturas

Por: Lucía Camargo Rojas

Olga Zapana Alania vive en el distrito de Condoriri en Perú. Hace parte de un grupo de mujeres ahorristas que le ha permitido tener recursos líquidos para mejorar sus productos y pagar la educación de sus hijos.

Vive a más de 4000 metros sobre el nivel del mar. Para soportar el frío que hace en esas alturas, usa prendas elaboradas con la lana de la alpaca. Tanto así que emana olor a lana, a tierra, a campo. En el encuentro Mujer rural y acceso a la tierra Olga Zapana Alanía se distinguía fácilmente. Es de estatura baja (mide menos de 1.60), tez morena y rasgos indígenas. Sus largas trenzas hacían juego con un diminuto gorro negro que se apresuraba a ponerse para las fotos y con sus largas faldas que apenas dejaban ver sus pies. Era la primera vez que se alejaba de su país. Pasó del Distrito de Conduriri, provincia El Collao, departamento de Puno, en Perú, a los 2.800 metros bogotanos. No sintió frío.

En el encuentro escuchó cómo varias de las asistentes relataron sus luchas cotidianas para obtener unas cuántas hectáreas. Se sorprendió de que todavía en otras partes del mundo sea necesario luchar por la tierra. En su región todos los campesinos son dueños del terreno en que trabajan. “Cuando yo era pequeña los gamonales llegaron y se apoderaron de nuestras tierras. No sé de dónde venían. Maltrataban a los campesinos. Pero cuando yo estaba joven pude comprar mi tierra y los grandes hacendados se fueron. Todo por la reforma agraria. ‘La tierra es de quienes la trabajan’, decía el gobierno. Nosotros hemos aprovechado y ahora tenemos nuestros propios terrenos para vivir”.

“A la tierra le damos cariño”
Olga Zapana lleva cincuenta años trabajando en el campo. Ella misma afirma que tiene una larga trayectoria en la materia. “Nosotros vivimos en armonía con la naturaleza. Creemos que las plantas, animales y seres vivos son como una persona. Por eso, así como la tierra nos da productos y nos corresponde cuando la trabajamos, cultivamos y sembramos, nosotros le correspondemos brindándole cariño. Por ejemplo, para sembrar papa, le damos al suelo su inciensito, su coquita y una grasita que tiene la alpaca, porque sabemos que a la tierra le gusta y se lo damos a cambio de los frutos que ella nos brinda” explica con convicción Olga.

Cuenta que en su región se dedican a la crianza de alpacas —mamíferos característicos del Ecuador, Bolivia y Perú, que se valoran por sus lanas, a partir de las cuales se hacen mantas y ponchos indígenas tradicionales—. Así aprovechan la carne del animal para venderla o consumirla y utilizan su lana para hacer sus propias prendas o comercializarlas.

Además, las familias que conforman su comunidad —y que comparten 30 hectáreas —reparten su tiempo entre la crianza de alpacas, el trabajo de los pastos y la creación de artesanías. Los productos que resultan de su trabajo los venden en un local que es propiedad de todos y en el
que se reúnen para organizarse y capacitarse.

“Nosotros habíamos estado durmiendo. Pero despiertos”
Y es que se han capacitado para funcionar de manera más productiva gracias al apoyo del proyecto Sierra Sur, implementado por PRORURAL/ Ministerio de Agricultura del Perú con financiamiento del FIDA, de la Fundación Capital que promueve la movilización del ahorro popular y del que Olga tuvo oportunidad de hablar en su intervención en el segundo panel del conversatorio. Tomó el micrófono, respiró profundo y con voz pausada y fuerte, como si fuera un quejido, dictaminó: “Nosotros hemos aprendido muchas cosas con Sierra Sur. En realidad nosotros habíamos estado durmiendo. Pero despiertos”.

Así, Olga relató cómo unos técnicos los capacitaron y les enseñaron a mejorar los pastos para criar a sus animales y a no utilizar los materiales plásticos. Además, contó cómo en su comunidad han creado un grupo de mujeres ahorristas. “Antes de que llegara Sierra Sur nosotros quisimos ahorrar. Pero no sabíamos cómo porque mi comunidad queda muy lejos. No sabíamos cómo tener una cuenta bancaria”, explicó.

Hoy en día, cada una de las mujeres del grupo de ahorristas al que Olga pertenece tiene su propia cuenta en el banco y ahorra de acuerdo con sus posibilidades. “Con ese dinero vamos a pagar la educación de nuestros hijos y a mejorar nuestra artesanía. Y también nos ayudará a salir de apuros”, explica.

El proyecto Sierra Sur propone a las comunidades una estrategia integral que facilita dinámicas internas. Abre convocatorias para grupos de ahorro de mujeres, así como para que diferentes equipos obtengan recursos que les permitan contactar directamente servicios de asistencia técnica.

Tanto Olga como sus compañeras han sido usuarias activas del proyecto que, según ellas mismas, les ha ayudado a posicionarse como iguales ante los varones de su comunidad. “Nosotras, como mujeres campesinas, no nos valoramos. Nos falta autoestima. Pensamos que el varón siempre tiene la razón. Pero desde que nos empezamos a organizar en los grupos de mujeres ahorristas, los hombres nos comenzaron a valorar más. Así nosotras estamos haciendo respetar nuestros derechos. Estamos demostrando que nosotras somos tan iguales como el varón”.

¿Quién trabajará la tierra?
Olga está orgullosa de su actual papel en su comunidad. Tanto ella como sus compañeras tienen muchos retos. Quieren ahorrar para la educación de sus hijos y mejorar la calidad y venta de sus productos. Hasta tienen en mente recuperar sus tradiciones: música, danza, canto y alimentación, así como todo lo que les puedan enseñar sus abuelos sobre el cuidado y respeto por la naturaleza.

Sin embargo, a Olga le preocupa el futuro de la tierra que trabaja con tanto esmero. “Creemos que en algún momento no va a haber nadie que trabaje la tierra. Ya no va a haber ganado, ya no va a haber chacra. ¿Qué vamos a hacer si los jóvenes no saben hacer eso? A los jóvenes no se los educa para trabajar la tierra. Sólo están encerrados en cuatro paredes. No hay práctica. Por eso creemos que la educación debería cambiar: 50% campo, 50% teoría. No saben hacer nada y así han crecido. Sólo escriben. Eso no nos deja avanzar”, comenta.

“Yo tengo tres hijos. Ellos no manejan la tierra. Entre ellos mismos deciden irse al pueblo porque no valoran el campo. Le estoy enseñando a trabajar el campo al menor que ya está en la universidad. Él dice: ‘yo nunca voy a dejar mi tierra’. A él sí le gusta. Yo le enseño a que sepa de todo: criar ganado, hacer chacra. Creo que hace falta que a nuestros hijos nosotros mismos les enseñemos eso. Para mí, hoy en día la educación no es para la vida”, concluye.

Publicado en Mujer rural. Derechos, desafíos y perspectivas. Memorias Conversatorio Internacional 7, 8 y 9 de julio de 2010. CINEP/PPP, ILC, FIDA.


Mujer tras la tierra

Por: Lucía Camargo Rojas

Maria Elvira Espinosa es una campesina del Tolima que desde que nació ha sido desplazada de su tierra. Lleva más de 40 años luchando por ser dueña del terreno en que trabaja.

Cuando Maria Elvira Espinosa tenía apenas un día de nacida sus padres tuvieron que sacarla corriendo de su hogar en Pastales, departamento del Tolima. La violencia del 48 hizo que a su familia no le quedara más remedio que trasladarse a Ibagué y dejar sus tierras.

“Mi papá era campesino. No sabía nada más que recolectar café y sembrar plantas” recuerda Maria Elvira. Así que toda la familia lo ayudó a trabajar unas tierras en Ibagué que algunos amigos les prestaban o arrendaban. Por eso, tanto ella como sus hermanos iban muy poco a la
escuela. Sólo estudiaron hasta quinto de primaria.

Años después se fue a vivir con un compañero a Santander en donde, durante 16 años, trabajaron las tierras de otros. En ese momento la violencia la representaban los paramilitares, quienes le mataron a un hijo y le quitaron la posibilidad de seguir su labor en el campo. Corría el año 88. Tuvieron que deambular por el departamento buscando sobrevivir. “En esa época el conflicto en Santander era tenaz. Trabajamos en algunas fincas pero eso no era rentable. Entonces en el 90 decidimos venir a Bogotá para probar suerte”, comenta.

Mientras vivieron en Santander hicieron parte de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos Unidad y Reconstrucción (ANUC-UR). Sin embargo, su continuo desplazamiento hizo que perdieran el contacto. Afortunadamente se reencontraron en Bogotá, ya para el año 1992, y volvieron a vincularse a la organización. Mientras tanto, el marido de María Elvira se dedicó a trabajar en un cultivo de flores en Madrid, Cundinamarca.

Paralelamente, un grupo de campesinos del Sur del Cesar a los que los paramilitares también les habían arrebatado sus tierras y a quienes les mataron dos líderes, arribaron a Bogotá en 1996 en busca de una solución por parte del Estado. Durante ocho meses se tomaron el INCORA y la Defensoría del Pueblo. Fue tal su insistencia que, según María Elvira “El INCORA ya no se los aguantaba más y les entregó lo que hoy se llama Hacienda la Miel, Barrio Nueva Esperanza, en Ibagué”.

Como este grupo de campesinos había trabajado de la mano con ANUC - UR se estableció que cinco de los miembros de esta organización recibieran una parte de las tierras de la Hacienda la Miel. Una de las beneficiadas fue María Elvira, quien como cabeza de familia —su antiguo compañero se había ido— tuvo participación en la entrega de los predios.

Sin embargo, la luna de miel duró muy poco pues el INCORA les puso unas condiciones que, a largo plazo, resultaron muy difíciles de cumplir. Lo primero que les exigieron fue que trabajaran como una empresa comunitaria. “Eso para el campesino es muy duro porque uno está acostumbrado a trabajar de manera individual. Además, al final los recursos los terminan manejando los hombres y a las mujeres las dejan por fuera. Trabajamos de esa manera durante cinco años pero no funcionó, entre otras razones, porque unos laboraban más que otros. Eso se
nos salió de las manos”, explica María Elvira.

Así que hace cinco años decidieron dividirse las tierras. Cada uno quedó con entre cinco y siete hectáreas. “El problema es que es un terreno en el que se ha sembrado gran variedad de productos. En un tiempo fue algodonero, luego se prestó para la ganadería y después sirvió para sembrar caña. Son tierras que están demasiado cansadas. Necesitan mucha tecnología y abonos para recuperarse. Eso nos ha constado mucho trabajo porque se necesita mucho material extra y toca pedirle dinero al banco para que la tierra se pueda mover y queda uno endeudado. Además, los bancos sólo prestan cierta cantidad que no es suficiente”.

Para rematar, el INCORA no les entregó las escrituras inmediatamente sino que les exigía que pagaran el 30% del valor de los predios, dinero que el grupo de campesinos se rehusó a pagar. Así que para obtener los documentos decidieron aceptar la oferta de una compañía privada que les ofreció pagar el valor que hacía falta a cambio de que la dejaran instalar una recicladora de basura en los predios.

“Así fue como supuestamente adquirimos las escrituras. A cambio de tener una compañía extraña en el terreno. Pero no somos los dueños de las tierras porque tenemos que esperar 10 años después de firmar el contrato para ser los propietarios legales. Y eso que ya nosotros llevamos 13 años viviendo allí. Todavía nos falta esperar cinco años más”, explica María Elvira.

Entonces, su lucha por tener una tierra legalmente y poderla trabajar sigue en pie. Cree que el Estado no debió haberles exigido ese dinero. “No deberíamos pagar nada a cambio de las tierras que habíamos perdido antes”. Además, se queja de que las capacitaciones que les hacen son muy esporádicas y que no los ayudan a crecer y consolidarse. Es muy difícil que les presten recursos y los intereses son muy altos. Por eso considera que a pesar de que es claro que la tierra es un derecho, a la hora de la verdad, no se cumple. “Uno se da cuenta de que el Estado es sordo. Si uno exige, inmediatamente lo tildan de revolucionario”.

“Me gustaría que las cosas cambiaran, que los campesinos pudieran trabajar su propia tierra en vez de formar cordones de miseria en las ciudades. No solamente les serviría a ellos sino a todos. Así viviríamos mejor. Uno sufre sabiendo que hay ‘tantas tierras en pocas manos y muchas manos sin tierra’”, concluye.

Publicado en Mujer rural. Derechos, desafíos y perspectivas. Memorias Conversatorio Internacional 7, 8 y 9 de julio de 2010. CINEP/PPP, ILC, FIDA.

La mujer de pantalones

Por: Lucía Camargo Rojas

Edilia Mendoza se ha dedicado a luchar para que otros puedan tener sus propias tierras y trabajarlas, a pesar de que a ella misma se las han arrebatado varias veces.

Es tan fuerte su convicción de que se debe trabajar en grupo y unidad para lograr la igualdad de derechos que no se atreve a hablar en singular, a pesar de que está relatando su historia de vida. Es tal su desapego a las cosas para sí misma y tal su deseo de que los demás prosperen que lucha para otorgarles a otros lo que ella misma no tiene. Su misión está tan arraigada en su mente que no duda en llamar “compañero” a quienquiera que haya trabajado con ella. No importa si es un campesino del Sur de Bolívar. No importa si es un representante de Indonesia en un encuentro internacional.

Es Edilia Mendoza. Una mujer fuerte, robusta, que parece no tenerle miedo a nada y quien ha sido desplazada siete veces de los hogares que ha construido en distintas comunidades. “Y cada vez que vuelvo a intentarlo me persiguen más y me amenazan”, explica. Sin embargo, ella persiste. “Soy una convencida de los casos perdidos”, es viuda y su salud es delicada, pero lucha fervientemente por la consecución de tierras y los otros derechos para los campesinos, así como por la garantía del derecho a la salud de los colombianos.

Historia
Toda su infancia Edilia la vivió en el campo en una provincia del departamento de Santander. Recuerda cómo su padre siempre se interesaba por las condiciones de vida de cada una de las comunidades que visitaban: que todos tuvieran acceso al agua, a las tierras y a la educación. De su madre heredó la tradición indígena guane, así como la solidaridad, la organización y el respeto. Estos fueron ejemplos que ella siguió en cada una de las actividades que emprendió posteriormente.

Iba al colegio e inmediatamente regresaba a trabajar el campo junto con su familia. Inculcada por su padre, a los 10 años comenzó a trabajar en las Juntas de Acción Comunal. Así, con el correr de los años se destacó por ser líder estudiantil y participar en varias huelgas. Explica que, en un principio, “me tentaron en el lado del sector sindical. Pero mi contacto con el campo hizo que me llamara más la atención el trabajo con campesinos y campesinas”.

Por eso, sin dudarlo, se vinculó al movimiento campesino en una movilización que se dio en el Sur del Cesar, el Sur del Magdalena y el Sur de Bolívar en el año 83, que se conoció como el ‘encuentro de los tres sures’. “Ahí fue la primera vez que me golpearon. Un policía me lastimó con un bolillo que tenía una puntilla. Me cortó toda la pierna. Tengo todavía esa señal de mi primera participación en el trabajo campesino”, explica con orgullo. Esa fue su entrada a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos Unidad y Reconstrucción (ANUC-UR) en donde participó como secretaria durante tres años, en Barrancabermeja. Luego lideró un comité femenino y, más adelante, llegó a la dirección campesina, municipal, regional y nacional.

Recorrió el Sur de Bolívar, la Costa Atlántica, el Magdalena Medio y Casanare y otros departamentos por varios años. Realizaba caminatas de 11 y hasta 17 horas para ir a capacitar y a aprender de las comunidades y dirigir varias tomas de terrenos. En ese proceso aprendió sobre el sistema jurídico para ayudar a las diferentes familias y comunidades a recuperar sus tierras.

Y no sólo las tierras, sino también la libertad. Así, mientras estuvo en el Sur de Bolívar también trabajó por la defensa de los presos políticos. “Recuerdo mucho el caso de un hombre a quien yo no conocía y al que habían llevado a la cárcel. El comité de derechos humanos del pueblo estaba muy preocupado por él porque había sido detenido injustamente y lo torturaban. Su esposa me dijo: ‘Búscalo con todo el corazón y el alma que él está aquí’”.

Así que Edilia no descansó hasta que vio en libertad al preso. Todos los días, durante dos meses, visitó la cárcel y le exigió a la policía que lo entregaran. Mientras tanto, el hombre oía a una mujer que luchaba fuertemente por sacarlo de allí y de quien apenas lograba ver los pantalones
por una pequeña abertura. Él tuvo fe de que esa señora lo ayudaría.

Esa mujer, Edilia, que prefería vestir de pantalón en pleno Sur de Bolívar porque todo el tiempo debía subirse a camiones y volquetas, finalmente logró liberarlo. “Nos lo entregaron vuelto nada pero vivo”, recuerda la protagonista de esta historia.

No retroceder
“Yo le aprendí a los campesinos y campesinas netos del Sur de Bolívar y Santander a no retroceder. A defender la vida de quien fuera campesino y campesina en el mundo, sin conocerlo y conociéndolo, y lo he hecho. Hice una promesa y hasta el momento la he cumplido”, dice Edilia con firmeza.

En 1993 participó por Colombia en la fundación de la Vía Campesina a nivel mundial, que se llevó a cabo en Mons, Bélgica, en donde le entregaron las llaves de la ciudad. Ese mismo año intervino en el Parlamento Europeo y explicó su postura en cuanto a la violación de derechos humanos en Colombia. También ayudó a constituir la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – CLOC y la Articulación Global de los Pueblos del Mundo – AGP y entre el 2005 y el 2008 representó a Suramérica en el Comité Internacional de Derechos de la Vía Campesina, en la construcción de la Convención de los Derechos de los campesinos y campesinas.

“En el año 2008 realicé el último trabajo con el Comité Internacional, que consistió en una misión humanitaria a África. Visité una zona entre Mauritania y Senegal, en la que había un conflicto de tierras y aguas. Colaboré con otros delegados y delegadas de los continentes para que se firmara un acta entre las partes en la que el Estado se comprometía a designar una parte del presupuesto nacional para colaborar con la participación y acceso a la tierra de las mujeres rurales, a solucionar el conflicto por el agua, y ayuda para los niños huérfanos con sida en África”, dice con tranquilidad.

Su lucha en la vida consiste en reivindicar los derechos de los campesinos. Ha visto en carne propia muchas inequidades, injusticias, corrupción y manipulación. Actualmente está coordinando con un equipo de campesinas y campesinos la presentación de la ley alterna de reforma agraria y desarrollo rural.

Sus mayores satisfacciones han sido contribuir con otras organizaciones de campesinos, indígenas, afrodescendientes, mujeres y ambientalistas, enfrentar las leyes que afectan a los campesinos e impulsar otras, como la ley de mujer rural. También, acompañar a diferentes comunidades a retornar a sus tierras y recuperar su vivienda, su dignidad y sus raíces, sobre todo para no perder la identidad y pertenencia campesina. “Lo que hay que encontrar es un sitio para poder morir” dice Edilia, quien se considera, ante todo, una campesina y defensora de los derechos humanos.

Publicado en Mujer rural. Derechos, desafíos y perspectivas. Memorias Conversatorio Internacional 7, 8 y 9 de julio de 2010. CINEP/PPP, ILC, FIDA.


jueves, 17 de febrero de 2011

La amenaza amarilla

Texto escrito en clase de crónica con Alberto Salcedo y que fue ilustrado por mi hermano para un regalo de navidad a nuestros padres. El resultado: un pequeño libro.

domingo, 29 de agosto de 2010

Uribe Tevé

De cómo Álvaro Uribe manejó la comunicación durante sus dos mandatos presidenciales.

Por Lucía Camargo Rojas*


“Yo no leo los periódicos internacionales” dijo Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República de Colombia desde el año 2002 hasta el 2010, luego de que en una rueda de prensa le preguntaran por un artículo del Washington Post en el que se señalaban presuntos vínculos entre el paramilitarismo y el hermano del mandatario.

Y es que Uribe no sólo demostró poca simpatía por los medios de comunicación extranjeros durante sus dos mandatos presidenciales, sino que demostró su preferencia por la radio –y específicamente las emisoras regionales– antes que la prensa. “A él no le gusta que lo editen” explica Mario Morales, director del campo de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad Javeriana. Por eso se inclina por la radio, “un medio caliente en donde tiene oportunidad de exponer sus ideas y que le permite tener una comunicación más directa”, comenta César Mauricio Velásquez, secretario de prensa de la Casa de Nariño desde el año 2007.

De hecho, en la carrera política de Álvaro Uribe ha sido indispensable el contacto directo con los ciudadanos. En la década de los 80 comenzó unos diálogos con los habitantes de Medellín que se fueron perfeccionando hasta crear los consejos comunitarios cuando fue gobernador de Antioquia. Reuniones en las que escuchaba los problemas o reclamos de los pobladores de
cada municipio y se comprometía a resolverlos. Con el correr de los años, y sus ocho años como cabeza del Gobierno, esta dinámica se convirtió en su herramienta comunicativa más eficaz.

Los consejos comunitarios
Todo empezaba con un grupo de funcionarios del gobierno que se dirigía al municipio en el que se realizaría el consejo. De acuerdo con Morales, ellos se encargaban de escuchar a los habitantes y conocer sus necesidades. Así, el presidente sabía previamente de qué se trataría la discusión y a la hora de recitar su discurso sorprendía a los asistentes porque tenía conocimiento de todos sus problemas.

En particular, según Velásquez, la Secretaría de Prensa se encargó de brindarle al presidente insumos para su discurso (como datos y hechos) que son los que pronunció a diestra y siniestra durante sus presentaciones. Cinco minutos antes del consejo su edecán le entregaba un pequeño cuaderno de notas que coloquialmente se conoció como “copialina” −y que en la jerga gubernamental se llamaba “Balance Scord Card Paisa”− (Peña, 2008, 65) en donde se escondían las cifras oficiales sobre todo tipo de temas: salud, educación, seguridad, etc.

Una fugaz revisión de la “copialina” le permitió a Uribe tener las cifras en la cabeza y recitarlas a su antojo. Datos y argumentos, mezclados con su conocimiento de los problemas de la población y su discurso directo, paternalista y cercano dieron como resultado una alocución que pocos se atrevieron a refutar.

Pero no sólo se trataba de recitar un discurso o el mismo estribillo que los colombianos oyeron una y otra vez durante ocho años y que parece haber quedado grabado en el inconsciente colectivo: “seguridad democrática, confianza inversionista, cohesión social”. También se concibió el consejo como una puesta en escena en donde Uribe encarnaba al presentador de televisión y los asistentes se convirtieron en sus televidentes. Omar Rincón, docente de la especialización de periodismo de la U. de los Andes, afirma en su artículo ‘Cuando gobernar es una emoción televisiva’ que el primer mandatario logró convertirse en “el protagonista del drama que se llama Colombia”.

Así, Rincón asegura que en los consejos Uribe “dejó de ser presidente y se convirtió en presentador de TV, condujo el programa, dio la palabra, creó soluciones y delegó responsabilidades. Gobierno en vivo y en directo. El televidente-pueblo sintió que el conductor Uribe le estaba solucionando sus problemas y que gobernó para ellos y ellas. Soluciones simbólicas y mágicas aparecieron para los problemas reales; no importaba que la solución real nunca llegara, simbólicamente el problema estaba resuelto" (Ver video Especial Consejo comunal No 300).


Y es que se logró crear la imagen de pertinencia de los consejos: ante una necesidad -que el gobierno conocía previamente- aparecía el responsable. “Si la gente quería un puente, se
presentaba el ministro de transporte. Pero si necesitaban un puesto de salud, quien viajaba al municipio era el ministro de protección social”, explica Morales (Ver videos 1, 2 y 3).

Luego de la exposición del presidente hablaban los mandatarios locales, después los ministros y por último los asistentes, quienes hacían sus preguntas, comentarios, inquietudes o reclamos. Si ameritaba, como conclusión del encuentro se definía una tarea y, en un acta, se escribían los responsables. Todo quedaba registrado en los medios porque se transmitía a través del canal institucional, sagradamente, cada sábado. Posteriormente la oficina de regiones de la presidencia les hacía seguimiento a las tareas. Según Velásquez, el gobierno finaliza con 70% de los compromisos cumplidos y los demás quedan en proceso para que los resuelva el próximo mandatario. “Nada de lo que se definió en un consejo comunitario quedó en el olvido”. Por eso asegura con orgullo que “el resultado de esos eventos es un éxito total”.

La estrategia comunicativa
Jaime Bermúdez, canciller desde el año 2008 y asesor de comunicaciones en el primer periodo del mandato de Uribe, explicó hace cinco años en una entrevista concedida a Juan Carlos Gómez, director del Observatorio de Medios de la Universidad de la Sabana, que la estrategia comunicativa de ese entonces se resumía en tres momentos básicos. El primero, decirle siempre la verdad al país. El segundo, tolerancia absoluta con la crítica y el tercero, firmeza con la política de seguridad democrática.

De acuerdo con Velásquez, esa estrategia se transformó en el segundo mandato de Uribe. “Hay un principio que se mantuvo: el de comunicar la verdad. Los otros dos se fueron nutriendo de unos valores más apegados a la comunicación política que consisten en la responsabilidad del gobierno a la hora de informar y la comunicación directa con el ciudadano”.

A esto se le añade un objetivo claro de lograr un posicionamiento de la imagen positiva del presidente como aquel mandatario fuerte que vela por los intereses de los ciudadanos y quien está llamado a ser el guardián de la seguridad democrática. Tanto así que uno de los puntos claves que logró el gobierno Uribe a través de las comunicaciones internas fue el de conectar y estandarizar todas las entidades e instituciones del Estado en torno a un sólo objetivo: trabajar para consolidar la política de seguridad democrática (Peña, 2008, 101).

Las comunicaciones externas tuvieron el mismo propósito sólo que se enfocaron en dar a conocer las acciones del gobierno en el ámbito militar y político, mediante el uso de los medios masivos de comunicación. Ruedas de prensa, discursos televisivos, apariciones en radios regionales y, por supuesto, consejos comunitarios (Peña, 2008, 100).

En cuanto a las situaciones críticas, que podían empobrecer la imagen del primer mandatario, se manejó un protocolo mínimo que partió del comité de crisis (un equipo cercano al presidente). De acuerdo con Velásquez, se realizaban las consultas respectivas con los protagonistas, se analizaba la situación, se planteaban conclusiones y se verificaba cuál es la mejor oportunidad para comunicarlas. “Más que rápida, la respuesta debía ser completa, veraz y responsable”.


Una novedad en el gobierno Uribe consistió en que siempre tuvo la intención de enfrentar cualquier crisis comunicativa de manera personal y directa, lo cual, según Gómez, le produjo muchos réditos políticos. Y junto con el lenguaje cercano, íntimo, que parecía hablar de igual a igual (en diminutivo, que conoce el nombre de cada uno de sus interlocutores, con poncho incluido en los consejos, etc.) se vio como un presidente que se preocupaba por satisfacer las necesidades de sus ciudadanos.

Pero, además, como insistió de manera reiterativa en que hay un enemigo, el narcoterrorismo, y que él lo podía enfrentar, la audiencia se sintió protegida. Un elemento fundamental en el proceso comunicativo. Sin embargo, Gómez aclara que también se usó el enemigo de acuerdo con la conveniencia. “A veces era muy fuerte y entonces necesitábamos a Uribe y a la seguridad democrática. Pero otras ese agresor era débil, porque el presidente y las Fuerzas Armadas lo han golpeado”.

En fin, lo innegable es que durante ocho años el gobierno Uribe demostró tener un carácter metódico y operativo, lo que hizo que todas las acciones estuvieran estructuradas y nada ocurriera por casualidad. Sin resultados impredecibles (Peña, 2008, 65). Afirmación con la que concuerda Velásquez, quien explica cómo “logramos estar al ritmo nuestro y no al de los medios. Nunca improvisamos nada. Todo estaba estudiado y se analizaba”.

Uribe es y produce el mensaje
Pero lo más significativo del régimen de comunicación política de Uribe fue su facilidad no sólo de producir el mensaje sino también de serlo. Él “protagonizó los procesos comunicativos, estableció una interacción permanente con sus gobernados, se convirtió en el depositario permanente de la verdad, de esa verdad que en otros tiempos –en aras de informar con objetividad- buscaban los periodistas. El Presidente Uribe, en virtud de su estilo de gobierno, prefirió eliminar intermediarios y asumir las funciones de periodista en los procesos de comunicación con sus gobernados; indagar, entrevistar, buscar la verdad y presentar –su verdad- de la manera más transparente posible para que sus audiencias se informaran, para que sus receptores creyeran, para que la opinión de sus gobernados fuera favorable” (Gómez, 2005, 121).

Resultado. Desapareció el papel del periodista. No sólo se contentó con ser el protagonista, el héroe o el presentador. También fue el encargado de decidir qué se pregunta. Y, por supuesto, qué se responde. Entonces, se produjeron los hechos, diseñados y estructurados para que los medios hicieran eco de ellos con el objetivo claro de que la opinión pública los hiciera propios y reaccionara favorablemente a los intereses del gobierno.

Por eso el contacto directo. Para impedir que los periodistas se convirtieran en intermediarios. No extraña, entonces, la afirmación de Velásquez en el Manual de Estilo de la Presidencia: “El desarrollo de un Estado Comunitario, promovido por el presidente Uribe, también ha planteado nuevos desafíos comunicativos que van más allá del clásico esquema de la relación Gobierno y gobernados. Muchos y nuevos canales de comunicación del Presidente con los ciudadanos han sido explorados. Hoy, la figura presidencial va de la mano con los ciudadanos, el Presidente es el mensaje y su cercanía con los colombianos ha superado intermediarios” (Presidencia de la República, 2008, 12).

A esto se le añade que el mensaje se produjo una y otra vez tal y como ocurre en cualquier campaña política. De hecho, según Omar Rincón, los presidentes latinoamericanos no gobiernan sino que permanecen en campaña. Y como siempre estuvo en campaña hizo uso de las artimañas publicitarias para que su imagen y su política permanecieran. “No existió oportunidad que el presidente no aprovechara para hacer publicidad de sus cometidos, sus logros y su política de seguridad democrática” (Peña, 2008, 80). Incluso, es posible afirmar que en el gobierno Uribe se hizo uso de los 11 principios de la propaganda que usó Goebbles en el régimen de Hitler (Ver recuadro).

Entre los rumores políticos, es conocida la obsesión de Uribe por los índices de popularidad. Según Gómez, “cuando en las mediciones caía su popularidad, el mandatario produjo hechos mediáticos que le ayudaban a recuperar el terreno perdido” (2005, 118). Sin embargo, Velásquez se apresura a desmentir esta afirmación. “En primer lugar, el presidente nunca cayó significativamente en ninguna encuesta. Así que uno no puede decir que haya coincidencias entre una cifra baja en popularidad y un hecho mediático. Acá no tenemos cálculos de ese estilo”. No obstante, el secretario de prensa confirmó que existió una oficina en presidencia encargada específicamente de hacer y analizar esos sondeos de opinión.

¡Bienvenida la crítica!
Camila Zuluaga, periodista de la W, escribió hace pocas semanas en twitter: “se terminan ocho años de la era Uribe y ¡NUNCA logramos los periodistas que nos responda las preguntas!”. Cuando los comunicadores le hicieron preguntas inquisidoras y trataron de confrontarlo, Uribe se puso bravo, miraba a los ojos y lograba que los periodistas se intimidaran y dudaran si preguntar o no, explica Morales. “Todos los periodistas le hicieron preguntas pero Uribe se preguntó y se contestó”. “Él dice las cosas directamente a los periodistas y es frentero” —comenta Velásquez— “pero nunca nos hizo tener que llamar a un medio a rectificar o eliminar una información”.

Es que no tuvo que hacerlo. Generalmente él era quien producía la chiva. Por eso también aparecía en pantalla mucho antes de que los medios lo registraran. Una estrategia de la propaganda política, según Morales: el que pega primero, pega dos veces. “Él aparecía primero y, antes de que respondiera la oposición, ya había cambiado de tema. Estaba con otra noticia más grande y distinta. De tal manera que cuando la oposición respondía parecía fuera de lugar, porque ya era una cosa del pasado”.

Así, Uribe se convirtió, tal vez, en uno de los mandatarios colombianos que mejor supo manejar las estrategias comunicativas a su favor. Escándalos como las chuzadas del DAS, la parapolítica, las violaciones a los derechos humanos, etc., se lograron apaciguar gracias a una estrategia montada para consolidar la marca Uribe y su política de seguridad democrática, y su habilidad para tener su propio ritmo antes que someterse al de los medios (por eso se ofuscó cuando le ganaron, como en el ya citado caso del Washington Post).

Le apostó a la comunicación directa, el discurso paternalista y el excesivo manejo de las cifras, lo que le ha permitido llegar a los ciudadanos antes que cualquier otro medio, conocer lo que querían y resolverlo de inmediato. Curas que le dieron votos y le impidieron bajar en popularidad pero que, a la hora del té, simplemente respondieron a una política de lo elemental. Se le daba a la gente su puente, su escuela o su puesto de salud (lo micro) pero no se resolvieron los problemas macro, entre otras razones, porque las grandes reformas no producen historias mediáticas ni votos.

Y lo más asombroso. La construcción de la realidad previa a cualquier medio de comunicación permitió que él fuera y produjera la noticia. Colombia lleva ocho años al son de la historia que ha querido crear Álvaro Uribe Vélez porque ni siquiera los medios llegaron antes que él y porque muy pocos periodistas atrevieron a confrontarlo, entre otras razones, porque quienes lo hicieron fueron tildados de “traidores a la patria”.

Por eso no extraña que, entre sus múltiples tareas como ex presidente, se encuentren la de ejercer el periodismo y montar un conglomerado de medios a favor de su política que, muy seguramente, estarán integrados por programas de radio y TV (ya se sabe su poca simpatía con la prensa). Uribe ha demostrado entender a cabalidad que la estrategia comunicativa es fundamental a la hora de hacer política y permanecer en campaña. La utilizó de manera eficaz durante ocho años.◙
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* Periodista del equipo de comunicación CINEP/PPP

Referencias:

Gómez, Juan Carlos, 2005, Del régimen de comunicación política en el gobierno del presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez: un estudio de caso, [tesis de maestría], Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, Maestría en Estudios Políticos.

Peña Preciado, Claudia Fernanda, 2008, Comunicación Política y Política de Comunicación Organizacional en la PSD del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, [trabajo de grado], Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, Comunicación Social.

Presidencia de la República, Secretaría de Prensa, 2009, Manual de Estilo, Bogotá, Imprenta Nacional.

Rincón, Omar, 2006, ‘Cuando gobernar es una emoción televisiva’, La insignia. Diario independiente Iberoamericano.


Publicado en revista Cien días vistos por CINEP/PPP No 70. Agosto 2010

Libertad de prensa 2002-2010


A pesar de que el número de periodistas asesinados disminuyó en la era Uribe, se incrementaron las amenazas a los comunicadores por parte de organismos al margen de la ley, gobiernos nacionales y locales y las instituciones de seguridad del Estado.

Por Lucía Camargo Rojas*


A pocos días de que el presidente Uribe dejara su puesto, aún se podía leer un cuadro en la sala de espera de la Secretaría de Prensa de la Casa de Nariño que contenía las percepciones en materia de libertad de prensa del entonces primer mandatario: “Es nuestro deber proteger de manera eficaz la libertad y la vida de los periodistas (…). Nuestra patria ganó hace tiempo la batalla formal a favor de la libertad de prensa, pero fenómenos como la criminalidad se han constituido en obstáculos materiales para el ejercicio de esa libertad”.

Y es que si uno vuelve al año 2002 y revisa cómo era el panorama en esa época para los periodistas observa que, en su momento, esas afirmaciones de Uribe tenían razón de ser. Según las cifras de la Fundación para la libertad de Prensa (FLIP), en la década del 90 Colombia tenía un promedio de asesinatos de seis comunicadores por año.

De hecho, en el año 2002, de acuerdo con la FLIP, fueron asesinados 10 periodistas. Sin embargo, la cifra fue reduciéndose a medida que Uribe avanzó en su gobierno y se llegó a uno en 2010 (ver recuadro).



Por supuesto, el gobierno Uribe ha otorgado esta reducción a la política de seguridad democrática y las diferentes instituciones que monitorean el tema concuerdan en esa afirmación. Sin embargo, el Observatorio de Medios de la Universidad de la Sabana ha sido enfático en anunciar que se están presentando otros atentados a la libertad de prensa que también son alarmantes: las amenazas, que en 2000 fueron de 90%, en 2003 de 93% y en 2007 en 92%. De las cuales se destaca como alto grado de amenaza la acción intimidatoria de la libertad de prensa por parte de organizaciones al margen de la ley (ver recuadro).



Sin embargo, el Observatorio de la Sabana señala con preocupación que los comunicadores colombianos califican al Gobierno Nacional como una amenaza intermedia para la libertad de prensa. “Y es que, a diferencia de otros gobiernos, el presidente Álvaro Uribe Vélez se ha embarcado en situaciones conflictivas con varios periodistas que le han merecido, en repetidas ocasiones, llamados de atención a la cordura por parte de organizaciones como Human Rights Watch” (Gómez y Hernández, 2009, 31).

Una de las más recordadas, es el reclamo en tono airado que Uribe le hizo al director de la revista Semana, Alejandro Santos, por la publicación de infiltraciones del paramilitarismo en el DAS. Luego de que se publicó la revista, el primer mandatario la calificó como “frívola y graciosa” (Ver publicaciones de Semana y Caracol al respecto).

Además, el observatorio califica como una amenaza intermedia a los gobiernos nacionales y locales y los organismos de seguridad del Estado después de que en la encuesta que aplicó en 2007 se revelara que para los periodistas la Policía Nacional representaba el 55% de las amenazas, el Ejército Nacional el 52%, el DAS el 45%, la Armada Nacional el 41% y la Fuerza Aérea el 35%.



Incluso, en mayo de 2010, Reporteros sin fronteras reveló un informe en el que describió detalladamente la “casería de brujas” que Uribe Vélez llevó a cabo en contra de 16 periodistas y una decena de medios de comunicación por sus críticas hacia el gobierno y su proyecto de “seguridad nacional”. El documento señala las denominadas “chuzadas del DAS” a los comunicadores, pero también espionaje, actos de sabotaje e intimidación, así como “propaganda negra” que estigmatizaba a esas voces opositoras como “Enemigos del Estado”.

A su vez, Reporteros sin fronteras, en su informe anual de 2009, introdujo, por primera vez, la cifra de periodistas obligados a abandonar su país, como consecuencia de amenazas, e incluyó a Colombia como uno de los lugares en que los comunicadores se ven forzados al exilio. Sin embargo, César Mauricio Velásquez, secretario de prensa en el segundo mandato del gobierno Uribe, asegura que “en Colombia no hemos tenido en los últimos ocho años ningún régimen especial para condicionar la libertad de prensa. Todo lo que se ha hecho con la prensa es bajo el estado constitucional y bajo el estado institucional y ordinario. No se ha hecho ninguna medida extraordinaria que atente libertades y mucho menos la libertad de expresión, prensa y opinión”.

Las conclusiones del Observatorio de Medios de la Universidad de la Sabana son muy distantes a esa afirmación. Para ellos la libertad de prensa permanece en estado crítico y su evolución ha sido negativa en los últimos diez años. “Un alto porcentaje de periodistas está amenazado de muerte; a los tradicionales actores armados que amenazaban (guerrilla y paramilitares) se ha sumado, como factor de riesgo, organismos de seguridad del Estado; grupos ilegales se han asociado con políticos en alguna regiones para asesinar y amenazar al periodismo; y los gobiernos nacional, regional y locales a quienes se reclamaría absoluto respeto por la libertad de prensa, se convirtieron en factor desestabilizador del ejercicio periodístico por medio de presiones y sutiles manipulaciones” (Gómez y Hernández, 2009, 33).

Así, aunque la reducción de asesinatos ha sido significativa en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez las amenazas a los periodistas continúan, no sólo desde los grupos al margen de la ley, sino también desde los organismos del Estado. Una situación preocupante que sigue sin dar garantías a los comunicadores para ejercer su profesión libremente.
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*Periodista del equipo de comunicación CINEP/PPP

Referencias:
Gómez, Juan Carlos y Hernández-Rodríguez, Juan Camilo, 2009, ‘Libertad de prensa en Colombia: entre la amenaza y la manipulación’, en revista Palabra Clave, Vol. 12 No. 1, Bogotá, Facultad de Comunicación, Universidad de la Sabana.




Publicado en revista virtual Cien días vistos por CINEP/PPP No 70, agosto de 2010

sábado, 15 de mayo de 2010

¿Le llegó la hora al empleo?

Por Lucía Camargo Rojas*

El gobierno de Álvaro Uribe entrega un país con la tasa de desempleo más alta de América Latina y una desigualdad preocupante. Las medidas que se tomaron no parecen haber sido efectivas. ¿Cómo debería enfrentar el próximo mandatario el tema económico?

No cabe duda de que el desempleo es uno de los problemas que hoy en día más preocupa a los colombianos. Así lo evidenció la Gran Encuesta de los Medios, que se publicó el miércoles 24 de marzo de 2010 en donde se calificó la escasez laboral como el principal problema que debe ser resuelto por el próximo presidente. Y se ratificó en su segunda versión, el 28 de abril. De las 21 posibles opciones de respuesta, entre las que estaban la seguridad y las relaciones internacionales, los encuestados no dudaron en designar la reactivación de la economía como la tarea urgente que deberá enfrentar el nuevo residente de la Casa de Nariño.

La infinita espera por encontrar un buen puesto de trabajo que les permita vivir de manera decente es la que tiene a los electores tratando de indagar o con la esperanza atinar a elegir un presidente capaz de reducir la tasa de desempleo más alta en América Latina: la de nuestro país que, de acuerdo con el Anuario Estadístico de 2009 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), es del 14%. Y que, en el primer trimestre de este año, de acuerdo con el DANE, fue de 13%.

Es decir que en Colombia hay 2,5 millones de desempleados, sin contar con 6 millones de subempleados que, en medio de la eterna búsqueda laboral, contratos sin prestaciones o garantías que se acaban en un par de meses, entre otros contratiempos, esperan con ansias que el próximo mandatario ya no sólo le apueste a términos como “seguridad democrática” sino también a la generación de empleo.

De hecho, el propósito del actual gobierno que se plasmó en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010 de disminuir la tasa de desempleo a menos de un dígito en 2010 (8,8%) no se ha cumplido. Mucho menos el de reducir la tasa de pobreza a 39% e indigencia a 8,0%. Y, si de desigualdad se trata, al finalizar el actual periodo hacemos parte del deshonroso grupo de países con muy alta desigualdad, de acuerdo con el informe Estado de las ciudades del mundo de la ONU.

Confianza inversionista

Las cifras demuestran que el proyecto bandera de los ocho años del gobierno Uribe, la confianza inversionista, a pesar de haber duplicado la inversión, no se ha traducido en reducción del desempleo, pobreza y, mucho menos, desigualdad.

En general, la lógica de la confianza inversionista consiste en que se debe dar una serie de facilidades y garantías al sector privado para que pueda ganar rentabilidad y, por consiguiente, invertir. Al final, se supone que el aumento en la inversión se traducirá en generación de empleo.

¿Por qué el resultado final de la ecuación no es el esperado? Para César Ferrari, docente del departamento de Economía de la Universidad Javeriana, la reducción de la tasa de impuestos sólo ha beneficiado al sector primario (minería, petróleo y carbón) que no es intensivo en mano de obra y, por consiguiente, no genera empleo.

En cambio el sector manufacturero, explica Ferrari, que sí necesita de mano de obra, no se ve beneficiado por las exenciones tributarias porque se ve afectado por la otra política que, simultáneamente, promueve el Gobierno: tasas de interés altas y tasa de cambio revaluadas.

Jorge Iván González, ex director del Centro de Investigación para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, agrega que el actual gobierno falló al darle exenciones a las grandes industrias sin exigirles nada a cambio: por ejemplo, en cuanto a generación de empleo. Además, advierte que las facilidades para el sector primario consolidaron la actividad extractiva pero no se avanzó en un proceso de industrialización.

Alejandro Gaviria, decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes, añade que la principal razón de que la confianza inversionista no genere oportunidad laboral estriba en el sesgo antiempleo del modelo: “se encarece la contratación de mano de obra, se abarata la acumulación de capital y se subsidia la informalidad laboral, lo que termina cerrando un círculo vicioso bastante complicado”.

¿Modelo económico?
En general, los economistas consultados consideran que los mayores problemas de la política desarrollada por el gobierno Uribe son la escasa claridad en los objetivos y la falta de coherencia y consistencia de la política económica. De hecho, Salomón Kalmanovitz, decano de Ciencias Económico-Administrativas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, manifestó en su columna de El Espectador del 14 de febrero de este año que no estaba seguro de que “el chamboneo y la incoherencia con que se han aplicado las políticas públicas de la administración Uribe ameriten agruparlas como un modelo económico”.

A su vez, Alejandro Gaviria afirmó en su columna de El Espectador del 21 de marzo de 2009 que los economistas opinan que “los problemas de la economía son en buena medida producto de la improvisación, del activismo desordenado que caracteriza al Gobierno. Los economistas critican la tendencia del Presidente de crearle un subsidio a cada problema, señalan la falta de coherencia de la política económica: la suma de muchas partes y la falta de un todo coherente”.

De hecho, Gaviria explicó a Cien Días que “el modelo económico de los últimos ocho años ha tenido dos elementos principales: la promoción de la inversión sustentada en las exenciones tributarias y el incremento de los subsidios focalizados entre los cuales sobresalen el Régimen Subsidiado y Familias en Acción. El modelo tiene dos manos: una derecha que reparte favores tributarios y una izquierda que entrega subsidios. En esencia tiene dos problemas: puede ser insostenible fiscalmente y al mismo tiempo es cuestionable socialmente pues no parece capaz de lograr una mejoría sistemática de las condiciones de vida de la población”.

Y agrega que la recuperación de la inversión es una fortaleza de la política impulsada por Uribe. “Pero la inversión no debe ser un fin en sí mismo. El empleo, no la inversión, debería ser el objetivo de muchas decisiones económicas. Como no lo ha sido, la principal debilidad del modelo es la generación de empleo formal”.

Según Ferrari, los últimos ocho años ha habido un interés casi exclusivo por la baja de inflación sin consideración de los otros objetivos básicos de política económica que son crecimiento elevado y sostenido y distribución del ingreso. “Es una percepción equivocada de lo que se debe hacer en política económica y, precisamente, esa es la debilidad más grande del modelo”.

Retos para el siguiente gobierno

En general, los expertos consultados por Cien Días consideran que la principal tarea que deberá emprender el próximo mandatario es la creación de una nueva reforma tributaria. Según González, es necesario volver a cobrar impuestos, en particular a los estratos altos, para crear condiciones de infraestructura y programas sociales que aumenten la calidad de vida, generen un ambiente favorable a la inversión y, simultáneamente, promuevan la producción interna (mediana y pequeña empresa), de tal manera que se genere empleo.

Adicionalmente, Kalmanovitz considera que se debe “mantener el gasto creciendo por debajo del crecimiento del producto para reducir el déficit fiscal progresivamente e impedir que la deuda pública se torne explosiva. A su vez, es necesario eliminar los parafiscales para los salarios más bajos y mantenerlos para los más altos, hacer que el salario mínimo no se eleve por encima de la inflación y buscar el empleo de jóvenes primerizos con contratos de aprendizaje por debajo del mínimo. Además, se debería subsidiar el empleo y quitar todas las gabelas para el capital y aumentar los subsidios para la construcción de vivienda de interés social y para la clase media”.

Gaviria añade que el próximo presidente “deberá iniciar su mandato eliminando

las exenciones a la inversión, especialmente en los sectores de minería, hidrocarburos y servicios públicos. Además, tendrá que revisar con cuidado el gasto militar y contener el crecimiento de los subsidios a la informalidad”. En síntesis “el próximo mandatario deberá tener claros sus objetivos y ver todo el panorama pues, al final, lo que cuenta es el mix de políticas: no un solo incentivo sino la combinación de varios”, enfatiza Ferrari.

¿Alguien puede salvarnos?
Durante la campaña electoral por la presidencia de la República no ha habido un gran debate económico. La opinión pública se ha visto bombardeada por eslóganes, alianzas y hasta información sobre la salud de los candidatos, pero no sobre lo que realmente cuenta: qué piensan hacer para reducir el desempleo, la pobreza y la desigualdad.

Para González, el más claro en materia económica es Rafael Pardo, candidato liberal, quien dijo al diario El Espectador que, de llegar a la Casa de Nariño, eliminará las “exenciones a las empresas existentes y las concentrará en las nuevas” de tal manera que “sean estímulo para la generación de empleo, más que a la importación de bienes de capital” pues, afirma en su página web que “en Colombia es más costoso emplear gente que hacer inversiones de capital y esto tiene que cambiar”.

Además, propone bajar el impuesto de renta de las sociedades y aumentar el de las personas que reciban dividendos. Adicionalmente, intervendrá para que los Fondos de Pensiones sean quienes financien los proyectos de infraestructura del Estado e impulsará un adecuado recaudo de impuestos que permitan la aplicación de una política redistributiva. A final de cuentas, cree en la inversión pública como una posibilidad fundamental para generar empleo.

Con su lema Trabajar, Producir y Progresar Noemí Sanín, candidata conservadora, busca acompañar y fomentar la creación de empresa y la responsabilidad social para, posteriormente, generar empleo. Sin embargo, en lo que hasta el momento ha divulgado a la opinión pública, no parece tener un plan económico sólido sino una serie de iniciativas encaminadas a financiar a las pequeñas y medianas empresas que, desde una perspectiva más amplia, no quieren separarse ni reformar las medidas que hasta ahora ha tomado Uribe: no eliminará los subsidios sociales ni económicos actuales y tampoco abandonará las políticas dirigidas a estimular la inversión extranjera. No queda claro qué hará en materia de recaudación de impuestos.

Por la misma línea se encuentra Juan Manuel Santos, candidato del partido de la U. No propone una reforma sustancial en cuanto a políticas de redistribución, sino que se centra en premiar los emprendimientos de empresarios pequeños, medianos y grandes para que creen puestos de trabajo bien remunerados. El candidato considera que existen cinco “sectores locomotora” de nuestra economía: infraestructura, agro, vivienda, innovación y minería. Este último, un sector beneficiado por la confianza inversionista que ha demostrado no ser generador de empleo. Como novedad, propone crear el Ministerio del Trabajo y el Desarrollo Laboral para que se responsabilice por la política de empleo y capacitación para el trabajo.

En la otra orilla, se encuentra Gustavo Petro, candidato por el Polo Democrático Alternativo, quien tiene una propuesta más radical que sus contenedores, pues busca democratizar el crédito a partir de la creación de cuatro bancos públicos: el de la mujer, el Banco del Joven, el Banco de Vivienda y el Banco Agrario. A su vez, propone crear las comunidades solidarias de empleo con capacidad para emitir moneda virtual, de tal forma que se democratice el poder de emisión. Además, propone crear un crédito agrario y construir un modelo de desarrollo económico alrededor de la producción de alimentos y la industria agroalimentaria.

Por su parte, Antanas Mockus, candidato del Partido Verde propone crear una política económica ordenada, eficiente y equilibrada que promueva la educación, tecnología, ciencia, innovación, emprendimiento y cultura como motores de desarrollo del país. A su vez, considera necesario recuperar la política productiva para el sector servicios, industria y comercio, así como fortalecer el mercado interno a través de la protección de industrias nacientes.

Mockus afirma que para generar empleo es necesario crecer de manera sostenida a un ritmo de más del 4% anual y, simultáneamente, un gran esfuerzo público y privado en educación, así como apoyo para convertir el talento y el conocimiento en alternativas de vida y generación de ingresos. Por eso, propone orientar los recursos y las políticas públicas de tal manera que promuevan procesos de formalización laboral y empresarial.

Cada propuesta, entonces, tiene una manera diferente de resolver un mismo problema. Algunos, a través del fortalecimiento de la creación de empresa, otros añaden la orientación de los recursos públicos hacia una política redistributiva. Lo que es claro para los economistas consultados por Cien Días es que, más allá de la contienda electoral basada en rumores y discusiones diarias, el siguiente mandatario deberá enfrentar de manera urgente el tema económico, sobre todo en materia de desempleo y, para lograrlo, tendrá que tener todo el panorama claro como una totalidad y no una visión de caballo cerril que le impida ser capaz de ver todo el bosque.◙

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* Periodista del equipo de comunicación CINEP/PPP

Publicado en la revista virtual Cien Días vistos por CINEP/PPP No 69, mayo de 2010